Declaraciones del Canciller argentino

Las acrobacias del Sr Timerman

Ante todo, corresponde saludar la iniciativa de esta página, que informó y puso en debate el gravísimo hecho revelado por un espasmo verbal del canciller argentino Héctor Timerman: la existencia de una Academia que continúa la labor criminal de la Escuela de las Américas. Bienvenido un intercambio sin prejuicios ni límites, sin rodeos para describir y analizar los hechos, sobre este tema de tanta trascendencia: la continuada injerencia estadounidense en las fuerzas armadas y policiales de América Latina.

La Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley (ILEA), creada, dirigida y financiada por el gobierno de Estados Unidos en 2005 por el entonces presidente William Clinton, funciona en El Salvador y allí reciben instrucción policías y militares de una serie de países suramericanos.
Timerman creyó estar dando un golpe a un posible rival electoral de su gobierno, el ultraderechista jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. Supo que la policía local de la Capital argentina estaba recibiendo cursos en la ILEA y sin demora hizo la denuncia.
Apenas pasaron horas antes de que un funcionario de Macri denunciara en durísimos términos a Timerman y explicara, en defensa de los principios de su gobierno, que la policía de la provincia de Buenos Aires utilizaba igualmente esos cursos, gracias a la generosa invitación de la embajada estadounidense en Argentina. En cuestión de minutos se difundió que también la Policía Federal, bajo el mando del ministro de Interior y del jefe de Gabinete, utilizaban los servicios de esa Academia. La ex ministra de Defensa, Nilda Garré, actual ministra de Seguridad, involuntariamente involucrada en el escándalo, con prudencia cuestionó sólo el derecho de un jefe comunal a efectuar esos movimientos, guardando silencio sobre el asunto en cuestión. Pronto se vio por qué: la derecha aprovechó la situación para regodearse e informar que también el Ejército argentino envía oficiales a recibir esa instrucción, durante la gestión de Garré en Defensa.
De esta manera el canciller puso al gobierno ante una muy difícil situación, tanto más gravosa cuando se está en los prolegómenos de una elección presidencial.

Revelación de injerencia imperial

Hay muchos ángulos para considerar esta inesperada revelación. Ante todo, claro está, el hecho de que los enormes avances realizados por América Latina en convergencia objetivamente confrontada con la estrategia imperialista, no hayan todavía alcanzado para que los gobiernos del área acaben con esa escandalosa injerencia estadounidense en un tema crucial, como es la educación ideológica y técnica de oficiales militares y policiales. La Escuela de las Américas fue una fábrica de torturadores, asesinos y dictadores. Nadie podría negar con responsabilidad que esta inversión del Departamento de Estado es un instrumento entre los muchos que articula tras el objetivo de lanzar un contraataque estratégico y detener la revolución en marcha, con eje suramericano en Venezuela, Bolivia y Ecuador.
Luego, no es de menor significación que la ILEA tenga su sede en El Salvador, precisamente una de las víctimas más sufridas de las atrocidades yanquis, no obstante lo cual logró sacudirse la dictadura, vencer al régimen pseudodemocrático de ultraderecha y finalmente, mediante una coalición encabezada por el FMLN y un presidente sin partido, acceder al palacio de gobierno.
No hace falta decir que este tema debería ocupar un lugar central en las próximas reunión de Unasur, con el preciso objetivo de cerrar definitivamente ese antro imperialista. El Alba, por su parte, ha discutido y puesto en marcha un propósito machacado por Evo Morales: la necesidad de tener una doctrina militar propia y los medios necesarios para formar la oficialidad.
Hay otro costado, sin embargo, que merece especial atención: ¿quién es Timerman? ¿un valiente defensor de la democracia? ¿un luchador antimperialista?
Basta recordar algunas líneas de su currículum. A la sombra de su padre, en 1976 Timerman inició su carrera periodística dirigiendo un efímero diario, creado al exclusivo efecto de preparar la llegada y luego defender a la dictadura militar. "La Tarde" sirvió para mostrar, además de las nulas condiciones profesionales del actual canciller, su ideología política: en esas páginas, a la vez que defendía el régimen terrorista de la junta militar, atacaba al "extremismo", a la "subversión" y a los "sediciosos".
Luego, siempre guiado por los avatares de su padre, que de defensor de la dictadura pasaría a ser una de las víctimas, Timerman se radicó en Estados Unidos. A la vuelta de muchos años, volvería a Washington como cónsul del gobierno de Néstor Kirchner y luego embajador de Cristina Fernández, desde junio de 2010.

Definiciones inequívocas

Para que no quedaran dudas respecto de sus concepciones, ya como canciller Timerman declaraba: "La primera vez que entré en el edificio del Departamento de Estado fue para pedir asilo, por eso conozco bien lo que este país hace en defensa de los derechos humanos. Es algo que nunca debemos olvidar".
Sería un exceso reproducir citas de Timerman contra Cuba y, más tarde, contra la Revolución Bolivariana. Siempre desde la defensa de esa ideología que pone en el sistema estadounidense el ejemplo de la democracia y el respeto por los derechos humanos. Es útil sin embargo marcar un matiz en ese corpus conceptual respecto de sus admirados Demócratas estadounidenses: Timerman encastra allí desde perspectiva sionista, la cerrada defensa del criminal régimen israelí y el alineamiento incondicional con Washington contra los pueblos árabes e Irán. Quien quiera detalles de esta línea de conducta puede revisar la colección del semanario Debate, propiedad de Timerman e inicialmente dirigido por él, editado desde hace varios años en Buenos Aires. A todo esto suma Timerman un talante ajeno no ya al esperable en quien debe articular la política externa de un país, sino simplemente a la de una persona seria.
Resulta inverosímil que un individuo con estos rasgos sea canciller de Argentina. De hecho, más parece un caballo de Troya, aunque las manifestaciones de su intelecto y su estilo sobreactuado de típico "chanta" porteño lo asemejen más a un tonel vacío. Fue una sorpresa amarga para buena parte de quienes integran el equipo gubernamental enterarse de que, inopinadamente, Timerman pasaba de la embajada argentina en Washington a la Cancillería, donde en pocos meses acabó con todos quienes, a sus ojos, eran sospechados de representar posiciones progresistas, latinoamericanistas o antisionistas.

La ambición del canciller

¿Por qué con estos antecedentes Timerman apeló a este tema para atacar a Macri y luego fue deslizándose de modo incontrolable hasta chocar de frente con Estados Unidos?
El segundo paso es difícil explicarlo a lectores que desconozcan al personaje, siquiera por haberlo escuchado dos minutos en una entrevista radial. Cuando se ha tenido esa experiencia, resulta obvio que el canciller obró como lo haría cualquiera de esos prototipos de "cancherito porteño", que entabla una discusión en un Bar y de pronto se ve envuelto en una pelea a trompadas. Poca duda cabe de que Timerman actuará como su alter ego en estos casos: retrocederá, sin dejar de gritar, para eludir las consecuencias de alarde.
Ahora bien: la verdadera cuestión es la causa que movió al canciller a semejante gaffe. La respuesta es simple: forma parte de una táctica general del oficialismo, utilizada a su antojo y supuestamente en su propio beneficio por Timerman: prender la luz de giro a izquierda para preparar un volantazo a derecha.
Dada la realidad social y política argentina, el elenco gobernante, basado en un partido de derecha y corrupto como pocos, requiere presentarse al electorado como alternativa progresista frente a una oposición cavernícola e igualmente corrupta. El tema de los derechos humanos ha sido el palo mayor de esa navegación a vela en medio de la tormenta. Fue, es y seguirá siendo utilizado -sin límites de moral y vergüenza- para manipular a buena parte del electorado, atenazado por la falta de opción.
En ese contexto, Timerman hizo su propia jugada, con un objetivo preciso, como saben muy bien los restantes ministros del gabinete, alarmados ahora por los resultados de su facundia: ganar puntos para ocupar el cargo de vicepresidente de Cristina Fernández en las elecciones del 23 de octubre. Fiel a su estilo, el canciller permitió vislumbrar sus cartas cuando ante el féretro de Néstor Kirchner, dio una entrevista a CNN para anunciar que su viuda sería la candidata a presidente.
Ése es el motor que catapultó a Timerman. Pero no es una decisión solitaria. El gobierno de Israel quiere pasar del control de la cancillería a la vicepresidencia. Allí las necesidades coinciden con las de la Casa Blanca, pero si para alcanzar el objetivo es necesario dar un codazo, poco importa. Es lo habitual en estos casos.
Dado los primeros efectos de la maniobra, es probable que el resultado sea el inverso al buscado por su autor. En todo caso, es de esperar que el pueblo argentino no permita que se juegue con los derechos humanos y la eventual crítica a Estados Unidos para obtener su voto.

Buenos Aires, 8/2/11



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