Drogas la excusa detrás de la conquista

El mercado de drogas ilegales representa en los Estados Unidos unos 400.000 millones de dólares, es decir, alrededor del punto 08% del PNB del imperio. De esa cantidad la mitad, alrededor de 200.000 millones de USD año, equivalente al 0.4% del PNB corresponde al gasto de cocaína, que representa la mayor parte de las exportaciones originadas en Colombia. Si se considera el valor de la cocaína en el mercado detallista del imperio las utilidades repatriadas por las mafias colombianas representan solo el 6% de su valor.

Según la DEA (Agencia Contra las Drogas) de cada 100 dólares pagados por un consumidor estadounidense por cocaína 90 se quedan en los Estados Unidos y solo dos van a parar al productor campesino de coca. Sin embargo es a ese 2% al que se destina el mayor esfuerzo de control. Esta estrategia no parece tener sentido si el objetivo real fuera combatir el narcotráfico.

Al arremeter contra la actividad del narcotráfico en los eslabones primarios de la cadena (siembra, cultivo y procesamiento de la hoja de coca) le permitió al imperio no solo reenfocar la labor de sus organismos de inteligencia, sino que además dispuso como combate, no a la comercialización y al consumo en la propia Norteamérica. Sino a los eslabones primarios de los países productores de América latina, especialmente Sudamérica.

La excusa de la droga le permitió al imperio, ubicar a lo largo del continente a la mayor parte de la fuerza militar del comando sur.

Según las oficinas del imperio la ONU y su organismote de control y fiscalización de las drogas UNDCP. Esta realidad de Sudamérica se ha identificado en otros países como Afganistán Pakistán, Marruecos. Donde los campesinos reciben menos del 1% de lo beneficios totales generados por el trafico de heroína, el 3% se quedaba en los países por donde pasa la droga en dirección a occidente. El resto son ingresos para los propios países que la consumen.

El informe de WOLA, ONG de los Estados Unidos habla del fracaso total de la guerra contra las drogas en Sudamérica y su alta incidencia en la violación de los Derechos Humanos en la Región. Si es así, y es reconocido ¿Por qué se sigue con esta política?

Porque 200.000 millones de USD por la cocaína no son una cantidad despreciable para la economía subterránea de Estados Unidos, para mantener la guerra sucia en la región, especialmente contra Venezuela y Cuba “El imperio no lidera lucha alguna contra las drogas, a EE.UU. no le interesa la desaparición del negocio le interesa controlarlo”.

Las drogas son un negocio y Estados Unidos quiere acapararlo. Mirtenbaun reflexiona que el 20% de los ingresos de flujo de consumo de drogas ilícitas, reconocido por la ONU, 200.000 millones corresponden al consumo de cocaína, equivalente a los 20-25 millones de personas que consumen cocaína en los Estados Unidos.

La utilización de la droga para financiar operaciones encubiertas es una constante en el imperio. En los últimos 60 años las grandes epidemias de narcotráfico se han superpuesto al desarrollo de grandes operaciones encubiertas de la CÍA. (Panamá, Venezuela, Cuba). La historia de la droga en la segunda mitad del siglo XX es en gran medida, la historia del expansionismo norteamericano.

EE.UU. se ha querido presentar como el paladín de la lucha antidroga ante el mundo. Sin embargo si el tráfico de droga es el negocio que mueve del 20 al 40% de la economía mundial ¿será posible que su economía en crisis no participe de este ingreso? El imperio ha instrumentalizado el tráfico de droga y lo ha considerado como un arma de guerra. La utiliza para desmovilizar a poblaciones críticas de su política expansionista y crear justificaciones para reprimir a poblaciones tradicionalmente marginadas como negros latinos e indígenas.

Las drogas son un arma poderosa para la destrucción física, moral, psíquica de la gente. Pasivizando, acallando y controlando a la población. Cuando la lucha del pueblo negro de los EE.UU. por la guerra de Vietnam soplaba fuerte, soltaron la epidemia del LSD, la CIA. Tenía aproximadamente 100 millones de dosis. Cuando necesitó mas, designo a la compañía farmacéutica ELI LILLY para que la surtiera LILLY Bush padre es accionista, producía toneladas de LSD. Hoy día lo hace con Prozac.

Esta misma estrategia la vive América latina, especialmente Sudamérica. Venezuela no es la excepción. Indigentes, niños y jóvenes adictos a las drogas legales e ilegales, son por su poder idiotizante una valiosa herramienta para frenar la lucha y amortiguar la Revolución Bolivariana, que es hoy la opción de vida digna y libre.

Nuestra respuesta tiene que ser total no parcial. La ayuda a estas personas enfermas debe ser integral no disgregada. Necesitamos la ayuda de todos. Solos imposible.


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Raúl Crespo


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