1814-2002-2007: El papel de la Iglesia jerárquica

AHORA, ESTAMOS EN UN TIEMPO IGUAL AL DE 1814, nos jugamos el futuro cada día, no sea que un día nos ocurra que cualquier mínimo deseo que hoy podemos realizar en Paz sea un gran anhelo por irrealizable; como bien lo expresara la poetisa Jane Mansfield : “Cuando termine la guerra sólo quiero bajar la colina y caminar por la pradera”, o como Kafka, tengamos, por desgracia, necesidad de bajar corriendo los cuatro pisos del edificio para atravesarnos en el camino de cualquier transeúnte y que nuestra soledad sea tan grande que le tomemos la mano y le digamos “¡Estamos de acuerdo!”. ¡No!, somos seres humanos, tenemos capacidad para reconocer dónde están el bien, el Mal, el Horror y la Belleza. Nuestras ideas tienen una eficacia creadora, no seremos como el angustiado hombre de Hernando Track, ese “zapatero ciego, sordo y mudo; ese jardinero apacible y sencillo que ignore absolutamente la Realidad, que se mete a pendejo y luego se desangra en cada poema que escribe”. La Realidad está ahí y hay que reconocerla, incluso desde la misma zona de la Ficción.


Es inaplazable ir hacia la refundación de las instituciones, para encontrar un perfil y una verdad que nos convenzan. Las Universidades, los gremios profesionales, la Federación de Estudiantes, los Intelectuales y la Iglesia (así como las religiones) tienen mucho qué decir y hacer en los actuales momentos en el Mundo y en esta caso en nuestro continente y el país en que vivimos por gracia o castigo.

En 1968 un gran sector de la Iglesia cristiana entendió con claridad su misión. En la Segunda Conferencia de Obispos Latinoamericanos en Medellín, inspirados por la REFORMA DEL VATICANO II, es examinada la situación política y social de nuestros pueblos y el papel social de la Iglesia. Denuncian en su proclama la opresión económica, la explotación del tercer Mundo por parte de las naciones industrializadas y terminan exigiendo profundas, radicales reformas políticas y sociales. Declaran que la misión de la Iglesia latinoamericana es distinta a la Iglesia de Europa y era necesaria una “participación más activa”, una “eucaristía real” que llevara a una “aplicación práctica de la fe”, lo que luego vino a llamarse la Teología de la liberación; un poderoso brazo de solidaridad de la iglesia cristiana y católica con los desposeídos, los humillados, los ofendidos y los excluidos. En 1971, el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, expresa que la Iglesia debía ayudar a los pobres, no imponerse sobre ellos. Porque pareciera a veces que los jerarcas de la iglesia católica hubieran entendido mal el mensaje: creyeron oír “ganarás el pan con el sudor de tu gente” cuando en realidad es que “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Del mismo modo los hermanos Ernesto y Fernando Cardenal se dedican a llevar a la práctica esta teología como muy bellamente se describe y narra en El evangelio en Solentiname, del primero de ellos. Para Don Arturo Uslar Pietri “Toda la historia del hombre ha sido la de la escasez y la de la guerra. Para tener algo más, había qué arrebatárselo a alguien” (Un viejo Mito y una nueva posibilidad).

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Gabriel Mantilla


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