Verdades Simbólicas

Las tres gracias de la oposición

[…]

Y el viento que secretea lejanías.

Juan Manuel Roca

 

Toda verdad pasa por tres etapas.

Primero es ridiculizada.

En segundo lugar, recibe violenta oposición.

Y en tercer lugar se acepta como evidente.

Arthur Schopenhauer

Hacer una síntesis para extraer tres verdades simbólicas combatidas y posteriormente adoptadas por una oposición que ha transitado una senda de abultados altibajos contra la Revolución Bolivariana, es un difícil reto, ante el que asumo mis limitaciones, las propias y las objetivas, pero extraer tales verdades resulta vital, porque son representativas de los hitos que marcan un antes y un después en la sociedad venezolana de comienzos del siglo XXI, tres verdades que se caracterizan por la ampulosidad de sus consecuencias.  Hay muchas más verdades, por supuesto, pero me concentraré en estas que desarrollaré a continuación, porque son banderas asumidas y  conquistadas por la Revolución, posteriormente adoptadas en calidad de gracia por la oposición.

La primera emerge al adentrarnos como observador impenitente en medio de la gente, muchas veces entrometido en lo discursivo, también tímidamente abstraído, otras veces inadvertido, y otras en modo fisgón.  Encontré reiterativo el detectar como principal revelación –tan novedosa como el agua tibia–  que el opositor recurre con vehemencia a defender como verdad monolítica, el respeto a la Constitución de 1999,  idea que resulta habitual  en los debates improvisados por opositores furibundos en cada espacio público por los que transita cualquier ciudadano. Indudablemente es un cliché ampliamente recorrido y desarrollado por muchos columnistas y analistas los incesantes ataques recibidos por la Constitución de 1999  durante sus embrionarios e incipientes primeros pasos, hasta que antes de alcanzar los cinco (5) años fue exigida a prueba de fe con el referéndum revocatorio al que tuvo que someterse el ex presidente Chávez.  A partir de ahí, comenzó a convertirse en una entidad cuya verdad valía la pena hacerla defendible,  repentinamente se hizo evidente para todos su fortaleza, es decir también para quienes votaron en su contra, era finalmente aceptada como el contrato social que cual paraguas nos ampara.   Lo que para la oposición comenzó como un hechizo maléfico que arropaba al país, terminó siendo un hechizo que despierta inexorable atracción y encantamiento. Es la primera de las Tres Gracias.

La segunda, es fácil rememorar, porque se puede construir una enjundiosa compilación de epítetos de oprobio que recibieron en su conjunto, pero que en la actualidad forman parte del mosaico bizantino de debates que  de forma consciente e inconsciente asume la población en cuanto a su inexorable uso y disfrute. Es un tema cuya verdad  forma parte de nuestra jerga diaria, por su invocación continuada, porque atraviesa horizontalmente gran parte de la cotidianidad de los venezolanos,  reconociendo su valía, porque su huella ha contribuido con el bienestar individual, pero también el bienestar colectivo, es quizás lo más socialista que como política pública impregna a nuestra demografía, que no es clientelismo,  porque su práctica y ejecución no pertenecen a un partido de gobierno u oposición para hacer uso discrecional de su formulación y ejecución.  A estas alturas esa verdad empieza a dibujar su contorno en la mente de cada uno de los que van leyendo estas líneas: Efectivamente se trata del Programa de Misiones Sociales.  La belleza de este programa en su conjunto es tan obvia, que se ha hecho imprescindible hasta el punto de ser incluido en el programa electoral de la oposición cuando el candidato a la primera magistratura Capriles Radonsky prometió en el 2012:

 “No importa quién sea el presidente, las misiones deben tener rango legal, mi gobierno va a mejorar lo que ya existe. El único requisito para recibir alguna ayuda del Estado, sea tener la necesidad. Y allí una vez que usted entra a una misión, que sea el paso previo para tener un trabajo estable”.

Lo que para la oposición comenzó como un adefesio pantagruélico, un desatino de la tradicional lógica clientelar del Estado venezolano que se devoraría al Estado mismo, terminó siendo una obra de belleza singular que desata igualmente inexorable atracción y encantamiento. Es la 2da de las Tres Gracias

En medio del torbellino que nos enloda, ruedan en el escenario público múltiples encuestas sobre las principales aspiraciones del ciudadano común, donde prevalece como aspecto más recurrente, como tópico más trillado y quizás menos divulgado o correctamente interpretado, el que versa sobre la apremiante necesidad de huir de la discusión estéril, de los mutuos señalamientos, que con razón muchas veces o sin razón otras, desde ambos lados rutinariamente se realizan. Todo ello en un momento en que los ecos de confrontación soliviantan y perjudican principalmente a lo más preciado que tenemos, encarnado en nuestra juventud, imberbe crisálida de nuestro futuro,  los venezolanos aspiramos a reconciliarnos con la alegría, que es la principal proveedora de la esperanza.

La tercera y última verdad deriva de esa alegría, que me recuerda cuán importante es lograr nuevamente alentar esa relación viva con nuestro gentilicio, para lo que hay algo que resulta imprescindible: dejar de lado toda solemnidad, toda grandilocuencia y toda vaguedad conceptual.  El RESPETO hacia las aportaciones sociales, jurídicas, políticas y culturales ventiladas por la  Revolución Bolivariana debe nacer de la comprensión y de la familiaridad con ellas, y no de la imitación a reverencias ajenas ante ídolos a los que no se comprende, porque el estudio de los mismos no ha sido sometido a un imparcial escrutinio de lo que ocurre con su aplicación. Ídolos que son modelos erosionándose internacionalmente, pero muchos de ellos propugnados por líderes de oposición, fundamentados en academicismos foráneos que están siendo debatidos animadamente, a las luces de que su sustentación se disuelve por fuerza de un contexto internacional que hace aguas en lo económico, social y político.  La verdad, querido lector, esta tercera y última, proporcionó ciertamente una alegría de victoria aplastante a la oposición, que se convirtió en humillante derrota para los revolucionarios. Una derrota que ya la intuíamos muchos, que se veía venir en las elecciones legislativas de la AN del 2015. Pero esa tercera verdad simbólica a la que se aferra ahora la oposición no procede de esa victoria, sino de lo que tras bastidores y en escenario principal  también fue duramente atacado ad nauseam por la oposición. Basta una simple búsqueda en Internet para revisar el historial de infamias urdidos por la oposición contra el poder electoral y la transparencia del CNE.

Lo que para la oposición comenzó siendo un cartel de mafiosos, de acólitos entusiastas  a dar resultados favorables al gobierno, ese nefasto cuerpo colegiado  que esquilmaba votos a los ciudadanos, terminó siendo una instrumento de apoyo para ser usado en sus contiendas internas, y ahora que saben que pueden ganar una contienda electoral,  exigen elecciones presidenciales anticipadas, porque ya no les basta la convocatoria a las regionales. Es la 3era de las Tres Gracias.

Finalmente, hago una exhortación para elevar una cuarta gracia que se puede emplazar en la cúspide de estas tres gracias que le darían basamento, esa cuarta gracia deriva de una apuesta arriesgada del gobierno, pero que se fundamentaría en una bien elaborada campaña de concientización ciudadana sobre la que los revolucionarios simpatizantes, ideologizados, indiferentes, aletargados, o desgastados debemos activarnos, que como siempre sucede con el chavismo y la oposición, cuando se eliminan innecesarias barreras de comprensión, ya no se requiere hacer concesión alguna en la exposición del tema, y se logra dilucidar las cuestiones más difíciles: Quien tenga la impresión de que vale la pena, se esforzará en entender lo vital que es dirimir nuestras diferencias con una Asamblea Nacional Constituyente.  Es la 4ta Gracia, quizás inédita en la cultura mitológica, pero posible en nuestro panteón político, y acaso la 4ta Verdad simbólica a la que se podría adherir la oposición… a la que pondría como nombre la gracia de la Esperanza.

jguaina@gmail.com

 

 



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