Meterse
en camisa de once varas es demasiada tela para cortar por quien no esté a la
altura de un buen nivel de la sastrería, es decir, de las ciencias. Ese es mi
caso. Sin embargo, no deja de ser profundamente interesante meterse, aunque sea
simplemente para leer, en esos debates o polémicas que se suscitan entre
científicos por aclarar lo que es verdad y desechar lo que resulte una mentira.
Marx escribió contra “Filosofía de la
miseria” de Proudhon todo un tratado científico titulado: “Miseria de la filosofía”; Engels
escribió el “Antidühring”, como todo
un tratado científico contra el revisionismo del señor Eugenio Dürhing; Lenin no sólo escribió todo un tratado de filosofía
contra el empiriocriticismo que tituló “Materialismo
y empiriocriticismo”, sino también “El
renegado Kautsky”, combatiendo de éste la revisión que hacía del marxismo.
Cosas sólo de científicos que polemizan en el campo de batalla de las ideas.
Por algo dijo un filósofo de la antigüedad que la discusión es la madre de todas las cosas.
Además
de interesante el tema sobre el cual polemizan los camaradas Machado –a quien
no conozco- y Dieterich –a quien sí conozco-, lo es también los elementos que van saliendo producto del conocimiento y
del lenguaje científicos de los polemizadotes. Creo que eso es lo dialéctico y
hermoso de un debate entre camaradas y lo que nos puede instruir en
conocimiento. No meto la mano ni por el uno ni por el otro, porque no poseo el
conocimiento necesario para opinar, con argumentos válidos y creíbles, sobre la
materia en discusión. A ambos respeto. Pero sí leí el artículo del camarada
Machado y sí leí la respuesta del camarada Dieterich y con mucha atención a
ambos. Y debo decir que una cosa sencilla me llamó mucho la atención, por lo
cual solicito permiso tanto al camarada Machado como al camarada Dieterich para
dar una opinión, simplemente una opinión que no aseguro –pero tampoco niego-
tenga la razón.
El
camarada Machado, refutando a Dieterich quien dijo que “Cuba se define como
socialista” y no dijo que “Cuba es
socialista”, dice que: “En Cuba el socialismo es realidad, es ideal
y es experimentación, es todo eso simultáneamente. El socialismo en Cuba es
realidad en la propiedad social socialista, en las prioridades de sus planes,
en la justicia social, defendida aun en los duros y difíciles años del período
especial, en la educación universal y gratuita, en la salud pública, en la
seguridad social, en la independencia nacional, la soberanía, la solidaridad
internacionalista, la cultura y particularmente la cultura política y en muchos
otros terrenos…”
El
camarada Dieterich, por su parte, respondió al camarada Machado diciéndole: “Si el paradigma es el socialismo histórico,
entonces Cuba sí es socialista. Si el paradigma es la democracia participativa
de Karl Marx, Rosa Luxemburgo y del Socialismo del Siglo XXI, no lo es…”
Como
en este comienzo de milenio, como nunca antes y ni siquiera cuando nació a la
luz pública el “Manifiesto Comunista” en el sentido de la cantidad, se están
produciendo debates, polémicas, diálogos y reflexiones sobre el socialismo,
resulta de mucho interés la polémica entre los camaradas Machado y Dieterich y
sobre todo –también- en un momento en que igual se debate sobre si el marxismo
es o no un dogma y si el socialismo planteado por Marx y Engels es o no debe
ser el socialismo a construir para sustituir al capitalismo. Simplemente esas
cosas es lo que me ha inducido a meter la cuchara donde no debo buscando que los
camaradas Machado y Dieterich, cada uno por su lado, me despedacen con sus
conocimientos científicos mis músculos y mis huesos –sin tener yo el
conocimiento necesario en la materia que polemizan- y por andar prendiendo una
vela en un velorio donde ni siquiera he sido invitado a asistir al entierro del
muerto. Corriendo el riesgo y con el mayor respeto por ambos científicos,
permítaseme dar una opinión.
Lenin
decía que había un marxismo dogmático y otro marxismo creador, y que él se
situaba en este último. Por eso pienso que el marxismo –aunque Marx haya dicho:
sólo sé que no soy marxista-, no es
una doctrina acabada para siempre ni una medicina capaz de curar todos los
males y enfermedades sociales. Simplemente es necesario entender su dinamismo y
carácter dialéctico para no dejarnos barrer por esos oscurantismos que se
interponen en la política y en la ideología y no nos dejan superar los
embrollos que evitan liberar el conocimiento de falsas ilusiones, de buenos
pero utópicos deseos, y de razonamientos que no son posibles demostrarlos en la
práctica social aun cuando mucho hagamos por hacerlo. Esto no lo digo ni por el
camarada Machado ni por el camarada Dieterich, porque ambos saben no sólo que
eso es así sino que en más de una oportunidad igualmente lo han reseñado de esa
manera.
Creo
que la definición más correcta de socialismo –el histórico y científico
promovido por Marx y Engels en la doctrina marxista- es la de ser un régimen
económico-social en que desaparecen las clases sociales; se extingue el
Estado y todos sus aditamentos de
coerción en tanto ya no existen las clases; pasan todos los medios de
producción a manos de la propiedad o posesión social, es decir, de toda la sociedad; desaparecen en altísimo nivel las
contradicciones entre el campo y la ciudad como entre el trabajo manual y el
intelectual; desaparición de los fetiches perversos de enajenación del hombre,
tales como: la mercancía, el dinero y el capital; triunfo de la cultura y el
arte universales sobre la extinción de la cultura y el arte de clase;
superación para siempre de los rasgos de egoísmo e indiferencia del hombre y la
mujer para materializar la solidaridad y la hermandad entre todos los seres
humanos vivientes. Esos elementos son, queramos o no, los que distinguen al socialismo
propiamente dicho, el científico-histórico, del capitalismo, sea éste avanzado
o atrasado, desarrollado o subdesarrollado, pero también de la transición del
capitalismo al socialismo, sea ésta de un capitalismo avanzado o atrasado hacia
el socialismo.
Si
lo anterior lo aceptamos como verdadero, es decir, como el socialismo
auténtico, científico, histórico, entonces desde allí es que debemos partir
para comprender –estando o no de acuerdo- con lo dicho por el camarada Machado
o por el camarada Dieterich y justificarse una opinión que esté de acuerdo con
uno y con el otro no o que no comparta ninguna de las dos versiones sobre
socialismo expuestas por los camaradas Machado y Dieterich. De lo contrario, no
tendría ningún sentido opinar, sino simplemente decir: Machado tiene razón y Dieterich carece de ella o viceversa. En ese
caso sería mejor no opinar, porque nada aportaría al debate.
Como
hace poco me fue publicado un libro por el CONAC titulado “¿Por qué se derrumbó el socialismo soviético?”,
según tengo entendido, ya en manos del camarada Dieterich pero no de Machado,
debo decir que si alguno de los dos camaradas tiene razón de pie a cabeza en lo
que define por socialismo –en el caso de Cuba-, los argumentos que son usados
en el libro anteriormente mencionado carecían de toda lógica y habría que
recogerlo y cremarlo por incompatible con la verdad. Sin embargo, hasta ahora
así lo creo, son argumentos válidos, creíbles y –me atrevo a decir-
irrefutables en un largo trecho, pero como la verdad es concreta y sólo Dios
–dicen erróneamente- la tiene de manera absoluta, no creo que Marx, Engels,
Lenin, Trotsky y Serge hayan errado en los análisis que hicieron del socialismo
y que cité para poder darle valor y fuerza de contenido al libro mencionado.
El
camarada Machado dice que el socialismo es una realidad en Cuba en la propiedad social socialista. Eso sería
como decir que ya no es necesaria la presencia del Estado y sus aditamentos,
pero éstos existen y tienen que ser cada día fortalecido ante las amenazas
constantes e intentos programados del imperialismo –esencialmente
estadounidense- por derrumbar a la revolución y el socialismo en Cuba. De aquí
se deduce, de acuerdo a las enseñanzas de la doctrina marxista si creemos en
ella, que mientras haya necesidad del Estado no está el socialismo plenamente
garantizado ni acabado, y cuando la propiedad sea social y ya nada quede de
propiedad privada, es porque la sociedad se está gobernando y administrando por
sí misma sin necesidad de Estado. Y téngase a bien saber que el socialismo es y
será siempre un nivel de mucha superioridad en técnica, organización y cultura
del trabajo en relación con el capitalismo. De lo contrario, no es socialismo
propiamente dicho. Creo y pienso es lo correcto decir y aceptar como indispensable
mientras no se produzcan las condiciones internacionales para salir de la
transición del capitalismo al socialismo, en el caso de Cuba, los medios de
producción fundamentales están en manos del Estado, y éste –sin duda de ninguna
naturaleza- sirve a la sociedad y no a una clase económicamente poderosa –caso
burguesía- como sí sucede en el capitalismo, tanto avanzado como
subdesarrollado. Si la revolución –por boca del camarada Fidel y que Dios le
otorgue larga vida- dijera: “Desde este
momento se decreta la disolución del Estado, sus fuerzas armadas y sus
organismos de seguridad, porque estando los medios de producción socializados en
manos de la sociedad cubana, ya no existe ninguna necesidad que le justifique”,
nadie estaría seguro de que al día siguiente desembarquen unos miles de marines
gringos e impongan nuevamente el Estado burgués dándole apresurada sepultura y
boca abajo a la revolución socialista. El socialismo, está totalmente
comprobado en la experiencia, no es posible construirlo –como fin en sí mismo-
en ningún país mientras no se produzca a nivel internacional la revolución que
arranque el poder político a la burguesía y ponga los legados de la economía
capitalista al servicio de la construcción del socialismo; es decir, la teoría
del socialismo en un solo país o en dos o en tres –mientras exista el
capitalismo altamente desarrollado y haciendo el papel de gendarme en el mundo-
ni siquiera debería continuar seguir pensándose por los marxistas e incluso por
los cristianos que también comparten el socialismo como la única alternativa
que salve al mundo de los estragos y atrocidades de la globalización
capitalista salvaje.
Ahora,
que nadie dude que el ideal de la revolución cubana es socialista; que ha hecho
todo cuanto las circunstancias han permitido hacer por el bien y la superación
del pueblo cubano; que han conquistado logros que ningún país subdesarrollado
en servicio activo de epígono del imperialismo jamás lograría ni aunque éste le
metiese ayuda por condicionarlo sumisamente a su política de pillaje; ha dado
pruebas de una solidaridad internacionalista y verdaderamente revolucionaria
muy por encima de la que manifestaron naciones mucho más avanzadas y de mayores
recursos que se denominaron socialistas y ya se derrumbaron, caso la URSS; ha hecho posible una vida mucho más digna a su pueblo que la que viven
muchos países con mayores recursos de riqueza natural y no sometidos a tantas
agresiones y un bloqueo económico criminal que durante más de cuatro décadas
impuesto por el más agresivo y poderoso de todos los imperialismos, el de
Estados Unidos, como sí es cierto contra Cuba. Sólo con un ideal socialista abrazado
por casi todo un pueblo se es capaz de lograr esos méritos conquistados por la
revolución cubana y soportar sin ceder en sus principios lo que ha soportado la
revolución cubana ante sus enemigos depredadores de sueños de libertad.
Si
el proletariado –esto es válido, por lo menos hasta ahora, para los marxistas o
socialistas o comunistas entendidos como lo mismo- no tiene fronteras es fácil
deducir que el socialismo tampoco tiene fronteras, por lo cual la independencia
y la soberanía de país, desaparecen con el socialismo propiamente dicho, con el
socialismo como una realidad inobjetable en todos sus órdenes de vida económico-social.
Mientras haya necesidad de defender la independencia y la soberanía es porque
no existen las condiciones que hagan posible el desarrollo de un socialismo que
ponga fin a las fronteras, porque entre otras cosas, la contradicción
fundamental de este tiempo es el desarrollo de las fuerzas productivas en
constante choque antagónico con las relaciones de producción capitalistas y con
las fronteras nacionales. En fin, pienso que es justo decir que Cuba es socialista en el sentido de
que esa es su meta, en torno a eso piensa y trabaja, dedica sus mayores
esfuerzos, pero como el socialismo no depende de la suma de las voluntades o
buenas intenciones de un pueblo, debe entenderse que el contexto internacional,
el mercado mundial, es dominado por el capitalismo más avanzado o desarrollado
–imperialismo-, lo cual no hace posible todavía la construcción del socialismo
–como fin en sí mismo- no sólo en ningún país en particular sino también en
algún continente en especial. Sépase que decir esa verdad en nada desmerita a
la revolución cubana, a sus conquistas, a sus deseos, a sus realidades, sino
más bien la enaltece en un mundo en que la mayoría de las naciones y sus
gobiernos siguen complacientes con las atrocidades que acomete el imperialismo
contra casi toda la humanidad, sometiendo a ésta a niveles insoportables de
miseria y dolor. El mismo hecho que la revolución cubana se haya visto en la
necesidad de aceptar inversión de capital monopolista en la isla –por supuesto
teniendo el Estado supremacía sobre aquel- nos dice, queramos o no entenderlo,
que el socialismo no está aún en la plenitud de sus ejercicios, porque se sabe
que lo que más distingue a una sociedad socialista de una capitalista es acabar
con la mayor causa de todos los males que padece el mundo: la propiedad privada sobre los medios de producción y el Estado burgués
que actúa por encima de la sociedad pero al servicio de la burguesía. En el
caso de Cuba existe un Estado al servicio de la sociedad pero está consciente
que no es el momento más propicio para execrar a todo capital monopolista
foráneo que quiera invertir en su economía nacional. Lo que sí tiene claro el
Estado Cubano es que el producto de esas inversiones que corresponde a Cuba es
utilizado en mejorar sus presupuestos para ser usados en provecho y beneficio
de toda la sociedad cubana. Si estoy equivocado, no solicito me perdone el
camarada Machado, sino que me disculpe el pueblo cubano de mi muy mala
interpretación del socialismo y de la realidad cubana. No es nunca una mala
intención lo que me pueda guiar la conciencia para negarle a la revolución
cubana lo que es de la revolución cubana.
Y
en el caso del camarada Dieterich, considero que con lo anteriormente señalado
se aclara que el socialismo histórico –si por éste se entiende el científico
expuesto por Marx y Engels y bien entendido por camaradas como Lenin y Trotsky
especialmente y hasta por la misma camarada Rosa Luxemburgo-, no sólo no puede
existir en Cuba y la revolución no tiene culpa de ello, sino que no ha existido
en ningún lugar del planeta ni podrá existir mientras exista el dominio del
mundo por parte del capitalismo altamente desarrollado que conocemos como
imperialismo. Ahora, si por socialismo histórico se tiene la intención de
hacerlo realidad, el camarada Dieterich tendría razón. Sin embargo,
precisamente en Cuba, si de socialismo se trata, una de sus fundamentales
características que hacen posible reconocer la existencia de un importante
elemento socialista en la transición del capitalismo al socialismo, es que el
pueblo cubano participa activamente en la decisión de su destino, en las
funciones del Estado a través de los organismos de masas y del Partido, de la
organización de los trabajadores, de los estudiantes, de las mujeres, en la
metodología de elección que escoge a sus voceros o representantes y a sus
autoridades de Estado (ejecutivo, legislativo, judicial y popular). En fin,
creo lo contrario a lo que dijo el camarada Dieterich en su párrafo que he
citado.
Dios
me guarde de no ser comprendido o de haberme equivocado. Sin embargo, hay dos
cositas breves que el marxismo, en base a la experiencia y al estudio
científico, nos ha legado para pensar y que valen para la discusión que
sostienen los camaradas Machado y Dieterich: 1. “El socialismo no podría justificarse por la simple supresión de la
explotación; es necesario que asegure a la sociedad mayor economía de tiempo
que el capitalismo. Si esta condición no es cumplida, la abolición de la
explotación no sería más que un episodio dramático desprovisto de porvenir”
(Trotsky, agosto de 1936); 2. “Bastan los esfuerzos de un país para
derribar a la burguesía; la historia de nuestra revolución lo demuestra. La
victoria definitiva del socialismo, para la organización de la producción
socialista, los esfuerzos de un solo país, sobre todo si es campesino como el
nuestro, son ya insuficientes: se necesitan los esfuerzos reunidos del
proletariado de varios países avanzados” (Stalin, abril de 1924). Que luego Stalin haya negado lo que dijo y pasó
a promover “el socialismo en un solo
país”, no es culpa ni del marxismo ni de la revolución bolchevique. La
experiencia se encargó de la demostración de la verdad: nunca la URSS
fue una sociedad –globalmente hablando- superior al capitalismo más avanzado… y
se derrumbó, simplemente, porque se aisló del mercado mundial y dio la
espalda a las poderosas realidades con que el capitalismo le acosaba y le corroía
sus bases, cosa que precisamente no ha podido lograr con éxito hacer con la
revolución cubana y por eso ésta ha entendido correctamente dejar que capital
monopolista extranjero invierta en su economía.
El
socialismo propiamente dicho, ya asegurado su triunfo completo en la economía
socializada y la organización del trabajo sobre el principio de la economía de
tiempo, es incompatible con el capitalismo en cualquiera de sus formas.
Mientras tanto, creo que es lo correcto tener presente, sin poseer ningún
monopolio sobre la verdad, que los procesos revolucionarios que se plantean el
socialismo andarán y marcharán –mientras domine al mundo el capitalismo
altamente desarrollado- en la transición del capitalismo al socialismo con sus
virtudes y con sus defectos.