Del libertinaje comercial actual al fin del libre mercado

De entrada, la inoperancia de SUNDDE[1] ha sido proverbial, y la pasividad de las Alcaldías ha resultado pasmosa.

El aguijón de la ganancia fácil clava constantemente a consumidores y vendedores, los primeros buscan pagar precios mínimos y los segundos todo lo contrario.

En esta caótica situación que atraviesa nuestra economía, adueñada enteramente por los intermediarios formales e informales, el caos es lo que reina por doquier y ningún consumidor sabe a qué atenerse ni cómo "estirar" su presupuesto que cada día sufre nuevas devaluaciones sin cesar, mientras las Alcaldías y el Banco Central de Venezuela brillan por su ausencia, salvedad de temblorosas tomas de medidas que vemos aplicar un día allá y otro por acá, sin que decidan una acción conjunta que detenga este desorden comercial que se viene tragando toda la renta de los trabajadores y del estado mismo sin recibir una dieta adecuada, sino todo lo contrario, vemos crecer el hambre de chavistas y no chavistas, de trabajadores con medianos y altos ingresos y la obvia desesperación de la mayoría de los consumidores de bajos ingresos.

Es un hecho que las autoridades actuales hacen privar el asunto político al económico, habida cuenta de que semejante libertinaje comercial tiene un objetivo único y claro: la salida del Presidente Maduro

Sin embargo, creemos que esa actitud parcial asumida por las altas autoridades, quienes a todas luces se muestran ineficientes para atacar de frente este problema del libertinaje comercial, de los precios de los bienes de la cesta básicas, del contrabando, del relajo en nuestra frontera con Colombia, ya que solo opera con planes demasiado protocolarizados y actúa a velocidad aritmética mientras el problema inflacionario lo hace a velocidad logarítmica, creemos, decimos, que podría ser suplida por las Alcaldías y el Banco Central; éste porque está llamado constitucionalmente a que haga respetar la paridad cambiaria oficial de nuestra moneda, y las primeras porque los permisos comerciales corren a cargo de ellas.

Pensamos que los comerciantes están actuando al margen de toda legislación económica y que debería serles suspendidos todos sus permisos y actuarse en consecuencia como entes indocumentados.

 


 

[1] SUNDDE, por ejemplo, no ha sabido aplicar sus facultades: con pedirle factura de compra a precios nuevos, bastaría para frenar los ajustes diarios que vienen haciendo de consuno todos los comercios. Esta Superintendencia no ha sabido ponderar en su justa magnitud la envergadura del problema para la que fue creada.



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Manuel C. Martínez


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