Segundo Relato (2)

La maestra Verónica, en su casa, lavaba los escasamente sucios platos. Situada en el fondo de su hogar y rodeada de paredes blancas y cuadros con paisajes marinos, que bordean fotos, retratos de grados y títulos de la familia, oye levemente que suena la puerta que da hacia la calle, voltea su cuerpo, y divisa un corto horizonte, de unos escasos pasos, levanta su rostro, con un dócil grado de inclinación y coloca su mirada fresca, en la cara de su último nieto.

Él, Luis David, acaba de llegar, del extranjero, y al verla a no menos de seis zancadas, bajó su mirada, y se conectó sublimemente con su madre mayor, la ha oído sin que ella hablase, la ha sentido, y ha percibido sus acumuladas angustias, por eso se le han empañado las ventanas de su alma, y aparecen pequeños ríos en su rostro, que al acercarse lentamente al cuerpo de donde se originó su vida, se van secando... Se abrazan y sienten así, que el primer espacio geográfico es el cuerpo, y es en él, donde quedan las historias marcadas, donde se sienten las penurias, las ausencias y el hambre. Ella, toma sus manos como escenario, desliza las suyas en las de él, las frota, y las siente muy maltratadas.

Con su corta edad Luis David, se ha hecho todo un hombre, y ha cruzado la frontera caminando, ha llegado algo cansado, se deja acariciar, y en su imaginación un vuelo de garzas y pájaros que hacen letras en el aire y se conducen hacia las montañas donde se oculta el sol, ese instante, es todo un delirio, un cúmulo de felicidad que se eleva al cuadrado, es el fuego que Bolívar sintió a sus adentros cuando escribía su delirio sobre el Chimborazo. El nieto, ya un poco más centrado y menos emocionado, le comenta a su abuela, lo que ha vivido en otros lugares, le dice, que ha comido bien y ha dormido suficiente, que lo respetan, “no la he pasado mal", solo he trabajado mucho para poder mandarte para lo de tus medicinas, los alimentos de mis hermanos y el tratamiento de mi mamá, que allá donde estoy me lo han regalado, solo he tenido que hacer favores para conseguir las medicinas: “he tenido suerte" aclamó virando sus manos hacia su espalda para buscar su billetera, la cual abrió, y se hizo un ambiente tenue, pálido y frío, -fue escogiendo distintos billetes-, para no solo mostrarle a la maestra, sino para dárselos, para apoyarla, como un buen nieto.

En la cartera resaltaban pesos colombianos, dinero del Perú, de Chile, y por supuesto no podía faltar el dolar estadounidense, en total, el nieto le dio a su abuela, unos seis millones de Bss, es decir, como ciento cincuenta meses de pensión, o catorce años de salario mínimo en Venezuela. Cerró la cartera, y le dijo, no te doy más porque es el pasaje de regreso mañana, pero con seguridad, la semana que viene, me pagarán un trabajo de construcción y podré enviarte la misma cantidad, si me esfuerzo quizás te pueda enviar más. La abuela venida en lágrimas nuevamente, lo tomó por su cabeza y estampó un beso en la frente, ella sabe y siente, que su vida, depende de su nieto.

@kartuxs



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Carlos Silva


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