Perfecto enunciado inteligible

El perfecto enunciado inteligible y la verdad cortazariana profunda, necesariamente, forzosamente, inevitablemente, han de ser medio aristotélico profundo, han de ser la indeterminación védica profunda, a mas y más del ser y del noser, del exceso y del defecto, han de tenerse entre el perfecto enunciado y el imperfecto enunciado, entre lo inteligible y lo ininteligible, entre lo verdadero y lo falso, en que todo lo dicho, es la prolongación del exceso y del defecto de la Gran Moral Aristotélica. Aquí es en donde los positivistas empíricos lógicos y la mayoría de los físicos actuales, sostienen que un científico no puede hacer más que reportar sus observaciones. Los físicos actuales y los positivistas empíricos lógicos, exigen pruebas factuales matemáticas, y que si no puedes probar demostrando matemáticamente lo que dices, no has dicho nada. Todo lo demás dicen imperfectos enunciados ininteligibles respecto al mundo, la vida, la moral, la belleza, y aun y aún, niegan la espiritualidad, tanto como cuando Lincoln Barnett, dijera: "Los físicos modernos, que prefieren resolver sus problemas sin recurrir a Dios, ponen de relieve que la naturaleza obra misteriosamente según principios matemáticos en que predicen y describen leyes naturales simplemente mediante la solución de ecuaciones". Otro tanto en que niégase la espiritualidad lo expresara el padre Louis Lebret: "En su comienzo, la teoría de progreso apareció simplemente como como el equivalente del progreso científico y técnico. Por medio de esta avanzada científica y técnica se esperaba eliminar las supersticiones, dentro de las cuales estaban incluidos, en gran parte, los valores religiosos. Esto trajo como consecuencia una esterilización de la ideología del progreso. El progreso moral pasó a un segundo plano, mientras se hacía hincapié en la producción, en el conocimiento, en la instrucción. Si bien la visión del progreso fue en sus comienzos demasiado limitada, paulatinamente fue atrayendo hacia sí una serie de conceptos que hoy en día nos parecen indispensables, como son: la utilización del espacio, el urbanismo racional, el progreso regional, el progreso social obrero y el progreso administrativo y político". Y, estando al tanto que la dignidad de la persona humana, ha de estar ligada a la inteligencia, a la voluntad, a la libertad, a la sociabilidad, a la sensibilidad y a la espiritualidad. En tanto en cuanto que Johan Hessen, háblanos de los casos límite contradictorios caliginosos complementarios congruos, el entendimiento y la estética ética espiritual, las 4E, y, entre estos aspectos límbico antagónicos ambiguos, el medio hesseniano profundo, que no de otra gran suerte que como cuando hase de hablar del perfecto enunciado inteligible, de la verdad cortazariana profunda, o sea, el medio aristotélico profundo. Afirma Hessen, la espiritualidad engastada con la ciencia la belleza y la moral. Y, al mismo tiempo, Albert Einstein decía: "En la medida en que las leyes de la matemática se refieran a la realidad no son ciertas, y, en la medida en que sean ciertas, no se refieren a la realidad". Y completaba Werner Heisenberg que decía: "No todas las proposiciones científicas eran verdaderas o falsas. La mayoría de los enunciados, si no todos, son indeterminados, inciertos grises; son borrosos". En que el perfecto enunciado inteligible, la verdad cortazariana profunda, el medio aristotélico abismal, del exceso y del defecto, ha de estar entre las contradicciones de Albert Einstein y Werner Heisenberg, quienes dieran un paso al frente de la borrosidad, a lo que los positivistas empíricos lógicos han de estar revisando, puesto que la espiritualidad no ha de estar desligada del ser humano, en tanto en cuanto, estuvo, está, y, no se sabe hasta cuándo estará ligada, endenantes, a las sociedades primitivas antiguas, a los pueblos cultos como el griego y el latino, y endespués, no ha de estar desligada, la espiritualidad, del mundo cultural y religioso actual, y, que el paso del ser humano a la persona humana, el progreso del padre Lebret, que coincide con el Libertador Simón Bolívar, en que la ética, ha de tener sustentada en lo religioso en la espiritualidad, y que, Heber Marcuse, dijera que el desarrollo de la sensibilidad subversiva ha de acercar a la utopía concreta, pues, la utopía ha de desvanecerse con solo y sólo emprender hacia ella. Aun y aún, la dignidad de la persona humana, lo espiritual y lo ético moral de la voluntad en conjunción con la virtud, la justicia, han de cohabitar de consuno con lo estético y con el entendimiento, la jurisprudencia, como lo afirmara Johan Hessen y las 4E, y, por la calle de en medio el medio, el medio, el perfecto enunciado inteligible.

Con digresión y sin digresión, el perfecto enunciado inteligible y la verdad profunda cortazariana, necesariamente han de ser medio aristotélico profundo, han de ser indeterminación védica profunda. Y, han de estar entre significante y significado, entre significado y significación, entre lengua y habla, entre la sintagmática y la paradigmática, entre la inteligencia y el objeto, entre el pensamiento y el objeto, entre el sujeto y el objeto, entre el símbolo y el objeto, entre el dicho y el hecho, el perfecto enunciado inteligible y la verdad profunda cortazariana, han de estar entre el hecho y el Derecho, en el trecho estrecho arrecho del olvido y la memoria, entre el agujero y la nada. De todo esto hay experiencias teóricas, y hay experiencias prácticas, pues las diversas formas de explicarlas han de tener validez, que la lógica empírica positivista no ha de desconocer, en el campo contextual contradictorio, en los casos límite contradictorios complementarios congruos, entre el exceso y el defecto, en el medio aristotélico profundo, de la calle de en medio de la ciudad borrosa desnuda, en que hay mas y más de 8 millones de aspectos límbico antagónicos ambiguos, en equilibrio dinámico dialéctico difuso, gobernado por el viejo perfecto enunciado inteligible en un mundo citadino plagado de sucesiones armónicas simultáneas contradictorias del que surge iguales elementos contrarios, asina ha de haber la unidad de contrarios, y, asín, ha de haber la lucha de antagonismos ambiguos, experiencia teórica y práctica de Heráclito, de Hegel y de Marx, que no desconocieron los casos límite contradictorios caliginosos complementarios congruos, y que barruntaron el perfecto enunciado inteligible en el trecho estrecho arrecho del dicho y del hecho, del teorema directo y del teorema indirecto de Sócrates, en que situado en la diagonal slash contrarrecíproca del cuadrángulo rectángulo euclidiano, hipotenusa del triángulo rectángulo, la optimalidad ortogonal pitagórica, pegábase a los escuálidos escasos sofistas sofisticados de su época, en que Sócrates con su método mayéutico de la reducción al absurdo demoledor, hacíale ver, a los escuálidos, la verdad socrática profunda, que no era otra cosa que la aplicación práctica del perfecto enunciado inteligible.

Si el perfecto enunciado inteligible es la verdad cortazariana profunda entre perfecto enunciado y el imperfecto enunciado, entre lo inteligible y lo ininteligible, entre la certidumbre y la incertidumbre, entre lo cierto y lo incierto, entre lo verdadero y lo falso. Entonces sea dicho que el perfecto enunciado inteligible ha de estar entre el exceso y el defecto. Ergo vergo sea dicho que el perfecto enunciado inteligible y el medio aristotélico profundo son una misma cosa. Ergo vergo sea dicho que Hegel y Marx, barruntaron los casos límite contradictorios caliginosos complementarios congruos, del 11/09/2001, en la unidad de contrarios y en la lucha antagónica ambigua en el sentido teórico y en el sentido práctico. Ergo vergo sea dicho que los positivistas empíricos lógicos han de ver una nueva tendencia del conocimiento que llegara con el derrumbe de las Torres Gemelas Neoyorquinas, frente al discurso nefando repugnante de George W Bush, presidente de los EEUU de Norteamérica, el 11/09/2001, de la Virgen de la Coromoto de Venezuela, con la expresión del estar conmigo o del estar con mi enemigo, frente al exceso y al defecto de la Gran Moral Aristotélica del que surgiera e hiciérase sentir el perfecto enunciado inteligible.



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Miguel Homero Balza Lima


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