En que consisten la ofensiva y defensiva del gobierno

Por ahora, en Venezuela estamos viendo y coprotagonizando una transición socioeconómica que podría explicarnos las confusiones que han generado la ofensiva y la defensiva del gobierno ante las correspondientes ofensivas y defensivas de la derecha, las de los capitalistas.

Quede claro que modernamente decir derecha es decir capitalismo, así como decir izquierda es decir socialismo, salvedad hecha, en el segundo caso, de los falsos izquierdistas que no son más que agentes del primero.

Así, por parte del gobierno, este asume una posición política a la que considera revolucionaria y bolivariana, tal, que interviene en los procesos económicos propios de la empresa privada capitalista. Esta osadía de parte del gobierno, armado con el poder Político que le asiste, es obviamente temeraria y valiente por demás; sin embargo y por la misma razón, ha tocado toda la nervadura del sistema capitalista, por lo cual sus reacciones ofensiva no se han hecho esperar.

En ese caso, el gobierno asume una defensa, pero sin ofensiva alguna.

Efectivamente, el gobierno viene adoptando medidas políticas que intervienen en el quehacer de la empresa privada, en la producción y el mercado privado, con el noble objetivo de sacar a los pobres y marginados de la miseria. Lo viene haciendo con la fijación de precios justos al margen del libre mercado. Esta medida, que por ahora sigue sin ser evaluada científicamente, que atenta diametralmente contra la propiedad privada burguesa y capitalista, el gobierno ha querido imponerla a troche y moche, tal vez porque en un principio creyó que en ello le iba su ofensiva en esta guerra.

Más bien, podría decirse que el intervencionismo político estatal en los precios del mercado, en un primer momento, representó la defensiva del gobierno en esta guerra no convencional, porque la formación de esos precios deriva de una competencia entre los fabricantes, que recoge en sí misma la competencia entre trabajadores alienados con las relaciones burguesas. Esa competencia de los fabricantes representa la ofensiva de los capitalistas, de la burguesía.

A esa ofensiva el gobierno debe presentar la suya propia.​ Pongamos este ejemplo: en cualquier juego de béisbol ambos equipos presentan una ofensiva de bateo ante la defensiva del picheo del equipo contrario. Pasado esa entrada, se invierten los papeles. Digamos que la lucha, en ese caso como en todos la combates deportivos, hay una fase defensiva y otra ofensiva, simultáneamente practicadas, pero a una ofensiva no se aplica otra dentro del mismo inning, porque ambos contendientes no pueden batear al unísono.

Sin embargo, en la lucha política como la que estamos coprotagonizando todos, directa e indirectamente, a una ofensiva hay que reaccionar defensivamente, y también ofensivamente.

Así, demos por sentado que los precios fijados por la empresa privada giran alrededor de la ganancia o de las plusvalías de los escuálidos y no escuálidos, mientras que los precios fijados por el gobierno lo hacen alrededor del máximo grado de satisfacción de los más necesitados, de los trabajadores que han dejado y perdido su alienación frente al empresario burgués, y al servicio también del resto de la población, con inclusión de los escuálidos, a pesar de que, como sabemos, estos prefieren los precios bien caros (recordemos el prejuicio popular de estos consumidores: "Con mi arroz bien caro no te metas), para distinguirse de los más pobres, ante su crasa carencia de otros valores que exhibir frente a aquellos, ya que en su mayoría los llamados escuálidos sólo tienen un pesado poder de adulancia rayano en la servilidad que le es propia a todas las clases oprimidas mientras la tardía toma de conciencia de clase toca sus puestas.

Ahora bien, los CLAP, como ofensiva del gobierno (del pueblo bolivariano), por ejemplo, son una producción, oferta y distribución de bienes que escapan a los precios del mercado y que, en consecuencia, restan demanda a la empresa privada ante lo cual esta reacciona defensivamente con trampas políticas, con compra de conciencias entre los gobernantes de turno (corrupción y desmoralización del burócrata), con muertes por sicariato y afines de los líderes más destacados de sus enemigos, en este caso, del gobierno que ha decidido reducir el poder opresivo de la burguesía y aplicar una mejor distribución de la riqueza, como acción defensiva (mejoras salariales) ante las subas de precios que representan la ofensiva típica que practica la burguesía capitalista cuando el gobierno regula precios o interviene el libre mercado en materia de salarios y tasa de ganancia.



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Manuel C. Martínez


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