Pedro Camejo y la Revolución Social de la Independencia

La entrada de los restos simbólicos de Pedro Camejo en el Panteón Nacional constituye un acto de justicia histórica que de manera inexplicable no se había producido en los 16 años de revolución bolivariana. En todo caso, vale decir mejor es tarde que nunca.

Sobre este trascendental acto queremos aprovechar para introducir la reflexión sobre lo que fue el proceso de independencia como revolución social. Ya en 1997 habíamos presentado en un congreso de la ALADAA (asociación de estudios afroasiáticos) una ponencia titulada "El Proyecto Nacional Afrovenezolano", trabajo que posteriormente dio lugar al texto que recientemente ha vuelto a publicar la editorial Trinchera, del gran amigo y camarada Amílcar Figueroa, "El Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela", presentado en marzo en Caracas en la FILVEN. Ese texto puede ser consultado en nuestro blog (http://robertolopezsanchez.blogspot.com/2015/01/el-protagonismo-popular-en-la-historia.html).

Nuestra propuesta de 1997 defendía (y seguimos defendiendo) que en términos históricos no eran únicamente los mantuanos el grupo social que había formulado un proyecto nacional en la Venezuela de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Los afrovenezolanos (pardos y negros esclavos, que constituían la gran mayoría de la población venezolana) formularon también su propio proyecto de país, y trataron de ejecutarlo mediante diversas insurrecciones, por cuenta propia o en alianzas con sectores de la población blanca propietaria (los comuneros de 1781, José Leonardo Chirinos en 1795, Francisco Javier Pirela en 1799), hasta llegar a su importante participación en el ejército comandado por Boves en 1813-1814[i]. Esta última insurrección y su triunfo efectivo contra las fuerzas patriotas a fines de 1814 obligó a Simón Bolívar a reformular el proyecto mantuano de independencia a partir de 1815[ii].

Nos permitimos citar el texto ya mencionado:

"El análisis historiográfico referente al período de crisis de la sociedad colonial y el proceso de independencia, hasta el presente ha dejado de lado la consideración de los objetivos que perseguían los sectores sociales desposeídos y oprimidos por el régimen colonial que imperaba en la América hispana. Las luchas de los esclavos, por ejemplo, han sido denominadas "guerra social", con la intención de escamotearle objetivos políticos a la misma, limitándola a un contenido puramente "reivindicativo".

"...se advierte claramente que los pardos y esclavos prosiguen sus luchas propias por el logro de reivindicaciones de carácter social, sin llegar a conjugarse con la lucha movida por los criollos" (Carrera Damas, 1991:54).

Este mismo historiador Germán Carrera Damas, plantea abiertamente sus "dudas sobre el alcance revolucionario de algunos de estos movimientos", y agrega "no conozco ninguna prueba documental directa del pensamiento, de los propósitos ni de los anhelos de los esclavos que participaban en los movimientos" (ob.cit., p.47). De esta forma, los historiadores se hacen eco de los mismos prejuicios que en la época colonial existían contra quien no fuera blanco e ilustrado.

Es evidente que entre la población esclava, por su nulo o escaso nivel de educación formal, y además por las herencias multiculturales traídas de África, la escritura no podía ser el medio fundamental para comunicarse entre sí y transmitir las ideas que promovían la insurgencia. Los objetivos de las insurrecciones de esclavos no pueden buscarse entonces en pretendidos documentos que muy probablemente nunca existieron; hay que analizar sus acciones, método mucho más eficaz, pues los hechos históricos deben juzgarse principalmente no por lo que los hombres dijeron de las mismas, sino por los hechos que llevaron a cabo.

Como planteó Carlos Marx en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte:

"..así como en la vida privada se distingue entre lo que un hombre piensa y dice de sí mismo y lo que realmente es y hace, en las luchas históricas hay que distinguir todavía más entre las frases y las figuraciones de los partidos y su organismo efectivo y sus intereses efectivos, entre lo que se imaginan ser y lo que en realidad son" (Marx, 1951: 247).

Igual método debe aplicarse al analizar las luchas y conspiraciones de los pardos y de los blancos sin poder económico, y de manera general este mecanismo debería preponderar en todo análisis histórico.

Aunque la perspectiva histórica oficial ha colocado a toda la población no mantuana como carente de un proyecto propio de nación, distinto del enarbolado por los blancos criollos acaudalados durante el proceso de crisis de la sociedad colonial en Venezuela, lo cierto es que los afrovenezolanos, los indígenas, la población mestiza en general, y los blancos llamados de "orilla" figuraronn reiteradamente como actores de primer orden en las confrontaciones bélicas y conspiraciones que se suceden en Venezuela desde fines del siglo XVIII y hasta bien entrado el siglo XIX. La feliz culminación del proceso independentista sólo pudo ser posible cuando los mantuanos incorporaron a su programa político las reivindicaciones fundamentales de los sectores sociales que hoy podemos llamar "populares".

La independencia fue producto de una "alianza de clases" y sectores sociales, en la cual hubo ciertamente un sector hegemónico, los mantuanos, el cual sin embargo se debilitó considerablemente en el mismo proceso de la guerra emancipadora, viéndose obligados por las circunstancias a compartir su antigua hegemonía colonial con los nuevos sectores de blancos de orilla y mestizos que adquirieron poder por su actuación como militares patriotas.

"El equilibrio de las castas en Venezuela fue seriamente afectado por la tormenta revolucionaria, que hizo posible, aquí más que en otras partes, la emergencia de dirigentes de origen social muy bajo". (Halperin Donghi, 1972: 68).

En este proceso, cada grupo social luchó por llevar a cabo sus propios intereses, su propio proyecto de nación, estuviera o no plasmado en documentos escritos. No es un único proyecto nacional que comienza a perfilarse a partir de 1810-1811. Son diversas maneras de entender la sociedad, de concebir un nuevo orden social, de acuerdo a los intereses de cada grupo que estaba irreconciliablemente enfrentado a los otros (como el caso de la contradicción entre esclavistas y esclavos). Los historiadores han concebido hasta ahora que el único proyecto nacional viable era el que surgió de los blancos criollos acaudalados (los mantuanos). Si bien se reconoce el carácter autónomo de las luchas de los negros y mestizos, no se considera que una nación dirigida por los negros y/o los pardos pudo hacerse realidad en el transcurso de la crisis del colonialismo en Venezuela[iii].

Recordemos que la mayoría de la población era parda (50 %), contra apenas un 20 % de blancos, los cuales se subdividían en peninsulares, mantuanos y blancos de orilla (pobres). El resto de la población la conformaban los esclavos (15 %) y los indígenas (15 %) (Cardozo, 1986: 193). Los indígenas supervivientes, en su mayoría, no estaban integrados a la sociedad colonial ni existían mayores posibilidades de conocer su número exacto. La gran mayoría de la población la conformaban los mestizos (pardos), los negros esclavos y los negros libres. Junto a los blancos de orilla, terminaban significando una mayoría avasallante ante el escaso número de familias mantuanas. No obstante el poder socio-económico estaba en manos de esa minoría mantuana, que aspiraba a independizarse en lo político de la tutela colonial española.

Los blancos criollos que poseían el poder económico en la colonia (los "grandes cacaos") nunca consideraron que los negros y los pardos formaban parte de su proyecto republicano; la incorporación de los mismos al proyecto independentista se hizo por otras razones, y más de un lustro después de iniciada la guerra de independencia, como veremos más adelante. En cuanto a los sectores liberales y revolucionarios que siendo blancos no pertenecían a la aristocracia criolla, como Gual, España y Miranda, los mantuanos enfrentaron estas conspiraciones al lado de las fuerzas realistas, y una vez estallada la lucha independentista, permitieron la participación de los blancos de orilla siempre que estuvieran subordinados política y militarmente a su programa.

La insurrección de los afrovenezolanos encontró su mejor momento bajo la conducción del caudillo popular José Tomás Boves, el cual tenía como programa político el "armar a los esclavos contra sus amos"[iv]. La lucha popular encabezada por Boves no puede ser calificada de otra forma más que la reacción natural de los sectores oprimidos ante tres siglos de brutal explotación económica y abierta discriminación racial y social. El movimiento militar dirigido por Boves era más una lucha de clases que una defensa de la corona española[v]. En su ejército, calculado aproximadamente en unos diez mil hombres, la absoluta y abrumadora mayoría estaba compuesta por negros y mestizos, y los blancos no llegaban a representar el 1% de dicha fuerza militar.

El pueblo venezolano, en sentido estricto, estaba incorporado al ejército de Boves, y la labor histórica de este ejército popular fue mucho más allá de la defensa de los intereses de la corona española. Este último objetivo no pasaba de ser un eufemismo para un ejército que estaba liquidando físicamente a toda la población blanca de Venezuela[vi], y que en los hechos liquidaba también el fundamento del modo de producción esclavista que por trescientos años habían usufructuado los españoles en América. La acción triunfante de las fuerzas populares al mando de Boves estaba desestructurando todas las relaciones sociales sobre las cuales se había basado la dominación europea en el continente americano.

La conducta del ejército de Boves se repitió una y otra vez en 1813 y 1814. En cada población que era tomada, todos los blancos eran pasados a cuchillo, incluyendo a mujeres, niños y ancianos, profanando incluso los templos religiosos en donde éstos buscaban refugio. Esto ocurrió en Calabozo, en Ocumare del Tuy, en Valencia, en Aragua de Barcelona, en Cumaná, en Maturín. Esta conducta salvaje sólo puede explicarse si se considera el salvajismo que estaba implícito en el propio régimen esclavista colonial. La estrategia de aniquilación hacia la población blanca era una especie de venganza que implementaban los negros por los siglos de opresión que habían sufrido desde el mismo momento de su captura como esclavos en tierras africanas.

El avance del ejército de Boves generó el terror no sólo entre los blancos patriotas, sino incluso entre los propios españoles y otros europeos ubicados en el país, ante la amenaza real de un gobierno de los pardos y negros, al estilo del que se había impuesto en Haití. La Gaceta de Caracas, en su nº 69 del 23 de marzo de 1814, "pedía espantada que se comunicaran tales horrores a las Antillas inglesas, para que éstas prestasen ayuda y detuvieran la espantosa matanza, invocando el peligro que constituían para esas posesiones el ejemplo de los esclavos insubordinados" (Uslar, ob.cit. : 120). El propio Bolívar se dirigió al Ministro Británico de Relaciones Exteriores solicitando su ayuda, pues "el ejemplo fatal de los esclavos y el odio del hombre de color contra el blanco, promovido y fomentado por nuestros enemigos, va a contagiar a todas las colonias inglesas..." (Citado por Uslar, p.52)[vii].

La correspondencia de Martín Tovar Ponte con su esposa, citada por varios autores como Uslar Pietri (ob.cit., p.140-144), Brito Figueroa (ob.cit., p.338) y Carrera Damas (1986), es bastante elocuente del terror presente entre los mantuanos ante el avance de las fuerzas de Boves. Una de sus frases refleja fielmente la realidad que en esos momentos se vivía: "...Este país ya no lo compone nadie; yo creo que vamos a caer en manos de los negros"[viii].

Los ingleses también veían con profunda preocupación el avance de las fuerzas de Boves, como consta en la correspondencia cruzada entre varios británicos en el área del Caribe, la cual aparece publicada (en inglés) como apéndice en la mencionada obra de Juan Uslar Pietri.

"Como consecuencia del infame y feroz sistema de guerra adoptado por este comandante (Boves), consistente en liberar a los esclavos y permitirles a ellos y a las gentes de color que siguen sus banderas para que asesinen a la población blanca, y en muchos casos a mujeres y niños, si Caracas o La Guaira cayeran en sus manos, para las personas y propiedades británicas no habrá el menor respeto por sus existencias..." (original en inglés, traducción nuestra; p.208).

La obra de gobierno de Boves llevaba a cabo su política de igualdad social. Los zambos, negros y demás "gente de color" gobernaban de hecho; eran ellos los que ocupaban los mejores cargos, las más altas jerarquías militares y políticas, y merecían la confianza del caudillo (Vallenilla Lanz, 1994:123). La pirámide social se había invertido (Uslar, 1962: 164).

La campaña de Boves tuvo tan magníficos resultados en términos militares, que destrozó finalmente a todas las fuerzas patriotas y condujo a la pérdida de la Segunda República. El empuje decidido de los llaneros se convirtió en una herramienta mortífera en términos militares; la fuerza que le daba a las huestes de Boves el contenido igualitario de su ejército pudo más que el tesón de los patriotas radicales (como Bolívar y Ribas) que sin embargo no tenían el apoyo popular que acompañó al caudillo. Los efectos de su actuación contra los blancos implicaron el exterminio de gran parte de la clase dominante criolla, y de la población blanca en general.

Eventualidades del proceso histórico llevaron a que Boves muriera en la batalla de Urica, y a que posteriormente su ejército fuera desmantelado por el cuerpo expedicionario que encabezaba Pablo Morillo. Estas circunstancias salvaron a los mantuanos del colapso total, y Venezuela estuvo muy cerca de ser otro Haití[ix]. No pretendemos especular sobre si un eventual régimen encabezado por Boves hubiera encarnado realmente los intereses de las mayorías populares, representadas en los negros y los pardos; pero es obvio que los acontecimientos de 1814 casi liquidan totalmente el proyecto independentista mantuano, y si eso hubiera ocurrido, la historia de nuestra independencia hubiese sido otra, con protagonistas de colores "oscuros". La fuerza del movimiento social levantado por Boves echó las bases del igualitarismo social propio de nuestro país, pues los blancos criollos nunca recuperaron totalmente el control de la sociedad venezolana, como lo habían tenido durante el período colonial.

Sobre el liderazgo de Boves en esta guerra social también se ha discutido mucho entre los historiadores. A este respecto, nos ceñimos igualmente a los hechos, a su actuación como líder de un levantamiento de esclavos y desposeídos en general, en contra de los propietarios, los blancos criollos. Esa es la característica fundamental de la obra histórica de Boves. Su condición de realista era una necesidad práctica, pues el enemigo de clase, los mantuanos, enarbolaban la bandera de la independencia. Sin embargo, es de todos conocidos la insubordinación de Boves con respecto al Capitán General Cajigal, y su casi absoluta autonomía de mando en la guerra. La muerte prematura del caudillo dejó sin resolver ese conflicto que existía entre su bandera de lucha social y los intereses colonialistas del imperio español en América, intereses abiertamente contrapuestos y no conciliables en modo alguno.

Pese a haber triunfado militarmente sobre los blancos criollos, se puede hablar del fracaso de la insurrección esclava-mestiza liderizada por Boves, en el sentido de que una vez muerto su caudillo, la misma no tuvo continuidad. Pero sus efectos fueron devastadores para una clase mantuana que aspiraba a conquistar la independencia de España manteniendo todos los privilegios de los cuales gozaba durante el régimen colonial. Luego de 1814, los mestizos y los negros se convirtieron en actores sociales de relevancia fundamental, y no podían ser excluidos de los planes que se proponían conformar una nueva sociedad en territorio suramericano.

El cambio en la estrategia patriota, formulado por Bolívar en 1815-16, al incorporar a los esclavos, mestizos y blancos de orilla al proyecto independentista mantuano, fue la consecuencia más contundente de la insurrección esclavo-mestiza de 1812-1814.

A mediados de 1814, ya los patriotas comienzan a tomar algunas medidas, como lo confirma una correspondencia del gobernador inglés de Trinidad, publicada entre los apéndices de la obra ya citada de Uslar (p.210) : "Se dice que Santiago Mariño se ha retirado a Cumaná y a su paso a liberado a los esclavos de Barcelona, acciones similares han sido adoptadas en las cercanías de Caracas y La Guaira...Declaró que si fracasaba ahora, él organizaría un nuevo ejército liberando esclavos...".

En razón de ello, Bolívar, al invadir nuevamente a Venezuela en 1816, decreta la liberación de los esclavos. El mérito de Bolívar consiste precisamente en haber logrado atraer para su proyecto independentista a los sectores sociales mestizos y a los propios esclavos. Aunque esa estrategia no fuera desarrollada hasta sus últimas consecuencias, ni siquiera por el mismo Bolívar, tal como se demostró en los procesos que condujeron al fusilamiento de Manuel Piar, y luego del Almirante Padilla[x].

Somos de la opinión que los efectos traumáticos causados por la rebelión popular de 1814 en la estabilidad y coherencia de la élite dominante en Venezuela, no sólo llevaron a modificar el proyecto mantuano de independencia y se siguieron manifestando a lo largo del siglo XIX, sino que sus repercusiones aún se proyectan hacia el proceso histórico contemporáneo. En el recelo de la burguesía venezolana hacia Chávez, fiel exponente del mayoritario mestizaje venezolano y de las tradiciones insurrectas que forman parte inseparable de nuestra historia, y en el enorme apoyo popular del cual goza el actual presidente, están intentando saldarse unas viejas deudas que quedaron sin resolver en 1814 y en 1860 (cuando fue asesinado Ezequiel Zamora).

La causa de que los negros no hayan podido continuar con sus planes de exterminio hacia los blancos una vez muerto Boves hay que ubicarla en la inexistencia de otros líderes que, como él, levantaran con firmeza la bandera del igualitarismo social. Buscar las razones de esta falta de líderes entre los negros y pardos es propio de la especulación, pero es indudablemente cierto que de haberse presentado en Venezuela personajes como Toussaint L’Overture, Jean Jacques Dessalines, Henri Cristophe y Alejandro Petión, los cuales dirigieron la independencia de Haití, otra hubiera sido la historia de nuestra independencia.

Otro elemento a considerar es los cambios en la situación del país luego de la Batalla de Urica. Los temores españoles con respecto a Boves llevaron al Rey a decidir que la expedición militar originalmente planificada contra los patriotas de la Argentina fuera enviada hacia Venezuela. Pablo Morillo desembarcó en Margarita a principios de 1815, al frente de un ejército regular de 11.000 a 15.000 hombres, todos peninsulares (y blancos), con la misión de controlar las desatadas fuerzas sociales que había movilizado Boves en su campaña, y terminar de pacificar al país. De esta forma, el ejército realista pasó a estar dirigido por blancos, que sustituyeron progresivamente a toda la oficialidad parda y negra que había luchado junto a Boves (muchos de estos oficiales fueron detenidos y enviados a España). Así concluía la guerra de exterminio contra los blancos, y las reivindicaciones de los negros y pardos de las huestes de Boves quedaron excluidas de los proyectos del nuevo ejército realista. Esto facilitó los planes patriotas para atraer a sus filas a los negros y mestizos.

Los valerosos llaneros que al mando de Páez decidieron en 1821 la suerte de la guerra de independencia, eran en su gran mayoría los mismos que años antes habían luchado bajo las órdenes de Boves y bajo la bandera del Rey español. Sus anhelos seguían siendo los mismos: alcanzar la libertad y la igualdad."

Por todo lo anterior se puede decir que era un imperativo de nuestro proceso histórico el que personajes como Pedro Camejo estuvieran en el Panteón Nacional. Como bien dijo en 1825 el embajador de Estados Unidos en Madrid refiriéndose al Libertador: "Bolívar es un peligroso radical al frente de un ejército de negros". Ese ejército que expulsó al ejército español del continente suramericano, que lo derrotó en una sucesión de batallas hasta pulverizar los batallones profesionales que habían desembarcado con Morillo en 1815, el mismo ejército de las 14 cargas de caballería consecutivas ejecutadas en Mucuritas, el glorioso ejército venezolano que venció en Boyacá, en Carabobo, en Pichincha, en Bomboná, en Junin, en Ayacucho. Una fuerza militar genuinamente popular, producto de una alianza social concebida por Bolívar y que después fuera traicionada por Páez y el mantuanaje caraqueño.

La entrada de Pedro Camejo en el Panteón Nacional no es un simple símbolo del pasado. Es una realidad viva y presente, es expresión de una lucha de clases que se continúa desarrollando en pleno siglo XXI. Nos recuerda la traición siempre presente en los procesos revolucionarios que desde la independencia se han desarrollado en el país. La misma traición que explica que sea ahora, luego de casi 200 años de haber caído combatiendo por la liberación de Venezuela, que se le rindan honores a Pedro Camejo.

Pedro Camejo en el Panteón no es sólo ni principalmente una cuestión de justicia en términos raciales. Su significado es de clase, sobre todo. Pedro Camejo es el pueblo en armas, el pueblo revolucionario, el pueblo que no acepta traiciones ni desviaciones del programa originalmente planteado. El pueblo que desinteresadamente ofrenda su vida por la causa nacional y popular, y que no espera en modo alguno que sus dirigentes terminen corrompiéndose y vendiéndose al imperialismo (como en su momento lo hicieran otros jefes revolucionarios como Páez, Guzmán, Gómez y Betancourt).

Maracaibo, Tierra del Sol Amada. 26 de junio de 2015



[i] Se puede leer el libro de Juan Uslar Pietri, que Chávez recomendara ampliamente y que ha sido publicado por el Ministerio de Cultura "La rebelión popular de 1814".

[ii] En la película "Bolívar el hombre de las dificultades" aparece muy bien planteado ese cambio de estrategia que impulsara Bolívar como fundamento de la nueva ofensiva patriota que se concretó en la Expedición de Los Cayos, en 816.

[iii] Como ocurrió en Haití, que es la demostración histórica más contundente de esa posibilidad.

[iv] Capitán Wawell. Memorias de un oficial de la Legión Británica. Biblioteca Ayacucho. Madrid. 1917. p.57. (Uslar, 1962 : 93).

[v] "Boves y Rosete tenían bajo sus órdenes al menos siete u ocho mil hombres, dentro de los cuales no había más de cincuenta blancos o españoles europeos, y mil de color libres ; el resto era de esclavos, de negros y de zambos" William Robinson . Remarques sur les Désastres des Provinces de Caracas. París. 1817.p.175. (Uslar,1962 : 97). Para 1812, Andrés Bello, Luis López Méndez y Manuel Palacio Fajardo calcularon la presencia de 62.000 esclavos en Venezuela ; citado por Rodríguez Lorenzo, ob.cit., p.55.

[vi] Memorial presentado al Rey por el Pbro. don José Ambrosio Llamozas, Vicario General del Ejército de Barlovento, en las provincias de Venezuela. 31 de julio de 1815. Boletín de la Academia de la Historia. Nº 71. p.578. "El comandante General Boves desde el principio de la campaña manifestó el sistema que había propuesto y del cual jamás se separó: ...la destrucción de todos los blancos, conservando y halagando a las demás castas... repartiendo las casas y los bienes de los muertos y desterrados entre los pardos y dándoles papeletas de propiedad".p.225. Pablo Morillo afirma : "La mortandad y la desolación que una guerra tan cruel ha ocasionado va disminuyendo... la raza de los blancos, y casi no se ven sino gentes de color, enemigos de aquellos, quienes ya han intentado acabar con todos" (citado por Uslar, p.192). Llamozas dice: "A consecuencia de este sistema (la táctica de Boves) han desaparecido los blancos; en Cumaná sólo han quedado cinco u ocho del país" (p.101).

[vii] Simón Bolívar. Obras Completas. Tomo 1. Edit. Lex. La Habana. 1947. p.98. (Uslar, ob.cit. : 138).

[viii] Boletín de la Academia de la Historia. nº 70. pp. 385 a 423. (Uslar, ob.cit., p.143).

[ix] País que conquistó su independencia mediante una insurrección de esclavos y mestizos, y donde toda la población blanca fue exterminada.

[x] Sin embargo Bolívar se arrepintió del fusilamiento de ambos, reconociendo que había influido en esa decisión su condición de mestizos, y reconociendo al mismo tiempo que no fusiló a Santander por el hecho de ser blanco y miembro de la oligarquía. "Ya estoy arrepentido de la muerte de Piar, de Padilla y de los demás que han perecido por la misma causa; en adelante no habrá más justicia para castigar el más feroz asesino, porque la vida de Santander es el pendón de las impunidades más escandalosas" (Carta a Páez). "Lo que más me atormenta es el justo clamor con que se quejarán los de la clase de Piar y de Padilla. Dirán, con sobrada justicia, que yo no he sido débil sino a favor de ese infame blanco, que no tenía los servicios de aquellos famosos servidores de la patria" (Carta a Briceño Méndez). Podemos comentar aquí que la interpretación que hizo Hugo Chávez del fusilamiento de Piar se distancia de estas reflexiones de Bolívar, al justificarlo para evitar la "anarquía" (en el discurso dado en Ciudad Bolívar con motivo de la visita de Fidel Castro, en agosto/2001). Nosotros opinamos que el fusilamiento de Piar y de Padilla forma parte de los actos más negativos de la vida de Bolívar, junto a la entrega de Miranda ante los españoles, y el asesinato de los presos españoles antes que Boves ocupara Caracas en 1814.



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Roberto López Sánchez

Roberto López Sánchez (Caracas, 1958). Historiador. Profesor Titular de la Universidad del Zulia (1994-2019). Magister en Historia de Venezuela y Doctor en Ciencias Políticas. Luchador social, activista del movimiento estudiantil y profesoral, vinculado al trabajo obrero, campesino, ambientalista, indígena y cultural desde 1977. Participante de la lucha armada revolucionaria (1977-1988); miembro del Frente Guerrillero Américo Silva. Sometido a persecución política y juicio militar en 1982. Actividad revolucionaria clandestina durante 1982-1988. Fundador de la Unión Nacional de Trabajadores-Zulia y miembro de su comité ejecutivo (2004-2012). Integra el consejo consultivo de la Federación Bolivariana Socialista de Trabajadores del Zulia (organismo que sólo ha sido convocado en una oportunidad en cinco años). Ha sido director de las Divisiones de Extensión y de Formación General; Secretario Docente de EUS; Coordinador de la Unidad Académica de Antropología, del Diplomado en Consejos Comunales (cinco cohortes graduadas) y el Diplomado en Formación Sindical con (cinco cohortes graduadas) en la Facultad Experimental de Ciencias (FEC). También ha coordinado la Zona Zulia-Falcón del Ministerio del Trabajo (2004). Ha publicado: El movimiento de trabajadores en Venezuela durante la revolución bolivariana: 1999-2012 (2017); Movimiento estudiantil y proceso político venezolano (2007); El protagonismo popular en la historia de Venezuela (2008-2015); Los Consejos Comunales y el Socialismo del Siglo XXI (2009); y Venezuela ante la globalización, la crisis mundial y los retos de su desarrollo (2012), además de 5 capítulos de libros científicos, 45 artículos científicos y 50 ponencias en eventos nacionales e internacionales. Es miembro del Programa de Estímulo a la Investigación (PEII), nivel C. Egresó en pregrado con 19,41 puntos de promedio (LUZ, 1994). Ha dirigido 10 proyectos de investigación en la FEC-LUZ. Actualmente dicta semestralmente las materias de Historia de Venezuela, Historia de América, Intercambios económicos y simbólicos, y Poder y Movimientos Sociales, en la Licenciatura en Antropología de LUZ. Ha dictado los seminarios Lucha de clases en el siglo XXI. Movimientos sociales y formas de participación política; y El análisis marxista y la sociedad global del siglo XXI, en el programa de Doctorado en Ciencias para el Desarrollo Estratégico de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en Maracaibo. En la División de Extensión de la FEC desarrolla anualmente seminarios sobre: Crisis política en Venezuela; Marxismo y Antropología; Movimientos Estudiantiles en Venezuela; Movimiento de Trabajadores en la Venezuela Contemporánea; Crisis Económica Mundial y su repercusión en la economía venezolana; Movimientos Sociales y Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela (dictado también en el Centro Internacional Miranda -CIM- y en Fundacite-Mérida en 2016); y el seminario La Lucha Armada en el Oriente de Venezuela: 1965-1990, en el CIM (2017). Es coinvestigador en el Proyecto: “Historia de los frentes guerrilleros Antonio José de Sucre y Américo Silva: 1966-1990”, Centro Nacional de Historia (2016-2017). Investigador principal en el proyecto “Identidades en el estudiantado de la Universidad del Zulia” y del programa de investigación “Universidad del Zulia: comunidad, organizaciones e identidades” (2017-2019).

 @cruzcarrillo09

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