La política y cultura de la cadena de la opresión, convencional conservadora y generadora del deterioro democrático

La política es integral, en tanto es vida, e involucra a todos los sectores, salud, educación, economía, urbanismo, deporte, turismo, cultura, agricultura, ambiente, industria, ciencia, tecnología etc. y centra su atención, respondiendo a su sentido de ser, en servir para el bien de los seres humanos que conforman la polis, todos los ciudadanos y ciudadanas que habitan las ciudades, los municipios, las localidades o pueblos. Si toda la población es la referencia para ser el aportado, el que recibe, el beneficiario del servir de la política en Democracia; todos los sectores, de los respectivos mundos circundantes, les asiste el derecho y les compete el deber de participar, el aportar, el dar desde su singularidad y sus sectores, para ser incorporados en la elaboración del contenido del programa de la Política con Democracia Constructiva y Transformadora, propia del siglo XXI.

La participación sectorial, definida por sus mundos circundantes, desde lo singular, en favor de la construcción colectiva, es fundamental para la elaboración del contenido de la política a ejecutar, que supera el discurso, la abstracción, el contenido conceptual e idealista. Participación sectorial que previamente debe estar referida en la Constitución, como ley madre de todas las leyes, que rige una nación. En el siglo XXI la Política, con su Democracia Constructiva y Transformadora, además del ideal, del discurso, de su contenido conceptual, teórico con su comprensión e interpretación de los problemas del tiempo presente, es fundamental el contenido procedimental, en la aplicación, en lo operativo factico. La aplicación de la política se refiere al contenido procedimental, que es la que garantiza el hacer, las obras, para el bien común de toda la ciudadanía con la participación, sin discriminación, de todos los miembros de la nación.

Si todos los ciudadanos, como seres humanos singulares, pertenecientes a los diversos sectores, como seres humanos sociales, aportan y reciben, se consolida la Democracia Participativa. Si toda la ciudadanía, desde los diferentes sectores participa de la política, en la comprensión e interpretación de los contenidos conceptuales, de las ideas, la razón, del sentir afectivamente, además ejercen, en el contenido procedimental en el hacer, las obras y participa de la respectiva apreciación del bien público o contraloría social, el contenido actitudinal, la política se identifica con la denominación de una Democracia Constructiva y Transformadora, propia del tiempo histórico del siglo XXI.

Significa, la Democracia Constructiva y Trasformadora del siglo XXI, un retorno a lo político, sinónimo del logro del bien común, para todos sin discriminación con su derecho y deber de participación, capaz de superar los llamados "partidos políticos" convencionales del siglo XX. Dentro de sus fundamentos, que sirven de base, uno de ellos es la visión interdisciplinaria y transdiciplinaria, centrada en el beneficio de todos los seres humanos, que corresponden a los distintos sectores que constituyen un país, una nación.

La política no es una disciplina más del conocimiento, propia de algunos seres humanos especialista, llamados políticos, aferrados al poder, que pretende poseer un don divino y decidir por otros, instalando indirectamente el autoritarismo, mediante la cadena de la opresión, con sus relaciones verticales y hegemonías. En lo oculto, es un comportamiento que se corresponde con la política y cultura conservadora, convencional, negadora del retorno a lo político en el siglo XXI que significa el sentir y vivir la auténtica política que se va transformando el tiempo. La política es un derecho y deber de toda la ciudadanía que opina, decide y ejecuta para el bien de todos, que se sustenta en la Democracia Participativa para superar la Democracia Representativa del siglo XX, gracias al ser histórico, a la construcción y transformación permanente propia de la condición humana

La política es parte de la vida, le pertenece y le compete a todos los seres entes humanos de una nación. A la visión de integración se le acopla la construcción colectiva, en función del sentido común, y las relaciones horizontales. Es un ir construyendo de abajo hacia arriba, desde lo particular, lo singular de las personas, para conformar lo sectorial, pasando por lo territorial local, municipal, estadal y nacional hasta transcender a lo internacional, como ciudadanos universales, en el mundo global, y planetarios.

Es otra concepción política, que responde al tiempo presente del siglo XXI, que debe estar contenida en la constitución, ley madre orientadora de la vida democrática de un país, de una nación. Es un nuevo horizonte político que desplaza los llamados "partidos políticos", las relaciones verticales, la hegemonía que se impone por la línea del poder, de arriba para abajo, en función de que los otros obedezcan, como rebaños necesitados, incapaces de ser independientes, carentes de libertad y autonomía.

Necesariamente en el siglo XXI se tiene el compromiso de elaborar otro documento legal ajustado a su tiempo, otra constitución, que previamente debe ser consultada al poder constituyente, que es toda la ciudadanía de una nación, para que tome la decisión de si o no, de favorecer o no favorecer la elaboración de otra ley madre o constitución. El carácter legal de una nueva constitución habita, desde sus inicios, en el ser decida por un poder constituyente, que reside y le pertenece a toda la ciudadanía, al pueblo, que responde a una iniciativa formulada previamente por un particular, como el presidente u otro, que pertenece al poder constituido, al gobierno de turno.

El poder constituyente, que es el pueblo soberano, asume la autonomía, toma la decisión para hacer otra constitución y ordena, mediante un referendo consultivo, para que se pase a conformar la Asamblea Constituyente. El poder constituyente opina y decide, a través del acto electoral, para elegir los miembros de la Asamblea Constituyente, que es el organismo temporal, con sus respectivo limite de labores, necesario para la nueva creación. El nuevo organismo temporal de la Asamblea Constituyente tiene el deber, sustentado y a partir de los aportes previos del poder constituyente de los distintos sectores, de des- construir en torno a construir y transformar el estado, conformado por todo poder constituido previamente. Una vez elaborada la nueva constitución, todo el poder constituyente, el pueblo, pone en acto su autonomía y de nuevo decide, en el referendo consultivo, para aceptar o rechazar la nueva constitución. Si la acepta legalmente se pone en vigencia la nueva constitución

En la nueva constitución debe estar todo incluido respectivo de la participación de los distintos sectores en el contenido conceptual, procedimental y actitudinal- ético de la política y la referencia, donde se activa la autonomía del poder constituyente, de la decisión política, nacional e internacional. Implica que toda decisión política, tanto sectorial como nacional, no puede ser ni presidencialista, ni personal, ni de diputado, ni representativa y de partidos políticos. Todo contenido político debe pasar, previamente, por los miembros de la ciudadanía que es el poder constituyente, pertenecientes a los sectores, a todos los niveles hasta llegar a la decisión de estado, donde el poder constituyente ordene para que se actúe, tanto a nivel de política nacional como internacional.

Una nueva política del siglo XXI, con Democracia Constructiva y Transformadora, responde a una cultura liberadora, creativa, donde la autonomía y toma de decisión, desde lo singular, sectorial y colectivo, debe servir de proceso de formación política, para confrontar y superar la cultura de la cadena de la opresión, convencional y conservadora de la Democracia Representativa del siglo XX. Una Democracia Representativa, que se vale del desconocimiento y no formación del otro, de la necesidad humana, de una bolsa de comida, de un empleo, de una pensión social, de una vivienda o la medicina. Es un abuso de `potestad, amparado en la llamada democracia, donde el poder constituido toma las decisiones e impone, en relaciones verticales, desde la autoridad a los ciudadanos, que sometidos obedecen, reafirmando la cultura de la opresión, conservadora, de la violación de derechos humanos, de la ignorancia y negadora de una nueva Democracia Constructiva y Transformadora propia del siglo XXI.

Es una necesidad superar una política y cultura de la cadena de la opresión, convencional y conservadora, donde se imponen, por abuso de poder, por los gobiernos de turno, comportamientos repetitivos y obedientes que se siguen con facilidad, hasta ser aceptados como normales Son comportamientos donde se ha interiorizado el ser sumiso que responde a los intereses políticos dominantes y de gobiernos de turno, por cuanto para mantenerse en el poder impiden el romper la cadena de la opresión, que promueve el asumir la cultura liberadora y creativa de participación y aporte político, donde se reafirma el ser histórico y creador propio de todos los seres humanos.

La cultura de la opresión y conservadora, por la negación del ser humano y la acumulación de energías reprimidas y resentimientos por discriminación, trae como consecuencia la enfermedad social. Es una afectación social que implica destrucción, por violencia que se va acrecentado, hasta llegar al enfrentamiento lamentable con las pérdidas de vidas humanas. La cultura de la cadena de la opresión amerita atención urgente de la sociedad, para generar cambios culturales y políticos que propicien la formación de ciudadanos y ciudadanas para la libertad y creatividad, donde se reafirme el ser histórico que transforma el mundo. Son cambios en procesos educativos, de formación para la libertad, comunicacionales, legislativos, judiciales y políticos de construcción colectiva, a partir de los aportes singulares personales, y relaciones horizontales, donde es indispensable la libertad para la creatividad en la solución de problemas y el logro de la autonomía de la nación por su participación, trabajo y producción, sin olvidar que la autonomía empieza en cada ser humano.

En la cultura y la política de la cadena de la opresión, convencional y conservadora, que sigue imperando en el siglo XXI, se da un deterioro de la democracia. Es un deterioro en tanto los ciudadanos y ciudadanas, sometidos a la negación de su condición de seres humanos con autonomía, pensamiento libre y comportamiento critico y creadores debido a su ser histórico, son usados como objetos que deben recibir líneas de mando y responder a la obediencia que se imponen en relaciones verticales, ajustadas a leyes, reglamentos e instituciones opresoras y conservadoras. Se obedecen las líneas de partidos políticos, por reglamentos y disciplinas, de grupos de poder, de los que en la lucha de poder, mediante el mecanismo electoral, logran apoderarse de las instituciones del estado, manipulando con los servicios o beneficios que debe garantizar el Estado Democrático y de Derecho. Rápidamente se va olvidando el contrato social – político, donde toda la ciudadanía son accionistas de ese Estado. Por lo tanto, es un derecho la participación de todos en la elaboración de los contenidos políticos, conceptuales, procedimentales y actitudinales, que deben tener nuevos aparatos legales con sus respectivos mecanismos y ajustes, dentro de la Constitución Nacional.

En una política y cultura de la opresión y conservadora, propia del siglo XX que lamentablemente se asume y repite para mantener la superestructura y estructura social- política conservadora, tanto partidos de derecha como de supuesta izquierda, los ciudadanos y ciudadanas solo son visualizados por las maquinarias electorales, para elegir los poderes y en función de los efectos de las elecciones, por el voto en nombre de la política con su democracia cuantitativa. Otras formas de visualización son los eventos masivos llamados políticos, de marchas, manifestaciones o concentraciones donde se pierde la singularidad personal, juntando en lo físico seres humanos, que se terminan definiendo como masas humanas, donde compiten los que luchan por el poder, demostrando fuerzas cuantitativas en nombre de la Democracia.

El siglo XXI plantea un gran reto en lo filosófico - político en torno a la vida, a la existencia como problema, para solucionar y avanzar en una transformación histórico- política, que es permanente en el tiempo. Es un reto de integración de la construcción colectiva, las relaciones horizontales, la visión interdisciplinaria, la democratización del capital, la consolidación del sentido común, del sensus comunis a partir del sentido singular, particular al ser humano, como sectorial y sin negar los derechos humanos. Es un reto que busca el ir propiciando la construcción y transformación humana singular-personal y social, que responda a una política y cultura liberadora y creativa.

Una nueva política y cultura para consolidar la Democracia, integral y plural, de participación con su contenido y programa político sectorial conformando el proyecto de vida local, municipal o comunal, el estatal y nacional e internacional. Un nuevo pensar y comportamiento para consolidar la política del siglo XXI, con Democracia Constructiva y Transformadora, en favor de la ciudadanía, de la polis, de la patria, de la nación que pertenece a todos, sin discriminación y negación del otro, con pluralidad, por cuanto los seres humanos son diferentes, como ciudadanos nacionales, universales y planetarios.

Uno de los componentes de la política integral y plural, que rompe la visión de los conocimientos divididos por disciplinas, es el sector cultura que contiene todo lo que es creado y elaborado por el ser humano, que amerita la intervención de la naturaleza, incluyendo lo humano, obteniendo nuevas modificaciones que llegan a grandes transformaciones históricas. Interiorizar que todos los seres humanos tienen la propiedad de la creación para crear el mundo circundante de cada sector y que el mundo depende de la participación creadora de cada uno, es el principio para una política y cultura de la liberación y creatividad. Es un sector, el de cultura, todo lo que hace el ser humano, incorporando la política, el urbanismo, la estética, el arte etc., que no se puede aislar como disciplina independiente y es necesario que se una y se haga extensivo a los restantes sectores, en torno a proyectos de desarrollo integral, espacial y poblacional, con tecnología integrada.

Es una cultura con visión de unificación, contentiva de lo sectorial, colectivo y lo singular de la persona con derechos humanos, interdisciplinar y transdisciplinaria, en torno a un proyecto político, definido espacial y temporalmente, para consolidar el bien del ser humano, singular y social. La política y la cultura debe responder al interés común del colectivo, el buen vivir de los ciudadanos y ciudadanas, que conforma los diferentes sectores, que habitan en sus respectivos espacios locales, municipales, estadales y nacionales. Se aboga por una efectiva participación de los sectores en los contenidos políticos, que transcienda lo ya presente, y que no se puede sintetizar en un simple voto que se cuantifica.

La organización por sectores se inicio hace tiempo, es un hecho, está presente, como organizaciones sindicales, federaciones en la organización de colegios, como colegio de médicos, colegio de ingenieros, colegio de abogados etc. Hasta ahora las organizaciones sectoriales han defendido los derechos laborales, recreacionales o salariales y es necesario, en el siglo XXI, ampliar sus compromisos y asumir los contenidos políticos, para incidir en el poder ejecutivo, legislativo, judicial, moral y constituir el poder del Estado constituido, a partir del poder constituyente, que es toda la ciudadanía de una nación.

La propuesta es la integración de toda la ciudadanía, inmersa en los respectivos sectores en torno a una Política del siglo XXI con Democracia Constructiva y Transformadora, identificada con la cultura liberadora y creativa. Una política capaz de promover, sin olvidar la participación de cada ciudadano singular – personal, tanto la realización ciudadana del mundo circundante del sector, en su labor de servidores, como del colectivo de ciudadanía que recibe el servicio. Es la otra alternativa de política y cultura que se enfrenta, para su desconstrucción y su superación, a la cultura de la opresión, convencional y conservadora, ajustada a la superestructura y estructura con su política de la Democracia Representativa, identificada con el tiempo pasado pertinente al siglo XX.

El compromiso mayor, en el presente tiempo, es superar la política y cultura convencional de la opresión y conservadora, que responde a una superestructura social y política, con su estructura o instituciones. Cada estructura o institución cumple con su papel particular para mantener la cadena de las relaciones verticales, que consolida la cultura de la opresión, reafirmando la conservación de lo impuesto y aceptado convencionalmente. La familia, la escuela, los medios de comunicación, instituciones de salud, de economía, de atención social etc, como estructuras o instituciones de la superestructura social-política, forman parte de la cadena de la opresión mediante sus relaciones verticales, encargadas de imponer e impedir la liberación y creatividad con construcción colectiva y ser histórico, para asumir la Política del siglo XXI con Democracia Constructiva y Transformadora.

La experiencia o el caso de la política y la cultura de la opresión son similares con la experiencia o caso educativo. Es el caso de las instituciones educativas y su educación bancaria, de la pedagogía de la opresión, de acuerdo con el pedagogo de Brasil Freire, con algunas excepciones, repetitiva, memorística de conceptos, negadora del hacer – pensar. Una negación que implica el impedir el crear y solucionar problemas de la vida, del desarrollo comunitario, para fortalecer un crecimiento integral, en los aspectos cognitivo del pensar, afectivo del sentir, físico motor del hacer y social – económico del compartir. Un crecimiento integral, singular y colectivo, sano socialmente, es la labor de la institución familiar-social, como de las instituciones educativas, los medios de comunicación así como de las instituciones culturales y políticas, como parte de la educación informal no sistematizada.

Considerar la política y cultura de la cadena de la opresión, junto a las Instituciones y ajustarlas al siglo XXI, es una labor necesaria para romper la superestructura con sus estructuras y transformarlas, donde se manifieste la cultura de la liberación y creación a todos los niveles y en todas sus manifestaciones políticas, económicas etc., para la grandeza de un país. La superestructura y estructura social, con su política conservadora en el siglo XX, le compete responder al ser histórico, entrar en estado de apertura y posibilitar la transformación. Una superestructura y estructura social política no puede ser permanente en el tiempo, enfrentada y negadoras de cambios y transformaciones. Una superestructura con su estructura social – política, surge gracias a la libertad y creación de los seres humanos y corresponde con un tiempo histórico que se valora, pero que no puede permanecer en el tiempo presente, negando el ser histórico y creativo, que es propiedad humana en su existencia.

La cultura opresora, conservadora y convencional, con su política y democracia correspondiente, responde a la consolidación de una superestructura social-política, apoyada en su respectiva estructura o instituciones. Cada estructura o institución, impone sutilmente las relaciones verticales de poder, romper y viola la independencia de poderes necesarios para una Democracia y se encarga de la repetición dentro de la superestructura social y política y es lo que lamentablemente hoy se vive, se experimenta en Venezuela. Entre esas instituciones se encuentran, las ejecutivas, legislativas, judiciales, electorales, morales, políticas, los medios de comunicación, centros educativos, centros de salud, religiosos, familiares y demás instituciones, donde las instituciones culturales no están ausentes y que en el siglo XXI deben ser pensadas, construidas nuevamente y transformadas.

Es considerable una revisión del pensar y hacer de la política en el siglo XXI en todos los sectores y en lo particular de la cultura, para la política cultural, tanto de lo filosófico como lo urbano, estético y el arte. Es un abordar la tradición del tiempo pasado y repensar desde las nuevas referencias que sustentan la cultura de la liberación y creación, a partir de la experiencia, de la vida para la permanente concreción del ser histórico, con la construcción y transformación de la existencia humana.

La tradición, donde es posible encontrar lo auténtico, que está oculto y es continuo, son las experiencias de otros en el tiempo pasado que le competen a la vida, de las vivencias humanas que implican el saber, el sentimiento, el gusto, el instinto o la voluntad, necesarias de abordar y pensar para su comprensión e interpretación, en torno a transformar el tiempo presente y asumir la aplicación con obras o hechos, propios de la situación genésica de la libertad y creación humana. Ese pensar no puede ser repetitivo y negador por convencional, como lo señala el pensador filosófico Nietzsche, y al contrario debe ser un pensar distinguido, propio del súper–hombre con voluntad de poder, para cambiar todo lo que lo niega en su dimensión humana creadora y transformadora. También a Nietzsche, en la significativa producción de "Mas allá del bien y el mal", se le deben los aportes que favorecen la importancia de la singularidad o personalidad del ser humano única, promoviendo el "esteticismo heroico". Es un esteticismo donde todos los seres humanos son héroes frente a la negación del liderazgo y el concepto de masas humanas que obedecen como corderos a los líderes o genios

Es superar el pensar condicionante, negador del ser humano, identificado con la política y la cultura de la cadena de la opresión, frente al pensar la comprensión con sus posibilidades del estar ahí en el mundo, de la existencia, promovida por el filosofo Heidegger propuesto en "Ser y Tiempo", del hacer y la experiencia en el mundo circundante con su aporte creativo, como ser humano existencial. Un aporte desde la comprensión e interpretación necesario, que parte del singular, lo personal del ser humano, que conforma el sentido común para construir el ser colectivo, con su tradición, entendido desde los aportes del filosofo Gadamer en su obra de "Verdad y Método". Una construcción colectiva, con su saber de la tradición, de lo que fue, junto al pensar de la compresión, donde se hace presente, tanto lo teórico, lo abstracto del conocimiento conceptual como la interpretación del ahora para aplicar e iniciar el proceso de lo productivo, con el hacer, lo práctico del conocimiento procedimental, junto a lo ético, el servicio al otro, del contenido actitudinal.

La política y cultura de la liberación y creatividad refiere el aporte desde lo personal, lo singular, dado el ser creador de todo ser humano, que pasa a conformar el aporte mayor en la construcción colectiva, reafirmando el ser histórico y el ser de la tradición, referido y entendido desde la hermenéutica filosófica de Gadamer. Es una importante referencia la hermenéutica filosófica, ajustada a la vida como problema, venidera del saber de la tradición del tiempo pasado que amerita de su comprensión y la propia referencia de la interpretación de la situación epocal del siglo XXI , para aplicar, que es el hacer y con ello instalar el nuevo horizonte . La comprensión, es el entrar en un estado de apertura y el abrir de posibilidades, en ese ir a lo que fue, donde se encuentra en lucha el tiempo pasado con el tiempo presente para interpretar el ahora con sus problemas y que surja lo nuevo, la transformación con su aplicación fáctica, que abre el horizonte del devenir.

En lo filosófico se asume la experiencia del diseño hermenéutico, en cuanto nunca el pensar y hacer del ser humano está terminado y permanece abierto a las posibilidades, para la transformación política y cultural, donde el tiempo como unidad, un todo, soporta las particularidades del tiempo del ser histórico. El tiempo pasado y el tiempo presente no están aislados, se someten a un permanente cambio en el tiempo particular y sirve al tiempo del devenir en el horizonte que es infinito, sin límites. Es al ser humano, singular y en la construcción colectiva, social de los sectores, a quien le compete esa labor de elaborar el contenido político, en relaciones horizontales construyendo de abajo para arriba, de cambio, con su transformación histórica en su propio tiempo, en conexión con el tiempo pasado y el devenir en el horizonte.

Es un diseño hermenéutico llevado a la política a partir de des-ocultar el tiempo pasado para la comprensión de una civilización y su cultura con su nuevo contenido político sectorial. Se des- oculta y va retornando el camino del saber de la tradición, un encuentro creador entre el pasado y el presente, de lo auténtico en su interpretación, de frente a los problemas del tiempo presente. Es una interpretación que continua en lo factico, su aplicación en el hacer la producción de la obra política, que es la transformación. Si no se hace lo que se piensa no se obtiene la obra que es la verdad, la prueba de la transformación y lo que queda como documento histórico.

Desde el nivel singular y personal la política y cultura de la opresión y el autoritarismo se va marcando y consolidando en un proceso. Es una cadena que va creciendo en el siglo XXI y es un problema mayor que es urgente detener, en favor de la paz, mediante la cultura liberadora y creadora. En las relaciones de familia, en los centros educativos, en los medios de comunicación, en las instituciones, a nivel interno institucional, a través de los funcionarios públicos o las personas que se imponen sobre otras, mediante mecanismos de poder administrativo, mecanismos legales y otros y evidentemente en los procesos políticos. A nivel nacional de organizaciones, asociaciones, fundaciones, colegios o gremios, sindicatos, de partidos que se imponen sobre los seres humanos, los ciudadanos, la población. A nivel internacional, mundial de países poderosos, económicamente, tecnológicamente y culturalmente sobre los llamados pobres o en desarrollo, que no están en igualdad de condiciones

La política y cultura de la opresión no respeta la condición plural, la autonomía, el ser diverso y la propiedad creadora de todo ser humano para la construcción y transformación del mundo. Es un irrespeto y desconocimiento que les da el permiso y fundamento para asumir su dominación en todos los sentidos y hacer a los otros sumisos, violando la dignidad y autonomía de los seres humanos que constituyen la población de una polis, de una ciudad y forman parte, como accionistas que financian con sus impuestos, del Contrato Social del Estado.

Es a partir de los miembros de la asociación del estado democrático, de la integración y participación desde lo singular, grupal, de lo sectorial a lo colectivo mayor, que las políticas democráticas como un deber ser, se señalan y construyen, para des-construir la cultura de la cadena de la opresión, convencional y conservadora. Es una política para fortalecer la cultural liberadora y creativa con construcción colectiva, que viene de lo sectorial, en concordancia comunitaria, de distintos espacios y parte de lo singular personal. Se manifiesta en un proceso constructivo para que se correspondan y puedan ser constitutivas de una cultura liberadora, creativa y transformadora, desplazando la cultura de la opresión de superiores sobre inferiores.

Una política y cultura de la liberación, creación y transformación necesariamente implica des-construir esa cadena de la cultura de la opresión, que se sustenta en las relaciones verticales, para remplazarlas por las relaciones horizontales junto a la construcción colectiva. La cultura de la opresión pretende, en lo oculto no manifiesto directamente, que el otro ser humano sea dependiente y desconocer las relaciones horizontales que sustentan una Democracia Constructiva y Transformadora de participación. Las relaciones horizontales, la participación sectorial y la construcción colectiva obran en la consolidación de contenidos políticos para llevar a la aplicación, a la praxis en un espacio y tiempo. Es el hacer de la cultura liberadora, creativa con énfasis en ser productiva, de la política, sometida a su respectiva apreciación de resultados o evaluación transparente con tecnología integrada.

Una política, libre de la cultura de la cadena de la opresión, convencional y conservadora, acorde al siglo XXI, implica que debe ser efectiva-productiva en favor del bien de todos los sectores, de toda la polis, sin discriminación, debido a que el proyecto político se ejecuta con la inversión de todos, gracias a los impuestos que pagan los ciudadanos, y no de pequeños grupos de poder político y económico. Son grupos, que en lo oculto fundan, consolidan y manipulan partidos políticos para apropiarse de todos los poderes del Estado. Se apropian del poder legislativo, ejecutivo, judicial y moral-ético, ejercen control y van consolidando, en su accionar y comportamiento que muestra lo oculto, la cultura de la opresión y dependencia, negando la verdadera política como transformación y realización de todo ser humano, sin discriminación, y con ello la cultura de la liberación para la creación, en un Democracia Participativa

Es una nueva política, en sintonía con los nuevos tiempos del siglo XXI, donde su contenido, conceptual, procedimental y actitudianal, responde a la Democracia Constructiva y Transformadora. Se inicia en lo singular- personal para consolidar cada sector, y continuar a partir de lo local, en construcción colectiva y en relaciones horizontales. Desde los sectores va pasando por las otras localidades, hasta llegar a los municipios, donde se acopla a los otros municipios o comunas, para continuar a los estados, integrándose, y tener un contenido por estado de los diversos sectores. Son contenidos políticos que además deben estar incorporados y considerandos en las asambleas de las organizaciones de los consejos comunales de las localidades, para llegar a exponerse con voz y voto, que debe ser decisivo y vinculante, en el poder legislativo, el poder ejecutivo, judicial y moral nacional.

Surge el contenido político desde lo personal, singular, particular y en sumatoria crece sectorialmente y territorialmente, en tanto va desde lo local a lo municipal, estadal y nacional. Un contenido político sectorial que previamente debe ser perteneciente en la Constitución Nacional, para que formen parte, los sectores, de la Democracia Participativa y no se puede imponer por una persona, creando desorden y confundiendo iniciativa personal con poder constituyente, que es el que funda el estado como poder constituido: presidentes, legisladores, gobernadores, alcaldes etc. Es un comportamiento personalista, donde se des-oculta lo oculto y se manifiesta la cultura de la cadena de la opresión, convencional y conservadora que deteriora la Democracia Lo que surge, desde los sectores, como contenido político conceptual, crece y se va consolidando hasta llegar a los poderes correspondientes y de nuevo regresa, para su aplicación, como contenido político procedimental y actitudinal, que es el fenómeno factico del obrar de la política. Es el hacer obras en cada sector, que sumadas se traducen en el buen vivir de toda la ciudadanía de la polis, de las ciudades, de los pueblos, municipios, comunas, aldeas, sectores o localidades urbanas y rurales sin discriminación, consolidando así la Política del siglo XXI con Democracia Constructiva y Transformadora con la cultura liberadora y creativa, que desplaza la cultura de la opresión, convencional y conservadora, derivada del siglo XX.

 



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Betty Osorio

Profesora de la Universidad de Los Andes, Mérida y titiritera

 bettyoso@hotmail.com

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