A ver: ¿y los partidos pequeños del Polo, qué tienen que decir?

Las organizaciones aliadas del PSUV tiene un perfil, a nuestro entender, demasiado modesto. En los momentos difíciles siempre están allí para responder -primero con Chávez, ahora con Maduro- a la desestabilización y el golpismo proveniente de la oposición, así como a  la injerencia externa, permanente, descarada,  liderizada por lo Estados Unidos  en los últimos dieciséis años. Se sabe de su acompañamiento al proceso bolivariano, también de coincidencias y diferencias, pero sobre todo, de su lealtad. Sin embargo, nos parece que eso no es suficiente.

                Uno se da cuenta  que hay diferencias conceptuales importantes (ubicadas, claro está, en el campo de la izquierda), así como puntos de vista divergentes sobre algunas decisiones y aspectos prácticos, cuando lee por ejemplo las entrevistas -relativamente frecuentes- a Rafael Uzcátegui, secretario general del PPT, o consulta Tribuna Popular. Del MEP, Tupamaros y otras formaciones se conoce menos. De Podemos llama la atención su  total concordancia con el PSUV y el gobierno. En todo caso, insistimos: no es suficiente.

                La relación de los factores mayoritarios del proceso bolivariano con sus aliados a lo largo de estos años, según nos parece, no ha sido justa. Si bien de vez en cuando se les recuerda y halaga en público, el vínculo no se ha caracterizado por ser equilibrado. Ha privado un pensamiento implícito desde las esferas del PSUV: independientemente del trato que les demos, ellos siempre van a respaldarnos. Si, esto es cierto: en general las organizaciones pequeñas del Polo Patriótico se mantienen firmes al lado del PSUV y del gobierno, aunque no haya suficiente reciprocidad con ellos. Pero: ¿es esto acorde con la ética del funcionamiento de una alianza política tan importante? No, creemos que no.

                Los aliados del PSUV y del gobierno constituyen una reserva importante de cuadros políticos, experiencias, y consecuencia militante. También de ideas. Con fallas y contradicciones, claro (¿quién no las tiene?).  Además han cumplido un papel complementario destacado en el campo electoral, no sólo por la cantidad de votos que aportan, sino por el hecho de que, además de las bases de apoyo propias, las tarjetas de los partidos aliados han sido utilizadas por venezolanos y venezolanas, para expresar sus diferencias con el “oficialismo”. De no existir ese canal alterno, parte de esos votos podrían haber ido a parar, no a la oposición, pero sí al abstencionismo. Se sabe incluso que algunos militantes del PSUV votan azul, gallo, morado o rojinegro, sin hacer mucho aspaviento.

La “disidencia” del proceso se expresa asimismo en corrientes internas del PSUV, como Marea Socialista y otras. Allí también, además de discrepancias interesantes, hay tradición militante e ideas. Tesis sobre los más variados temas que, quizás, podrían ayudar al gobierno a disponer de mayor sabiduría y coraje para encarar las severas dificultades a las que se enfrenta, entre las que se encuentran: la actual guerra económica, la quiebra de un modelo económico que desde los años 80 está agotado, y un vínculo tutelar y clientelar  con las bases sociales,  que dificulta una incorporación más activa a las luchas. A lo que se une la existencia de una oposición que, desde adentro y desde afuera, asedia sin descanso.

Nos parece que las organizaciones aliadas deben hacer más, por ellas mismas, para jugar un rol co-protagónico. En ese sentido, es especialmente importante  organizar un debate sobre las alternativas a la situación económica del país: ¿cuál es la política económica y de desarrollo, de inspiración socialista,  que se requiere impulsar? Una que sirva para: generar  empleo,  soberanía alimentaria (comida abundante a precios irrisorios), diversificación productiva amigable con el ambiente, participación política, protagonismo de los trabajadores, una seguridad social con bases sólidas, y soberanía nacional.   En una alianza política la lealtad es necesaria, incluso imprescindible, mientras las coincidencias fundamentales se mantengan, como ha sido hasta ahora en términos generales. No obstante, la lealtad, cuando es -o se percibe- como sinónimo de ductilidad, de condescendencia habitual, nos empobrece a todos. Le resta oxígeno al proceso.

César Henríquez Fernández

Marzo 2015



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César Henríquez Fernández


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