El recurso de la huelga [1] ha sido muy subutilizado. Los patronos también podrían subsidiar desempleados

La idea de que es preferible reducir la oferta para mantener precios debe erradicarse del país.

Hasta ahora, manifiesto sólo durante las crisis afloradas en las relaciones obrero-patronales, este recurso proletario, el de la huelga laboral, ha estado adormitado, subutilizado y reservado a conflictos radicales, al cese total del proceso de trabajo, una medida que, si a ver vamos, termina perjudicando al propio trabajador y a los consumidores en general. Una huelga prolongada no la aguantan los trabajadores porque ellos no cuentan con reservas salariales y al final los vence el hambre.

Es un hecho que  las diferencias salariales que reinan en las plantillas  de pago*  mantienen separados a los trabajadores y hasta crean en ellos sentimientos egoístas sólo favorables al patrono a quien le resulta muy fácil salir del trabajador que de una u otra forma haga reclamos salariales o de las condiciones de trabajo, mientras el resto asume posturas de indiferencia ante el compañero despedido. Sin embargo, los trabajadores unidos podrían perfectamente tomar conciencia acerca de que lo que el patrono haga con uno de los trabajadores perfectamente lo puede repetir en cualquiera de ellos. Con esta conciencia podría asumir reacciones que transitoriamente mermen la productividad de la empresa; bastaría con bajar el ritmo de trabajo, la velocidad en la realización de las tareas, cosas así.

El personal desempleado-ejército industrial de reserva de asalariados-bien podría contar con ayudas mínimas de los ahorros ad hoc formados por los trabajadores activos.  De esa manera se eliminaría la competencia que reina entre los trabajadores, muchos de ellos prestos para los relevos cuando un patrono arbitrariamente despida a un trabajador.

En las discusiones para la firma de contratos colectivos debe inscribirse cuotas fijas de trabajadores  a los que la empresa podría subsidiar conjuntamente con sus trabajadores activos  mediante créditos recuperables cuando les dé empleo; se buscaría con ello que la empresa tome precauciones para estar constantemente incrementando sus plantillas de trabajadores activos o contratando interinos cuando alguno se halle enfermo, etc., porque ninguna  sobreoferta puede quedar fría ya que entre la ingente masa de proletarios siempre habrá demandantes cuando los precios bajen. La idea de que es preferible reducir la oferta para mantener precios debe erradicarse del país.

 



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Manuel C. Martínez


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