No criticamos al ministro Soteldo, sino sus ideas; la solidaridad automática está de más

Más temprano que tarde vendrán los tiempos de la decisión más difícil que deberá enfrentar nuestro compañero presidente: ser jefe de estado, o ser el líder de la revolución bolivariana. Todo lo anómalo que estamos presenciando, es producto de la contradicción por la irresolución entre esas dos opciones. Sería mezquino e irracional negar que el compañero presidente está dando la pelea frente la envestida más salvaje perpetrada por el imperialismo colectivo en contra de nuestra revolución. Es tarea de todos los revolucionarios respaldarlo, defenderlo y apoyarlo. En este mismo sentido, es nuestro deber también manifestar de manera respetuosa, nuestras críticas, propuestas, advertencias y opiniones, basadas en argumentación objetiva, sobre todo, cuando identifiquemos desviaciones ideo-políticas que consideramos contraproducentes para nuestra revolución.

La polémica ideológica generada por el ministro Soteldo, abre una oportunidad concreta para dar un verdadero debate sobre la construcción de nuestro nuevo modelo económico. La postergación de ese debate por años y años, es una de las principales causas que determinan la actual situación económica. Hay dos enigmas fundamentales que debemos desentrañar con urgencia reglamentaria: ¿en manos de quién, van a estar los medios de producción?; y, ¿hacia dónde se direccionará la inversión en divisas del estado?

En estos tiempo tan difíciles; hemos sido testigos de las más miserables traiciones perpetuadas por personalidades con altas responsabilidades en el gobierno y el partido, pertenecientes al primer círculo de poder político. Quién puede tener la clarividencia de identificar al próximo Falcón, Isea, Plaza, Ortega, Pino, Ramírez, entre otros. Atendiendo a lo anterior, la solidaridad automática, no parece ser una opción muy prudente. Si apelamos por lo menos a la estadística, no sería tan ilógico pensar, que del actual gabinete del presidente Maduro, podría emerger al menos un desertor, luego de ser sustituido.

Lo más rescatable de la polémica ideológica generada por el ministro Soteldo, fue que al menos tuvo el valor de exponer parte de su visión por televisión nacional. En estos tiempos, nada se hace inocentemente. El ministro estaba muy consciente que su "burguesía revolucionaria", iba a generar gran polémica; y no precisamente por la audiencia de su infecundo y tedioso programa televisivo; sino por lo estrafalario, desatinado e inconveniente de su propuesta; sólo superada en extravagancia por el "capitalismo popular" de la "lideresa" opositora María Machado.

Para increpar la propuesta del ministro Soteldo, no es necesario hacer uso de la teoría revolucionaria, ni tampoco reflexionar sobre el papel de la burguesía expuesta por Mao en su escrito sobre las clases sociales en China. Voy a apelar simplemente al sentido común y la historia reciente para caracterizar la materia prima con que se construiría esa ambigua e hipotética burguesía revolucionaria:

La burguesía "empresarial", o los grandes y medianos empresarios venezolanos, en realidad no producen, sino que ensamblan; inclusive los alimentos. Todos operan con altísima dependencia de insumos importados y nunca han hecho ningún esfuerzo por crear nuevas tecnologías, mejorar procesos o sustituir importaciones.
Las grandes inversiones en sus empresas y la creación de sus fortunas familiares, han sido a costa de captar recursos del estado, más que por su desarrollo industrial y empresarial propio.
La mayoría tiene capitales, inmuebles, familia y empresas en el exterior. Por lo que siempre tienen la opción de irse, ante cualquier escenario desfavorable o catastrófico. Son indiferentes ante el futuro del país.

No son competitivos en el mercado interno y mucho menos en el mercado internacional.
Son poco creativos, no están dispuestos a asumir riesgos empresariales.
Han estado involucrados directamente con todos los intentos y conspiraciones para acabar con la revolución.
Ejercen prácticas monopólicas y oligopólicas; restringen oferta y acaparan mercancías como forma de lucho política en contra de la revolución.
Ni en los momentos más difíciles, han tenido la iniciativa de contribuir, apoyar o favorecer a la población con rebaja temporal en sus márgenes de ganancias, ni mucho menos ofertas, descuentos o promociones hacia los más vulnerables.

Son indiferentes ante las necesidades básicas de la población que vive dentro del ámbito geográfico de sus empresas e industrias. Son incapaces de trabajar en articulación con el gobierno en acuerdos de corresponsabilidad en materia de salud, educación u otros servicios públicos.No asumen ningún tipo de apoyo, o ayuda hacia la población ante la ocurrencia de desastres naturales.Obstaculizan, persiguen y acosan las iniciativas de organización de los trabajadores, así como a los sindicatos. Corrompen funcionarios para incumplir con los derechos laborales.Son parte fundamental de la corrupción. Constantemente corrompen servidores públicos, para obtener prebendas y beneficios del estado.No podemos olvidar que son los mismos que prefirieron votar la leche, antes que venderla preferencialmente al pueblo.

En ningún momento han respetado el control de precios, ni tampoco los nuevos precios acordados.
Actualmente están desviando ilegalmente el 60% de su producción hacia Colombia, a cambio de dólares que son utilizados en especulación cambiaria.
Están asociados con el sistema bancario nacional para hacer sus prácticas deshonestas.
No asumen ningún tipo de responsabilidad sobre la difícil situación económica actual. Por el contrario, a través de sus grandes agremiaciones, declaran al gobierno como único responsable.
No han asumido posición, ni postura ante el bloqueo económico y financiero, ni siquiera en los casos donde son afectados directamente.

Por otro lado, invocar algunas de las características del modelo económico chino y la preeminencia de su empresariado privado, es un argumento falaz, o por lo menos exiguo por lo siguiente:

La cultura y hábitos de consumo del pueblo chino, son muy diferentes de los nuestros. Ante una práctica de especulación o acaparamiento de mercancías, los chinos responden con organización, recurren a alternativas y hacen boicot. En cambio hemos podido evidenciar que nuestro pueblo ante la especulación y el acaparamiento, amplifica la demanda y en la mayoría de los casos desafía la elasticidad de la demanda; es decir, está dispuesto a pagar cualquier precio por obtener una mercancía determinada.
No podemos olvidar que en China el partido de gobierno, es el partido comunista. Esto supone el alto nivel y desarrollo sindical e ideológico de los trabajadores que integran esas grandes empresas privadas.
Por otro lado, la gran mayoría de los grandes empresarios chinos son nacionalistas, aman su país, son creativos, competitivos, asumen riesgos, invierten en tecnología e innovación. De igual forma, trabajan de forma articulada y planificada con el gobierno chino y comparte los grandes objetivos de desarrollo nacional.
El gobierno chino posee controles efectivos y eficientes que aprovechan las potencialidades de la tecnología y la informática.

Es un juego peligroso e iluso, pretender que el grande y mediano empresariado venezolano, se va a incorporar al proceso de construcción del nuevo modelo económico socialista. Al contrario, esa burguesía actualmente está declarada en insurrección abierta y dispuesta a llegar hasta el final, porque identifican un escenario de máxima debilidad del gobierno y lo considera "contra las cuerdas"; por la imposibilidad de controlar los precios, y por las agresiones externas que sufre la revolución. De igual forma esa burguesía está consciente de su control sobre los medios de producción, la actividad importadora, los canales de comercialización y hasta la capacidad de alterar los hábitos de consumo y la demanda. Ante este panorama económico, la única opción es construir desde cero un nuevo sistema económico productivo mixto, entre gobierno y poder popular. Es decir, hacer un reseteo económico. Debemos construir una estructura económica paralela a la actual; que compita fieramente desde la productividad, cobertura de demanda y gestión de calidad; con el propósito de forzar de forma económica la trasformación de la vieja estructura económica y ponerla al servicio de los intereses de la patria. La única forma de tener control del precio de un producto, es produciéndolo y comercializándolo.

 

olgafynestorm@yahoo.com



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