La Crisis del Capitalismo y otras Crisis

Ninguna de las acepciones lexicográficas del artículo “crisis” se refieren al acabose del capitalismo. En los momentos actuales los politólogos, los pseudorrevolucionarios, los ignaros y demás parlanchines mediáticos del mundo burgués y de Cuba hablan de “crisis” del capitalismo con la errónea y falaz intención de referirse a la hora cero de este sistema. Tratan de motivar a los indecisos e ignaros para que crean que al Capitalismo le llegó “su sábado”.

Nada más falso. Eso no ocurre ni siquiera con la llamada “crisis general del capitalismo” mientras no haya un verdadero y generalizado desprecio hacia el salario como forma de pago al trabajador. Sin embargo, ciertamente este sistema de producción sufre crisis periódicas de cada una de las cuales sale con más fuerzas cada vez, con más experiencia social y con un mayor arremetimiento contra las banderas socialistas.

A estas banderas las ha ido deshilachando una a una. Acabó con el ensayo más importante de Socialismo a gran escala. Así fue, acabó con la URSS, nacida a raíz de la crisis general del capitalismo fascista europeo que originó la 2da. Guerra Mundial. Mantiene un cerco económico y mediático contra Cuba, y, lo más relevante, actualmente usa las banderas socialistas humanistas como expresión de revolución, como si con semejante “socialismo” se pudiera ir reemplazando a un capitalismo que hoy por hoy luce más gobernante de la situación mundial que durante todos sus dos siglos precedentes.

El caso curioso es que el capitalismo lucha contra un enemigo que no guarda secretos ni estrategias ni planes en su antagonismo contra aquel, mientras este siempre tiene cartas bien guardadas y no precisamente debajo de la manga. El capitalismo no necesita espías ni contraespías: la asequible y abierta literatura marxista se hace cargo de enterarlo de cada una de aquellas, le desbroza el camino para ir aplastando con éxito cada una de las acciones que los líderes socialistas vayan emprendiendo con reiterado fracaso.

Por ejemplo, las cruentas masacres y saqueos que la alta burguesía mundial practica en Afganistán, en Irak y ahora en Palestina en convivencia con la intermediación de sus títeres, como los militares israelitas, ofrecen una prueba fehaciente de cómo las grandes potencias capitalistas siguen despachándose y dándose el vuelto. No puede ser de otra manera cuando la “crítica del capitalismo” realizada por Karl Marx y el resto de su equipo de científicos y colaboradores de la segunda mitad del siglo XIX se ha convertido en una poderosa arma profiláctica defensiva para un sistema que paradójicamente sabe más de socialismo que de capitalismo.

Organismos de relativa confianza para la conservación de la paz y el logro de justos arreglos internacionales entre países fuertes y p. débiles como la ONU, la OEA, La Cruz Roja, son hoy unas instituciones desvergonzadas que sólo sirven para albergar un simple parasitismo burocrático que ni siquiera logra aparentar para qué fueron fundados.

Las otras crisis son permanentes e ínsitas al sistema capitalista. Tal es el caso de las crisis confrontadas semanal, quincenal, mensual y anualmente por los trabajadores burgueses. Estas personas sólo cuentan con un salario mezquinado y amputado durante el año, al final del cual los patronos les liquidan una parte de los salarios implícitamente retenidos para que sus explotados puedan renovar ciertas mercancías duraderas. Y al final de sus días, ya deshechos y jubilables, a los trabajadores burgueses se les liquida las llamadas Prestaciones Sociales con la cuales, asimiladas a capital, el patrono se ha lucrado contratando más trabajadores, más materias primas y al propio jubilable.

Otras crisis son las de los gobiernos demócratas burgueses. Cada día van perdiendo credibilidad y cada vez más el Estado debe recurrir a llamados y a estrategias populistas tendentes al apaciguamiento de las eclosiones sociales que las crisis de los trabajadores van generando sin solución de continuidad. Esta crisis estatal es tan notoria que instituciones religiosas con más de 100 años de alejamiento político están retomando el poder. En Venezuela lo hacen con una abierta injerencia mediática en asuntos políticos para los que no están facultados, y ya otros países están recurriendo a ministros para el ejercicio de la Primera Jefatura. Tal es el caso de Paraguay.

De manera que las crisis son mayormente de los trabajadores sin que estos desaparezcan como asalariados, y del Estado como institución, mientras el sistema capitalismo sólo confronta desajustes de mercado, en la colocación de su capital e inestabilidad en una tasa de ganancia media que si baja aquí crece allá, pero al final y macroeconómicamente sale robustecido.


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Manuel C. Martínez M.


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