Credibilidad costosa





El ejercicio del periodismo no dejar de ser noticia. Les comenté la semana pasada que sólo unas 1.500 personas asistieron a la marcha de la oposición en “defensa de la libertad de expresión”, en momentos en que el “régimen” “arremete” contra los periodistas y los pone presos, lo cual es síntoma de que algo está pasando. No han vuelto las numerosas marchas de “con mis medios no te metas”, que fueron tan efectivas, para lograr la movilización de los contrarios al Gobierno.

Y es que la comunicación social en Venezuela es una “materia” que ocupa bastante “espacio” en la cotidianidad. Es usual oír hablar a la gente sobre las cualidades o defectos de tal o cual periodista o periódico. Lo sucedido en abril de 2002 convirtió a los venezolanos en “expertos” en comunicación social. La “realidad” fue doble. A los chavistas se les intentó callar y a la oposición se le hizo creer que los chavistas de verdad callaron. La máxima más extendida en la oposición y que aun perdura: no hubo manifestaciones populares a favor del Gobierno, todo lo hicieron los militares que son los que quitan y ponen Presidentes en este país.

La credibilidad pues, de medios y periodistas, anda de capa caída. Nunca como ahora las políticas editoriales “revelan” la ideología de los lectores. Y de los periodistas. Si usted es funcionario público y anda con un Nacional bajo el brazo, la gente lo mira feo. Y si se come un cachito en una panadería del Este leyendo Vea, ya verá lo que le dicen. Dime cuál diario lees y te diré quién eres.

La confrontación política, que tuvo su clímax con el Golpe de Estado de Abril de 2002, “visualizó” a los medios alternativos y comunitarios, que fueron claves para la movilización popular esos días. El complejo proceso que vive nuestro país desde 1998 ha colocado a los medios alternativos en la difícil situación de ser alternativos y diferenciarse de los grandes medios de comunicación, teniendo que coincidir con el discurso “oficial”.

Tal ha sido su auge, que el Ministerio de Comunicación e Información creo el Premio Nacional de Comunicación Alternativa. Eso, para reconocer el trabajo periodístico y comunicacional de quienes no son miembros del Colegio Nacional de Periodistas.

Ese “choque comunicacional” ha provocado, entre otras cosas, que algunos piensen que todo lo alternativo es bueno, justo, equilibrado y verdadero. Y todo lo que se escribe la “gran prensa” es asqueroso, manipulado, mentiroso y difamatorio.

Y es que cuando escuché a una señora decirle desde lo más profundo de sus entrañas, a Rafael Fuenmayor, de Globovisión, “malditos periodistas”, sentí escalofrío. Su rostro franco, avejentado, su rostro de pueblo harto, me golpeó en la cara. Su sinceridad es la prueba de cuanto hemos errado. Para que en un venezolano se entere de lo que pasó de verdad con un hecho en particular tiene que leer las versiones de El Nacional, Vea y Ultimas Noticias y Aporrea sacar una media, dividir entre cuatro y encomendarse a Dios. Y a Globovisión que ni lo consulte.

Tal es el drama al que nos enfrentamos. Pueblo y periodistas. No creo que ese drama le afecte especialmente el humor o la conciencia a Marcel Granier. Necesario es reconocer que los periodistas tomaron partido. Se “rayaron” al informar según la línea editorial de sus jefes. El 13 de abril de 2002 el periodismo venezolano quedó desnudo, vulnerable, inseguro y expuesto casi a cualquier intemperancia verbal del harto pueblo llano. Costará recuperar la credibilidad perdida.

*Periodista



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Mercedes Chacín


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