La colonización del saber (III)

La imposición del modelo rostowiano habría de iniciarse a partir de una falsa consideración del tiempo histórico. América latina se había incorporado al “mundo moderno”, antes que la América anglosajona. España y Portugal, iniciaron a finales del siglo XV el camino de dominio del mar atlántico. Inglaterra, Francia y Holanda lo harán en el siglo XVII. América latina, nació moderna.

La teoría rostowiana al concebir el subdesarrollo como una etapa histórica, por la cual debían transitar todas las naciones, muestra su primera falencia. Definido el desarrollo como el tránsito de un estadio histórico a otro nos dice que, los problemas del subdesarrollo y el desarrollo, debían ser concebidos como momentos estancos de un proceso histórico y que, en el caso latinoamericano, estos eran los elementos constitutivos del carácter dual de las sociedades de la región. Dualidad que sólo podía ser superada través de las políticas del “cambio social”.

En razón de ello se afirmaba, aún hay quienes lo siguen afirmando, que desarrollo y crecimiento económico forman parte de una misma ecuación. Visión formalista del desarrollo, a través de la cual se quiso hacer creer que el progreso científico-técnico, sólo era alcanzable a través del ahorro, las inversiones y la industrialización. De tal manera que, Latinoamérica necesitaba el ahorro de recursos, la inversión y el uso de tecnología exógena, para iniciar su “despegue” hacia el desarrollo.

Téngase presente que, la región iniciaba (con algunas excepciones) su tránsito hacia el establecimiento de la democracia representativa, como sistema político. Y que, el sistema político latinoamericano presentaba una gran heterogeneidad, encontrándose casos que iban desde lo que O´ Donnell ha llamado como regímenes tradicionales con fuertes complementos patrimoniales, regímenes sultanistas, populistas, autoritarios, hasta regímenes de “democratización política cuidadosamente pactada”.

Pero, lo cierto era que el imperio no podía seguir sosteniendo su dominio, apalancado en su fuerza. Por lo que, la consolidación de su hegemonía requería de la utilización de otras variables. Debía imponer “razones superiores”, que al decir de Ruy Mauro Marini, “trasciendan intereses y motivaciones individuales para responder a factores de carácter más general. En otras palabras, la dominación de clase debe presentarse siempre como la expresión de algo necesario y, en cierta medida, natural”.

La idea del “cambio social” tenía que ser –entonces- revestida de un manto de popularidad. La ampliación del espectro político requería la inclusión de nuevos actores. Ciertos sectores populares, junto a la clase media, serán convertidos en protagonistas del “cambio social”. Sectores estos que unidos a la “burguesía nacional antioligárquica”, la cual había emergido como nueva clase dominante ante el “fracaso” de la oligarquía terrateniente, tradicional, de llevar adelante el proceso de modernización capitalista de la formación social latinoamericana, constituirán la base social fundamental, utilizada por el imperio para imponer su hegemonía de manera absoluta.

Los partidos políticos, asociaciones gremiales y profesionales, organizaciones sindicales y campesinas, universidades e institutos generadores de conocimiento, organizaciones sociales públicas y privadas, habrán de ser –entre otras- organismos a través de los cuales se impondrá la modernización capitalista dependiente, en la región.

Sin embargo, la realidad sociocultural de las naciones latinoamericanas desmontará –nuevamente- el andamiaje teórico, que el imperio había armado para la colonización del saber de la región.

El pensamiento “imitativo y reflejo”, asumido por algunos cientistas sociales latinoamericanos, el culto a las “novedades” intelectuales del pensamiento euronorteamericano y la creencia de que la estatura de nuestros pensadores se medía por su erudición respecto a dicho pensamiento, encontraron en nuestra región un fuerte rechazo.

Albert Hirschman y José Medina Echavarría fueron, entre muchos otros, pioneros en la oposición al modelo de desarrollo técnico-económico diseñado por el imperio. Para ellos, la visión del desarrollo tenía un carácter integral, en el que el desarrollo del ser humano y no el crecimiento económico, debía ser lo fundamental.

Como dijimos en la entrega anterior, al imperio no le resultaría fácil imponer la colonización del saber. Diario de los Andes, 27 de junio de 2011.


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Nelson Pineda Prada


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