Paz, amor y Socialismo…

Por estos días en que la cultura del mundo cristiano-occidental se sumerge en la natividad del Niño-Dios, dedicándose al compartir entre familiares y amigos, es oportuno reflexionar profundamente no sólo en tiempos pasados, remotos o inmediatos, sino visualizar nuestro futuro que ha de ser también compartido con millones de compatriotas y demás habitantes del planeta, igualmente afectados por las actitudes que en lo personal y colectivo adoptemos en adelante.

Precisamente en el marco de ese ambiente navideño tuvimos la oportunidad de intercambiar ideas con un grupo de jóvenes profesionales, trabajadores y estudiantes universitarios, con diferentes niveles e intereses ideológicos, y tal vez con distintos credos, en cuyas preguntas y discurso diáfano, transparente y soñador, nos mostraban sus esperanzas y deseos de vivir en paz, de poder colaborar en la construcción de un país mejor para ellos y sus hijos que aun no llegan, de vivir el amor de pareja, de familia, de amigos, de impulsar una cultura del estudio para su bienestar personal y el de su país.

Vemos y oímos a estas muchachas y muchachos hablando de su futuro personal y colectivo en términos de: “cuando yo me gradúe, cuando trabaje, cuando tengamos desarrollo, cuando tengamos tecnología propia, cuando tengamos seguridad, cuando, cuando…” todo lo cual nos trae al recuerdo la época de nuestra adolescencia en que decíamos “cuando seamos adultos…”, y llegamos a la edad adulta deseando lo mismo, pero lo peor es que nuestros hijos y esos muchachos navideños nos preguntan ahora y aún seguimos con la esperanza de un mundo mejor, que ojalá llegue para ellos.

Verdaderamente no podríamos “decodificar” la mezcla de sentimientos que nos produjo tan emotivo encuentro: pues podría ser nuestra identificación con los sueños que teníamos a esa edad, o afirmar que siguen siendo nuestra esperanza actual y presente, la que día a día nos anima a creer que tan hermosas aspiraciones no podrán hacerse realidad en el siniestro sistema capitalista, truncador de sueños, fabricante de desesperanza y generador de decepciones, “el causante de los males que está sufriendo mi pueblo” como dijera la canta de Alí Primera…

Tan reflejados como nos vemos en esa juventud, no quisiéramos que se les marchiten prematuramente los sueños, que se frustren sus esperanzas al confrontar la cruda realidad de una organización social, económica y política que fomenta el individualismo, el “yo para mí”, la navidad feliz para unos sin importarnos las carencias del prójimo, el valor del capital por encima de lo social.

La equívoca confusión de la caridad y la dádiva con la acción social; la lástima entendida como humanismo; la preocupación por la limosna más que por el limosnero; la trampa y la viveza criolla por encima de la ética y el esfuerzo productivo; la acumulación material y el tener, por encima del saber y el ser; el ahora pobre como falsa promesa del futuro rico.

Todo esto nos induce a reconocer una vez más la falacia implícita en la publicidad, los medios y los politiqueros de oficio, el vacío de sus sonrisas que desean “merry Christmas”, mientras desean la muerte del Presidente Chávez y pisotean el dolor de su familia y seguidores; o de quienes hablan a las cámaras de TV con un “happy new year” en los labios, mientras conferencian por teléfono sobre cómo desestabilizar al país, acaparar productos básicos y generar inflación…

La misma doble-faz occidental de quienes han sembrado al Medio Oriente con terror y guerras, para hacer el negocio redondo vendiendo armas a las partes en conflicto, colocar gobiernos títeres que les regalen el petróleo y luego les contraten la reconstrucción de los países destruidos con sus propias bombas “made in USA”.

Pero es también la doble moral de quienes se dicen revolucionarios, latinoamericanistas, nacionalistas y endogenistas, mientras se ponen un gorrito de Santa Claus y añoran las nieves del norte. O de quienes desde ya están planeando los “puentes festivos” del 2013, en vez de pensar en el trabajo fructífero requerido para un año que se avizora difícil en la economía mundial, con claras repercusiones sobre nuestra realidad nacional.

Son esas realidades del capitalismo inoculado en nuestro entorno el que frustra esperanzas, destruye sueños, amarga corazones e imposibilita la paz y el amor entre la especie humana, amenazando su pervivencia.

Son esos sentimientos maquiavélicamente inoculados los que deben ser combatidos con actos de paz, de amor al prójimo y prosperidad para las futuras generaciones. Son esos los votos y peticiones al Dios de nuestros padres, a la fe de nuestros hermanos y hermanas de raza y clase, que aún siendo mayorías seguimos siendo sometidos y arrinconados por las minorías aun poderosas. Es nuestro ruego por las ilusiones de los niños y niñas que aún no han nacido, por los jóvenes de hoy y los adultos del mañana.

Es por ellos y ellas nuestra absoluta creencia que no hay nada mas lleno de fe y esperanza que el Socialismo como forma de organización social para la paz y el amor, como la única oportunidad de la sociedad del siglo XXI para garantizar que la humanidad perviva por los siglos de los siglos…

(*) Economista Agrícola.

Profesor de la UPT “Argelia Laya”

“Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado…”.

(Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Artículo 57.)


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Albano A. Zambrano Q.

Economista Agrícola. Profesor de la UPT ?Argelia Laya?

 albanozam@hotmail.com

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