¿Por qué un Movimiento Guevarista?

Aquí estamos de nuevo con nuevas energías y ganas de seguir construyendo. Después de nuestro primer comunicado, han surgido muchas inquietudes y queremos ayudar a resolverlas.

Hace poco un compañero nos preguntaba porqué un nuevo movimiento y porqué Guevaristas, si en el país existen cientos de movimientos y partidos que se identifican con la revolución y tomando en cuenta el hecho que Guevara no era Venezolano.

Esta pregunta de un compañero de uno de los barrios de Caracas, nos sirvió para formularnos la misma pregunta y poder responderle al compañero y a todos los que de alguna manera tienen la misma inquietud.

Para poder responder con honestidad dicha pregunta, debemos marchar revolución adentro y desnudar con muestra mirada este tiempo de cambios que vive el país.

Nadie puede negar el hecho cierto que el triunfo del comandante Chávez, inauguró otro tiempo para los explotados en nuestro país y que este triunfo se produjo con escasa diferencia de tiempo del derrumbe de lo que el sistema capitalista denominó "socialismo real". Es importante señalar que las experiencias de "socialismo" que se dieron en Europa, estuvieron determinadas por las condiciones concretas que existían en aquellos países al inicio de dichos procesos. Las deformaciones u errores que se cometieron en esas experiencias, sin contar con una sofisticada infiltración por parte del imperialismo en todos los niveles de decisión de dichos procesos, en nada le quita méritos al inmenso avance que significó aquel intento de construcción para millones de persona que se beneficiaron de una u otra forma. De todas maneras el intento falló y la restauración capitalista generó un retroceso en decenas de años para aquellos pueblos y afectó al conjunto de la humanidad.

En ese tiempo se habló del fin de la historia y el comienzo de una nueva era donde el mercado como gran regulador de nuestra vida, nos llevaría de la mano por el sendero de la felicidad. Allí quedaban sepultadas las esperanzas de cambio de muchas generaciones de trabajadores y explotados, que se habían entregado con generosidad y heroísmo anónimo al sueño de la revolución social. Es en medio de ese pesimismo cuando una nueva luz se prende para los pobres, una luz que se llamaba Revolución Bolivariana.

Después vino el periodo difícil con los sabotajes y ataques directos de un sector social que no estaba dispuesto a perder sus privilegios. El golpe de estado y el paro petrolero marcan los puntos álgidos de este escenario de desestabilización creado por el imperialismo y sus lacayos del interior, pero también fue el momento donde el pueblo pobre y explotado se jugo la vida defendiendo su esperanza de ser feliz y se tomó las calles de la patria, derrotando los intentos por confinarlo a un lugar marginal de la lucha política y social.

Este proceso como muchos otros, tampoco es puro y en su seno desde su inicio junto a las fuerzas revolucionarias, han marchado las fuerzas de la contrarrevolución y el reformismo. No podía ser distinto en un movimiento que se define como pluriclasista y heterodoxo en su composición. De esta manera la hegemonía en el proceso nunca ha estado en manos de los trabajadores ni de los explotados de la ciudad y el campo.

Primero fue la tercera vía de desarrollo, luego un periodo de indefinición para arribar más tarde, al llamado socialismo del siglo XXI. De ahí en adelante de lo que se ha tratado es de darle contenido a este concepto y la lucha se torno mucho más ideológica. Es en este periodo donde las trabajadoras y trabajadores junto a los pobres de la ciudad y el campo, empiezan a perder la calle y se empieza a perfilar con toda nitidez una tendencia hegemónica dentro del proceso llamada por algunos "derecha endógena" y por nosotros como boliburguesía.

Allí a la sombra del proceso se fueron tejiendo grandes fortunas, fruto de jugosos contratos con el estado que fue la forma que encontró este sector social para hacerse de los dineros del estado producto de la renta petrolera. En otras palabras con el dinero de todos los venezolanos.

La corrupción sin freno vino de la mano de los Adecos y Copeyanos disfrazados ahora de revolucionarios y por toda suerte de oportunistas. Mientras el pueblo era asistido desde el gobierno con medidas auxiliares muy sentidas en realidad debido a lo precario de su situación social y económica, los viejos y nuevos amos del valle se enriquecían a costa de esta política asistencialista. Un ejemplo de lo anterior lo demuestran los módulos de Barrio Adentro en los barrios populares. ¿Cuántas empresas se hicieron cargo de eso? ¿Cuánto costaba construir esos precarios módulos y cuanto pidieron por ellos? A los tres años de construidos, todos presentan fallas en su estructura, que han demandado más recursos en su reparación y por lo tanto más recursos para los mismos de siempre: La mafia de la construcción. ¿Alguien nos puede acusar de decir mentiras con la anterior afirmación? No. Es así como empieza a crecer la frustración frente a una situación demasiado repetida.

La venta de bonos de PDVSA y los bonos argentinos han significado en palabras claras un estrambótico negocio para las casas de bolsa, los bancos y para los burgueses, sean estos rojos, blancos o verdes.

Personajes como Acosta Carles, Ismael García, Manuitt, Baduel y tantos otros, crecieron al amparo de este proceso y el pueblo los respaldó en algún momento porque contaban con la confianza de los líderes de la revolución y casi nunca por meritos propios. Este es un dato muy importante porque va quedando claro que existe una separación entre lo que se plantea públicamente y lo que realmente se hace a espaldas del pueblo.

El retroceso concreto que sufre la revolución con ocasión de los acuerdos con el asesino y narco-paramilitar Uribe, significaron asegurar a la oligarquía colombiana más de 6 mil millones de dólares por concepto de ventas a Venezuela para seguir asesinando al hermano pueblo colombiano y es impresentable a la luz de los principios éticos revolucionarios.

Ningún acuerdo comercial puede estar por sobre los principios y la defensa de la vida humana y en este caso, a todos les asiste la certeza de que parte de ese dinero tendrá como destino seguir con la cruel matanza en Colombia. El rompimiento de relaciones diplomáticas y comerciales y la aplicación de sanciones es lo que se impone sobre un gobierno que incurre en forma sistemática en el genocidio y aplica el terrorismo de estado como arma de dominación política y social.

Finalmente podemos mencionar el acuerdo firmado el 11 de junio entre el presidente Chávez y los supuestos "empresarios nacionalistas y patriotas" que significó una derrota estratégica para la revolución en Venezuela. En ese acto se vio aplaudir en forma desenfrenada a los mismos empresarios golpistas y asesinos que promovieron y financiaron el paro petrolero y el golpe de estado que costaron muchas vidas al pueblo venezolano. En esa alianza se veía coronada una parte de la estrategia de la boliburguesía y el reformismo; marchar de la mano con la alta burguesía y desdibujar el carácter socialista de nuestra revolución tal como cuando se confabularon y sabotearon la reforma constitucional propuesta por el jefe de estado.

En la esfera internacional el panorama es altamente complejo y contradictorio sobre todo en lo que respecta a Latinoamérica. En el ámbito económico se hace visible una crisis largamente trabajada y preparada en el centro del imperio.

El estallido de la crisis financiera en las bolsas más importantes del mundo, traerá aparejado la sumisión en la miseria de millones de seres humanos en todos los continentes en mayor o menor medida, mientras los grandes bancos son salvados por la mayor intervención estatal de la historia produciéndose una mayor centralización y concentración del capital.

En los países de la región se vive un tiempo de muchas expectativas. Una oleada de reformas constitucionales y económicas encabezadas las más de las veces por coaliciones "progresistas" y pluriclasistas, buscan darle al sistema capitalista un nuevo rostro. Estas coaliciones políticas y sociales en la mayoría de los casos responden económicamente a sectores burgueses ligados al capital industrial y con un fuerte discurso nacionalista. Políticamente estos sectores oscilan entre la socialdemocracia, el nacionalismo, el populismo y el reformismo de izquierda. Ellos han canalizado las esperanzas de cambio que pedían con urgencias los pueblos después de más de una década de neoliberalismo. Esta hegemonía casi sin contrapeso, es producto de varios factores que es preciso analizar para mejor comprender este fenómeno.

En ese sentido debemos decir que uno de los factores principales que influyen en la hegemonía de estos sectores en el actual panorama, es la brutal represión que sufrieron nuestros pueblos en las décadas del 70 y 80. En veinte años se aniquilaron físicamente a miles de los mejores cuadros revolucionarios surgidos al calor de la lucha de clases desarrollada por los trabajadores y el pueblo pobre y explotado de la ciudad y el campo.

Se trataba de dejar sin cabeza al movimiento revolucionario latinoamericano como primer paso. Luego vino la represión a los cuadros intermedios y dirigentes sociales. Aquí las cifras de muertos y desaparecidos si tomamos el contexto latinoamericano, se cuentan por cientos de miles transformándose en un verdadero genocidio. Luego la represión directa al mundo social terminó de hacer la tarea macabra comisionada por las burguesías a las fuerzas armadas principalmente.

Si al hecho anterior le sumamos el desarrollo de la más brutal campaña de adoctrinamiento antirrevolucionario y la puesta en escena de un consumismo desenfrenado a través del total dominio de los medios de comunicación y de la enseñanza, podemos comprender la magnitud de nuestra tragedia.

Un tercer factor estratégico en la generación del actual cuadro de hegemonía de la socialdemocracia y el reformismo, lo encontramos en el derrumbe de la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia. La caída de ese "socialismo" deformado significó un durísimo golpe a muchos partidos y movimientos que por decenas de años tuvieron una influencia nefasta de ese polo ideológico mecanicista y determinista que no tenía en esencia mucho que ver con el pensamiento revolucionario.

Estos tres factores fundamentales unidos a otros de cierta importancia táctica y coyuntural, fueron los que permitieron la actual hegemonía de la socialdemocracia y el reformismo en cualquiera de sus variantes.

Como podemos apreciar anteriormente, la socialdemocracia y el reformismo son engranajes funcionales al mantenimiento del sistema capitalista, como lo es el fascismo en ciertos momentos del desarrollo de la lucha de clases y su desenlace a favor de las burguesías y el imperialismo. La extrema debilidad de las posiciones revolucionarias para hacer frente a esta situación, las podemos encontrar en los elementos mencionados anteriormente, sin eludir en ningún momento los errores propios en la generación de una estrategia revolucionaria eficaz.

Frente a esta situación de desventaja estratégica frente al enemigo de clase, a los revolucionarios no les cabe otra actitud que sobreponerse y prepararse para revertir esta situación a favor de los trabajadores y del pueblo pobre y explotado de la ciudad y el campo.

Análisis y discusiones de diverso tipo nos fueron dando luces hacia donde debíamos ir caminando. Ya es hora de plantearnos el problema fundamental que atraviesa este proceso de cambios que vive Venezuela: a diez años de iniciada la Revolución Bolivariana, el sistema capitalista está más vivo que nunca y solo enfrenta pequeños traspiés que no afectan su esencia. El enfrentamiento político se da más bien por quien administra el sistema de acuerdo a sus intereses sin afectar su esencia: la explotación de seres humanos mediante su empleo como fuerza de trabajo. O dicho en otros términos, la explotación del hombre y la mujer por el burgués y el capital. Se necesita romper con esa situación y volver a posesionar a los trabajadores y al pueblo pobre y explotado como actores en la lucha por el poder, por la supresión del capitalismo y por la construcción del socialismo.

Allí mismo maduró la idea que se venia rondando desde hace mucho en nuestras cabezas: se necesita una organización revolucionaria que desde los intereses de clase de los trabajadores y el pueblo pobre y explotado de la ciudad y el campo, se plantee la acción política revolucionaria sin compromisos con nuestros enemigos y que construya desde el pueblo mismo la idea revolucionaria y el instrumento para llevar a cabo esta política de independencia de clase que asegure la profundización de la revolución y que perfile claramente el carácter socialista de esta.

Esta organización debe plantearse su accionar lejos de cualquier oportunismo o provecho político de corto aliento, debe expresar el fervor revolucionario por la construcción socialista, pero ante todo debe ser en todo momento una organización que funde sus planteamientos y su acción, en la unión dialéctica de la ética y de la política, entendiendo estos dos elementos como una misma cosa. En otras palabras, se debe construir con el ejemplo y no debe haber separación entre el pensar, el decir y el hacer.

El desafío más grande para esta nueva organización se planteaba a la hora de su definición ideológica, ya que nos sabíamos socialistas y revolucionarios, pero debíamos ir definiendo en forma más precisa esta idea primaria y hacer de esta definición una forma de vivir cotidianamente y de construir a partir de nosotros mismos, de cara al pueblo y usando lo que un compañero definió muy acertadamente: "la verdad como autoridad y nunca la autoridad como verdad". Es allí donde surge con fuerza la figura del Che y del guevarismo como una forma de vivir cotidianamente la revolución.

Encontramos en el Che, en Mariateguí, en Roque Dalton, Filiberto Ojeda, en Miguel Enríquez, en Raúl Pellegrín, en Santucho, en Sendic y en tantos otros, el intento común por entender el marxismo desde nuestra particular realidad y utilizarlo efectivamente como un instrumento revolucionario y no como una cátedra en alguna universidad, o una conversación de salón que tarde o temprano termina justificando al capitalismo.

No queremos saber fechas, nombres, o circunstancias históricas de memoria. Tampoco queremos sabernos el último manual de algún intelectual que reside en París o en alguna otra lejana capital europea. No queremos aparecer en los medios de comunicación explicando lo inexplicable. No nos interesa discutir eternamente en congresos o seminarios de intelectuales la validez de tal o cual categoría filosófica. Queremos pensar nuestra realidad nosotros mismos teniendo como instrumento de análisis, el método dialéctico y contando con una visión del mundo que se desprende de la Filosofía de la Praxis. El teorizar esta realidad tiene por fin fundamental el CAMBIARLA de acuerdo con los intereses de los trabajadores y los explotados de la ciudad y el campo. En otras palabras, la construcción de un socialismo no burocrático y que tenga al ser humano como el eje central del desarrollo y no solamente a las fuerzas productivas o al calculo económico. Un Socialismo fundado en nuestras raíces de pueblos mestizos, indígenas, campesinos, obreros, indómitos, rebeldes y creadores.

Todo esto es el Che y mucho más y por eso nuestra definición de guevaristas es una definición estratégica y alejada de todo oportunismo. No queremos llevar al Che en una franela; queremos que nazcan cientos de miles de Che por todo el continente.

Así nace el Movimiento Guevarista Revolucionario a la vida política. Una organización de seres humanos y para seres humanos, que se plantea profundamente clasista, al servicio de los trabajadores y el pueblo pobre y explotado de la ciudad y el campo, marxista, leninista, guevarista, socialista, latinoamericanista, antiimperialista, internacionalista y revolucionaria. Una organización de mujeres y hombres alegres y contentos de asumir una forma de vida que nos acerca a cada paso hacia la construcción de una nueva sociedad que debe nacer del esfuerzo de nosotros mismos.

Estamos del lado de la Revolución Bolivariana y en su defensa en todo lo que beneficie a los trabajadores y al pueblo pobre y explotado. Somos consecuentes en la crítica de todo lo que beneficie a los explotadores y a la burguesía y nos planteamos abiertamente por atravesarnos en el camino de la conciliación de clases y compromisos con nuestros explotadores. Para nosotros la revolución Bolivariana no ha terminado; recién comienza.

Los objetivos de la organización guevarista no serán logrados si no rescatamos al movimiento obrero y a los trabajadores en general de la trampa mortal donde el capitalismo los tiene prisioneros. Durante decenas de años se desarrolló una política dirigida a mantener maniatados a los trabajadores a la ideología y prácticas burguesas. Una dirigencia en muchos casos corrupta y comprometida con los patrones y la burguesía, desfiguró al movimiento sindical y a los trabajadores en general convirtiéndose en la práctica en una mafia o una especie de sindicariato.

No es posible tolerar más que dirigentes que fueron elegidos para defender los intereses de los trabajadores asalten a los obreros y empleados y en muchos casos les cobren una comisión por dejarlos trabajar en alguna empresa. Esta práctica brutal y corrompida es habitual en sectores de la producción como la Construcción y se realiza a vista y paciencia de las autoridades cuando estas tienen el deber de intervenir.

La lucha en este campo pasa por desarrollar una enconada lucha ideológica y cultural en el seno de los trabajadores, y un arma esencial de la lucha de clases a este nivel es el ejemplo personal. A los guevaristas se nos impone el deber de inaugurar una nueva forma de hacer y practicar la política a partir del surgimiento de cuadros comprometidos con su clase y consecuentes con sus actos cotidianos.

No se puede plantear el cambio social solo a partir de cambiar la estructura del sistema capitalista. No queremos cambiar solo la estructura, sino esencialmente al ser humano que establece las relaciones sociales y las reproduce. En otras palabras podemos decir que la tarea de la construcción del hombre nuevo, no es una tarea del mañana socialista, sino una necesidad del combate de hoy en día para poder construir el nuevo sistema social. El ser humano es el centro de cualquier intento de construcción social y por lo tanto en esa construcción debemos trabajar.

Estas tareas no se decretan y tampoco funcionan como consignas. Tenemos que ser audaces y plantearnos que si queremos el socialismo como forma de relación económica, debemos construir las bases de una relación social de corte socialista. La ética revolucionaria no puede estar emparentada en ningún momento con el comportamiento burgués alienado, cosista y sexista. Debemos romper con la moral burguesa todos los días y en todos los ámbitos cotidianos o sino seremos derrotados.

No podemos temerle al cambio personal, sino trabajar sin descanso para que este se produzca. Este cambio que proponemos se realiza todos los días en nuestras casas, en nuestros sitios de trabajo y estudio, con nuestros amigos, con nuestras parejas y sobre todo en nuestro interior. Debemos llevar esta discusión a todo nuestro entorno por difícil que sea y a partir de allí construir. Debemos desterrar cualquier ventajismo personal y la obtención de cualquier prebenda que nos ofrezca el sistema como medio para comprometernos y corrompernos. Debemos revisar con cuidado nuestras opiniones y actos cotidianos y levantarnos como los más críticos de nosotros mismos.

Como latinoamericanistas y revolucionarios, nos sabemos hermanos de todos los pueblos que luchan por su libertad y el socialismo. El internacionalismo no puede ser una declaración de buenas intenciones o de solidaridad en el discurso. Para nosotros guevaristas revolucionarios, el internacionalismo es ante todo, una actividad práctica concreta y en ese sentido todo combate en contra del capitalismo e imperialismo, es nuestro combate y nos consideramos parte de esa lucha.

Nuestro movimiento tiene grandes desafíos por delante como hemos revisado en forma muy apretada y sabemos que no será nada fácil la tarea, pero estamos felices de asumir estos compromisos con nosotros mismos y con los trabajadores y explotados. Tenemos la certeza más absoluta que paso a paso nos haremos más fuertes y reforzados por nuevos contingentes de obreros, estudiantes, campesinos, mujeres, empleados, técnicos y profesionales. Haremos de nuestro movimiento un gran intelectual colectivo y contribuiremos con todas nuestras fuerzas a profundizar la revolución bolivariana en un sentido Socialista.

Como respuesta final al compañero que nos hiciera la consulta, podemos decir que somos un movimiento que surge de la necesidad de profundizar la revolución en un sentido socialista. Que somos guevaristas porqué encontramos en el Che la síntesis precisa de ideología, ética, política y práctica revolucionaria. Que luchamos por el socialismo desde nuestra realidad venezolana y latinoamericana, nutriéndonos de las ideas de grandes revolucionarios universales sin ningún mecanicismo o determinismo y dispuestos siempre al aprendizaje social y político. Que nos planteamos la revolución socialista en Venezuela y que aspiramos a contribuir en todo lo que podamos con otros pueblos en igual lucha. Que no consideramos al hombre nuevo una quimera romántica, sino una tarea política esencial del cambio revolucionario y que nos esforzaremos al máximo en cumplirla.

Este es solo un pequeño esbozo de lo que es nuestro movimiento por ahora. Entendiendo que esta es una construcción colectiva y que esta construcción, se dará en medio de la lucha más decidida en contra de nuestros enemigos de clase y que por lo tanto es una construcción permanente, con distintos ritmos y objetivos y que en definitiva serán los trabajadores y los pobres y explotados de la ciudad y el campo, quienes validen con su concurso esta construcción o la terminen negando.

Nosotros llevaremos nuestra energía, capacidad, esfuerzo y alegría a todos los rincones de la patria Bolivariana y no descansaremos desde aquí hasta la victoria de la futura revolución socialista.

Con alegría y amor revolucionario,

¡¡Adelante con todas las fuerzas de la historia!!

Movimiento Guevarista Revolucionario.




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