La Cumbre Bicentenaria y la independencia de Puerto Rico

El inicio de la segunda década del siglo XX y tercer milenio de la Era Cristina, encuentra a los pueblos de América Latina y el Caribe en un esperanzador proceso de cambios y de búsquedas que toma como referencia las bases históricas del nacimiento de nuestros pueblos, la construcción de sus naciones y la edificación de las formas republicanas y democráticas liberales de gobierno y, se alimenta, de viejas y nuevas utopías y procesos históricos experimentados por la Humanidad en los últimos 200 años, que se exponen como alternativas necesarias ante la temprana decrepitud de sistema Capitalista agotados en medio de sus naturales contradicciones y convertido en una amenaza real a la sobrevivencia de la Humanidad y de su hermoso planeta Azul, dada su voluntad de sostener su debilitada hegemonía..

Destaca en este escenario la confluencia de voluntades diversas y hasta contradictorias entre corrientes, burguesas, populares, nacionalistas y socialistas gobernantes en los diversos país de Nuestra América, acerca de la necesidad histórica impostergable de avanzar en un proceso de integración y unificación que convierta, una región territorial unificada por sus profundas raíces en su origen político y cultural común, en un espacio unitario de Estados y Naciones convertidos en un Polo de Poder que equilibre el inestable Poder Mundial surgido de la desaparición de la URSS y permita a esta pujante región cumplir un papel positivo para el desarrollo armonioso de las relaciones internacionales y favorecer el mejoramiento de las condiciones, calidad y esperanza de vida de latinoamericanos y caribeños.

El nacimiento de la Comunidad Suramericana de Naciones, la consolidación del Mercosur como posibilidad unificadora de las economías de Suramérica y el Acuerdo de Cancún que convoca a la reunión bicentenaria del 5 de julio de 2.011, en Caracas, para echar las bases de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, son parte de un movimiento histórico irreversible cuyos tiempos, velocidades y logros estarán determinados por diversas variables regionales y mundiales, pero que lucen como tendencia histórica irrefrenable de los nuevos tiempos de nuestra América y el resto del planeta.

Para América Latina, sin embargo, ese proceso tiene un débito histórico que forma parte de una responsabilidad que durante 200 años no se ha querido, sabido o podido cumplir y que, en las presentes circunstancias históricas de integración y unificación de nuestros pueblos, no se podría soslayar: la Soberanía e Independencia de Puerto Rico, sometida al dominio colonial y la represión de los Estados Unidos de América.

Con base los Cartas Fundacionales de la ONU y la OEA, a los Acuerdos de la Asamblea General de las ONU sobre los pueblos sometidos a régimen colonial, a las decisiones del Comité de Descolonización ONU sobre la situación colonial de Puerto Rico, la decisión del Movimiento de Países No Alineados de otorgarle Estatuto de Observador a una representación del pueblo de Puerto Rico y, a las mismas Constituciones de los Estados de América Latina y el Caribe que afirman el Derecho de los Pueblos a la Independencia y a la Autodeterminación, debería incluirse el tema de Puerto Rico en la agenda de la Cumbre Bicentenaria de Jefas y Jefes de Estados y de Gobiernos de América Latina y el Caribe.

Pero, no solo debe incluirse este tema en la agenda de la Cumbre de Caracas: Puerto Rico debería ser invitado a estar presente en esa Cumbre, mediante una delegación plural y altamente representativa de políticos, académicos, intelectuales, artistas y líderes comunitarios residentes en Borinquen y en la Diáspora puertoriqueña, incluso de “estatistas” honestos que, con el espíritu y las ideas legadas por Hostos, Alvizu Campos, Lolita Lebrón y Filiberto Ojeda, reclamen y defiendan su derecho a formar parte de la Comunidad de Estados, Pueblos y Naciones de América Latina y el Caribe.

Es necesario romper la inercia histórica de la situación colonial de Puerto Rico y ella solo será posible con la más amplia unidad del pueblo borinquen y el apoyo de los Estados y pueblos de Nuestra América y, para ello, no se debe existir dudas, que el momento coyuntural histórico de ese proceso, es y debe ser: la Cumbre Bicentenaria del 5 de julio, en la ciudad de Caracas. "O inventamos o erramos". Simón Rodriguez".


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Yoel Pérez Marcano


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