Calvario en el Zulia y a nivel nacional

“Maduro dice una cosa y el vigilante del banco otra”: el drama de los pensionados

En los ancos del Estado la cosa es peor

En los ancos del Estado la cosa es peor

Maracaibo, septiembre 22 - “Alguien tiene que venir a inspeccionar esto. Es un calvario lo que vivimos. Maduro dice una cosa y el vigilante del banco otra. El Presidente manda en Miraflores, pero aquí manda todo el mundo”, expresó adolorido Bolis Puche, de 67 años, uno de los miles de pensionados que se ven a diario haciendo cola en el Zulia.

Sillas, cartones y bastones se confunden con arrugas, cansancio y sudor en las colas que hacen los adultos mayores para cobrar la pensión por vejez. Nadie le cede el puesto a nadie. Nadie se apiada de nadie en un mundo donde todos son ancianos.

Hasta 12 horas corridas en una cola se calan los pensionados zulianos. Muchas veces sin comer y hasta sin pasaje de vuelta. Si no les pagan algunos tienen que pedir dinero para regresar a sus casas.

“Ay mija, a mi me robaron el bastón en una cola. Un día de estos que vine a cobrar se formó un mollejero porque llegó el camión del efectivo y todo el mundo se aglomeró, me empujó y cuando me vine a dar cuenta me lo habían robado. Soy operado de cuatro hernias discales y perdí un riñón tras un accidente. Imagínese cómo voy a hacer yo para andar sin bastón. En lo que cobre la pensión tengo que comprar uno que me dijeron que me iban a hacer de madera como el que yo tenía”, cuenta Puche.

La pensión por vejez está destinada a las mujeres mayores 55 años y a los hombres con más de 60. Los abuelos madrugan para estar en las entidades bancarias. Las colas son numerosas y llaman la atención de quienes pasan por los sectores donde hay bancos destinados a pagar la pensión. La aglomeración ha empeorado en Maracaibo desde que se robaron los cables de los bancos ubicados en La Concepción.

“Trabajé limpiando en una empresa de materiales eléctricos. Ya no puedo laborar. Ahora dependo de la pensioncita, pero no alcanza para nada como todo en este país. Ni siquiera sé usar la tarjeta. Yo compro en los supermercados y se las doy a las cajeras con la clave anotada en un papel. En los cajeros dicen que nunca hay plata, yo nunca me he atrevido a usarlos porque me da miedo equivocarme”, señala Alicia Chávez, de 75 años.

Los pensionados comienzan a hacer acto de presencia en los bancos desde las 3:00 de la mañana y se llegan a ir hasta a las 6:00 de la tarde. Lo primero que escuchan es que no hay efectivo. Luego, les avisan que deben esperar a que llegue el blindado con los billetes. Cada vez que se abre la puerta todos corren y se aglomeran. Se golpean unos a otros, gritan, protestan y reciben exhortaciones del personal bancario.

“Uno viene aquí a recibir regaños del gerente, de los cajeros y hasta del vigilante ¿usted cree que uno llega a viejo para eso? ¿para que lo regañen a uno como un niño? No hay línea, no hay libretas, no hay tarjetas, no hay plata… me pregunto ¿para qué abren un banco entonces? ¿para meter a un personal adentro a sentarse sin hacer nada y en aire acondicionado, mientras nosotros estamos afuera terminando de morirnos?”, se pregunta Wilmer Piña 67 años.

La desesperación, la angustia, el hambre se ve en los ojos de cada uno de los que conforman las colas. Todos por poco más de 130 mil bolívares mensuales que es lo que reciben. Si pierden el día, vienen el próximo. De lo contrario deben irse con la tarjeta a pedir su plata en avances en efectivo por lo que pagan hasta un 30% a los estafadores de oficio. Todos sufren, todos reclaman, pero nadie parece oír el lamentable quejido de un pensionado.



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