La chocolatera de Carúpano el mejor ejemplo de la novela Casas Muertas

En el año 1961, fue publicada por la Editorial Losada, la novela Oficina N° 1, escrita por el venezolano Miguel Otero Silva. Esta novela relata un pueblo en formación a causa de la explotación de un pozo petrolero. Recoge, en primer lugar la idea de iniciar una actividad económica y como la población se va incorporando a este proceso a través, de un sueño de progreso y estabilidad familiar. Se generan las condiciones para la evolución de un asentamiento demográfico, que para el día de hoy se conoce como El Tigre. La columna vertebral de este negocio lo representaba, para ese momento de nuestra historia, el petróleo. Arturo Uslar Pietri alerto sobre la necesidad de la siembra petrolera en el campo, como una forma real de ser independiente y evitar el exceso de dependencia que puede dejar una economía de puerto centrada en la importación de bienes. Arturo, insistía en mirar hacia el campo y sus potencialidades, en este sentido hablemos de la actividad agrícola en el Estado Sucre.

La costa de paria posee una reconocida vocación agrícola, su cacao porcelana se cotiza en los mercados internacionales a buen precio, identificándose en la zona pariana pequeños y medianos productores que hacen, de esta actividad una forma de vida. Carúpano y su puerto son dos elementos estratégicos para establecer un mecanismo articulador de dicha actividad agrícola. Permitiendo satisfacer las necesidades internas y externas del país, obteniendo a su vez ingreso de divisa extranjera que puede ser invertida en la construcción de una fuerte plataforma productiva en el ramo. En el medio de este marco de ideas aparece un proyecto innovador, garante del desarrollo cacaotal en la costa de paria, teniendo por epicentro la ciudad de Carúpano, dando inicio a la construcción de la moderna procesadora, que tendría un impacto de diversificación económica en este sector oriental. A idea como estas, fue que el Presidente Chávez apostaba y eran el soporte para la visión de la Venezuela potencia que tanto soñaba.

Llevar una idea a un proyecto no es cosa fácil, se configuran una serie de procesos complejos que contienen cálculos de ingeniería, financieros y factibilidad socio – ambiental. Los inicios fueron dados, las expectativas siguen estando presentes, teniendo hoy la mirada de asombro de un gran monumento a la ineficiencia e ineficacia de la gerencia pública, de nuestro proceso revolucionario. Hecho que era muy criticado por la izquierda venezolana antes la llegada del comandante Chávez y se catalogaban como los elefantes blancos. Que se espera para auditar este proyecto, retomarlo y ponerlo en práctica, porque no pensar en una alianza estratégica con el sector privado que le de vida a ese elefante rojo que tenemos, cuántos empleos directos e indirecto no generaría la puesta en marcha de la chocolatera de Carúpano. Que se entienda este artículo como un aporte y no una crítica mal sana, evitemos que la chocolatera de Carúpano le pase como a la novela titulada Casas Muertas, de Miguel Otero Silva.



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Joselino Serrano


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