Una nueva forma de hablarle al hemisferio

Si los años ochenta, fueron los de la década perdida; los años noventa, fueron los de una década de esperanzas inalcanzadas, de promesas incumplidas; pero, fueron, por otro lado, ante el agotamiento de los partidos políticos y los regímenes partidocráticos, años en que surgieron en el hemisferio, y en Venezuela de manera particular, nuevos movimientos sociales, nuevos actores políticos, exigiendo respeto a la dignidad y sus derechos como ser humano, exigiendo ser tomados en cuenta y su participación en la toma de decisiones. Las clases dominantes y las cúpulas gobernantes creyeron que con las promesas neoliberales y con la profundización de la relación clientelar, podían satisfacer las demandas de dichos movimientos sociales.

De nuevo se equivocaron. Los niveles de injusticias sociales alcanzaron niveles catastróficos. La frase de que América se había africanizado, se hizo común en muchos analistas.

Durante la Tercera Cumbre de las Américas realizada entre el 20 y 22 de abril de 2001, en Quebec, Canadá, los Jefes de Estado y de Gobierno "renovaron su compromiso con la integración hemisférica y la responsabilidad nacional y colectiva a fin de mejorar el bienestar económico y la seguridad de nuestros pueblos".

Reiteraron, de igual manera, su compromiso y adhesión a los principios y propósitos de las Cartas de las Naciones Unidas (ONU) y de la Organización de Estados Americanos (OEA). Colocaron, durante sus deliberaciones, un mayor acento al "análisis y evaluación" de la democracia en el hemisferio.

En tal sentido, reconocieron que "los valores y prácticas de la democracia son fundamentales para avanzar en el logro de todos nuestros objetivos. El mantenimiento y fortalecimiento del Estado de Derecho y el respeto estricto al sistema democrático son, al mismo tiempo, un propósito y un compromiso compartido, así como una condición esencial de nuestra presencia en ésta y en futuras cumbres…"

Establecieron en el texto de la Declaración de Quebec, lo que comúnmente se conoce como la "Cláusula Democrática". Evidentes eran las "amenazas" que rodeaban en ese entonces, y rodean aún hoy, al "sistema democrático hemisférico".

Ante tal situación, los Jefes de estado y de Gobierno, resolvieron que era necesario "mejorar nuestra capacidad de respuesta a estas amenazas, instruimos a nuestros Ministros de Relaciones Exteriores que, en el marco de la próxima Asamblea General de la OEA, preparen una Carta Democrática Interamericana que refuerce los instrumentos de la OEA para la defensa activa de la democracia representativa".

A partir de Quebec, no tenemos la menor duda, se "dividieron las aguas" en la agenda hemisférica. División que tuvo como punto de partida el hecho de que la Delegación de la República Bolivariana de Venezuela, presentó su reserva a los párrafos 1 y 6 de la mencionada Declaración de Quebec.

Afirmó Venezuela, entonces, que deseaba: "... reservar su posición acerca de los párrafos 1 y 6 de la Declaración de Quebec, por cuanto a juicio de nuestro Gobierno la democracia debe ser entendida en su sentido más amplio, y no únicamente en su carácter representativo. Entendemos que el ejercicio democrático abarca además la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones y en la gestión de gobierno, con miras a la construcción diaria de un proceso dirigido al desarrollo integral de la sociedad. Por ello el gobierno de Venezuela hubiese preferido y así se solicitó en esta Cumbre que , en el texto de la Declaración quedase reflejado expresamente el carácter participativo de la democracia.

La Delegación de Venezuela actuaba en correspondencia con los principios filosóficos y políticos que dan fundamentación política a la Constitución Bolivariana. En ella están establecidos los elementos básicos que pueden garantizar un adecuado equilibrio en el ejercicio de la función pública, postulados que constituyen referencias medulares para los que soñamos edificar sistemas democráticos como forma de vida, como ejercicio de justicia social y como perspectiva humanística para el presente y el futuro.

Y, es que el Gobierno Revolucionario Bolivariano de Venezuela, presidido por Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro, le asignan a la democracia un carácter que trasciende lo meramente político. Para nosotros la democracia es una cultura construida por los pueblos. Es una forma de vida. Es por ello, que la construcción de un verdadero sistema democrático es un ideario. Es un proceso en el cual se fraguan los mejores destinos. Inspira las luchas de pueblos que buscan la paz, la justicia, la igualdad y la libertad en el continente y el mundo.

La democracia es, entonces, una utopía posible. Su verdadero sentido es hacer realidad las esperanzas de nuestros pueblos. Y, para hacerla realidad, se requiere de una gran imaginación creadora, de una inteligencia que no se coloque, ni le coloquen, más limitaciones que las que la ética impone para el respeto del otro. Vivimos con, para y entre otros seres humanos que tienen las mismas expectativas, esperanzas, sueños y necesidades que tiene cada uno de nosotros. Aprender a vivir y convivir en tan complejo universo, como lo es el humano, respetando y sintiéndose respetado, es la razón primera de una verdadera conducta ética. Ella es, por tanto, el principal imponderable que debe superar la edificación de una verdadera democracia.

La crítica de Venezuela a la definición de la democracia hemisférica como democracia representativa, no era entonces una simple irreverencia. Es una crítica basada en principios.

Si bien es cierto que ésta contiene elementos sin cuya existencia no puede haber democracia, como lo son: la alternabilidad en el poder, el pluralismo político, el respeto a la diversidad cultural y la elección de los gobernantes mediante el voto popular. No es menos cierto –asimismo- que la democracia de este tiempo requiere de nuevos fundamentos para ser realidad.

Para que un sistema sea verdaderamente democrático debe –y tiene que- estar íntimamente asociada al desarrollo económico, social y cultural de los pueblos; debe garantizar a los seres humanos condiciones espirituales y materiales de vida indispensables para el logro de su felicidad. Elementos estos que no garantiza ni provee la democracia representativa.

La democracia representativa tampoco permite una verdadera participación de la ciudadanía; carencia que constituye una poderosa razón que demuestra su obsolescencia. Demostrado está que, entre los principios fundamentales que dan legitimidad al sistema democrático, reside en la participación permanente del pueblo en el proceso de toma de decisiones, tanto en las instituciones públicas, como en las diversas formas de organización social.

Principios estos que determinaron la propuesta del presidente Hugo Chávez al plantear -en la Cumbre de Quebec- la necesidad de establecer un binomio indisoluble entre representación y participación, como soportes de la democracia, toda vez que ambas categorías son complementarias y no excluyentes.

En esa Tercera Cumbre de las Américas el Presidente Hugo Chávez, con la mayor dignidad, inspirado en el compromiso empeñado con nuestros padres libertadores plasmados en la Constitución Bolivariana, le dijo -a los demás mandatarios del hemisferio-, que Venezuela no podía acoger en su totalidad la Declaración de Quebec, ya que, algunos de sus textos, eran contradictorios con nuestros principios constitucionales; y, porque el nuestro era un gobierno radicalmente contrario a los postulados neoliberales plasmados en dicha Declaración.

Les hizo saber a los demás Jefes de Estado y de Gobierno en Quebec, que Venezuela denunciaba al Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), como un proyecto neoliberal. Era la primera Cumbre de las Américas en la cual Venezuela presentaba una visión distinta, mostramos nuestro compromiso con una nueva forma de concebir las relaciones internacionales; hacíamos de la sinceridad y el respeto principios básicos, para edificar una relación de amistad sincera. Algunos, equivocadamente, creyeron que era una posición circunstancial, no entendían que nuestra irreverencia era un cuestionamiento profundo, "raizal", a la forma como venía imponiéndose el neoliberalismo, en el hemisferio.

El esfuerzo no fue en vano, los resultados estaban a la vista. A partir de entonces, el tema social y el de la democracia participativa aparecía en todos los instrumentos hemisféricos que se aprobaban. La reserva de Venezuela al ALCA fue, igualmente, colocada como una razón de principio.

Y tenía que serlo porque, para la Revolución Bolivariana la globalización neoliberal es negadora de una verdadera democracia y de la relación fraterna que debe existir entre los pueblos del mundo.

Entre el 12 y el 13 de enero de 2004 se realizó la Primera Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas en Monterrey, México. Allí se suscribió la Declaración de Nuevo León.

Al hacer el análisis de ese documento uno encuentra, que están plasmados en él, un conjunto de conceptos que permiten afirmar que se había producido un importante avance en la redefinición de los temas que debían ocupar la agenda hemisférica.

Mientras en Quebec, el tema fundamental fue la gobernabilidad democrática; en Monterrey, habría de serlo el tema social. En el Preámbulo de la declaración de Nuevo León nos encontramos que -en los tres párrafos que lo conforman-, los Jefes de Estado y de Gobierno, dicen que el propósito "es avanzar en la instrumentación de medidas para combatir la pobreza, promover el desarrollo social, lograr un crecimiento económico con equidad y reforzar la gobernabilidad de nuestras democracias. Con una visión renovada y fortalecida de la cooperación, la solidaridad y la integración, haremos frente a los continuos y crecientes retos del Hemisferio…".

Asimismo, afirman que "... el bienestar de nuestros pueblos requiere el logro de tres objetivos estrechamente vinculados e interdependientes: crecimiento económico con equidad para reducir la pobreza, desarrollo social y gobernabilidad democrática".

Ahora bien, si se analiza en detalle este último párrafo, nos encontramos con que no existe ninguna referencia a la democracia representativa, definición que ha sido convertida, en una suerte de principio bíblico, inalterable, inmodificable, por algunos estados en el seno de la OEA. De manera contraria a como venía ocurriendo, se hacen varias referencias a la participación ciudadana, como elemento fundamental de la democracia.

Aún más, algo que resulta bien interesante, es que, por vez primera, en las Declaraciones de las Cumbres de las Américas, los Jefes de Estado y de Gobierno reconocen -de manera expresa- que: "La justicia social y la reducción de la pobreza contribuyen a la estabilidad, la democracia y la seguridad de nuestros Estados y de la región. Reiteramos que entre las principales causas de inestabilidad en la región se encuentran la pobreza, la desigualdad y la exclusión social, que debemos enfrentar en forma integral y urgente".

A partir de entonces, la voz y la presencia de Venezuela serán distintas, se nos escuchara. En América ya no se discutirá solo lo que Estados Unidos quiera. Los diferentes tipos de democracia; la justicia social; la lucha contra la pobreza; la defensa de los derechos humanos, el reconocimiento de los derechos sociales, económicos y culturales como derechos humanos; el desarrollo como desarrollo humano integral; la soberanía, el derecho de los pueblos a su libre determinación, el derecho de los pueblos a decidir su propio modelo de desarrollo y su propia forma de gobierno; la solidaridad, la cooperación y la complementariedad como principios fundamentales de la integración hemisférica, fueron -entre otros- temas que Venezuela posicionó en la agenda hemisférica.

Ello molesto al gobierno estadounidense. Molestia que se agrando y los sacó de sus cabales ante la derrota sufrida en la Quinta Cumbre de las Américas, celebrada en Mar del Plata, Argentina, año 2005, en donde el ALCA fue rechazada por la mayoría de los países del hemisferio. Allí se enterró al neoliberalismo como único modelo de desarrollo.

Convencido, el gobierno estadounidense, de la amplia legitimidad del gobierno venezolano, diseño una estrategia que lo presentara en el hemisferio, y ante los demás países del mundo, como un gobierno ilegitimo. En función de ello, quiso convertir la Carta Democrática Interamericana en el instrumento a través del cual podía darle sustentación procedimental a dicha pretensión.

En tan desmedida ambición, planteo en la OEA, la conformación de una Comisión de Monitoreo y Evaluación de las democracias en el hemisferio, organismo a través del cual se produciría un intervencionismo encubierto, de nuestros estados. El mismo fue el tema central del proyecto de declaración de la Asamblea General de la OEA, del año 2005, realizada en Fort Lauderdale, Florida. Después de un largo y profundo debate, en el cual la delegación venezolana lideró la oposición a la misma, los países del hemisferio rechazaron las pretensiones intervencionistas de EEUU.

El que Venezuela hubiese logrado que en la OEA se le otorgara a los derechos económicos, sociales y culturales una dimensión igual que a los políticos y civiles como derechos humanos; y que se aprobara La Carta Social de las Américas encontraron de parte del gobierno estadounidense, la más férrea oposición. Para ellos, sólo los derechos civiles y políticos son derechos humanos.

En la OEA, hablar de la justicia social, del crecimiento económico con equidad, de la lucha contra la pobreza, de la solidaridad, de la cooperación, de la corresponsabilidad, del reconocimiento de los valores culturales de los pueblos originarios, entre otros, eran temas excluidos de su agenda. Venezuela, con abnegada perseverancia, logró incorporarlos. La Carta Social de las Américas es el resultado de ese esfuerzo.

El que la República Bolivariana de Venezuela hubiese logrado el apoyo mayoritario de los países del hemisferio, y que en las asambleas generales de la OEA realizadas en 2003 en Santiago de Chile y 2007 en Panamá, donde resultaran electos como miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), candidatos propuestos por el gobierno venezolano, los irritaba in extremus, el águila imperial sentía que perdía en su vuelo el dominio de su espacio creído eterno.

Pues bien, estos hechos, sumados a la firme decisión del gobierno revolucionario de Venezuela de construir un nuevo modelo de sociedad socialista, su lucha frontal y permanente contra el capitalismo neoliberal, su firme decisión de contribuir en la conformación de un mundo multipolar, son, entre muchas otras, razones por las cuales los gobiernos estadounidenses se han empeñado en derrocar al gobierno revolucionario de Venezuela.

 

Notas y comentarios:

*Este texto forma parte del 3er. Capítulo de un libro que titulamos: ¿A quién nos enfrentamos? La agresión imperial contra Venezuela. A la espera de su publicación.

Tercera Cumbre de las América, Quebec, Canadá, 20 al 22 de abril de 2001.

2 Idem.

3 Idem.

4 C/F. Declaración de Monterrey. Primera Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas celebrada en Monterrey, Nuevo León, México. 12 y 13 de enero de 2004.

5 Idem.

6 Idem.



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Nelson Pineda Prada

*Profesor Titular de la Universidad de Los Andes. Historiador. Dr. en Estudios del Desarrollo. Ex-Embajador en Paraguay, la OEA y Costa Rica.

 npinedaprada@gmail.com

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