(Una mirada histórica)

Chávez, escucha: estamos en lucha

¡Quién pudiera amar después de roto! Alfredo Zitarrosa

Me topé con Hugo Chávez en 1992. Desde la adolescencia había seguido los pasos del Libertador, Simón Bolívar, uno de los personajes más odiados y vilipendiados por el fascismo (principalmente por la Falange Española) y más amados por mi padre quien definía a Santa Fe (Granada), como la “cuna de la mierdandad”.

El 5 de febrero de 1992, un día después del levantamiento militar contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuyo “paquetazo” provocara la explosión social de 1989, conocida como “el Caracazo”, yo no tenía correo electrónico, ni Internet, ni sabía qué cosa podrían llegar a ser estas herramientas tecnológicas. En los medios de comunicación españoles saltaba el nombre de un militar que había intentado un golpe de Estado y, al que metían en el grupo de militares “gorilas”, tipo Pinochet o Videla, o más próximos en aquel tiempo, a los “caras pintadas” de la Argentina.

Este teniente coronel enarbolaba el nombre de Bolívar y, en una reseña del periódico ABC se citaba al escritor venezolano Uslar Pietri (no sé si con razón o sin ella), entre la “trama civil” del golpe militar. Para mí estos pequeños detalles desataron todas las alarmas y anduve escribiendo cartas, ¡de papel!, de aquí para allá, pidiendo información sin conseguir muchos resultados.

En 1993 asistí, en representación del PCPE, al IV Encuentro del Foro de Sao Paulo, que se celebraba en La Habana, en el mes de julio; terribles meses de julio y agosto aquellos, los más duros del “período especial en tiempos de paz”: en la ciudad hacía un calor sofocante, los “apagones” eran interminables así como la escasez de alimentos.

En los ratos libres de los que dispuse, fuera de las reuniones plenarias, me dediqué a buscar la opinión de representantes de la izquierda venezolana; y así fue como conseguí una entrevista con Gabriel Puertas (entonces muy chavista), secretario de Bandera Roja. Lo perseguía por todas partes para que respondiera a los interrogantes que a cada momento me suscitaban sus anteriores respuestas. No fue fácil para mí, deben creerme, pues este señor no manifestó un carácter precisamente afable. De su evolución desde la extrema izquierda a la extrema derecha, como pueden entender, yo no me hago responsable. Y, en cualquier caso, le estoy agradecida pues me ayudó a comprender muchas cosas y a tomar una posición política a favor del Movimiento Bolivariano Revolucionario-200, lanzándome a la solidaridad más aguerrida, que he seguido practicando hasta el día de hoy junto al estudio permanente de la historia política venezolana y latinoamericana.

En julio de 1996, se celebraba el VI Encuentro del Foro de Sao Paulo en San Salvador. Hugo Chávez, y el resto de militares bolivarianos, habían salido de la cárcel hacía tiempo y sus delitos sobreseídos durante el gobierno de Rafael Caldera. Se habían convertido en auténticos héroes populares; de hecho, que fueran sobreseídos (y no indultados o amnistiados), demostraba el descrédito político de las instituciones en el país, la legitimidad de la sublevación de 1992 y la gran movilización que se desarrolló para que salieran en libertad; junto a los militares patriotas sublevados en noviembre de ese mismo año.

Muchas veces hemos escuchado lo que supuso la cárcel para ellos, de modo especial para el que sería poco después Presidente de Venezuela. Estudio, reflexiones, debates colectivos, críticas y autocríticas, etc. Fue en la cárcel donde se fraguó la estrategia de construcción de un gran movimiento político que disputara a la oligarquía criolla su poder en las instituciones a través de las elecciones y la apertura de un proceso constituyente.

Hugo Chávez inicia un largo recorrido por Venezuela, por todos los Estados, hablando con el pueblo, hasta el último rincón de la República. Comienza también a viajar por América Latina, allá donde lo dejan entrar o allá de donde no lo echan, para explicar a la izquierda latinoamericana el proyecto. He escuchado al “Pepe” Mugica (Presidente de la República Oriental del Uruguay), contar con cierto humor una reunión, en un pequeño hotelito de Montevideo, prácticamente clandestina, en la que un grupo de tupamaros aceptaron entrevistarse con aquel teniente coronel. Hugo Chávez refirió en algunas entrevistas la gran satisfacción que le produjo su recorrido por Venezuela, no así por el exterior donde se encontró con muchas incomprensiones.

En aquel período de ir y venir, aterrizó en San Salvador. “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, que cantara Joan Manuel Serrat. Al anunciarse su presencia se armó un gran revuelo. Los organizadores (FMLN) no le concedieron la palabra ante el plenario; lo considerarían “políticamente incorrecto”: la prensa en El Salvador se hacía eco de su llegada y criticaba su presencia en el país y en el Foro; pronto habría elecciones, etc.

Que no le concedieran la palabra resultaba inaudito en el esquema de funcionamiento del Foro de Sao Paulo (ya que el Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 había sido inscrito como miembro), pero al ponerse en pie para saludar a los asistentes, una gran mayoría nos levantamos y el aplauso fue largo, sentido y a rabiar. A pesar de los pesares para algunos, su persona se convirtió en la estrella del Foro.

Hugo Chávez se instaló en el patio del hotel, con un secretario que le acompañaba y se encargaba de anotar las peticiones. El plenario, a veces, se quedaba semivacío, pues los asistentes estábamos haciendo cola para poder entrevistarlo. En grupos de delegaciones nos recibió a todos, tratándonos con igualdad y dedicándonos todo el tiempo del mundo para contestar a nuestras preguntas. A mi me tocó con el Partido Comunista do Brasil (José Reinaldo) y con el Democratic Socialist Party de Australia (Stephen O´Brien). Nos entregó un ejemplar de la “Agenda Alternativa Bolivariana: una propuesta patriótica para salir del laberinto”. Era el día 28 de julio. Él cumplía 42 años.

Muchas veces he vuelto a leer la Agenda, apenas un folleto tamaño cuartilla, impreso en un papel de baja calidad. ¡Es impresionante!, en todos los años de gobierno, jamás se separó de ella. Ha sido una de las características más abrumadoras de su quehacer como político: no faltar a la verdad, no faltar a sus compromisos ni promesas. Claro que el proyecto siguió desarrollándose al calor de la lucha política, de las victorias, de los golpes y las dificultades pero hay un hilo conductor que ha permanecido incólume.

Aquella entrevista se publicó en Propuesta Comunista (Revista Política del PCPE), en 1997, siendo, seguramente, la primera entrevista a Hugo Chávez, publicada en España. Su título, “La soberanía no tiene límites: es o no es”. Sirvió para formar grupos de debate de los que surgieron las primeras organizaciones de solidaridad con la Revolución Bolivariana en España; estamos hablando del año 97-98, antes incluso del primer triunfo electoral.

Reproduzco a continuación el último párrafo, su contestación a la pregunta, “¿Se mantiene el estado de ánimo y de lucha del pueblo venezolano?” (en alusión a todos los acontecimientos ocurridos en el país desde 1989): “Para que un pueblo pueda definirse como tal debe de tener elementos fuertes que lo unan. En Venezuela, a raíz del 4 de febrero, se levantó una corriente de dignidad nacional, de sentimiento de lo colectivo que se expresa en una permanente rebelión, un poco aquello que decía Camus: “nos rebelamos, luego somos”. Si en alguna etapa de este siglo ha habido en Venezuela un pueblo en ese sentido, esa etapa es esta: un pueblo en movimiento que salió de sus casas a la calle y no regresa; en Caracas, a diario, a pesar de la policía y la represión, hay manifestaciones, hasta los viejitos salen a protestar, a pedir su pensión, los niños están sentados en la calle con sus pupitres porque no tienen agua en la escuela, no tienen luz, no tienen maestros, etc., salen a la calle los niños, los militares, huelgas de todo tipo… El viejo Simón Rodríguez decía que la fuerza material está en la masa; así, el movimiento de masas es nuestra fuerza moral. Nuestra estrategia va dirigida hacia la construcción de un movimiento de masas cívico-militar. Ese espíritu, si en alguna etapa de este siglo ha existido en Venezuela, es hoy. A Bolívar lo sentimos vivo en las calles de Caracas; en Venezuela toda, Bolívar anda en el pecho de los jóvenes, pintado en las paredes, si algún militar habla de Bolívar les da miedo…Creo que vamos a lograr pronto algo muy grande, el mundo pronto va a saber de ese pueblo venezolano”.



Gloria al Bravo Pueblo



Siempre he pensado que la Revolución Bolivariana era la Revolución de mi vida. Quiero decir que fue mi primera oportunidad de observar y analizar, en tiempo real, los acontecimientos, contradicciones y transformaciones que cualquier proceso profundo de cambios conlleva desde su inicio.

Una forma muy didáctica y permanente de repensar temas tan candentes en la formación de un revolucionario, tales como: relación entre condiciones objetivas y subjetivas, los sujetos sociales, la articulación de la vanguardia, táctica y estrategia, política de alianzas, conquista de la hegemonía, vías de la revolución, etc. Con sinceridad y estremecimiento afirmo que ha sido una auténtica escuela en mi formación personal.

No siempre una tarea grata pues hemos asistido a una agudización de la lucha de clases y de la agresividad del imperialismo y sus lacayos para derrotarla. Lo cual, cierto, era previsible pero cuánto dolor en los momentos terribles del golpe de 2002, del sabotaje petrolero y de muchos más, hasta la enfermedad del Presidente. Estos 15 años transcurridos han sido una guerra a muerte, como aquella decretada por Bolívar en 1813, y hasta el último momento, el pueblo ha seguido cantando, ascendiendo, multiplicándose y fundiéndose con un hombre, Hugo Chávez, líder natural y moral del proceso.

La memoria y el análisis retrospectivos son imprescindibles si queremos tomar conciencia del impacto y significación de la Revolución Bolivariana, a cuya existencia ya nos hemos acostumbrado.

El capitalismo, a finales de los años 90, vivía la euforia de su triunfo en la guerra fría. Los proyectos revolucionarios, y la izquierda en general, estaban sumidos en una fuerte crisis de identidad, muchos desapareciendo o “adaptándose” a las condiciones de lo que se llamó Nuevo Orden Mundial. Hasta llegar a la teoría irracional del “fin de la Historia”. El neoliberalismo como ideología totalitaria irrumpiendo hegemónico en todo el cuerpo social, en la cultura, en las relaciones entre países; la desvertebración social, económica y humana de grandes áreas geográficas hasta ayer parte de otro modelo, con otro tipo de relaciones sociales. La ruptura del “consenso” que supusieron los Estados del Bienestar, la rapiña y expropiación universal de plusvalías, hasta la formulación de los “Estados mínimos” y de la “monarquía absoluta del mercado”; una vuelta de tuerca más del imperialismo, al que Lenin denominara, “fase superior del capitalismo”, que anunciaba los “efectos colaterales” que vivimos en la actualidad.

Pues justo en esta nueva coyuntura histórica, un hombre y un pueblo deciden DECIR NO y levantar un referente de reconstrucción nacional, de justicia social, de soberanía e independencia, defendiendo el ideal bolivariano de integración de los pueblos de América Latina y El Caribe; la segunda y definitiva independencia y la construcción de la Patria Grande.

Desde 1998, primer triunfo en las Presidenciales, la figura del Presidente Chávez no ha dejado de crecer. Viéndolo y oyéndolo jurar su cargo sobre “esta moribunda” (la Constitución de 1961) y reiterando el llamado a convocar elecciones para una Asamblea Constituyente, que elaboraría una nueva Carta Magna, que sería aprobada en diciembre de 1999 mediante referendum, la cosa prometía. Si luego el Presidente Chávez tuvo el valor en las Naciones Unidas de denunciar que allí “olía a azufre” es porque previamente tuvo el valor de decir ¡Basta!, en la peor de las coyunturas imaginables y en el marco del retroceso generalizado de la izquierda a nivel mundial.

El tránsito no ha sido fácil, bien lo sabemos. La derecha endógena, la oligarquía criolla más rancia y dependiente de los dictados de los EE.UU., ha desarrollado todos los planes posibles para acabar con el proyecto sin conseguirlo, dando tiempo a la Revolución Bonita para transformar la vida de todo un pueblo, consolidar una nueva institucionalidad donde la organización popular es elemento determinante, implementar políticas estratégicas a todos los niveles, desarrollar su propia ideología hasta la reivindicación del “Socialismo Bolivariano” (también llamado “del siglo XXI” o “Nuestroamericano”) , abrir una nueva política de alianzas estratégicas a nivel financiero, industrial y comercial con grandes potencias económicas y con pequeños países del mundo, apostando por un mundo “multipolar” que pueda servir de contrapeso, en esta etapa, a la apisonadora de los EE.UU. de Norteamérica. ¡Cuánto trabajo, cuánto esfuerzo, cuánto sufrimiento se ha vivido para conquistar día a día este tiempo!

Sin disponer de este tiempo histórico, de haber sido derrotada la Revolución Bolivariana, en sus convulsos primeros años, sería difícil imaginar la existencia de otros gobiernos revolucionarios, populares o progresistas en el Cono Sur, Centroamérica o El Caribe (a excepción de la experiencia cubana, hermana mayor con todos los doctorados en resistencias).

Esto es así porque el “guión” para liquidar a los recién paridos gobiernos de izquierdas, se ha repetido sin modificar ni un solo párrafo, a partir del “caso” venezolano: masacres (como la de Pando en Bolivia), golpes de Estado (como en Ecuador), sabotajes emprendidos por las empresas multinacionales, utilización masiva de los “medios del terror”, campañas de descrédito internacional, etc. Es de suponer que el aprendizaje urgente ha tenido mucho que ver en la estabilización de todas estas experiencias que comienzan su recorrido después de 1998.

Y qué decir del ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América- Tratado de Comercio entre los Pueblos), Petrocaribe, el fortalecimiento de MERCOSUR o la iniciativa de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).

No podemos olvidar que todas estas iniciativas empiezan a plantearse en un tiempo histórico marcado por la propuesta de los EE.UU. de Norteamérica, denominada ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), y cuya derrota final se certifica en la IV Cumbre de las Américas, celebrada en Mar del Plata (Argentina), en el año 2005. En la foto podemos contemplar el rostro de Bush y de su aliado, Álvaro Uribe.



¿Y nosotros? Ni debate ni autocrítica



Desde la debilidad y el eurocentrismo más rancio, la izquierda española y también la izquierda más allá de la española, tardó mucho tiempo en comprender qué ocurría en Venezuela. Y en vez de darse un tiempo para reflexionar y mientras tanto permanecer callada, manifestó reiteradamente sus reservas al proceso revolucionario venezolano y su rechazo simple (por militar), al Presidente Hugo Chávez Frías.

Desde la debilidad y la ignorancia, desde la pérdida de valores y de tradiciones, se permitió todo tipo de juicios apresurados, de repetición de calificativos no propios (quiero decir ajenos porque procedían de las élites económicas e ideológicas de la derecha), que llegaron a la justificación y hasta al aplauso (en el caso del PSOE), del golpe de Estado de 2002.

En un acto de masoquismo guardo recortes de prensa, comunicados, declaraciones públicas, etc., de aquellos duros tiempos de aislamiento. Y no sólo fueron palabras, que ya son cosas, sino también acciones tendentes a boicotear el proceso revolucionario. Hasta hace “cuatro días”, en las conferencias de OIT (Organización Internacional del Trabajo), nuestros “sindicatos de clase” estuvieron apoyando la legalidad de la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV), organización corrupta, aliada de la patronal y el imperialismo, participante en el golpe del 2002 y convocante, junto a FEDECAMARAS (la patronal venezolana), del sabotaje petrolero de 2002-2003, que sumió en la carestía y las necesidades más terribles al pueblo venezolano y que costó la friolera de más de 35.000 millones de dólares al Estado, como única representante de la clase trabajadora venezolana…¡Vergüenza ajena!

Tiempos duros de aislamiento en los que algunos modestos sindicatos de rama o Uniones Provinciales de CC.OO., llevaban una propuesta de resolución a cualquier congreso en apoyo de las luchas sociales que se desarrollaban en la ya República Bolivariana de Venezuela, y no conseguían ni siquiera que se debatieran en plenario, al no obtener un mínimo de firmas entre los delegados. ¡Vergüenza ajena!

No puedo olvidar el 8 de marzo de 2002, un mes justo antes del golpe, lo que oí gritar a las mujeres en las calles de Caracas: ¡No pasarán! El movimiento popular venezolano estaba rescatando la vieja consigna de la resistencia antifascista que defendía Madrid y mientras, nuestra izquierda, miraba hacia otro lado; actitud que en el fondo expresaba, sigue expresando, un gran temor: lo que la experiencia venezolana ponía en evidencia era el gran fraude del modelo de la Transacción Política Española, ese “Pacto de Punto Fijo” a la mediterránea, del que todavía no hemos sido capaces de salir porque los compromisos y las corresponsabilidades que se establecieron, a espaldas de los pueblos de España, no quieren ser ni reconocidos ni superados. A ese nivel, aún hoy, hay cuestiones intocables. Está claro que a nosotros, “la historia no nos absolverá”.

Tiempos duros de aislamiento que comenzaron a desquebrajarse gracias a la hermandad “desde abajo”, entre las organizaciones de solidaridad internacionalista; gracias al trabajo realizado por el Partido Comunista de Venezuela quien utilizó sabiamente su entramado de relaciones internacionales; gracias a las apabullantes victorias populares acaecidas en la Patria de Bolívar y gracias también, a la paciencia, tolerancia y pedagogía del Presidente Chávez que siempre fue a lo suyo, es decir, a facilitar la relación entre los movimientos populares de los distintos países, a participar en actos multitudinarios con motivo de las Contracumbres, de visitas oficiales, de reuniones de los Foros Sociales, etc.

Y gracias, por último, a que sobre nuestras eurocéntricas cabezas, la crisis del capitalismo está echando “pringue ardiendo”, que dicen en mi pueblo; resultando obligado volver la vista a aquellos países en los que se consolida el crecimiento económico, se redistribuyen los ingresos y recursos, se apuesta por lo público, se establecen leyes laborales protectoras del trabajador, se reconocen derechos sociales para las grandes mayorías; las mujeres ven reconocidos sus derechos y adquieren un papel protagónico a todos los niveles; se reconoce rango constitucional a los derechos de los pueblos originarios, se defiende la soberanía política, financiera y económica y se establecen modelos de integración regional basados en el respeto, la cooperación, la complementariedad y el apoyo mutuo.

Descanse en paz, mi Presidente, su pueblo seguirá luchando, los pueblos del mundo seguiremos luchando. Los republicanos antifascistas españoles seguiremos gritando: En Venezuela: ¡No pasarán!

Plataforma Simón Bolívar de Granada

cmorente@teleline.es






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