Retos epistémicos de la ciencia venezolana en un tiempo de fractura histórica

Los venezolanos de los tiempos que corren estamos siendo testigos de un fenómeno planetario excepcional: una triple fractura histórica que se nos ha venido encima y para la cual, científicamente, nos estábamos ni de cerca prevenidos. Este fenómeno ha sido calificado por reputados analista como crisis sistémica del capitalismo1.La fractura que abrió fuegos fue la caída brutal de la tasa de ganancia del capitalismo occidental, a comienzos de los años setenta de la pasada centuria; siendo las leyes de la acumulación del capital y la abrupta elevación de los precios del petróleo, las variables desencadenantes de ducho proceso. A finales de la década siguiente, se produjo otro hecho impensable bajo los linderos de la Guerra Freía, como lo fue la caída del socialismo soviético. Por último, en el caso venezolano, desde la octava década del siglo anterior, el capitalismo creado por la inversión interna de la renta petrolera colapsó, cuando los empresarios decidieron no seguir invirtiendo en del aparato productivo del país. Este fenómeno se conoce como el "colapso de la inversión" y/o "huelga de inversiones" del empresariado criollo2. Esta triple fractura histórica ni por casualidad fue alertada por la ciencia social que se hacía en el mundo y mucho menos en Venezuela. La dirigencia del país, en todo su espectro político, quedó dando bandazos, desorientada ideopoliticamente, pues, las recetas políticas programáticas que podían ofrecer estaban siendo seriamente cuestionadas por la realidad mundial y local.

La marcada desorientación política de la dirigencia venezolana finisecular, manifestada en la oferta de recetas neoliberales cuestionadas en América Latina y otros récipes afincados en el insepulto socialismo real, expresan la concreción evidente del fracaso de una gestión estatal permeada por el conocimiento científico, específicamente de las ciencias sociales. Al mismo tiempo, el colapso del capitalismo rentístico venezolano, dependiente científica y tecnológicamente, de los centros hegemónicos del capital, objetivan los rendimientos bastardos de las llamadas ciencias duras en el país. Por consíguete, para levantar un aparato productivo eficiente y para dar viabilidad política al país, no contamos con una comunidad científica que sustente tan escarpados menesteres. Si pretendemos levantar un país colapsado, se hace ineludible asumir retos epistémicos de primera magnitud, a fin de suministrarle a nuestro pueblo, saberes cuenticos-técnicos que oferten soluciones viables para el bien vivir que todos deseamos. Entre estos retos epistémicos destacaremos los que siguen:

1.-Revision critica del eurocentrismo positivista científico.

A partir de la primera revolución industrial de mediados del siglo XVIII en Inglaterra, surgió un mundo dividido económicamente en dos mitades complementarias: un núcleo de países noratlanticos industrializados y una periferia del sur condenada a suministrar materias primas y alimentos al industrialismo eurocéntrico. Esto se conoció como la división clásica internacional del trabajo, asimetría que trajo también como derivada la monopolización del conocimiento científico por los países industrializados. Europa le impuso el mundo periférico no solamente la teoría de las ventajas comparativas, sino que también lo condenó a depender de sus saberes científicos apuntaladores de la acumulación de capital3. De esta manera, la practica científica del mundo periférico y venezolana específicamente, fue la de servir de sucursal de la comunidad científica noratlantica. A partir de esta sujeción, comenzamos a ver nuestra tierra no con ojos propios, sino con el lente epistémico del capital, originariamente denominado positivismo.

Frente al positivismo, los científicos venezolanos han tenidos reacciones diversas, destacándose dos que nos lucen negativas: primero, una aceptación acrítica de esta postura epistémica, considerándola la "única verdad"; esta aceptación se prolongó hasta muy avanzado el siglo XX. Por otra parte, tenemos que como reacción antipositivista, derivada de la búsqueda de nuevos saberes para vencer el subdesarrollo de la región, se dio inicio a un cuestionamiento superficial del episteme positivista, donde se destacan el falso problema entre ciencias cuantitativas y ciencias cualitativas. Por consiguiente, consideramos que nuestra ciencia debe ajustar cuentas con el positivismo, pero a partir de un profundo conocimiento del mismo, rescatando de ése lo que haya que rescatar4.

2.-La ciencia social debe volver a Marx

Una de las nefastas consecuencias del antipostitivismo y/o antieurocentrismo científicos de la comunidad cuentista latinoamericana, fue condenar dichos saberes por devenir de una región colonizadora por excelencia, dándole así preeminencia a lo espacial sobre lo social. Se pensaba que todo conocimiento por devenir de Europa, era tóxico para comprender la realidad histórica latinoamericana. En tal sentido, la concepción dialectico-materialista creada por el dúo Marx-Engels también fue etiquetada de conocimiento colonizador y por lo tanto, no apto para dar cuenta ce nuestro entramado social. Lo paradójico del caso es que para dar luces sobre nuestra realidad petrolera, los únicos aportes epistémicos que cumplen tal requisito fueron suministrados por la Europa decimonónica, o sea, la economía política clásica de Adam Smith y David Ricardo y la Crítica a la economía política de Marx-Engels. Más aun, para dar cuenta de la actual crisis sistémica del capital, el único programa de investigación que reúne la epistemia necesaria es precisamente el aportado por el dúo precitado5.

En conclusión, la ciencia social venezolana debe deslastrarse de cuatro fardos epistémicos que la mantiene en minusvalía; el antipositivismo superficial, las visiones de la Segunda Internacional socialdemócrata y Tercera Internacional y el desconocimiento de los aportes del marxismo clásico.

3.-Vincularse con los saberes ancestrales

La invasión europea del siglo XV se topo en América con pueblos ancestrales que habían logrado cierto desarrollo histórico diferenciado, destacándose la relación armónica que mantenían con la naturaleza. Estas comunidades indígenas sobrevivían por la gran acumulación de conocimientos que el diario vivir les requería. En las relaciones sociales, en la medicina, en las obras de infraestructura, en la artesanía y otros menesteres, los conocimientos ancestrales tocaron techo y hoy serian de gran ayuda para resolver problemas del presente. La ciencia venezolana no puede darse el lujo de desdeñar semejante dialogo con el pasado. Para la edificación de una nueva sociedad fundamentada en la distribución equivalencial del excedente económico y la armonía con el medio ambiente, la contribución del episteme de los pueblos originarios resulta imprescindible6.

4.-Asumir el sincretismo epistémico

A partir de las enseñanzas que aporta la construcción del programa de investigación elaborado por Carlos Marx, la ciencia social venezolana debe asumir sin complejos el sincretismo epistémico. En toda la vario pinta epistémica que tenemos hoy, existen aportes que bien pueden dar sentido a la llamada epistemología del Sur, como postura científica liberadora de las garras del régimen del capital agonizante7. Marx no tuvo complejos en tomar lo mejorcito de toda la ciencia de su tiempo, incluyendo las llamadas ciencias duras.

5.-Desarrollo de un programa de investigación para el cambio epocal

La crisis sistémica que sacuda al capitalismo es inocultable como realidad social y ecológica. Desde el mundo llamado desarrollado y desde la periferia del sistema, surgen cada día nuevas evidencias que demuestran la putrefacción del sistema basado en la universalización de la mercancía. Un verdadero sida estructural amenaza con darle solución de continuidad al régimen del trabajo asalariado. Ahora bien, lo complicado y trágico de este asunto es que la superación de la enajenación del trabajo, sólo será posible si construimos primeros los postulados perfiladores de la sociedad emergente que suplante los linderos del capital. Se trata entonces de parir los planos de un nuevo modo de vivir, edificable con una profunda praxis de ingeniería social. Esta nueva sociedad se diferenciara de las anteriores en que primero fue pensada y luego concretada. Será la más grande obra del raciocinio humano y por supuesto, de la epistemología. Para llegar a semejante cumbre del conocimiento, se necesita mucha investigación, es decir, la elaboración de un espíteme que recoja lo mejor de los pueblos ancestrales, lo mejor de las grandes religiones y de todas las disciplinas científicas creadas por el hombre. Este reto epistémico exige así mismo, un ambiente político suficientemente democrático que no perturbe la consecución de semejante objetivo científico.

A modo de conclusión de estas notas le cederemos la palabra a uno de nuestros más reputados epistemólogos, Edgardo Lander quien sobre el tema tratado opinó lo que sigue:

"La búsqueda de alternativas a la conformación profundamente excluyente y desigual del mundo moderno exige un esfuerzo de deconstrucción del carácter universal y natural de la sociedad capitalista-liberal. Esto requiere el cuestionamiento de las pretensiones de objetividad y neutralidad de los principales instrumentos de naturalización y legitimación de este orden social: el conjunto de saberes que conocemos globalmente como ciencias sociales. Este trabajo de deconstrucción es un esfuerzo extraordinariamente vigoroso y multifacético que se ha venido produciendo en los últimos años en todas partes del mundo. Entre sus contribuciones fundamentales se destacan: las múltiples vertientes de la crítica feminista3, el cuestionamiento de la historia europea como Historia Universal4, el desentrañamiento de la naturaleza del orientalismo5, la exigencia de "abrir las ciencias sociales"; los aportes de los estudios subalternos de la India; la producción de intelectuales africanos como V.Y. Mudimbe, Mahmood Mamdani, Tsenay Serequeberham y Oyenka Owomoyela8, y el amplio espectro de 5 la llamada perspectiva postcolonial que encuentra especial vigor en muchos departamentos de estudios culturales de universidades norteamericanas y europeas. La búsqueda de perspectivas del conocer no eurocéntrico tiene una larga y valiosa tradición en América Latina (José Martí, José Carlos Mariátegui), y cuenta con valiosas contribuciones recientes, entre éstas las de Enrique Dussel, Arturo Escobar, Michel-Rolph Trouillot, Aníbal Quijano, Walter Mignolo, Fernando Coronily Carlos Lenkersdorf"8

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DEUDAS HEURISTICAS

1.- José Monzó Marco. Reflexiones para una crisis sistémica.http://jmonzo.net/blogeps/reflexionesparaunacrisissistemica.pdf

2.-Asdrubal Baptista. El relevo del capitalismo rentístico. Hacia un nuevo balance de poder. Caracas. Fundación polar. 2004. Cap.I

3.-Celso Furtado. La economía latinoamericana desde la conquista ibérica hasta la revolución cubana. México. Siglo XXI. 1969. p.47

4.-J. Alberto Del Real Alcalá Jaén. El debate entre positivista y antipositivistas. http://www4.ujaen.es/~adelreal/TCertezavsIndeterm.pdf

5.-Matías Maiello. Debates sobre la actualidad de Marx y la crisis capitalista. http://www.estrategiainternacional.org/IMG/pdf/18_Marxismo.pdf

6.- Tatiana Hidrovo Quiñónez. Ciencias y saberes ancestrales: Relación entre dos formas de conocimiento e interculturalidad epistémica. http://www.uleam.edu.ec/wp-content/uploads/2015/04/4112-investigacion-pueblos-y-nac-ancestrales.compressed1.pdf

7.- Emilio Ortiz Torres. El peligro del eclecticismo en las investigaciones psicopedagógicas contemporáneas. El caso de las concepciones de Vigotsky y Piaget. http://www.psiconet.com/foros/educacion/eclecticismo.htm

8.- Edgardo Lander (comp.). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires: CLACSO, febrero de 1993.pp.4-5



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Humberto Trompiz Vallés

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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