No pocas veces
unas cuantas personas nos hemos lamentado de no haber tenido la oportunidad de
conocer y de haber intercambiado ideas con el Presidente Chávez. No pocas veces, también, son las personas más
humildes y tenidas por menos capaces en formación política e ideológica,
quienes terminan exponiendo la idea más ajustada a la realidad. No se crea que
estamos solicitando algún cargo ni mucho menos se piense que somos profetas. Lenin y Trotsky escuchaban con esmerada
atención a Markin, un sargento de la marina rusa, porque en los momentos
difíciles brotaba de su visión de la lucha y de la necesidad –rústica si se
quiere- la idea perfecta para ser aplicada en provecho de la revolución. De esa
manera llegó a ser, en la práctica, el primer canciller de la Revolución. En la primera
delegación rusa que salió a discutir con el imperialismo alemán parte de su destino, Lenin y Trotsky incluyeron
a un obrero y un campesino, porque éstos tenían un mundo de razones para defender la revolución de la voracidad
de sus detractores y un motivo de alerta ante cualquier gesto de conciliación
que pusiera en peligro la esencia del sueño de los representantes del porvenir.
Tampoco se entienda que estamos planteando que en Venezuela se hago lo mismo.
Hace justo
casi cinco años, un mes antes de abril de 2002, en conversación con algunos movimientos
revolucionarios organizados, les dijimos –un pequeño grupo de venezolanos- que
por intuición estábamos convencidos que pronto iban a derrocar a Chávez, por lo
cual se hacía necesario estar preparados para contrarrestar el golpe y poder
vencer a los usurpadores. Ninguna organización nos prestó la atención debida y
más bien nos decían que estábamos viendo visiones y fantasmas. A las 2 de la
madrugada del 12 de abril nos despertaron para decirnos que habían tumbado a
Chávez. Ese mismo día, por vez primera lo voy a decir, en medio de la tensa y
dramática situación que vivía nuestro país, nos reunimos unos venezolanos con
unos oficiales del Ejército en la frontera que nos pidieron hiciéramos algo,
pero realmente no estábamos en capacidad de hacer nada de importancia, salvo la disposición de luchar contra los impostores
y a largo plazo. Ese día avanzamos bajo la lluvia hacia una ciudad para
ponernos a la orden de quienes estaban dirigiendo alguna lucha contra el golpe,
y nos agarró la noche en una bomba de gasolina, donde ni siquiera los zancudos
se atrevieron a salir de su escondite. Mucho nos alegramos cuando en la
madrugada del 13 de abril escuchamos y vimos en un televisor de ese negocio que
el golpe había fracasado y Chávez volvía asumir su función de Presidente.
Decidimos, entonces, regresar al sitio de donde habíamos partido.
Recordamos también
que hace poco menos de 5 años, en el periódico “Redención”, publicamos un documento titulado “Los revolucionarios y los salarios”, donde se exponía que el
proceso bolivariano tenía que tomar seriamente una decisión para ponerle coto a
esa terrible e insoportable desproporción del salario de un alto funcionario en
relación con el del obrero medio. Igualmente se expresaba que los funcionarios
del gobierno del Presidente Chávez no tenían ninguna justificación para
adquirir o invertir en propiedad privada que significara explotar trabajo
ajeno. Recordamos, sin decir que el Presidente haya leído el periódico “Redención”, él habló de ese tema a los
pocos meses y –creemos- casi nadie le prestó atención a sus palabras. Hace
pocas semanas volvió a incursionar en el tema y se despertó una discusión que llevó
a muchos funcionarios reducirse el sueldo más por obligación que por convicción
revolucionaria.
Recordamos
igualmente que hace 5 años publicamos un documento sobre las medidas
socializantes en Venezuela, donde exponíamos que muchas veces son tantas las
cosas que se quisieran hacer, pero que existían algunas que no podía llamarse a
su materialización, porque las condiciones concretas no lo permitían y hacerlo
se convertía en una espada de Damocles para un proceso revolucionario. Que era
mejor esperar el momento oportuno. No decimos que el Presidente nos haya leído
y tomado nuestra opinión en cuenta, pero algunos movimientos dijeron que
estábamos ‘locos’ y que eso era una
manifestación de oposición al socialismo. 5 años después nosotros, simplemente,
preguntamos: ¿qué hubiese pasado si en el 2000 el Presidente Chávez hubiera
impartido una política diciendo que el camino a seguir era el socialismo y se
hubiese ordenado la nacionalización de las empresas que ahora están pasando a
manos del Estado? Nosotros, sin sentirnos poseedores de la verdad, creemos que
el abril de 2002 hubiera sido un éxito completo para los enemigos del proceso
bolivariano, y que precisamente ese abril permitió crear las condiciones para
aplicar medidas que hoy no han podido ser rebatidas exitosamente por los
adversarios del gobierno.
Recordamos que
hace más de 3 años, en el mismo periódico señalado, expusimos que Caracas no
reunía ninguna condición para que se eligiera un Alcalde Mayor. Nadie nos hizo
caso. No decimos que el Presidente haya leído ese material, pero hace pocas
semanas habló del tema y ahora miles de miles están convencidos que no fue
correcto crear la Alcaldía Mayor.
Hace unos
meses atrás comentábamos un grupo de personas que nos solidarizamos con el
proceso bolivariano y no tenemos cargo público ni privado de ninguna naturaleza
ni tampoco lo estamos solicitando, que cifrábamos
la esperanza que el Presidente –por
ahora- no le agregara el término “Socialista”
al nombre de la República,
porque eso implicaba modificaciones de la Constitución que en la
actualidad no se dan las condiciones más apropiadas para tal cometido. Seguimos
creyendo que la buena voluntad no es el elemento esencial en la marcha de la
historia, sino las realidades y, especialmente, las de carácter internacional. Hace
unos días atrás le decíamos a un camarada que parecía que Chávez escuchaba desde lejos, y desistió –por ahora- de esa idea y es correcto a nuestro juicio –rústico si
se quiere-.
Lo que
anteriormente se dice tiene, sencillamente, la intención que se comprenda lo
que a continuación se expone sin ningún interés ni de descalificar a nadie ni
nada ni menos de creernos portadores de la única verdad del universo. Errores
hemos cometido incluso hasta en la opinión. Simplemente pensamos que ha llegado
la hora de decir lo que decidimos escribir.
Si hubiésemos
podido dialogar con el Presidente antes de diciembre pasado, y sin pretender
tener una autoridad que ni siquiera merecemos ni nos hemos ganado, le
hubiésemos dicho, con todo respeto: “Camarada
Chávez: no están dadas las condiciones subjetivas para que usted llame a la
conformación de un Partido Socialista Unido Venezolano”. Y conste que esto
lo hemos comentado con camaradas que están resteados con el proceso bolivariano
y se denominan chavistas ciento por ciento y dispuestos a ingresar sin
condición al PSUV. Así lo expresan. Nosotros, en cambio y que también apoyamos
al proceso y al Presidente, aun con nuestro cúmulo de errores que posiblemente
determine que con razón nadie nos preste atención porque no vale la pena
escucharnos, nos declaramos marxista, sin que dejemos de valorar todo
pensamiento -venga de donde venga- que contribuya a la lucha revolucionaria por
la integración de los pueblos, por la defensa del derecho a la
autodeterminación, por la solidaridad internacionalista, por la lucha
antiimperialista y, especialmente, por el socialismo.
¿Por qué decimos lo que decimos?:
nosotros, lo hemos dicho, quisiéramos que el mundo estuviese viviendo lo más
avanzado del comunismo, para que no hubiese ninguna expresión de injusticia o
de desigualdad sociales. Seríamos maravillosamente felices todos y todas en
todo. Pero eso es nuestra voluntad, así lo interpretamos, y no la realidad. El
mundo vive bajo las garras de la globalización capitalista salvaje y, a ésta,
hay que derrotarla si pretendemos que se construya un mundo nuevo posible: el socialista como primera fase de la
humanidad comunista.
Un partido
–nos referimos al revolucionario y vanguardia por el socialismo o comunismo-,
lo dice el marxismo y se lo escuchamos decir a Chávez en diciembre pasado, es el Programa, el Sistema de Organización
y la Táctica.
No más. Y esa síntesis define a un Partido sea de derecha, de
centro o de izquierda. Ese fue uno de los grandes aportes del camarada Lenin y
lo construyó de izquierda y de vanguardia clasista. Que luego haya sido
conducido, por otros en nombre del leninismo y del socialismo, al derrumbe, es
harina de otro costal donde no hay que buscar ninguna culpabilidad en el gran
maestro del proletariado y de la revolución. Pero un Partido Revolucionario de
Vanguardia –así lo creemos con mucha sinceridad y lo decimos- pasa por una
concepción sociológica que tenga una definición homogénea de clase sin perder
de vista las contradicciones entre sus estratos, de los intereses económicos
que representa, de su filosofía, de su ideología, de su política y del carácter
clasista del Estado, porque sus combates y batallas no pueden estar guiados por
consideraciones sentimentales, sino por
su concepción social de un régimen y de sus relaciones con otros. El partido es
un instrumento para hacer la revolución. Los
dicen los grandes ideólogos del marxismo, que la terminología política –como
elemento de la lucha de clases- hace al hombre y hace al partido.
Un partido –para
ser de vanguardia de la revolución socialista- tiene, además, algunos
principios sin los cuales se convierte en un mamotreto y en un veneno o una
guillotina para la revolución. Entre esos principios está el de la homogeneidad
ideológica en armonía con la táctica subordinada al fin estratégico. Seamos
sinceros: los partidos políticos y
movimientos organizados -con todo el respeto que merecen a su derecho a
decidir su propio destino en base a su concepción política e ideológica y que
no podemos negar la tienen y no es idéntica la una con las otras- que giran y apoyan al proceso bolivariano
tienen un eje de atracción, un imán: Chávez. Sin éste –por ahora-, creemos,
ningún líder de la política venezolana los uniría ni siquiera en torno a un
candidato presidencial, aunque todos sostengan su convicción sobre el
socialismo.
¿Qué pasaría si en este momento todos los
partidos políticos y los movimientos organizados que apoyan al Presidente
Chávez se disuelven en el Partido Socialista Unido Venezolano? Seamos
sinceros: sería como una amalgama, como una alianza heterogénea, pluralista, de
hecho y de derecho de tendencias o fracciones cada una obedeciendo a su
dirección particular, a sus intereses de partido o de movimiento, asumiendo su
línea política particular tratando de imponerla a cómo de lugar volviendo añico
a los pequeños bloques necesarios e inevitables en determinadas circunstancias
concretas de tiempo y lugar. Sería como fabricar un puñal de doble filo bien
cortante, donde uno de sus lados estaría siempre amenazando la garganta del
Presidente. Sería como un frente donde para ponerse de acuerdo todos tendría
Chávez que dedicarse mucho más a las labores del PSUV que a las del gobierno.
¿Preguntemos?: ¿por ahora, cómo se
podría unir en un partido homogéneo a los diversos partidos y movimientos
organizados que apoyan al Presidente, si tienen años haciendo público sus
diferencias, sus contradicciones, sus desacuerdos en materia ideológica y hasta
política? Baste con que digamos esto:
hemos tenido diálogos con algunos movimientos que han decidido ingresar al
PSUV, y lo que nos han alegado es que lo hacen por el Presidente Chávez, pero
que dentro del mismo seguirán actuando y pensando como el movimiento que van a
declarar disuelto pero no muerto, porque no creen en la sinceridad de los otros
partidos que apoyan al Presidente. Ingresar
en esa condición es llevar viva y activa la tendencia, la fracción, y eso es un
daño terrible al proceso y al mismo Presidente Chávez.
Preguntémonos
y preguntemos: ¿Cómo se podría unir en un solo partido a una serie de partidos
y movimientos sin poner las íes sobre la mesa, cuando –por ejemplo- uno plantea
que el socialismo es alcanzar que la sociedad sea la propietaria de los medios
de producción, otro expone que el socialismo es un régimen donde conviven
alegres y amistosos la propiedad social con la propiedad privada sobre los
medios de producción, otro sostiene que el socialismo requiere de un partido
donde el pluralismo de las tendencias del pensamiento social sea el alma de su
existencia? Supongamos que el Diablo es el capitalismo salvaje y Dios es el
socialismo: ¿cómo podrían fusionarse homogéneamente varios partidos si uno
plantea que derrotar al primero tiene que ser con el arma de la cruz, otro
expone que es suficiente con leer la
Biblia en las plazas públicas, otro señala que hay que
lanzarle piedras, y otro se inclina por disparos de fusil?
Ahora, lo que
sí creemos es que la realidad nos está conduciendo a que nazca y progrese una
organización de vanguardia revolucionaria, homogénea, capaz de asumir el papel
conductor del proceso. Y si los partidos y movimientos que se propongan el
socialismo no se conducen hacia esa orientación, la historia se encargará de
inventarla y someterla a la dura y difícil tarea de la lucha de clases. Que la
derecha esté gozando un puyero en este momento por las decisiones tomadas por
los diversos partidos que apoyan el proceso, no importa. A eso no debe
tenérsele miedo. Existe una buena porción de pueblo que quiere ir, cuéstele lo
que le cueste, hacia el socialismo, y de jornada en jornada sabrá ganarse a la
mayoría para tal fin, por ser la única alternativa válida si queremos salir de
las atrocidades de la globalización capitalista salvaje y construir un mundo
nuevo posible. Quieran Dios y Marx la revolución triunfe más temprano que tarde
en los países del capitalismo altamente desarrollado, para que nos alivien una
parte del peso de tantas problemáticas –hasta ahora inevitables pero vencibles-
que resultan del partido revolucionario de vanguardia en la transición del
capitalismo al socialismo.
Un partido
revolucionario de vanguardia es incompatible con tendencias, fracciones, con
pensamientos antagónicos, con la mezcla de ideologías que profese el
eclecticismo. A la hora de crear un Partido que agrupe a todos los partidos y
movimientos que apoyan o se solidarizan con una causa es imprescindible, nos
agrade o no nos agrade, tomar en consideración la dolorosa pero rica
experiencia que le ha enseñando al mundo –especialmente al movimiento obrero-
las múltiples divisiones que se han gestado en los partidos comunistas. Nadie
quien esté de acuerdo y luche por el socialismo verdadero puede oponerse a un
partido verdaderamente de vanguardia revolucionario si están dadas las
condiciones –a nuestro juicio: subjetivas- para tal fin. Ese es un instrumento
de vital importancia para la conquista de los sueños de redención haciéndolos
realidad. Es su más grande tarea histórica para luego extinguirse entre los
brazos y mentes creadores de la sociedad entera organizada para administrarse
por sí misma cuando el mundo sea siempre economía y nada de política. Esto es,
lamentablemente, una obra grandiosa pero a largo plazo. Creemos que no debemos
desesperarnos y que la marcha del proceso conducirá, inevitablemente, a
gestarse los factores e instrumentos que le sean necesarios para avanzar y
vencer de manera definitiva conquistando lo que es su meta y es su fin. El
papel esencial lo jugarán los jóvenes y, especialmente, en el campo de la
producción, es decir, trabajadores. En éstos está el fuego maravilloso del
porvenir.