A la derecha no palpita el corazón

Los de la derecha, siempre han tenido sus reservas frente a las masas, al vulgo, a la gente sencilla, a los colectivos, a las comunidades. Los oligarcas son conservadores de uña en el rabo, se les reconoce por que presumen de alcurnia que arrastran en sus discursos, son usufructuarios de los colonialistas y principales vecinos, pero como les gusta hacer milagro con escapulario ajeno, cuando son los demás quienes trabajan para que ellos vivan con sus lujos. Se congregan en la sociedad civil, privilegio que le da distinción, embutida en la molienda que es su práctica sobre los obreros, observados por el rabillo del ojo, sorteando se mantengan en su sitio y no logren condominio. Ellos que comulgan de esquicitos, no por auténticos, sino por el frenesí que ponen en la ralea, les encanta el consumismo y el éxito contante y sonante, convirtiendo todo lo que tocan en mercadeable. Repelentes a lo popular, les resbala incluso si de conservar la naturaleza se trata, el medioambiente, sus recursos, la biodiversidad, el patrimonio humano, se lo apropian, lo depredan y se benefician entregándolos a las corporaciones del Nuevo Orden Mundial, infringiéndole más y profundas heridas a los pueblos dolidos del mundo, de la Pachamama, que asfixian y saturan de gases y sus efectos invernadero.

Es la misma derecha subsumida y arrebatada que forma el sistema capitalista en crisis, los mismos que le ordenan a los gobiernos que nosotros elegimos periódicamente en elecciones, al contrario de los que controlan el mercado, quienes nunca se han sometido a que los elijamos, y le imponen recetas y condiciones ambreadoras a los pueblos, despojando a la clase media de sus viviendas, de sus vehículos, a todos los trabajadores de sus ahorros, sus pensiones, sus prestaciones sociales, poniendo en peligro el mentado estado de bienestar, que fue en ascenso hasta 1980 y se mantuvo dando tumbos en medio de las burbujas inflacionarias que venía engulléndolos, desatando la vorágine desde Estados Unidos a la Unión Europea, indignados y desprotegidos por miles hoy engrosan las filas de los desempleados, de los parados. Zancadillas del neoliberalismo reaccionario, que en su desesperación e irracionalidad, lleva a la crisis y exterminio, interviniendo y trastornando países enteros, regando muerte y destrucción. Su principal objetivo hacerse con los recursos y yacimientos minerales y energéticos ajenos, para garantizar y asegurarse su economía a futuro.

La derecha, el capitalismo, los neoliberales, han esparcido su carga de odio, con terribles consecuencias para la naciones emergentes que son referencia desde Latinoamérica, alineadas y fortalecidas en alianzas estratégicas, que abrazan las iniciativas de la República Bolivariana de Venezuela, atentas a las ideas y liderazgo de cada nación, planteamientos y recomendaciones tratadas desde las respectivas cancillerías y los acuerdos y logros que en materia comercial, energética, tecnológica, educativa; de intercambio comercial, importando y exportando productos y sus excedentes en la producción y manufactura intrarregional, supliendo las carencias y necesidades en el gran bloque suramericano. Nuestra prioridad, enlazar convenios, redes y mecanismos y organizaciones fortalecidas, que permitan ir al porvenir promisorio con la plena independencia.

Ante la arremetida de la derecha, el imperialismo y sus vasallos, las oligarquías nacionales, es de vital importancia mirar con mucha prudencia, las dimensiones geopolíticas y estratégicas, frente al clima proclive de amenazas de la canalla, las carroña que habita la mente y corazones de quienes profesan ser apátridas, que por unos cuantos talentos pagados desde la NED, asesorados por los JJ`s grups y demás alimañas, organizan desestabilizaciones. Hay muchos intereses en juego, el imperio ha atiborrado a la América de aversión, ha minado de bases para la destrucción y no para la paz, desde el Caribe, el Pacífico y recientemente con refuerzos en Paraguay, como si no les bastaran las decenas que ya existen en Colombia. Es paradójico, pero la nación que han vendido como la cuna de los derechos humanos, de las libertades y el paradigma de la democracia en el mundo, sea la que augura la destrucción del mundo.

La oligarquía nos quiere arrebatar el país que hoy tenemos en revolución de ideas, de dignidad y de porvenir. Tenemos un Estado reconstruido en una década, por sus imperfecciones, pero el camino se hace al andar. La conciencia sembrada en los años aciagos de la dictadura y del exterminio hoy ha germinado en el pueblo Bolivariano y se regó por América y el mundo. Todavía hay mucho por hacer, pero lo fundamental es que hemos rescatado nuestra soberanía, y somos millones los que la defendemos, por nuestra historia de pocos siglos pero de muchas victorias contundentes. Esta nueva batalla por la dignidad del pueblo venezolano, se presenta dentro de pocas semanas, cuando de nuevo a quien enfrentamos en la campaña electoral, es al imperialismo estadounidense con sus sabotajes encubiertos y la desestabilización de las instituciones. Por esto es que nuestra victoria comicial del 7 de octubre, tiene que ser masiva y contundente, para no dejar ninguna duda de los resultados.

No volverán, hasta la victoria siempre

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Franco Orlando


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