Ruralidades

El ocaso de un comunista

No hay de qué. Fueron peores las peinillas y calabozos de la canalla. Y lo más lamentable, el pueblo inocente del porque nos jodian. La endilgada indiferencia de los compatriotas, de los desposeídos por quienes precisamente, para que no continuaran los despojos por parte de los avaros era que nos exponíamos a la muerte, no les permitía conocer de nuestras luchas. Por eso fue que miles de camaradas no pudieron conocer a Chávez, mucho menos sufrir su propio ocaso.

Nos preguntaran por qué estamos vivos y contestaremos: porque somos como el “cuero seco”. Pero como todo debajo del sol tiene su final, del que no se salvan los avaros ni con coraza de oro, vislumbramos mentalmente el nuestro. Nos lo dice en parábolas el mismo punto final. Lo que lamentamos mi alma comunista y yo, incluidos mis hijos, nietos y bisnietos, que sí saben de este viejo, es que en este indispensable final no se vea la mano de un camarada que, con la misma camaradería de hace sesenta años, nos señale el adiós.

No es un quejío. Mucho menos un reproche. Es que cuando ellos llegaron a “San Pedro” ya este viejo tenía ratos con los tobillos amarrados a un bastón. Además, todos los que supieron de este minero del carbón de Naricual, entre ellos Eduardo Gallegos Mancera; Miguel Otero Silva, Pedro Ortega y muchos más ya habían desaparecido. Creo que por ahí quede Carlos Del Vechio, pero está fuera de play, quien sí sabe de nuestras luchas allá en La Pastora, Lídice, de donde desaparecieron Luis Castro, Aquiles Bellorín y Guillermo García Ponce, entre otros.

Pero qué caray camaradas, como diría el viejo mas viejo, mi padre Pedro Ramón Carvajal, “anegado” por el conformismo que impuso la canalla: “No hay mal que dure cien años” y la mina lo mató antes de los 50. En cuanto a este comunista en el ocaso, sí se dio la metáfora. Chávez con un colega del Ejército, fundó La Casa del Abuelo de Barcelona que es como decir el kindergarten de los viejos. Y allí está este, con sus coetáneos y el cariño de los jóvenes que nos atienden como los seres humanos que, desde la tercera edad, también vemos la vidriera “con el juguete caro”. A todos esos muchachos de La Casa del Abuelo y a su Directora, un abrazo fraterno y efusivo.

Entonces camaradas de “San Pedro” allá en Caracas y de Barcelona, que no sabemos donde, llévenle a los hombres y mujeres de VIVE Televisión el agradecimiento más sincero de este viejo por habernos incluido en tan prestigioso programa como es PROHIBIDO OLVIDAR que comparto con ustedes, desde aquí y donde quiera que se pare un comunista. Y a nuestros posibles lectores que de ahora en adelante, y visto ese viejo mayugado por los años, no duden en leer su columna “Ruralidades”. Es que ningún homónimo querrá parecérsenos. Mucho menos enarbolar nuestra consigna, tomada de Rosa Luxemburgo y Fidel Castro:

Patria, Socialismo o barbarie.

*pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez*


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