¿Encuestas tramposas?

Las encuestas de opinión pública son una práctica de investigación social relativamente nueva, pero en años recientes han adquirido una consistente posición en las sociedades actuales y están cada vez más vigentes en la agenda pública, constituyéndose en una táctica indispensable para orientar las decisiones de los actores públicos y privados. Estas adquieren una enorme visibilidad durante las campañas electorales, pues se les reconoce una gran capacidad predictiva. Algunos actores de la diatriba electoral se ponen nerviosos cuando no obtienen predilecciones, mientras que los contrincantes que aparecen mejor calificados las consideran como el adelanto de un inminente y seguro triunfo.

Mejía asegura que “la encuesta permite conocer como son los climas de opinión, con lo cual el político puede decidir si opta por actuar de acuerdo a las posiciones compartidas por la mayoría, aunque discrepen de las suyas, o bien, toma decisiones en contra de ésta, sabiendo que la regla de la mayoría no implica apoyar políticas que perjudican a la mayoría”.

Una encuesta es una simplificación o una fotografía de un momento determinado, que estudia asuntos complicados a través de preguntas relativamente simples que se enuncian a la población mediante alternativas, estos cuestionarios se presentan de tal forma que cualquier persona pueda responderlas, permitiéndoles así, dar opiniones evaluativas sin tener conocimiento técnico de los problemas planteados.

Entendiendo que las encuestas son como una mezcla de argumentos, debemos estar alerta ante la posibilidad de manipulación de las mismas.

Veamos por ejemplo el caso ocurrido en Colombia, Medellín, hace unos años, Sergio Naranjo ganaba con un 32% y Sergio Fajardo perdía con un 17%. 60 días después sucedió lo impensable, resultó ganador el que jamás ganó una encuesta. Lo mismo ocurrió con la Gobernación de Antioquia: los Gavirias, Guillermo y Aníbal, tampoco fueron favorecidos por los sondeos, sin embargo sí resultaron favorecidos por los electores.

Estos resultados no pueden ser otra cosa –a mi entender-, que producto de la manipulación de los sondeos electorales, ello, aunado a la falta de ética de los encuestadores que han pisoteado esta herramienta de análisis de la opinión pública.

Por eso es importantísimo para la credibilidad de estos estudios, tomar en cuenta entre otros aspectos el error muestral, parámetro que permite inferir sobre la diferencia entre los resultados obtenidos por la encuesta (estadístico) y el resultado real que deberíamos obtener de toda la población, si tuviésemos información de la misma (parámetro poblacional); otro tema a destacar es la importancia de las estimaciones del porcentaje de la intención de voto se realizan no sobre el total de entrevistados sino, como efectivamente debe ser, sobre aquellos que manifiestan intención de votar. En este sentido, la base de la muestra se reduce en un 50% y, por lo tanto, el coeficiente de error también se incrementa. Otro error frecuente, se da en la recolección de la muestra y es la distribución de la misma, esta constituye otra deficiencia que afecta los resultados de la encuesta.

Nada de esto resulta casual, pues también es conocido que los sondeos electorales manipulan la opinión pública, uno porque las personas que responden una encuesta no necesariamente votan. Por otro lado éstas no discriminan ente opinión calificada y pseudo opinión, (que es la opinión que se da por salir del paso). La manipulación perversa de los resultados se logra a través de establecer posibles respuestas, ampliando de manera brutal para que se responda en términos positivos, esto como regla de la propaganda aplicada a los sondeos.

Por ejemplo, una de estas reglas corresponde a divulgar opiniones unánimes y que resulten por tanto contagiosas, empujando a que el resto opine y acepte conformemente la misma estimulando así al grupo y a las circunstancias que rodean tales resultados.

En el caso de la aplicación de la estrategia electoral basada en sondeos, ocurre que ante una avalancha de resultados que apunten hacia la ventaja de un candidato sobre otro, podríamos estar ante el conocido “efecto pandurgo” (bandwaggon effect) éste busca que la gente vote por el candidato que cree que va a ganar, conocida además como la estrategia de la profecía autocumplida, esta estrategia realmente favorece a quien va adelante en las encuestas, que en el caso venezolano es el Presidente Chávez.

En el caso de la oposición venezolana, la estrategia diseñada para persuadir a los electores es que se inclinen por la opción opositora, provocando con ello el conocido “efecto David” (underdog effect) que lo que busca es crear y provocar que los electores se unan para votar por un candidato para que no gane el otro. Es decir, la gente votará por CAPriles buscando que Chávez no gane, no importa quién sea el candidato opositor –incluso el pato Lucas-, lo que importa es salir de Chávez. Esta estrategia favorece indudablemente a CAPriles.

Estos señores asesores de CAPriles conocen perfectamente estas estrategias y están apostando a crear un “efecto Horse Race” o carrera de caballo, provocando que el elector chavista Light, ni ni o chavista descorazonado, pierda interés en el candidato Chávez, buscando cambiar sus preferencias, oponiendo expectativas vs. preferencias y jugando con el efecto triunfalismo: confiándose de que Chávez gana sin remedio desestimular al votante del chavismo y gana terreno la oposición, sino veamos los resultados ocurridos en la votación correspondiente a la Reforma Constitucional que dejaron de votar casi 3.000.000 de electores del chavismo, eso además de otros factores que influyeron en esta abstención que operó negativamente contra la revolución bolivariana.

Revisemos con atención otro ejemplo de manipulación de encuestas de data más reciente, y me parece vital que así sea, pues esta campaña en el caso del candidato –hoy Presidente Santos- estuvo asesorada por J.J. Rendón; y es que en el mes de abril –un mes antes de las elecciones- Juan Manuel Santos, resultaba por efecto de los encuestólogos, con el 27% de la intención de voto y registraba una tendencia descendente y aseguraban que en la segunda vuelta, perdería frente a Mockus por seis puntos: En contrario, en el caso, de Antanas Mockus, éste aparecía con porcentajes que oscilaban entre un 34% y un 39% en la intención de voto, subiendo cinco puntos en una semana y 12 frente a la encuesta del 8 de abril de 2010 y vaticinaban que en una hipotética segunda vuelta, sería el próximo Presidente de Colombia.

Sumado a ello, en el caso de las elecciones presidenciales del 7 octubre próximo a celebrarse en Venezuela, los medios son el otro frente. En los últimos meses, las elecciones primarias, la MUD y recientemente el candidato opositor monopolizan toda la atención de éstos, y pudiera este frente constituirse en un factor de manipulación de la opinión del electorado, lo cual puede repercutir abiertamente en las encuestas. Cada día son más los columnistas y opinadotes de oficio que hacen abierto proselitismo a favor del opositor CAPriles. Y frente a ello, la invisibilización en esos medios de la gestión del gobierno y peor la demonización del Presidente Chávez sembrando dudas, zozobras y terror en la población venezolana, están a la orden del día.

El peligro para el chavismo, más allá de la manipulación de los sondeos electorales y la aplicación perversa de estas estrategias, es el triunfalismo. Sentir que tenemos una vez más, la posibilidad real de ganar –uno por la gestión de Chávez y dos por los resultados de las encuestas; incluso contra las maquinarias de los medios privados y extranjeros y el poder del empresariado/financistas de Capriles-, podría significar la desmovilización del electorado revolucionario y que los indecisos –ni ni-, descorazonados y los light acudan a votar en contra o simplemente se abstengan por la sensación de que ya ganamos y su voto no haría falta o simplemente porque hayan logrado motivarlos las estrategias opositoras.

Cada vez hay un mayor porcentaje de electores que se deciden a última hora, ello por razones muy pragmáticas, que hacen muy difícil la predicción electoral. Esta es una de las razones que explica las discrepancias que se suelen producir entre los datos de las encuestas y los resultados de las elecciones por ello, debemos estar muy alertas con este tema.

Por eso, humildemente creo que lo más perverso de este ciclo que estamos viviendo, es la desmovilización del electorado revolucionario, quienes creyendo en los resultados de las encuestas simplemente se confíen. Nada está decidido antes del 7 de octubre, sobre todo por quienes en el lado opositor saben que esta elección resultaría trascendental y apelarán a cualquier cosa para no perderla.


alecucolo@cantv.net


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María Alejandra Díaz


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