Del neoclasismo al ¿anarco-capitalismo?

La primera vez que escuche el término anarco-capitalismo, me quede extraño. Supuse que era un eufemismo para designar conductas neoliberales extremas. Estaba en lo cierto. El término iba más allá del simple discurso. Me impresiono que tal tendencia tomara cuerpo en las reflexiones económicas de la elite dominante. Se centra en la imperiosa necesidad de limitar reducir y destruir el estado, privatizándolo todo. Y quede impresionado al descubrir que uno de sus líderes propulsores era David Friedman, el ¡hijo de Milton! Me acorde de aquel viejo dicho de la sabiduría popular de hijo de gato caza ratón. Nada más cierto.

Pero de donde proviene tal aberración (no David, sino la teoría). Comencé por ubicarla conceptualmente. En los grandes centros de producción del saber económico, especialmente las grandes universidades que nutren de especialistas organismos internacionales como el FMI o el BM, es el paradigma neoclásico el dominante. Este modelo es el que ha sustentado el modo capitalista de producción. Al estudiar con detenimiento sus postulados y compararlos con la realidad mundial actual, se llega a la primera conclusión; el modelo niega la crisis sistémica como una entidad real, es por ello que no hay propuestas desde esta perspectiva que solucionen realmente la crisis capitalista actual. Hay un profundo desfase entre la lógica económica que sustenta el modelo y la ideología política que lo propulsa. Para el paradigma neoclásico la crisis es producto de “perturbaciones” de desaciertos de actores, de excesos externos. Nunca de contradicciones (profundas) del modelo. Y en la mayoría de los casos se culpa al estado interventor en el mercado.

El neoclasicismo tiene numerosas propuestas explicativas. Uno de los más populares él es el que privilegia la “acumulación de capital humano”, que en última instancia promueve la privatización total de la educación y niega la tecnología como bien público. Pero en un escenario de crisis capitalista generalizada, alguna de las voces más agoreras del modelo ha impulsado una “tibia” intervención del estado en ciertos aspectos del mercado. En otras palabras comienzan aparecer discursos pseudos progresistas, cuya mayor debilidad es suponer que el sector público puede funcionar bajo las leyes del mercado. Algo parecido a aquellas anacrónicas tesis cepalistas que se basaban en el desarrollo a partir de una “burguesía nacional” que dirigiría un capitalismo nacional que correspondiera a intereses nacionales.

Es evidente la crisis que vive actualmente el sistema capitalista mas allá de los matices con los cuales se quiera presentar. El fracaso del modelo se expresa en que no ha sido posible atender las necesidades que le brindan bienestar material y espiritual para tener una vida digna en su medio a la mayoría de la población a pesar de la gran cantidad de recursos que maneja. La revolución bolivariana ha buscado llevar adelante un verdadero plan e inversión de la renta petrolera para hacer que dichos ingresos puedan traducirse en una justa distribución partiendo de una máxima del socialismo bolivariano “a cada quien según sus necesidades y de cada quien según sus capacidades”. Por tanto, se busca que la renta pueda ser distribuida de forma equitativa entre los diversos grupos sociales que existen en la sociedad venezolana, reduciendo los índices de pobreza y la concentración del ingreso en los grupos económicos que históricamente han dilapidado la riqueza nacional

Se ha optado por una política que además de reducir la pobreza, busca convertir a los individuos de consumidores a ciudadanos, en actores sociales productivos y en promotores de proyectos de toda índole. Es importante entonces que el gobierno bolivariano y revolucionario se inserte en la dinámica económica para corregir ciertas fallas estructurales. En la actualidad la economía nacional está expuesta a la competencia internacional, es por ello que se debe proteger los sectores más débiles de nuestras cadenas productivas para poderlos hacer competitivos. Se busca la confianza en la economía y a su vez flexibilizarla para restaurar las situaciones de desequilibrio.

En nuestro país cuando revisamos las propuestas de algunos seudodirigentes políticos de la derecha venezolana podemos observar que nuevamente se apegan al reimpulso de las tesis neoliberales, la negación permanente de la crisis estructural del capital y sobre todo el seguir impulsando tesis que solo han logrado traer destrucción, hambre, guerras y muerte a los pueblos del mundo. Hoy cuando nuestra nación es víctima de las constantes agresiones por parte de la extrema derecha mundial y en especial del imperio norteamericano es importante abocarnos al estudio de las variables estructurales en materia económica que han sido vulneradas producto de dichas agresiones. Por tanto la necesidad de consolidar un inmenso aparato productivo que pueda sobrepasar y dar respuesta a los subsiguientes ataques que se puedan presentar es la única opción real que tenemos quienes creemos en la revolución bolivariana para enfrentar la guerra económica que vive nuestro país.


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Hugbel Roa

Ministro para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología

 @hugbelpsuv

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