Costa Rica, ¿de verdad, no tiene Ejército Nacional?




Al antepenúltimo (?) “mayordomo mayor” de ese “megahotel” adecuado para terceretarios en su mayoría de origen norteamericanos y filonorteamericanos, galardonado también con otro más Nobel de la “Paz” [1], un premio que a estas alturas se halla suficientemente tan prostituido por la burguesía que quien, ante la disyuntiva de salir de abajo con un buen billete verdinegriblancuzco e idiotizarse como agente de los intereses de la clase explotadora más aberrante formada en este planeta, o cargarse[2] de civilizada dignidad humana, particularmente cuando ya se halle cargado de canas, arrugas y pliegues in crescendo, a este excelentísimo “supramayordomo”, se dice por allí, le tocaría hacer el gesto más genuflexo, más traicionero a los valores patrios correspondientes que se haya realizado como manifestación de máximo entreguismo de soberanía nacional, esto es: haber aceptado prescindir 100% de un ejército nacional propio con lo cual minimizó las necesidades presupuestarias nacionales impuestas por los organismos financieros transnacionales, y delegó abiertamente la defensa nacional en manos extranjeras, una verdadera suerte de mercenarismo binacional.

El argumento esgrimido por conseja de los mismos avasalladores debió ser que con el Ejército de EEUU bastaría y sobraría para custodiar y resguardar los intereses de sus preciados y connacionales huéspedes, y de esa forma, muy razonablemente, evitar posibles actos de conjura contra alguno de sus ciudadanos yanquis y/o yanquiófilos.

[1] Léase paz burguesa y excluyentista.
[2] Léase bien: cargarse, no defecarse.


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Manuel C. Martínez


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