Balada de los viudos

En 1997 visitó Caracas el escritor y periodista español MANUEL VICENT, hombre de una extraordinaria formación intelectual, autor de más de una docena de obras, entre las que destacan, la galardonada con el Premio Alfaguara de Novela en 1966 titulada "Pascua y Naranja" o por la que obtuvo el Premio Nadal (1987), con el título "La balada de Caín". Su labor periodística ha sido merecedor con una variedad de galardones: en 1979 ganó el Premio González Ruano y en 1994 el Premio Francisco Cerecedo.

En cuanto me enteré de su visita, conseguí unas lochas y me fui desde Mérida a la capital para conocerle. Ya yo había leído varias de sus obras, en particular me conmovió su novela "Tranvía a la Malvarrosa". En esa oportunidad asistí a dos de sus conferencias, una que dictó en el Ministerio de Educación moderada por Manuel Caballero y otra en el salón de Bellas Artes moderada por Tulio Hernández. En esta última tuve un encontronazo bien serio con don Tulio quien ya era un besaculo del descuerado país de los adecos.

Llegaba don Vicent cuando gobernaba, pues, el adeco-verde Rafael Caldera, uno de los mejores émulos de Rómulo Betancourt. Aquella Caracas aherrojada entre laberintos de crímenes, hambre y protestas. Espantosa ciudad anegada en desesperanzas, como lo estaba entonces toda Venezuela; bajo esa odiosa pesadumbre de la impotencia, el desconsuelo y esa maldición llamada baja estima: con muertes a crédito, con deudas internas y externas descomunales; incendios en cárceles, torturas y asesinatos de estudiantes cada semana; huelgas de ancianos que no podían cobrar sus miserables pensiones; huelgas de los sin techos y de los sin cupo. Que se vivía aquellos rebatones en los que mataban a diario para robar cadenas, bolsos y zapatos.

Pues bien al respecto decía el escritor MANUEL VICENT: "Caracas es en la superficie una ciudad convulsa, llena de peligros, rodeada de barrios marginales cuya miseria arroja sobre el asfalto a un gran número de desposeídos de todo, excepto de una violencia expedita. Pero Caracas, debajo de este caos, posee un suburbano limpio, ordenado e increíblemente seguro. En esta ciudad se reproduce muchas veces durante el día el mito del doctor Jekyll y Mr. Hyde. He aquí un magnífico espectáculo para representar una enorme esquizofrenia. En medio de la confusión de la calle un atracador acaba de disparar contra alguien. Lo ves huir con la pistola en la mano, desesperado y andrajoso, derribando sucesivos cubos de basura. De pronto se refugia en la boca del metro. Baja por la escalera mecánica y antes de llegar al andén, donde hay establecido un orden y esmero absoluto, este Mr. Hyde siente algo en el fondo de sus vísceras que le impulsa irremediablemente a convertirse en un caballero. Arriba en el asfalto acaba de matar a un individuo. Aquí abajo no osará arrojar el más mínimo papel al suelo. Si lo hicieran mil ojos se lo reprocharían con la mirada. Este atracador, transformado ahora en un amable doctor Jekyll, después de ceder el paso a un viejo se introduce en el vagón y allí gentilmente ofrece su asiento a una señora, acaricia la cabeza de un niño y pide perdón con una sonrisa exquisita cuando se roza con otro cuerpo. Lleva la pistola congelada en la axila bajo los andrajos, pero por fuera es un ciudadano intachable hasta que el convoy llega a la estación que este doctor Jekyll ha elegido para apearse. Cruza otra vez el andén impoluto, sube por la escalera mecánica y durante la ascensión hacia la calle vuelve a experimentar otra convulsión interior. Siente que en la axila la pistola se le va calentando a la par que su cerebro. Investido de nuevo con la propia miseria, ya en el duro asfalto, Mr. Hyde se ve impelido a disparar. Esta vez lo hará contra un cajero. Después huirá a regenerarse en otro viaje por las entrañas de la ciudad. Y así sucesivamente."

Cosas, pues, para recordar y no dejarse embobar con los que viven ahora maldiciendo a nuestro país....



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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