Libre pensamiento e indiferencia

El hecho es que hay varios procesos en una revolución o varias revoluciones en un proceso consecuentes consigo misma y de tal índole que el proceso en la educación, electricidad, transporte, alimentación, ciencia y tecnología, industrialización, cultura no están en condiciones de evitar premisas falsas pero sin que sus conclusiones sean falsas gracias a una base revolucionaria que sostiene el pueblo, así, sus resultados son validos pero lentos unos más que otros.

Por encima de todos los problemas de coherencia hay temas del proceso que todavía no pueden determinarse como el de la cultura, ciencia, alimentación, industrialización, más aun, no pueden siquiera defenderse a no ser con bases pragmáticas en conformidad con las tendencias sociales, conveniencia intelectual o interés político. El que hayamos sido ciegos y sordos en estos hechos se refleja en los errores de la concepción de lo inmediato.

Las soluciones inmediatas sosteniendo viejas costumbres de gestión política como en las cárceles, especulación, seguridad, son una pauta para la realidad y la irrealidad, en otras palabras, es un proceso en estas materias que se aleja a medida que nos acercamos haciendo ver al socialismo como una ilusión.

En la política no acontecen milagros. Para el gobierno puede ser que uniformar la revolución sea un criterio seguro de la realidad pero ese criterio inmediato puede dictar la modificación de algunas leyes, al obedecerlas, el contenido de la experiencia nos arroja un espejismo revolucionario. Los diferentes procesos tratan con la experiencia porque la revolución cultural avanza mucho más lento que la revolución de la luz eléctrica y esta mas rápido que la seguridad alimentaria y esta mas rápido que la ciencia y tecnología, así, la revolución uniformada desde arriba nos llega no solo como un proceso real sino que también tiene elementos de sueño, ilusión, alucinación y error.

Se puede interpretar que una revolución contiene lo real e irreal en una confusa mezcla justificable para una primera etapa de un proceso no para una tercera etapa, imposible, en esas alturas del proceso uniformar la revolución a no ser que se vista de un mismo modelo la ineptitud, el burocratismo, la mediocridad, como ocurre en algunos procesos dentro de la revolución.

Lo único que puede separar lo real de lo irreal para buscar la uniformidad en el crecimiento revolucionario es el proceso cultural, mientras no tengamos ese proceso en marcha no podremos tamizar la experiencia y separar lo irreal de lo real.

La solución obvia es que la experiencia del gobierno y del pueblo se enriquezca separando los hechos de la demagogia para que los diferentes procesos evolucionen juntos, el que haya asuntos inmediatos para resolver como los de la energía, alimentación, seguridad, industrias, está bien, pero, donde quedan la educación, la cultura, la ciencia, es decir los intangibles revolucionarios, el acertó a priori queda expuesto a tela de juicio.

Tenemos que formular nuevas definiciones y clasificaciones de los criterios para esta revolución en donde participe el pueblo sumando los brazos en alto; una relación básica entre los intereses las tendencias y las necesidades de los diferentes procesos para amalgamarlos en la revolución cultural

El problema es que la compulsión del gobierno por hacer revolución garantiza una unidad alterada, sutilmente violenta excepto para sus propios fines y necesidades representativas esparcen categorías participativas según les plazca, pero, ¿Cuáles son esas categorías que responden mejor a la revolución y dan mayor objetividad a los diferentes procesos? No será esa experiencia confusa hasta ahora mostrada y sugerida al pueblo.

Hay que establecer principios en las definiciones de participación que hasta hoy es relativo por estar inmersos en categorías de soluciones inmediatas desde las diferentes mesas en pugna con los consejos comunales; el pueblo no puede ni debe llamarle a eso participación, una actitud que manifiesta que, como todo es experimental y como hay una ley que aun no se ha descubierto se producen los errores uno detrás del otro justificándolos.

No es revolución aprovecharse de los hábitos fundamentales del pueblo sus pensamientos, actitudes de fondo adquiridas en el marco de la experiencia, suponiendo desde el ejecutivo que las nuevas experiencias pueden causar alteración…ninguna experiencia puede en absoluto privarlas de su valor.

¿Qué principio el pueblo el pueblo debe sostener a cualquier precio? En el terreno de aquellos conceptos y principios que se han modificado hay algunos que ninguna experiencia puede aprobar ni desaprobar porque representan la iniciativa incontenible del pueblo, sin la cual no sería posible la revolución ni los desarrollos en ella.

La realidad es que ni el gobierno ni el pueblo han podido ver que hay principios que representan la iniciativa colectiva que no imponen a la experiencia limitación alguna, sin embargo, esos conceptos están sujetas a modificaciones basadas en razones pragmáticas cuando las fronteras expansivas de la experiencia demuestren su ineptitud como instrumentos intelectuales.

Al socialismo del siglo XXI se le objeta que es muy ambicioso quizá porque ofrece resultados de corto alcance que no sabemos si estimularan la transición al socialismo; como no hay proyectos de soberanía alimentaria a mediano plazo como una industrialización de grandes proporciones igual para la ciencia y la tecnología se piensa que el proceso revolucionario no tiene éxito o está estancado, sin embargo, dentro de sus límites la revolución contiene avances importantes en derechos humanos para la población nos obliga a entender que categorías definen los limites de las diferentes revoluciones o procesos bolivarianos-chavistas.

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