EE.UU busca el control de la ONU y OEA para servir sus propósitos hegemónicos

Multilateralismo a la carte

Mucho se ha criticado el "unilateralismo" de la política exterior estadounidense, cuyo momento estelar se produjo con la invasión y ocupación de Irak sin el consentimiento de la ONU y con el rechazo abrumador de la comunidad internacional. No obstante, si bien es cierto que la política exterior estadounidense está delineada por el "unilateralismo unipolar" que promueve la logia neoconservadora de la administración Bush, existen indicios que hacen suponer un viraje hacia cierto tipo de multilateralismo a la carte que le permita a Estados Unidos llevar a cabo su agenda neoimperialista a través de organismos como la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA) aprovechando su posicionamiento hegemónico en el sistema internacional.

Política y sistema internacional

El "unilateralismo" y "multilateralismo" son conceptos referidos al conjunto de políticas que un estado adopta en el escenario internacional y que bien puede ejecutar a través de los principios y mecanismos establecidos en el derecho internacional público: "multilateralismo", o mediante la voluntad del propio estado sin someterse a restricciones externas: "unilateralismo". Por su parte, el "unipolarismo" y "multipolarismo" son conceptos sistémicos referidos a la distribución del poder en la esfera mundial y que describen un escenario en el que rige la hegemonía absoluta de un solo estado: "sistema unipolar", o donde ningún país ostenta el predominio total sobre las demás naciones: "sistema pluripolar".

El sentido común sugiere que "multilateralismo" y "multipolarismo" son conceptos inseparables. La conglomeración de grandes poderes usualmente se inclina hacia de una política exterior multilateral. Sin embargo, no existe razón para que naciones poderosas en un mundo pluripolar se aboquen necesariamente hacia el multilateralismo, o que la máxima potencia mundial en un mundo unipolar se abstenga de desarrollar una política exterior multilateral.

Multilateralismo pluripolar

Para Europa, el unilateralismo estadounidense es producto del desequilibrio de poder que surgió tras la caída del bloque soviético, por lo que el multilateralismo es necesario para restaurar la distribución de poder, lo cual se expresa en su compromiso a favor de la gobernabilidad del sistema internacional y fortalecimiento de las instituciones multilaterales al servicio de un mundo pluripolar. Precisamente, el reto de Europa, Asia y América Latina ha sido desafiar el sistema unipolar mediante la conformación de bloques políticos y económicos, y utilizando mecanismos multilaterales para promocionar un sistema pluripolar. En este sentido, promotores del "multilateralismo multipolar" como Michael Lind, David Calleo y Charles Kupchan, argumentan que la Unión Europea y China inevitablemente surgirán como potencias mundiales con las cuales Estados Unidos tendrá que trabajar armoniosamente en el marco de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, lo cual además le
permitirá resguardar sus intereses vitales y evitar ser percibido como un país arrogante y rechazado por la comunidad internacional. (Van Oudenaren, Marzo de 2003)

Unilateralismo pluripolar

La escuela realista tradicional representada por autores como John Mearsheimer y el republicano Pat Buchanan, sostiene que el sistema internacional es "inherentemente multipolar", que la hegemonía estadounidense es temporal y que inevitablemente surgirán otras naciones poderosas que le disputaran su predominio mundial, por lo que Estados Unidos deberá abocarse a la formulación de políticas unilaterales tal y como eventualmente lo harán las otras potencias. Buchanan, por ejemplo, argumenta que la multipolaridad es esencial para evitar que Estados Unidos se vea envuelto en disputas internacionales, con lo cual se aseguraría la prominencia de las "raíces unilaterales" que caracterizaron al Estados Unidos del siglo XIX.

Multilateralismo unipolar

La escuela de pensamiento liberal representada por autores como John Ikenberry y Joseph Nye, percibe que el sistema internacional es básicamente unipolar, pero critican la aproximación unilateral de la política exterior de la administración Bush porque socava los intereses estadounidenses. Para ambos ideólogos demócratas, las instituciones internacionales no solo restringen el propio poder de Estados Unidos, sino que "también reducen los incentivos y oportunidades para que potenciales rivales lleguen a desafiar su posición predominante", desalentando así la conformación de "coaliciones hostiles" y perpetuando a Estados Unidos como el único poder mundial. Someterse a las reglas de las instituciones multilaterales es visto por la escuela de pensamiento liberal como una "restricción estratégica" que permitiría resguardar los intereses hegemónicos de Estados Unidos, ya que resultaría menos costoso mantener el orden internacional mediante el consenso que a través de la coerción.

Unilateralismo unipolar

Por su parte, defensores del "unilateralismo unipolar" como Charles Krauthammer y Robert Kagan de la escuela de pensamiento neoconservadora, argumentan que "la distribución de poder en el sistema internacional es esencialmente unipolar" y que Estados Unidos debe desarrollar una política exterior unilateral para "proteger sus intereses y actuar por el bien de la humanidad." Ambos ideólogos de la administración Bush ven al unilateralismo como un mecanismo de "ingeniería social mundial" que permitirá "salir de dictadores en el mundo y promover la diseminación, por la fuerza si fuese necesario, la democracia y el libre mercado" (Van Oudenaren, 2003), mientras que consideran al multilateralismo como una "camisa de fuerza" utilizada por pequeñas naciones para neutralizar el poder de Estados Unidos.

En un revelador ensayo titulado "Democratic Realism: An American Foreign Policy for a Unipolar World" (Febrero de 2004), Krauthammer muestra un enorme desprecio hacia el multilateralismo por haberse convertido después de Vietnam en una "ideología de pasividad, conformidad y anti-intervencionismo reflexivo”, la cual solo considera la fuerza militar en casos de crisis humanitarias pero nunca para proteger al interés nacional, definido por Krauthammer como el poder para delinear el escenario internacional y asegurar los bienes económicos, politos y estratégicos de Estados Unidos. Para Krauthammer, el multilateralismo solo busca reducir la libertad de acción de Estados Unidos, haciéndolo dependiente de la voluntad e intereses de otras naciones que utilizan el multilateralismo para multiplicar su poder y restringir al de la potencia única. En este mismo ensayo, Krauthammer concuerda con la escuela realista en que para transformar una jungla – refiriéndose a la comunidad internacional – en
una "sociedad domestica" se requiere de una autoridad central que sostenga el monopolio del poder, permita aplicar normas y sea capaz de "proteger a la civilización del barbarismo" de manera unilateral y preventiva, "de ser necesario", y además evitar que ese poder omnímodo sea secuestrado por la voluntad de otras naciones. Sin embargo, Krauthammer sostiene que el realismo político está limitado al ejercicio del poder, y que la política exterior estadounidense debe trascender hacia la imposición de valores como parte del interés nacional. En este sentido, Krauthammer presenta al "globalismo democrático", conocido también como "imperialismo democrático" o "hegemonía benevolente" en los círculos neoconservadores, como la alternativa al realismo político que "define el interés nacional en función de valores y no del poder… como expresión de la lucha entre libertad y tiranía, entre el bien y el mal." Aun cuando Krauthammer reconoce que la escuela realista está en lo correcto cuando
propone que Estado Unidos debe "ir por el mundo dándole a los malos por la cabeza de vez en cuando", su propuesta neoconservadora pretende trascender hacia la implementación de "algo orgánico y autosuficiente llamado democracia." No obstante, Krauthammer admite que la decisión sobre donde intervenir militarmente para implantar "democracias" tiene una limitante logística y financiera, por lo que propone concentrar los esfuerzos en "lugares centrales a la guerra contra el enemigo existencial que posa una amenaza mortal a la libertad… donde el derrocamiento del radicalismo y el comienzo de la democracia pueda tener un efecto decisivo en la guerra contra la amenaza global a la libertad… el totalitarismo Árabe-Islámico".

Estados Unidos en la post-guerra fría

El fin del sistema bipolar ocurrido tras el desmembramiento del bloque soviético a principio de los noventa, le proporcionó a Estados Unidos un poder absoluto en el escenario mundial. No obstante, ser la potencia mundial en un sistema ciertamente unipolar no significó la adopción automática de una política unilateral. El gobierno de Bush padre, así como la administración Clinton durante su primer periodo, asumieron cierto tipo de multilateralismo con sus aliados de Europa, Asia y América en el orden económico y de seguridad que le sirvió para resguardar sus intereses hegemónicos. La culminación de las negociaciones para la conformación de la Organización Mundial de Comercio y la ratificación de los acuerdos alcanzados en la Ronda de Uruguay así como la coalición de fuerzas internacionales que expulsaron a Saddam Hussein de Kuwait y la firma del tratado de prohibición de pruebas de armas nucleares, se desarrollaron en el marco de una política multilateral que jamás puso riesgo el
predominio mundial de Estados Unidos. Como bien lo sostiene el analista internacional y ex asesor del Departamento de Estado, John Van Oudenaren (2003), las políticas de Bush padre y Clinton en su primer período "reflejaron la tendencia hacia el multilateralismo al servicio de la unipolaridad."

Sin embargo, durante el segundo mandato de Clinton, el multilateralismo de Washington comenzó a experimentar una creciente competencia por parte de sus mas cercanos aliados, que a través de iniciativas multilaterales junto a organizaciones no gubernamentales y grupos de interés introducían nuevas restricciones a su poder absoluto. Según Van Oudenaren (2003), el momento clave que identifica el cambio del multilateralismo hacia el unilateralismo que la actual administración Bush profundizó con su doctrina de guerra preventiva, fue el proceso que lideró el gobierno canadiense junto a diversos actores internacionales para la firma del tratado de prohibición de minas en diciembre de 1997 sin ofrecer la posibilidad de presentar excepciones o reservas tal y como lo había solicitado Estados Unidos para la península coreana. Lo mismo ocurrió cuando Washington debió firmar el tratado para el establecimiento de la Corte Penal Internacional sin las excepciones que solicitó para los países
miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, provocando así la ira de la derecha reaccionaria estadounidense que vio en estos acuerdos - y en el multilateralismo en general - una forma de restringir el poder absoluto de Estado Unidos. Atrapado entre los principios multilaterales de la política demócrata liberal y la presión de un senado dominado por recalcitrantes republicanos derechistas, el presidente Clinton asumió una política ambigua que por una parte honraba los tratados firmados, pero no tomaba pasos definitivos hacia su implementación. Una vez en la presidencia, Bush hijo abandonó sin vacilación el Protocolo de Kyoto y el tratado que conformaba la Corte Penal Internacional, abocándose hacia una política unilateral que le permitiera resguardar el sistema unipolar mundial tal y como lo indica el "imperialismo democrático" de la ideología neoconservadora, y que llegó a su momento estelar se produjo con la invasión y ocupación de Irak sin el consentimiento de la ONU y con el
rechazo abrumador de la comunidad internacional.

Estados Unidos en la "guerra contra el terrorismo"

Durante sus primeros cuatro años en el poder, la administración Bush persiguió una agenda unilateral que le permitiera acceder libremente los recursos energéticos del planeta y evitar que cualquier otro país emergiera como potencia y desafiara su predominio mundial. Sin embargo, la decisión unilateral de invadir y ocupar Irak produjo una histórica ruptura con países aliados como Alemania, Francia, Canadá y posteriormente España tras la victoria de Rodríguez Zapatero, que en cierta forma contradecía el objetivo hegemónico de imponer los valores neoconservadores como principio rector de la comunidad internacional. Esto obligó a la administración Bush justificar su guerra preventiva llegando incluso a argumentar que la misma había seguido el requerido multilateralismo que exigía Europa. Sin embargo, la ausencia de armas de destrucción masiva en Irak y la demostración de que nunca existió un vinculo entre Saddam Hussein y Al Qaeda, no hizo sino reafirmar la posición de la comunidad
internacional dejando al descubierto las verdaderas intenciones del gobierno estadounidenses con su "defensa preventiva."

Esta nueva realidad política que incluso llegaron a amenazar sus aspiraciones de un segundo mandato presidencial, obligó a la administración Bush replantearse su estrategia de dominación internacional, y manteniendo su fin ulterior de consolidarse como única potencia hegemónica global a través de la imposición de valores, ha apostado a la utilización de mecanismos multilaterales para colocarlos a su servicio y continuar su agenda neoimperialista.

En su Estrategia Nacional de Defensa (Marzo de 2005) recientemente publicada por el Pentágono, la administración Bush reafirma su política neoconservadora al definir a Estados Unidos como indiscutible potencia mundial sin “competidor global” ni una fuerza militar que se le compare, dispuesto a disuadir la competencia militar y retener su poder e influencia en el escenario internacional, lo cual continuará provocando inconformidades, resentimiento y resistencia, así como desafíos por quienes “utilizan la estrategia del débil a través de los foros internacionales, procesos judiciales y terrorismo.” En este sentido, el Pentágono señala que los “arreglos legales” que gobiernan la esfera internacional están caducos y que deberán ser modificados para permitirle a Estado Unidos una mayor flexibilidad operacional que le permita desplegar sus fuerzas militares en épocas de crisis. Aun así, Estados Unidos “tomará en cuenta” las consideraciones que tienen muchos países sobre su "soberanía" y
modificará los actuales arreglos legales bilaterales para desplegar sus fuerzas militares cuando así lo requieran, conducir entrenamientos en su propio territorio, apoyar las fuerzas militares desplegadas en todo el mundo, y “proveer protección legal para nuestro personal a través del Status de Acuerdos de Fuerzas y Protecciones contra las transferencias de personal estadounidense a la Corte Penal Internacional”, evitando así que actuaciones militares tan aberrantes como las ocurridas en las prisiones de Abu Ghraib y Guantánamo, sean procesadas a través de mecanismos multilaterales.

Esta contradicción entre la necesidad de contar con la bendición de organismos multilaterales que de alguna forma legitimen su acción neoimperialista en el escenario mundial, y su total desprecio hacia estos mismos organismos cultivado por la logia neoconservadora de la administración Bush, ha sido resuelta mediante una estrategia que le procure a Washington el control total de estos escenarios a través de un multilateralismo subordinado a sus intereses geopolíticos e ideológicos.

Multilateralismo A la Carte

Diversos ideólogos neoconservadores coinciden en señalar que la política exterior estadounidense está fundamentada en la teoría de la "estabilidad hegemónica", la cual establece que la apertura económica de los Estados surge a partir de la presencia de un poder hegemónico, "un estado dispuesto y capaz de proveerle al mundo la suficiente estabilidad económica y seguridad internacional" de acuerdo al interés nacional. De acuerdo a esta teoría, un declive en el poder hegemónico de Estados Unidos crearía una situación de caos y anarquía proclives a la guerra, por lo que la paz solo se logra manteniendo el predominio de su poder. Consecuentemente, el poder de Estados Unidos no solo serviría a su interés nacional, sino que representaría un elemento positivo para el resto del mundo, que bajo este esquema de dominación, estará mas seguro y será mas prospero. (Kagan, 1998 y Huntington, 1993) Es así como Krauthammer (2004) concluye que "el unilateralismo es el mejor camino hacia el
multilateralismo." Sin embargo, Van Oudenaren (2003) argumenta que el multilateralismo no es un "instrumento neutral" que pueda ser utilizado para cimentar el poder de la única potencia mundial, sino que también está al alcance de las potencias emergentes que lo pueden utilizar para servir a sus propios intereses, pero que existe un momento en la política multilateral unipolar que le permite a la única potencia "delinear los foros multilaterales y normas internacionales de manera que reflejen y ayuden a perpetuar el poder estadounidense." Esto explica el viraje que ha tomado la política exterior estadounidense hacia un multilateralismo a la carte que supone el control de las instituciones internacionales y utilizarlas para consolidar su hegemonía mundial. En este sentido, Estados Unidos apoyará a la ONU y OEA, no para restringirse estratégicamente, como lo proponen los demócratas liberales, sino para que le sirvan a sus propósitos hegemónicos.

11 de Abril en Washington

El 11 de abril de 2005, precisamente a tres años de su participación en el golpe de Estado contra del presidente democráticamente electo de Venezuela, Hugo Chávez, la administración Bush protagonizó una jornada crucial para asumir el control de la ONU y OEA en el marco del multilateralismo a la carte que le permita resguardar su predominio hegemónico mundial.

En la cámara del Senado estadounidense se iniciaban las audiencias para confirmar como embajador de Estados Unidos en la ONU la nominación de John Bolton, un recalcitrante ultraderechista conocido por su siniestro trabajo de apoyo a la contra nicaragüense y mas recientemente por haber acusado al gobierno cubano de desarrollar un programa secreto de armas biológicas y presionar a oficiales de inteligencia para que sus análisis corroboraran la política de línea dura elaborada junto a Otto Reich contra Cuba, Venezuela y Haití, lo cual fue refutado por los expertos Christian Westermann y Fulton T. Armstrong, quienes a cambio recibieron acoso, medias disciplinarias y transferencia a otros departamentos. (The New York Times, 17 de Abril de 2005)

La candidatura de Bolton también ha sido controvertida por su evidente desprecio hacia la ONU. En una entrevista realizada para la Radio Nacional Pública, Bolton manifestó que "si hoy tuviera que reconfigurar el Consejo de Seguridad, lo haría con solo un miembro permanente", refiriéndose a Estados Unidos. No obstante, ha sabido asumir frente al Senado el multilateralismo a la carte que parece delinear la política exterior de Estados Unidos post-invasión a Irak, y ha expresado que la ONU "debe jugar un papel critico que requiere de un liderazgo estadounidense fuerte", que "Estados Unidos esta comprometida con el éxito de la ONU" y que la administración Bush la considera un "componente importante de su diplomacia."

Las palabras de Bolton fueron aplaudidas por el senador republicano Richard Lugar, quien resaltó que su personalidad es lo que necesita la ONU para lograr reformas." (CNN, 11 de Abril de 2005) Sin embargo, el senador demócrata por el estado de Delaware y fuerte opositor a la nominación de Bolton, Joseph R. Biden, manifestó su sorpresa al ver que un candidato que ha manifestado públicamente su animadversión hacia la ONU, tenga ahora tanto intereses por trabajar en su propio seno. (The New York Times, 11 de Abril de 2005)

La Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, le dio respuesta a esta interrogante argumentado que deliberadamente se había escogido a un duro crítico de la ONU para que representara a Estados Unidos debido a que el organismo requiere una reestructuración para sobrevivir, y el uso de un lenguaje duro como el de Bolton es lo que se necesita para el cambio, "y nosotros vamos a cambiarla". Para Rice, la ONU presenta "defectos evidentes" que deben ser solventados, y "no podrá sobrevivir como una fuerza vital en la política internacional sino se reforma… si no reforma sus organizaciones, su secretaria, sus practicas administrativas…", y en este sentido, Bolton representa "una fuerza para lo que siempre ha necesitado la ONU: el liderazgo estadounidense para actualizar, reformar y fortalecer esta gran institución," (The New York Times, 15 de Abril de 2005) o en otras palabras, para trasformarla en un apéndice del Departamento de Estado norteamericano.

Empate en la OEA

Muy cerca del Senado estadounidense, en Salón de las Américas, las naciones del continente americano se prestaban a elegir al nuevo Secretario General de la OEA, cuyo control por parte de Estados Unidos es clave para sus aspiraciones hegemónicas sobre América Latina y el Caribe. La administración Bush ha manifestado que la OEA debe ser el escenario de una política multilateral que promueva la democracia representativa, el libre comercio y la constitución de "buenos gobiernos" a través de la reformulación y aplicación de la Carta Democrática Interamericana "sin excepción", una intervención más directa de las misiones electorales, el avance del ALCA y la modernización de la Junta Interamericana de Defensa y Colegio de Defensa para adecuarlos a la "guerra contra el terrorismo". Es por ello que la elección de un Secretario General subordinado a los designios de Washington es condición necesaria para la consecución de su agenda neoimperialista.

Por recomendación de la logia anticastrista de la administración Bush liderada por Otto Reich y Roger Noriega, la administración Bush ofreció su apoyo al ex presidente salvadoreño, Francisco Flores, conocido en Venezuela por su respaldo al golpe de Estado del 11 de abril y por su cercana amistad con el presidente Bush: "He tenido algunos honores en mi vida, pero ninguno tan alto como el que el Presidente Bush me llame su amigo." El apoyo estadounidense a Flores fue además un gesto de retribución al gobierno salvadoreño por ser el único del hemisferio en acatar el llamado de Washington a expresarse públicamente contra Venezuela, por enviar soldados salvadoreños a Irak, y por su disposición de presentar periódicamente acusaciones contra Cuba en la Asamblea General de la ONU, por lo que una victoria de Flores le aseguraría a la administración Bush suficiente control sobre la OEA para tratar de convertirla en un instrumento intervencionista en América Latina y el Caribe.

No obstante, Flores despertó un enorme rechazo por parte de la comunidad latinoamericana y caribeña, y solo consiguió el apoyo de El Salvador, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, República Dominicana y Estados Unidos. Por su parte, el candidato mexicano, Luis Ernesto Derbez, solo llego a contar con el apoyo de México, Canadá, Belice, St. Vincent, Honduras y Bolivia, mientras que el candidato chileno, José Miguel Insulza, tenia asegurado los votos de Venezuela, Uruguay, Brasil, Argentina, Ecuador, la propia Chile y los países que integran la Comunidad del Caribe, CARICOM, según habían anunciado previamente. (La Nación, de Abril de 2005) Ante la eventual victoria de Insulza, Chile realizó un intenso trabajo diplomático para asegurar una "lucha limpia" y evitar que la administración Bush entorpeciera la victoria del candidato chileno, lo cual habría sido aceptado por el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Roger Noriega, el embajador ante la OEA, John Maisto, y
la propia Secretaria de Estado, Condoleezza Rice. (El Mercurio, 2 de Abril de 2005) Sin embargo, las maniobras de Estados Unidos para obstaculizar la elección de Insulza no se hicieron esperar. Además del intenso lobby del que fueron objeto los países del Caribe para que se inclinaran a favor de Flores, el subsecretario de Seguridad Nacional, Asa Hutchinson, anunció en Surinam que Estados Unidos se comprometía a destinar 1.6 millones de dólares a la CARICOM para "expandir la coordinación contra el terrorismo", mientras que el infausto Noriega, exhortaba públicamente a los países del Caribe a que apoyaran la candidatura del ex presidente salvadoreño.

A escasos días de la elección, el canciller chileno, Ignacio Walker, anunció que Insulza contaba con al menos 19 votos, uno mas que lo necesario para alzarse con la victoria, mientras que Flores y Derbez juntos no llegaban a los 14 votos. No obstante, el voto en la Asamblea General de la OEA es secreto, por lo que cada país no tendría que votar necesariamente por el candidato a quien haya manifestado su apoyo, tal y como ocurrió en la elección de 1994 cuando el canciller de Costa Rica, Bernd Niehaus, recibió el apoyo de 19 países pero sucumbió ante Cesar Gaviria, quien con el apabullante despliegue diplomático de Washington, logró movilizar 20 votos a última hora. Esto explica la razón por la cual Estados Unidos haya pedido "mas tiempo" para que los países pudieran analizar concienzudamente las candidaturas (EFE, 18 de Febrero de 2005), aun cuando en diciembre pasado se manifestara a favor de adelantar la elección del Secretario General para impedir que el candidato chileno
continuara sumando votos. A raíz de la muerte del Papa Juan Pablo II, el Consejo Permanente de la OEA, presidido por el embajador estadounidense, Luigi R. Einaudi, aplazó por una semana la elección del nuevo secretario general, mientras que Noriega sostenía reuniones de última hora a "puerta cerrada" con los embajadores representantes de los países del Caribe (La Jornada, 5 de Abril de 2005) con el objeto de salvar la candidatura de Flores, y con ella su estrategia neoimperialista en América Latina y el Caribe.

En ese momento se especuló mucho sobre la renuncia de Derbez a cambio de la presidencia del BID o FMI (IEI, 18 de Febrero de 2005), pero quien finalmente tranzó su postulación fue el propio Flores debido a la "falta de apoyo". Este fracaso político por parte de un gobierno que históricamente había jugado "a ganador", siempre invicto, obligó la movilización del Departamento de Estado para que intensificara el lobby y forzara la balanza a favor del candidato mexicano. Finalmente las presiones de Washington provocaron un empate entre ambos Insulza y Derbez. Así se desprende de las declaraciones de Insulza cuando aseguró que los países de suramérica y el Caribe habían resistido "enormes presiones" para que cambiaran su voto a favor del candidato Derbez. (La Jornada / La Nación, 11 de Abril de 2005)

Reflexionando sobre la jornada del 11 de abril en entrevista con el diario La Tercera de Chile (16 de Abril de 2005), Insulza manifiesta que en un escenario de tres candidatos, su opción seguramente hubiese alcanzado el primer lugar con 15, 16 o 17 votos, y que la norma diplomática le hubiera dado la mayoría en la segunda vuelta. Sin embargo, la renuncia de Flores cambió el escenario y "gran parte de los que habían apoyado a Flores estaban ya haciendo campaña activa por Derbez." Insulza incluso reconoce que Estados Unidos "optó por otro candidato porque no podía correr el riesgo de perder. No es que haya bajado a Flores, sino que estuvo de acuerdo en que se retirara, porque se dio cuenta de que no iba a ser elegido."

A pesar de la diplomacia mostrada por los embajadores de la OEA que evitan atribuir el empate entre Insulza y Derbez a una confrontación geopolítica, es evidente la división política que existe entre la visión neoconservadora que pretende una OEA al servicio de Estados Unidos para perpetuar su hegemonía sobre la región, y la propuesta progresista de un importante bloque de países latinoamericanos y caribeños que como bien lo ha expresado el presidente chileno Ricardo Lagos, desea una OEA "que sirva más a cada uno de los países de América Latina… contribuya a crear reglas justas que permitan a todas las economías insertarse de manera adecuada en un mundo globalizado… [y que permita] fortalecer la multilateralidad como mecanismo para competir en igualdad de condiciones." (La Nación, 13 de Abril de 2005)

Es decir, la antítesis del multilateralismo a la carte.

Referencias

Charles Krauthammer (Febrero de 2004) "Democratic Realism: An American Foreign Policy for a Unipolar World," American Enterprise Institute. http://www.semp.us/biots/biot_141.html

Ethan Barnaby Kapstein (1992) "The Political Economy of National Security: A Global Perspective," McGraw-Hill, New York.

G. John Ikenberry (2000) "After Victory: Institutions, Strategic Restraint, and the Rebuilding of Order after Major Wars," Princenton University Press. http://www.pupress.princeton.edu/titles/6981.html

John Van Oudenaren (Marzo de 2003) "Unipolar Versus Unilateral," Policy Review 117. http://www.policyreview.org/apr04/oudenaren.html

Jim Lobe (11 de Marzo de 2005) "Bush's Unipolar World View Re-Affirmed," Inter-Press Service. http://gnn.tv/headlines/1376/Bush_s_Unipolar_World_View_Re_Affirmed

Robert Kagan (1998) “The Benevolent Empire,” Foreign Policy, No. 96.

Samuel Huntington (1993) “Why International Primacy Matters,” International Security, Vol. 17, No. 4.

US Department of State (Marzo de 2005) "The National Defense Strategy of The United States of America," Firmado por Donald H. Rumsfeld, Secretario de Defensa.


(*)Internacionalista


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Antonio G. García Danglades(*)


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