Corrupción, burocratismo y modorra…

La abominable corrupción, el nefasto burocratismo y la vergonzosa modorra fueron el trío de prácticas antirrevolucionarias y antichavistas que el Presidente Nicolás Maduro Moros fustigó firmemente al finalizar el desfile cívico-militar del 24 de junio, en el glorioso Campo de Carabobo con motivo del 192º aniversario de la Batalla independentista y en memoria del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías…

Obviamente compartimos con el compañero Presidente su manifiesto rechazo y repulsión por las referidas practicas que, lamentablemente, se han venido inoculando y fortaleciendo de manera progresiva no sólo a nivel gubernamental, sino además en lo cotidiano de nuestras vidas, como los peores virus para la sociedad y las más letales armas contra el proceso revolucionario.

Así pues, consideramos que es indispensable producir un gran sacudón social-personal que debe ser abordado, en nuestro criterio, desde diferentes ámbitos pues la corrupción, el burocratismo y la modorra como grandes enemigos de la sociedad convergen, se articulan y coexisten simbióticamente, reproduciéndose por obra y gracia de su mayor aliado que es la complicidad, junto al afán de lucro y la carencia de valores morales, éticos, nacionalistas y patrióticos.

En consecuencia es de suprema importancia redefinir y difundir los conceptos en su sentido más amplio, habida cuenta que por estar ya tan enquistados entre nosotros tales acciones virulentas suelen pasar desapercibidas y/o considerarse como cosas normales, como por ejemplo situaciones tan elementales y cotidianas de viveza criolla al pasarse el semáforo con la luz roja frente a un policía de tránsito, o “colearse" cuando se espera en una taquilla, el ascensor o el metro, lo que evidentemente no sería posible sin la complicidad de quien calla semejantes atropellos a la ley o de quien le da la colita al “vivo”. ¡Corrupción es corrupción!

O como el cabalgamiento de horarios con el desempeño de dos o más empleos incompatibles por su dedicación en instituciones públicas, como los profesores y profesoras universitarias a tiempo completo o dedicación exclusiva que dan clases a medio tiempo y hasta tiempo completo en otras universidades, o en educación media; o quienes con tal dedicación son funcionarios públicos en otros ministerios, alcaldías y gobernaciones e inclusive trabajan para empresas contratistas de PDVSA, Hidrocapital, etc. En este caso somos tan corruptos por cómplices desde los colegas conocedores de tal situación sin denunciarla, hasta las autoridades universitarias y ministeriales que se hacen los ignaros.

Y son tan corruptos los profesores y profesoras que firman su asistencia sin dar clases; o quienes acortan las horas o modifican horarios manipulando “acuerdos” con los estudiantes, o utilizan el tiempo de clase para fines distintos a la formación estudiantil. También es corrupto el estudiante que lo acepta, aún a costa de su propia formación y la de sus compañeros. Igual la secretaria que llega a las 9 y 30 am, cuando su horario de entrada es a las 8:00 am, hace tanta corrupción como la o el jefe que lo admite…

Imposible que la corrupción funcione tan campante sin la complicidad del burocratismo que no permite la denuncia a tiempo, acompañada de la adecuada comprobación del hecho punible y la sanción rápida y efectiva. Es obvio que el marco legal aún vigente, y su entrabamiento procedimentalista, están hechos para que los honestos nos cansemos de denunciar y desistamos de luchar contra los referidos virus, al punto tal que el mismo “procedimiento” nos hace pasar por tontos y hasta nos ridiculiza públicamente por cumplir con nuestros horarios, por intentar un desempeño laboral con ética y dedicación al servicio.

No obstante la lucha continúa y la modorra no debe hacer presa del decepcionado. Está comprobado que la principal falta de estímulo al trabajo ético y realmente productivo, tanto en el sector público como en las empresas privadas, lo representa la falta de sanciones a quienes cometen “sencillos” actos de corrupción como los referidos anteriormente, lo que evidentemente se encadena desde los niveles altos a los más básicos u operativos y viceversa, eso sin contar que incentivos como los bonos de “productividad” son otorgados a flojos y diligentes por igual.

De tal suerte que el sacudón a que nos referimos anteriormente debe ser multidimensional, porque multifactorial es el problema, razón por la cual es necesario pensar en la sanción, pero más importante aún es crear los mecanismos de tipificación y re-conceptualización del acto corrupto, afinando más aún los mecanismos de supervisión colectiva y desentramando los procesos para la denuncia eficiente, efectiva y eficaz.

No es posible que para denunciar, por ejemplo, el manejo doloso de alguna partida presupuestaria en una institución, o el favorecimiento de proveedores, el denunciante deba consignar hasta fotografías de tales hechos en vez de procederse a la apertura de la investigación correspondiente para comprobarlos, aunque se trate de una falsa alarma.

Es obvio y natural que en las primeras de cambio se produzcan “falsas alarmas”, pero seguro estamos que muchas darán sus frutos tan significativos como en los casos del INDEPABIS, SENIAT y otras bastante sonadas recientemente, pues no hay corrupción pequeña o insignificante. Corrupción es corrupción.

Sin embargo estamos seguros que eso daría con otra dimensión fundamental para la lucha contra los señalados flagelos, pues serviría para la educación ciudadana herramienta suprema de lucha contra la corrupción, el burocratismo y la modorra…


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Albano A Zambrano Q.

Economista Agrícola. Profesor de la UPT ?Argelia Laya?

 albanozam@hotmail.com

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