Universidad, Clase Media y Lucha de Clases

No me sorprende en lo más mínimo la conducta de sectores universitarios públicos y privados con relación a la propuesta de enmienda que va a ser consultada democráticamente a través de un referendo, en febrero próximo. No puede atraparnos cualquier artimaña ni sorprendernos, a quienes estamos del lado revolucionario, de lo que esa caterva es capaz de hacer. Estamos en una lucha de clases, y sólo de esta manera podemos y debemos pensarlo.

Llamo la atención con este punto de vista, porque parece que no queremos entender el papel que juegan las universidades dentro de este proceso de construcción del socialismo y es necesario para intentar comprender el presente remontarnos a los inicios. Las actuales instituciones venezolanas son hijas del petróleo, y en especial nuestras universidades. La explotación petrolera trajo consigo procesos ineludibles. La transformación económica de una dinámica agraria a una dinámica minero exportadora, que constituyó la economía de puertos, con el consecuente saldo urbanizador y distribuidor de la población en la zona centro norte costera, que permitió afianzar el modelo capitalista dependiente que todavía padecemos. La politización creciente de grandes masas poblacionales bajo la égida de los partidos políticos, afianzada bajo el esquema perverso de la representatividad que subsumió la participación popular. Migraciones de europeos, especialmente italianos, españoles y portugueses que constituyeron parte de la mano de obra calificada a quienes este pueblo le tendió la mano. La secularización de costumbres, de pautas de comportamiento, de valores que desplazaron conocimientos ancestrales; aspectos de vida colectivos, cooperativos y solidarios, por una creciente ética individualista; de preeminente imposición de la libertad sobre la igualdad, del consumo sobre la necesidad y de la propiedad privada sobre otras formas de pertenencias conocidas y practicadas ancestralmente.

El ascenso o movilidad social, fue un proceso a través del cual se buscaba mejorar las condiciones de vida, y fue la educación la forma expedita de lograrlo. El sistema educativo permitía dar el paso necesario hacia el bienestar, pero sólo un paso. Los sectores sociales populares en situación de pobreza o no, podían alcanzar otro estatus, dependía de la amplitud o estrechez de su intento, y convertirse en clase media, en una de sus acepciones: alta, media-media o baja. Conversión que podía implicar vender el alma al diablo. El sistema educativo venezolano fue eficaz, logró sus objetivos alienantes. Las universidades venezolanas históricas autónomas y experimentales, públicas y privadas, sin excepción; se convirtieron en el santuario de esta nueva clase emergente, que a través de la titularización indiscriminada, consolidaron estratos profesionales altamente explotadores, dependientes e individualistas. La universidad venezolana –de la cual formo parte- esconde detrás de una maraña curricular y burocrática mitos sociales orientados al consumo desmedido, a la acción competitiva, al racismo, a la preeminencia de lo urbano sobre lo rural, a la media tinta, al mínimo esfuerzo, a creencias que postulan la superioridad de los sectores medios sobre los sectores populares, a la desvalorización de la complementariedad del trabajo físico por el trabajo intelectual entre otros ejemplos de negación de la igualdad social y de la democracia popular por la imposición de las elites.

Ciertamente, la definición de clase media reviste cierta complejidad metodológica, que no se aclara solamente con el conocimiento de los niveles de ingreso, su profesionalización, su lugar de residencia, sus hábitos y su forma de hablar. Hallamos similitudes de conciencia de clase en quienes confiesan estar en la revolución y en la oposición; pero conformémonos por el momento con analizar sus representantes vulgares y caractericemos sus interpelaciones, sus conductas disociadas, y sus estereotipos. Relacionen lo que dicen y hacen los rectores y demás autoridades universitarias de la UCV, LUZ, ULA, UPEL, UNESR, USB, USM, UCAB; por citar sólo algunas de una larga lista de instituciones públicas y privadas y encontraremos analogías, razonamientos y decisiones semejantes. Comparemos la postura ideológica del grueso de los profesores de estas instituciones y no encontraremos razones para creer que el pensamiento y la acción revolucionaria están en sus bases. Revisemos la formación social de sus estudiantes y no nos sorprenderá encontrar una suerte de analfabetismo político e informativo. Evaluemos sus diseños curriculares y ratifiquemos hacia adonde apuntan.

Mea Culpa - Desde una postura crítica, no pretendo esconder los esfuerzos que sectores importantes de la universidad histórica venezolana realizan para la construcción de la Revolución Bolivariana, como tampoco descalificar los bríos de ciertos sectores medios. Pero no es suficiente. Creo que el verdadero empuje revolucionario debe originarse de los sectores populares organizados, obreros, campesinos, indígenas constituidos junto a sus líderes orgánicos. Con las evidencias de los últimos sucesos acaecidos en Caracas, han sido las organizaciones populares quienes han enfrentado a estos guarimberos. Esperemos que las organizaciones revolucionarias comprendan la importancia de la conformación de la conciencia necesaria, que permitan esfuerzos mancomunados para la construcción del socialismo. Simón Rodríguez expresaba lo siguiente con relación a la formación de ciudadanos y con quien debería emprenderse la escuela social necesaria: “Si Usted desea como lo creo… que mi trabajo y los gastos no se pierdan, emprenda su escuela con Indios!!! (…) de BLANQUITOS! Poco, o nada podrá Usted esperar.”

(*)Sociólogo Pedro José Fuentes Villegas.

escarandy@hotmail.com



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