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Narrado por APO Calíptico

El síndrome ¡Aló Presidente!

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Altísimos funcionarios ponen en aprieto al protocolo presidencial. Uno, entre un enjambre de alcaldes y diputados recién bañaditos, dice en tono arrogante: "A mí me ponen en la primera fila porque yo soy el gobernador estrella". El otro se apresura a ordenar tajante "No, un momentico, yo soy el gran ministro. El de la primera fila soy yo". Finalmente un presidentico de instituto regional de la vivienda se acomoda por ahí como puede.

Llega Chávez y todos, sin excepción, asumen la misma incomodísima postura del pescuezo estirado, pensando, en tono de plegaria: "que me mire, que me mire, que me mire", con una sonrisita de tan ensayada sumisión que invita al llanto. No habían venido desde hace semanas porque al Presidente le dio en aquel momento por preguntar incomodidades que no venían al caso. Pero, el deber llama y hay que venir a que el jefe lo vea a uno, porque "uno no sabe".

Al fondo, la gente del pueblo que, como siempre, se queda de pie bajo un sol inclemente, es la que hace el mayor aporte al programa. Chávez, el único del caluroso y apretujado recinto que tiene claro lo que es un proceso revolucionario, se dirige a una de ellos y le pregunta directo. Nada; las casitas que se prometieron hace tres años y medio, no se han construido.

La pelota recorre el salón pasando impenitente de un funcionario a otro y nadie consigue articular respuesta; "¡Qué vaina; otra vez!" parecieran pensar todos con cara de obstinación. El presidentico amaga una farsa con lo de "las máquinas" pero el jefe lo para en seco. Las Escuelas de Construcción Popular tampoco existen.

Cada uno cumplió el cometido de resguardar celosamente los materiales que hacían falta para esas casas. "Cómpreme tres candados grandotes y ciérrenme bien ese almacén, que mientras yo mande en esta vaina aquí nadie va a abusar de mí", deben haber dicho en su oportunidad. Quizá se habrán ido después a tomar un buen whisky con sus amigotes de la constructora; "No te preocupes que por ahí te voy a conseguir una vaina bien buena. Ahorita olvídate de esas casitas... esas no dejan nada para nosotros".

Ahora las casas sí van a estar listas en tres meses.

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Actualidad

Alberto Aranguibel



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