Ucrania: El imperialismo ruso como una "amenaza de la zona próxima"

El 25 de mayo Ucrania eligió al nuevo presidente Petro Poroshenko quien fue apoyado por el 54,70% de los votantes. Su rival principal, la ex primer ministra Yulia Timoshenko, con un 12,81% de votos, salió segunda.

La contundente victoria de un liberal moderado, un representante de la gran burguesía nacional Petro Poroshenko fue previsible y natural. La anexión de Crimea por los rusos y la guerra civil en el Sureste de Ucrania desatada con un respaldo activo del Kremlin, en ausencia de una seria alternativa política, no le dieron muchas variantes a elegir al pueblo ucraniano que tuvo que apoyar a un representante de la clase gobernante orientado a una asociación con la Unión Europea. De este modo, Ucrania, renunciando al “mundo viejo”, optó geopolítica- y civilizatoriamente por un desarrollo en el marco europeo. Ya el 27 de mayo el ministro interino de asuntos exteriores Andrey Deschitsia les comunicó a los periodistas que los documentos sobre la salida de Ucrania de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) ya se están tramitando por la Rada Suprema. Esencialmente, esto significa el fracaso de los planes geopolíticos de Vladimir Putin relacionados con la constitución de la Unión Eurasiática de las antiguas repúblicas soviéticas lo que, según él, "le daría a Rusia una oportunidad de convertirse en un polo de influencia global más".

El Imperio de Putin sin Kiev, "la madre de las ciudades rusas”, sin 45 millones de habitantes de Ucrania, es una miserable parodia al renacimiento de la “Gran Rusia”. Ya en el año 1997 Zbigniew Brzezinski escribió: “Sin Ucrania, Rusia deja de ser un imperio, mientras que con Ucrania, sobornada y posteriormente subordinada, Rusia se convierte automáticamente en una gran potencia mundial…” (“Gran tablero de ajedrez”).

El establecimiento de control sobre Kiev y el retorno de Ucrania al seno de la Unión Euroasiática tiene importancia estratégica para sus intentos de materializar las ilusiones imperiales y ambiciones de los políticos del kremlin los cuales, sin duda alguna, emprenderán todo lo posible para una revancha en el combate contra las nuevas autoridades de Kiev.

Los mitos del Kremlin sobre el Sector Derecho y "la junta fascista de Kiev"

Las elecciones presidenciales hicieron claramente evidente la despreciable popularidad del Sector Derecho (PS) en Ucrania y el ranking cada vez más bajo del partido nacionalista “Svoboda” (“Libertad”). El líder del Sector Derecho Dmytro Yarosh (0,70%) y el presidente del partido “Svoboda” Oleh Tiahnibok (1,16%) entre los dos reunieron menos votos que el presidente del Congreso Judío Panucraniano Vadim Rabinovich (2,25%). Los candidatos del Sector Derecho no entraron en el Consejo Municipal de Kiev, mientras que el partido “Svoboda” superó la barrera del 3% con tan sólo 6,45%.  Las cifras hablan por sí solas. Es bastante compararlas con los resultados de las campañas electorales en los países de la UE para entender lo ficticio, y a veces lo absurdo de los clichés propagandistas dirigidas a Ucrania.

 

 

De este modo, los mitos ampliamente difundidos por la propaganda rusa sobre el Maidán ultra derechista, el creciente rol de los nazis del Sector Derecho y de la "junta fascista que arbitrariamente usurpó el poder en Kiev han sido desmentidos sin piedad por la misma vida.

De hecho, ¿de qué “nazismo” se puede hablar en un país donde la pertenencia étnica de los que están ahora en el poder representa prácticamente a todos los pueblos que habitan en el mismo? ¿De qué fascismo de Maidán charlatanean los famosos portavoces de la propaganda del Kremlin Boris Kagarlitski (“Rabkor”) y Serguey Kirichuk (“Borotba”), si fue los militantes de Maidán quienes, rechazando de modo perentorio el culto del caudillo único a favor de los principios de una democracia directa, liberó Ucrania de la dictadura del clan familiar del presidente Vyktor Yanukovych? ¿Dónde están los síntomas clásicos del Estado fascista en la nueva Ucrania? ¿De qué “junta fascista” se trata? ¿Quién se beneficia de la activa nivelación del mismo concepto de fascismo, además de los mismos fascistas y sus cómplices? ¿O el fascismo es la opción europea de Ucrania que salva el país del deslizamiento al hormiguero totalitario del régimen putinista?

Diría que la pestilencia fascista anida precisamente en el Kremlin que aspira a establecer el Nuevo Orden Ruso en el espacio postsoviético y a convertirse en un centro de influencia global más. No en vano los derechistas de la UE apoyan al régimen putinista admirando al presidente de Rusia. "El presidente Putin es un patriota. Se cuida de la soberanía de su pueblo. Sabe bien que nosotros compartimos con él los mismos valores", dijo Marine Le Pen en la entrevista al diario austriaco Kurier. “¡Rusia con Putin! ¡Putin lleva la razón!”, “¿Quién si no es Putin?”, “¡Mis hijos necesitan a Putin!”, les hacen coro a los derechistas europeos los patriotas nacionalistas rusos en las manifestaciones oficiales en apoyo a la política del Kremlin.

El mitin de los nazistas rusos en Moscú en la Plaza Manézhnaya

 

La formula de Hitler: “Un Pueblo, Un Imperio, Un Caudillo” hoy en día se ajusta bastante bien a la psicosis masiva de admiración del caudillo del Kremlin que se ha apoderado de Rusia después de los Juego Olímpicos en Sochi y la anexión de Crimea.

Las ideas del “Universo Ruso” cultivadas por la propaganda del Kremlin, están impregnadas de la locura del chovinismo jingoísta y del fundamentalismo ortodoxo, de la tenebrosidad del paneslavismo y de distintas formas de xenofobia. Ya en el año 1930 León Trotski predijo prodigiosamente las peculiaridades específicas del futuro poder ruso en el caso de la restauración del capitalismo: “La restauración del capitalismo en Rusia sería un cultivo químicamente puro de “compradorismo” ruso, con “premisas políticas y jurídicas" tipo Denikin-Chiang Kai-shek. Naturalmente, esto combinado con el concurso de “Dios” y “un envoltorio eslavo", es de­cir, con todo lo que se necesita para salvar el “alma” del asesino.” ("¿Hacia el capitalismo o hacia el socialismo?”)

El imperialismo ruso como una "amenaza de la zona próxima"

La anexión de Crimea desempeñó el papel de un potente catalizador de una exaltación prorrusa en las regiones rusoparlantes de Ucrania. Los funcionarios y los oligarcas de las provincias de Donetsk y Luhansk quienes antes, cuando Vyktor Yanukovych, le dictaban su voluntad a todo el país, se han manifestado abiertamente en contra de las nuevas autoridades de Kiev, apoyados por una considerable parte de la población local. Es difícil sobreestimar el papel del Kremlin en la instigación de la guerra civil en el Sureste de Ucrania. La ayuda militar y el respaldo mediático de las “regiones rebeldes” son obvios y se registran por todas partes. El arsenal combativo de los "rebeldes" incluye las más avanzadas armas automáticas, lanzagranadas, lanzaminas, sistemas portátiles de defensa aérea, vehículos blindados de combate, municiones de guerra, equipos de comunicación, etc.  Centenares de mercenarios armados rusos cruzan con regularidad la frontera ucraniana sin  reacción alguna de parte de las tropas de la defensa de fronteras de la Federación de Rusia. El Ejército Ortodoxo Ruso y las tropas de las “milicias” los encabezan los oficiales profesionales de reserva de Rusia. Entre los caciques de las autoproclamadas “repúblicas populares” de Donetsk y Luhansk hay numerosos tecnólogos políticos que son ciudadanos de Rusia. En las ciudades rusas funcionan abiertamente los puntos de reclutamiento de los mercenarios que quieren combatir en Ucrania. 

Los guerreros Ejército Ortodoxo Ruso en Donetsk

A pesar de la agresión disimulada rusa, las nuevas autoridades de Kiev también son responsables por las muertes de los civiles en el Sureste del país. La reanudación de la operación antiterrorista enseguida después de la elección de Petro Poroshenko a la presidencia del Estado fue obviamente un paso erróneo, si no criminal del nuevo poder. Todos intentos de solucionar los problemas del Sureste en vía armada sin duda alguna traerán nuevas víctimas entre la población civil, lo que seguramente ampliará la base social de protesta y provocará retos letales para la recién surgida democracia ucraniana. La continuación de la operación antiterrorista puede convertir Ucrania en un escenario más para el conflicto geopolítico entre Rusia y los Estados Unidos. Y si Moscú está interesada en el desarrollo de la guerra civil en el territorio ucraniano, Washington provocará indudablemente una escalada del conflicto armado entre Rusia y Ucrania. La expansión de las esferas de influencia de la OTAN es una tarea estratégica de la Alianza y del Departamento de Estado de los EE.UU.

A pesar de una actitud extremadamente negativa hacia la política exterior de los yanquis, hay que entender que precisamente el imperialismo ruso basado en un chovinismo de tipo jingoísta constituye hoy en día la amenaza principal de exterminación del Estado independiente de Ucrania. El Kremlin es una “amenaza de zona próxima”, la amenaza número 1. Y cuanto más claro sea el carácter verdadero de las ambiciones imperialistas de Vladimir Putin, tantos más ucranianos demandarán la presencia de las tropas de la OTAN en su territorio, considerando la Alianza del Atlántico Norte no sólo como aliado militar y político de Ucrania, sino, además, como un defensor de la agresión rusa. Esta es la realidad que debe ser reconocida y no ocultada tras los lemas altisonantes de la lucha contra la hegemonía global de los EE.UU. que de ningún modo anula los planes del imperialismo ruso. Cuanto más agresiva sea la política de Rusia, tanto más inclinada será la política de Ucrania hacia la UE, EE.UU. y OTAN. La lógica es obvia.

La declaración antimilitar del Movimiento Socialista Ruso define bastante claramente los objetivos del Kremlin: “Al anexionar Crimea, dando respaldo a los movimientos de separatistas radicales del Sureste, enviando a Ucrania armas y a los mercenarios ultrarreaccionarios, alimentando las ilusiones de cierta parte de la población de las provincias de Donetsk y Luhansk de que sus problemas puedan ser solucionadas en conformidad con el esquema de Crimea, el régimen putinista persigue los objetivos que no tienen nada que ver con la protección de la población rusoparlante.

Estos objetivos son: la retención del Estado ucraniano dentro de la esfera de influencia de Rusia o su división, la protección de los intereses de los grupos oligárquicos rusos y asociados con Rusia, la influencia ideológica sobre su propia población, el divertimiento de la atención de los trabajadores de los problemas sociales, económicos y políticos con una crisis cada vez más profunda en el fondo." {0>http://anticapitalist.ru/analiz/v_mire/trebuem_mira!_zayavlenie_rossijskogo_soczialisticheskogo_dvizheniya_o_vojne_v_ukraine.html#.U6FZSXaxvlw<}0{>http://anticapitalist.ru/analiz/v_mire/trebuem_mira!_zayavlenie_rossijskogo_soczialisticheskogo_dvizheniya_o_vojne_v_ukraine.html#.U6FZSXaxvlw

Interpretar Rusia como un aliado en la lucha contra los EE.UU. o, viceversa, significa dar su apoyo a uno de los imperialismos: ruso o norteamericano.  Lo que es para nada admisible para todo revolucionario u organización revolucionaria.

"La Primavera Rusa”: una mentira de los estalinistas

A pesar de la evidencia de la “guerra híbrida” desatada por Rusia contra Ucrania, los líderes de tales organizaciones políticas como “Borotba”, “LIVA” y “Rabkor”, esforzándose en el “flanco izquierdista” de la propaganda imperialista del Kremlin, tratan de representar los acontecimientos en el Sureste como una tal “Primavera Rusa”, una “revolución proletaria”, un análogo histórico de la Comuna de Paris. Especulando en las muertes y en las tragedias humanas, tergiversando voluntariamente los hechos y los acontecimientos, dando por realidad los datos no probados y sus invenciones, los estalinistas actuales siguen siendo fieles a sus métodos y principios jesuitas, excitando intencionadamente las discordias entre etnias, sembrando el terror y el odio, provocando la violencia y la guerra fratricida.

"Por eso no hay mayor crimen que engañar a las masas, que hacer pasar las derrotas por victorias, a los amigos por enemigos, que corromper a los jefes, que fabricar leyendas, que montar procesos falsos, en una palabra, que hacer lo que hacen los estalinistas.”  (León Trotski, “Su moral y la nuestra”))

Sin embargo, por mucho que la propaganda del Kremlin y sus cómplices mentirosos se esfuercen por disimular la esencia de clases de lo que ocurre en el Sureste, ésta parece obvia. El liderazgo en el “movimiento rebelde” les pertenece a los nazis y a los fundamentalistas religiosos rusos. El Ejército Ortodoxo Ruso y la Constitución de la República Popular de Donetsk son unas pruebas clásicas de las ideas del fascismo imperialista, clericalismo ortodoxo y capitalismo criminal. Las autoridades supremas de las "repúblicas” autoproclamadas están formadas de los ciudadanos de Rusia y Ucrania que son conocidos por sus concepciones chovinistas. En el lado de los “rebeldes” combaten los representantes de las organizaciones ultraderechistas no sólo de Rusia, sino de otros países del mundo. Junto con los cosacos rusos guerrean los chetniks serbios, y a finales de mayo a Donetsk llegaron los milicianos de la organización ultraderechista polaca Falanga que antes defendía en Siria el régimen de Bashar Asad.

Los estalinistas de Borotba y los nazistas rusos juntos

La habitual alianza histórica de los estalinistas, fascistas y fundamentalistas religiosos ya es un hecho, esta vez, a base de la "cuestión ucraniana". La aspiración a la materialización del modelo totalitario del poder de Estado y un pensamiento imperialista los unen bajo cualquier lema o bandera.

“Los partidarios de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Luhansk constituyen un conjunto de las juntas militares derechistas que están en malas relaciones entre sí.   Los territorios controlados por ellos no gozan de los derechos y libertades propios para el resto de Ucrania. En este territorio son imposibles todas manifestaciones políticas; los militantes obreros que criticaban la República Popular de Donetsk se secuestraban y se torturaban.  Si este régimen sobrevive, la clase obrera será privada de cualquier posibilidad de proteger sus derechos legalmente. El único formato posible de la actividad de los izquierdistas en estas “repúblicas” es una adoración ritual de los símbolos soviéticos que no tiene nada que ver con los intereses de los trabajadores.

Los regímenes reaccionarios de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Luhansk no están interesados en la pacificación, ya que su objetivo consiste en la ulterior escalada del conflicto lo que es confirmado por las declaraciones de sus líderes que prometen “llegar hasta Kharkiv”, “llegar hasta Kiev”, “llegar hasta Lviv”." (¡Guerra a la guerra! La izquierda y los anarquistas sobre el conflicto en Ucrania, 17.06.2014) http://avtonomia.net/2014/06/17/vojna-vojne-zayavlenie-levyh-i-anarhistov-po-povodu-protivostoyaniya-v-ukraine-2/#sign

La actitud de los trabajadores del Sureste respecto a la situación corriente está muy bien descrita en la proclamación antimilitar de la Oposición Izquierdista de Ucrania: “No es secreto alguno el que los trabajadores organizados hasta hoy día apenas han tomado parte en los acontecimientos en esta región industrial. Al mismo tiempo, si las organizaciones obreras se atrevían a tomar la situación bajo su control (como fue, por ejemplo, en la ciudad de Krasnodon de la provincia de Luhansk), los participantes de las huelgas patrullaban la ciudad y prevenía cualquier violencia durante las huelgas. Los sindicatos independientes de Krivói Rog tienen experiencia de formación de sus propios destacamentos de autodefensa que desempeñaron un papel importante en la prevención de las provocaciones y violencia durante las protestas en los Maidanes de Kryvbas. En nuestra opinión, el cumplimiento con los acuerdos pactados entre las partes del conflicto en Donbas podría ser garantizado precisamente por los representantes de las organizaciones sindicales, las cuales, por una parte, no dependen de los oligarcas propietarios de las empresas, por otra parte, se distancian claramente de las organizaciones nacionalistas radicales, tanto rusas, como ucranianas." {0>http://openleft.ru/?p=3178<}0{>http://openleft.ru/?p=3178

El pasado no tiene futuro

A pesar de un alto nivel de lumpenización y criminalización del Sureste, los obreros y los sindicatos, sin duda alguna, representan una fuerza capaz de parar el derramamiento de sangre y estabilizar la situación. No obstante, esto es impracticable sin una organización política común y sin la unidad de acciones. Actualmente, el peso político de las ideas izquierdistas en los países de la antigua URSS prácticamente equivale a cero. Y esto a pesar de que la agenda social se hace cada vez más palpitante y vital a medida que progresen las reformas neoliberales en el espacio postsoviético. La causa principal de la debilidad de las organizaciones políticas del ala izquierda es el pasado estalinista que ha desconceptuado y tergiversado el concepto del socialismo en la conciencia de las masas. Cuanto antes el movimiento izquierdista se libere del legado estalinista con todos sus adeptos y atributos, tanto más alta es la probabilidad de la constitución en un futuro inmediato de una unida organización militante que funcione con eficacia tanto a nivel nacional como internacional. No debamos tener miedo de las fracciones y disensiones de las actitudes hacia la revolución ucraniana: es un proceso sano de refinación de las viejas organizaciones y de la fundación de unas nuevas. El pasado no tiene futuro como no lo tiene el que trata de vivir este pasado en el presente.

Como consecuencia de la revolución de liberación nacional, en Ucrania han surgido condiciones para una participación activa de las organizaciones izquierdistas en la lucha política. Sin embargo, tomando en consideración los síntomas de resurgimiento del parlamentarismo y pluripartidismo, al igual que la tolerancia de las nuevas autoridades en las cuestiones étnicas, raciales y culturales, no nos dejemos seducir por las perspectivas de la democracia liberal. No debemos acaricias ilusiones con respecto a la clase gobernante. La activación de la operación antiterrorista enseguida después de las elecciones presidenciales sólo confirma la amenaza para el pueblo que es propia de cualquier poder oligárquico. La situación puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. La historia conoce muchos ejemplos cuando la burguesía nacional, al triunfar, creaba regímenes políticos mucho más reaccionarios que la opresión colonial.

Pero nosotros creemos que el pueblo ucraniano es un pueblo cuya historia tiene unas profundas tradiciones revolucionarias. Hoy en día, los ucranianos están armados con una valiosa experiencia del Maidán, una experiencia de democracia directa que derrocó al régimen títere prorruso. Una experiencia que le dio a Ucrania una oportunidad de optar independientemente por un lado opuesto al pasado estalinista e imperialista.

¡Por una Ucrania libre!

¡Por el triunfo de la Revolución Ucraniana!

¡No a la guerra!



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