Los mayores productores de alimentos transgénicos

En estos momentos la humanidad de una u otra manera consume alimentos transgénicos en un 47%; Estados Unidos lidera la producción de alimentos biotecnológicos con la canola, remolacha azucarada, alfalfa, calabaza, papas, soya, tomate, papaya, álamo, maíz, pimiento, algodón en algo menos de 70 millones de hectáreas cultivadas para productos transgénicos.

Brasil con 36.6 millones de hectáreas de soya, maíz, algodón, ocupa el segundo lugar; Argentina 24 millones de soya, maíz, algodón; Canadá 11.6 de Canola, maíz, algodón; India 10.8 de algodón, China con 4 millones de hectáreas para el algodón, papaya, tomate, pimiento y álamo; Paraguay 3.4 de soya; Sudáfrica 2.9 de soya, maíz, algodón; Pakistán 2.8 de algodón; Uruguay 1.4 de soya y maíz; Bolivia 1 millón de hectáreas de soya; Filipinas 800.000 de maíz; Australia 700.000 de Canola y algodón; Burkina Faso 300.000 de algodón; Myanmar 300.000 de algodón; México 200.000 de soya y algodón; España 100.000 de algodón; Chile 100.000 de soya y canola. Son los países que se conoce producen alimentos transgénicos.

La genética en estos momentos experimenta con el salmón, se espera para el 2014 el primer pez modificado genéticamente en los EEUU.

En estos países no hay la voluntad política para frenar los cultivos modificados ni en el resto del mundo que consume estos tipos de alimentos. En los países subdesarrollados ni siquiera existen advertencias en los envases de los productos transgénicos, los alimentos no están debidamente etiquetados, la gente los consume sin saber que son alimentos transgénicos en una estrategia espeluznante de mercadeo como es el caso de los lácteos por citar uno de los cientos de casos.

Alemania y Francia prohíben los cultivos transgénicos no así los alimentos alterados genéticamente de la canasta básica. Estamos inundados por estos alimentos.

La manipulación genética de una planta permite que esta desarrolle mecanismos de defensa frente a las plagas y malas hierbas, lo cual reduce el uso de pesticidas, plaguicidas, herbicidas y otros químicos que afectan al medio ambiente. Los cultivos naturales no son resistentes a estas amenazas requieren un coctel de tratamientos químicos.

Hasta hoy, no existe ningún estudio que demuestre la nocividad de los transgénicos para la salud, pero, según los ambientalistas los perjuicios de estas plantaciones se extienden a los mismos cultivos porque al ser organismos vivos los cultivos modificados genéticamente pueden reproducirse con otras especies y contaminar los cultivos vecinos

El maíz modificado a través de la polinización cruzada puede contaminar los cultivos ecológicos de tal suerte que los campesinos pierdan el estatus de cultivos naturales.

La gente por naturaleza es muy conservadora con la cultura no se diga con los alimentos, los cambios generan resistencia uno de los motivos por el cual es mejor introducirlos en secreto, por otro lado existe algo de folklorismo respecto a los transgénicos ya que la modificación genética forma parte de las medicinas, vacunas, sangre, detergentes, cerveza, queso, lácteos, yogurt, mantequilla y nadie nunca en profundidad ha dicho nada al respecto.

Multinacionales como Mosanto, Bayer, Syngenta, Basf, Dupont, Dow Agro Sciencea, controlan el 60% de la producción de semillas y el 78% de los agroquímicos. En EEUU la trasnacional Mosanto representa el monopolio de las semillas modificadas genéticamente.

Estas empresas bordean ventas en promedio por 7.000 millones de dólares cada una en insecticidas, pesticidas, semillas, para la creciente agroindustria global, significa que es una forma de controlar la seguridad alimentaria a nivel planetario.

Este control por parte de compañías asentadas en el G7 es peligroso para la humanidad, sin embargo, hasta hoy se ha encontrado nada extraño con respecto a uniformar el comportamiento de la humanidad por medio de los alimentos modificados, esto no quiere decir que no lo vayan a hacer cuando el dólar desaparezca o el imperio esté a punto de perder su condición de tal. Desde siempre una de las prioridades de la política de EEUU ha sido el control de la alimentación mundial con el propósito pacifico de controlar el mundo.


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