(Migraciones de capital, competencia redistributiva de plusvalía)

El Problema de la Transformación, Suplemento II[i]

Los precios de producción de las mercancías son[1] una categoría macroeconómica que  en suma recogen  el equivalente de todo el valor trabajo creado durante un período económico más la cuantía del capital constante insumido en el volumen de producción del periodo correspondiente, o lo que es lo mismo, según la definición original usada por Marx: son la suma del precio de costo invertido en cada fábrica,   más la   tasa de ganancia media que subsume toda la ganancia apropiada por todos los fabricantes activos[2]. “Precio de costo”,[3] para la contabilidad burguesa, es la suma del capital constante utilizado, con inclusión de las depreciaciones del caso, más el desembolso en salarios causados.

En ese sentido, macroeconómicamente, es indiferente afirmar que las mercancías se vendan al valor  a precios de producción. Estos precios no conflictúan ni niegan el valor trabajo; por el contrario, lo reafirman cuando se estudia la Economía Global, máxime cuando la economía burguesa se halla altamente desarrollada.

Se trata de que un fabricante aislado vende al valor directamente, pero ya más de uno venden también al valor, pero éste transfigurado o a un valor más concreto, como lo es el precio de producción. Sólo así esos varios capitalistas se garantizan igualdad en su tasa de ganancia, con lo cual  cesa la competencia entre  ellos por conquista de una mayor tasa de ganancia, y más allá de la tasa de plusvalía particular explotada en  tal o cual  esfera de la producción, o rama de X  o Y  mercancías.

Ahora bien, que un Nobelado como Paul Samuelson[4] no haya entendido esto, eso  es un problema de ignorancia de su parte y no de inconsistencia científica, defecto que los irresponsables y mal informados, así como los tarifados del apologismo burgués, y hasta pseudomarxistas,  se han obstinado en atribuirle  a Marx, luego de que este habló del valor, en el Libro I de El Capital, como  su  primera aproximación o primer nivel de abstracción  sobre  la fuente de la riqueza mercantil, y que después  concreta mediante la  transformación el valor de las mercancías en precios de producción, o sea, cuando en el Libro III de la misma obra  involucra a todos los fabricantes, a todas las mercancías de todas las  esferas correspondientes, mientras que en el mencionado Libro I sólo manejó una hipotética fábrica en particular con los  fines teóricos necesarios para la comprensión del proceso productivo de las mercancías en el modo capitalista.

La diferencia entre valores y precios de producción es meramente cualitativa y microeconómica, ya que las diferencias cuantitativas sólo aparecen como diferencia entre el valor y el precio de producción de cada fábrica, cuando ellas operan con diferentes tasas de ganancias derivadas de sus diferentes composiciones orgánicas de capital (relación entre capital constante y c. variable, es decir, según el grado mayor o menor de explotados en vivo con ayuda de la maquinización, organización y demás aportes gerenciales [5] o schumpeteriano).

Tales diferencias cuantitativas aparecen    porque la formación de los precios de producción sustrae plusvalor y así baja la tasa de ganancia de unas fábricas, mientras, en paralelo, agrega plusvalor y sube dicha tasa particular de ganancia en otros centros fabriles. Es lo que observaremos en el cuadro 3.1, cuando se compare el capital constante de II (80, columna “c”) con la suma del valor agregado del I: (40 + 44,6, columnas “v” y “g”)

Cuadro 3.1

Sólo con estos precios de producción, las diferentes tasas de ganancia de las distintas empresas   se uniforman en tasa media común para todos los capitalistas.

Tales diferencias están sustentadas sobre los datos del Cuadro 3, de la Edición Revisada:

(http://www.aporrea.org/ideologia/a120875.html

Cuadro 3, Problema de la Transformación SII

Obsérvese que en el Cuadro 3 se recoge la compra del capital constante de II a los precios de producción que rigen para el I. “c”, con un valor de   80, es pagado al precio de 84,6 (“v” + “g”). Es necesario no perder de vista e3ste tipo de transacción porque solo así se respeta la composición orgánica de ambos sectores. El error de Sweezy y de todos los detractores del método del valor trabajo, de Marx, ha sido no ver el bosque y detener sus miopes miradas en alguno que otro árbol.

De resultas y según dijimos en nuestro “Suplemento I”[6]  , no sólo es una distribución de todo el plusvalor arrancado en todas las fábricas; la transformación y la nivelación de esas tasas también opera entre comerciantes, y entre estos y aquellos. Igual tendencia transformativa de precios de producción rige para la banca, y para esta y los demás capitalistas.

Sólo así el mercado alcanza el esperado equilibrio estable, gracias a la competencia interempresarial, siempre cambiante y tendenciosamente compitiendo. Esta competencia es meramente estabilizadora y difiere de la competencia destructiva mediante la cual unos empresarios penetran mercados pertenecientes a otros empresarios, los comparten o hacen enteramente suyos en casos paramonopólicos.

Esa “transformación de valores en precios de producción”, además de permitir una clara diferencia entre estos y los precios de mercado, cuyas desviaciones escapan al proceso productivo y a los explotadores de asalariados, además, decimos, significa que el producto de todo el volumen de mercancías multiplicado por su valor medio es igual al producto de ese mismo volumen de mercancías por el precio de producción unitario, todo al margen de las fluctuaciones de precios de mercado, ex post. Estos responden a desajustes entre la oferta y la demanda. Lo que aquí tratamos es el valor de fábrica. Este valor se ve transformado en precios de producción, los mismos que usarán las fábricas para lanzar sus mercancías al juego de la ofertademanda en el mercado II. De allí su diferencia con los precios de mercado III[7] que operan fuera de los centros fabriles.

Podríamos decir que se trata de un valor “predistribuido” entre capitalistas que operan con diferentes composiciones orgánicas de capital. El proceso transformativo se realiza mediante migraciones de capitales,  con   mayor composición orgánica y menores tasas de ganancia,   hacia aquellos mercados donde operan fábricas con menor composición, de una  relativa y mayor explotación salarial, y  si se mantiene constante la tasa de plusvalía,   mayores tasas de ganancia.   

De perogrullo, el mercado II[8] tiene sus propias leyes, y, en este caso, aquellos mercados que sufren emigraciones de capital, en búsqueda de mayores tasas de ganancia, contraen su oferta y los precios se elevan por encima de los valores de la producción. El proceso de ajuste y de transformación discurre hasta que se logra la nivelación de las tasas en juego.

Pasemos a suplementar el proceso de transformación iniciado antes con el título de “El Problema de la Transformación, Segunda edición":

www.aporrea.org/ideologia/a120875.html

Cuadro 3.1

Recordemos que este Cuadro 3.1 se deriva del Cuadro 3 recogido en la entrega del problema de la Transformación, Segunda Edición ya citada:

(http://www.aporrea.org/ideologia/a120875.html).

Observemos la discrepancia entre el valor de los salarios (v) más la ganancia del Sector I = (40 + 44,6), con el valor del capital constante del sector II = 80.  Esta diferencia pareciera irrespetar la condición de equilibrio, según la cual:

cII = vI + plI  .

Pero bien miradas las cosas, no podemos repetir la citada confusión y yerro de, por ejemplo, Paul Sweezy[9]. Este economista consideró que, según los cuadros de Marx, y propiamente el correspondiente al que recoge los precios de producción: “Tabla III a. Cálculo del Precio, por Marx”, rompía el equilibrio propio de la Reproducción Simple, gobernada por la igualdad anterior.

Sweezy comete el error de considerar que el “método marxista de transformación es lógicamente insatisfactorio” porque, por ejemplo, en mi cuadro 3.1, evidentemente, según vimos antes:

 80, de capital constante en el Sector II, ≠ (40 + 44,6); este valor que, cubre el valor  que, en  bienes de consumo , demandarían los asalariados y capitalistas del Sector I. El excedente diferencial de ese sector por valor de 4,6 se compensa, en conjunto, con la pérdida de poder de compra que sufre el valor de la ganancia del sector II. ( valor de 15,4, en lugar de 20). 

Sweezy y sus repetidores pasan por alto, o no lograron comprender, que la composición orgánica del Sector II prevé 80 para su capital constante ya que este se halla en una relación de 4/1, respecto del capital variable que se mantiene incólume. Ese valor de 80 procede   del Sector I, productor de medios de producción, un valor que alcanza el precio de producción de 84,6 debido al proceso competitivo transformativo y distributivo del todo el plusvalor explotado a los aslaraidos de la economía en su conjunto.

Vemos que el trasiego de plusvalor del S. II al I está respetado y balanceado.  Toda la dificultad de estos cuestionadores del valor trabajo (objetivo final de todas esas críticas vulgares contra el Libro III de El Capital) estriba en que este sector II compra del sector I, a precios de producción (84,6) medios de producción cuyo valor de partida = 80, según se exhibe en el Cuadro 3, por concepto de “demanda” II.

Como vemos en el Cuadro 3.1, todas las condiciones de equilibrio están respetadas y el sistema se estabiliza cuando se arribe a esos valores transformados en  unos  precios de producción, tales, que garanticen matemáticamente una tasa de ganancia común para todos los capitalistas involucrados.

El resultado final es un trasiego de plusvalor del Sector II al Sector I que se logra mediante la competencia distributiva entre ambos sectores: no ya por el mercado como tal, sino por el reparto igualitario y proporcional de todo el plusvalor arrancado en todas las fábricas con inclusión de las que operan con diferentes composiciones orgánicas de capital. Esta competencia se mantiene hasta tanto se logren precios de producción satisfactorios del objetivo perseguido.

Porque, de resultas, las mercancías no se venden como tales, según el valor del capital salarial o variable, sino de todo el capital privado invertido en su producción., y, agregamos, con exclusión, por supuesto, del plusvalor impregnado con fuerza de trabajo viva sobre  ese capital constante apropiado por el capitalista. [10]







[2] Carlos Marx, El Capital, Libro III, Sección II, Cap. IX.

[3]Carlos Marx, Ob.cit., Sección I , Cap. I.

[4] Academia de Ciencias de la URSS, Ciencias Sociales, (Moscú), 1980, p. 217.

[5] Carlos Marx, Ob. cit. Sección Primera, Cap. VII (Apéndice)

[8] Ibídem.

[9] Paul Sweezy, Teoría del Desarrollo Capitalista, Cap. VII.

[10] Carlos Marx, El Capital, Libro III, Sección II, Cap. X.



[i] Hemos venido creando la serie de entregas virtuales sobre Economía Científica Política, y sobre Economía Vulgar, bajo la envolvente denominación de: “Conozcamos” y afines. Su compilación posterior la llamaré. “Conozcamos El Capital”, un proyecto de literatura económica cuya ejecución se mueve al ritmo y velocidad de los nuevos “conozcamos” que vamos aportando y creando con la praxis correspondiente. Agradecemos a “aporrea.org”, a su excelente y calificado personal, “ductor” y gerencial, toda esa generosa puerta abierta que nos vienen brindando, a mí,   y con ello a todos los lectores virtuales del mundo moderno.

marmac@cantv.net



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Manuel C. Martínez M


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