(Los trabajadores, pobres están y pobres seguirán)

Conozcamos el Mensaje de Jesús

Socialismo utópico es una expresión que designa un conjunto heterogéneo de doctrinas de reforma social, previas al auge del marxismo y el anarquismo, que surgieron a comienzos del siglo XIX como respuesta a los serios problemas que acarreaba el triunfo del industrialismo y el liberalismo en Europa.

Los representantes más destacados de esta corriente son Robert Owen en Inglaterra, y Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Étienne Cabet en Francia. Algunos rasgos comunes se pueden encontrar también en las corrientes insurreccionalistas de Graco Babeuf, Filippo Buonarroti y Auguste Blanqui.

Las diferentes corrientes del socialismo utópico se disolvieron o se fueron integrando al vasto movimiento socialista hegemonizado desde la Asociación Internacional de Trabajadores (1864-1876) por las ideas de Marx y Bakunin. Pero dejaron una impronta significativa, en particular en el cooperativismo, la socialdemocracia, el hippismo, el capitalismo estatista, el ecologismo, el feminismo, las ecoaldeas y el cristianismo social.”

http://es.wikipedia.org/wiki/Socialismo_ut%C3%B3pico

   La Navidad suele ser una fiesta  de lo más inconsciente, cuando  es celebrada por los pobres, como si estos, además de ser explotados por este y los anteriores sistemas clasistas, fueran seres nacidos como tales.

El caso es que jamás nadie ha nacido pobre ni rico, esto es una consecuencia de la sociedad que desde la cuna reserva la riqueza a los explotadores, hoy burgueses, ayer esclavistas y enfeudados, y, por supuesto, condena a la pobreza a quienes no posean herramientas de trabajo propias y por esta razón sólo tienen la obligación de servirle a los poderosos  a cambio de cierta remuneración para vivir, alta o baja, no viene al caso, debe trabajar para que sus patronos no lo hagan como jamás lo han hecho en su vida. Dejamos salvo el caso de ex trabajadores que de alguna manera se hayan hecho de un pequeño capital y con este hayan optado por explotar a  otro,  y con ello a reforzar el sistema opresor.

Digamos que sí se nace ora capitalista, ora proletario; además, un rico empresario puede terminar arruinado y caer en la pobreza, mientras esporádica y muy azarosamente un proletario puede salir del hueco de la pobreza para convertirse en explotador y así reciclar el sistema, un sistema que garantiza el híbrido sociológico  de ricos y pobres gracias a que los primeros explotan a los segundos. Desaparecido el sistema clasista, como hipótesis, desaparecería ipso facto la diferencia de riqueza entre los hombres quienes pasarían ser simples trabajadores, simples personas, simples seres humanos.

Jesús de Nazaret y otros insignes y connotados hombres y pensadores de buena voluntad se han abocado a la tragedia del hombre pobre, a sus miserias y debilidades, en busca de las posibles causas y remedios para los males de una humanidad que ha pasado milenios en guerras fratricidas con  pobreza de las mayorías y riqueza en pocas manos.

Pero, la idea de explotación clasista apenas pudo aflorar durante finales del siglo XVIII  y el siglo XIX, cuando, bajo las condiciones del “industrialismo y liberalismo económico capitalista” , pudo apreciarse que hasta los trabajadores “libres” de ataduras esclavistas y serviles están condenados a la miseria de un salario que apenas les permite sobrevivir para seguir trabajando, que los obliga a trabajar para vivir, por carecer de herramientas propias.

En el mensaje de Jesús de Nazaret, por ejemplo,  no se cita el trabajo mal pagado, a lo sumo la especulación y la usura como debilidades espirituales por falta de religiosidad  y  amor al prójimo,  como comisión de actos pecaminosos previamente condenados por una sociedad incapaz de entender el verdadero origen de la maldad e infelicidad de algunos hombres.

Según sus biógrafos, en el Nuevo Testamento,   no se menciona  la sociedad clasista que le tocó vivir a Jesús, y,  por tratarse de un ser de indudables y reconocidos méritos poco comunes,  tenemos que inferir que él no pudo ni podía llegarle al  origen material y terrenal de la pobreza ni de la riqueza. Precisamente, a personas muy extemporáneas de Jesús les toco dilucidar el  “Origen de la Riqueza de las Naciones. Tal fue el caso de Adam Smith, el de Carlos Marx.

La riqueza material y la pobreza   son taras heredadas desde hace siglos, y precisamente, a algunas celebridades trascendentales se les ha encargado la  convalidación de la esa convivencia  entre ricos y pobres, entre explotados y explotadores. Es por esto que   Jesús de Nazaret ha sido  el más usado en aras de arraigar   y bautizar como una creación divina la existencia de los pobres. Los políticos y gobernantes populistas han hallado luego una bandera excelente para sus promisiones y mantener viva la idea de que la causa de los males es cuestión de educación, de un mejor reparto de la riqueza y mil desacertadas medidas, todas condenadas al fracaso como lo ha demostrado el curso social de los dos últimos siglos.

A estos pobres, Jesús  consagró su vida, según el Nuevo Estamento. En este Libro  “sagrado”  no se menciona el esclavismo ni se condena la explotación del trabajo,

que es un asunto objetivo y económico. Se codena el maltrato personal, que es un asunto sociológico y subjetivo. Jesús abogó por una mejor distribución de la riqueza sin tocar para nada el origen de la misma. No podía hacerlo, habida cuenta de que fue durante el desarrollo de las condiciones sociales y de la fuerza de trabajo y demás fuerzas productivas cuando el verdadero  origen de la riqueza y su posesión por unos y desposesión por las mayoría afloró, al punto de ser investigable, analizables y conceptuable en ciencia aparte. La ciencia de la Economía Política nace y se consolida durante ese siglo XIX.

  Los  biógrafos de Jesús sólo aluden a la miseria humana, a los dictadores y mal gobernantes, a los inicuos, a los  seres malvados con defectos a montones, codiciosos, avaros, mezquinos, usureros, pecaminosos, asesinos etc.  Pero ese Libro no emplea una palabra para señalar la clase explotadora esclavista de marras. Por el contrario, aludió a los Césares como dueños de la riqueza por razones no menos celestiales, y a los pobres los consoló con su mensaje de una vida porstmortem llena de facilidad en un supuesto, hipotético  e idealizado Paraíso en el cual los explotadores, por Jesús llamados simplemente ricos, no entrarían.

Es una particularidad histórica muy interesante, esa de que los ricos jamás han “tirado un palo”, mientras pobres entran a las fábricas con esa condición y asimismo salen de ella. De manera que el mensaje jesuita es un mensaje acientífico  durante estos últimos siglos, y eminentemente conservador, con ideas y consejos rezagados que  más bien  han servido como convalidadores de la explotación practicada por una clase sobre otra.

marmac@cantv.net



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Manuel C. Martínez M.


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