La Secesión: un peligro potencial

Recientemente recibí por Internet un mordaz artículo de Roberto Hernández Montoya, titulado “Mi posición sobre esto de Colón” de donde extraje los siguientes párrafos, que considero muy importantes de analizar:

“Termino citando a una wayuu, en su declaración de ayer en Últimas Noticias (p. 3): Jayariyá Farías Montiel, directora del único diario wayuu “el Wayuunaiki” dijo que es una vergüenza lo sucedido. “La historia tiene sus aciertos y errores, pero eso es pasado, es hora de mirar al futuro. Los indígenas hemos ganado espacios de participación, y si exigimos respeto, debemos respetar. En esta sociedad cabemos todos”. La también ex becaria del Programa Indígena de la ONU aclaró que la resistencia de los primeros pobladores del continente no implica resistir con violencia.”

Y me pregunto: ¿No implica resistir con violencia en contra de quién? ¿De los caribes que acosaban a los arawacos, de donde descienden los wayuu? ¿De los conquistadores españoles, cuyos restos fueron enterrados hace siglos? ¿De los filibusteros ingleses que azotaban el Caribe, y los cuales desaparecieron en la historia? ¿De los gringos, de los cuales ellos conocen de primera mano, si acaso los jean y los cigarrillos que acarrean los contrabandistas de la zona?
No. De ninguno de ellos. Como lo entiendo a los únicos a los cuales ellos se pueden resistir es a los Estados de Colombia y Venezuela. A más nadie, porque no existe más nadie.

Esas declaraciones me preocupan en extremo. Y lo hacen porque tuve la oportunidad de vivir y trabajar algunos años en Maracaibo, y conocí algo del problema guajiro, de la actitud de algunos de sus miembros de desconocer la frontera entre Colombia y Venezuela, que para ellos sencillamente no existía, de algunas de sus peculiares leyes y de la renuencia a reconocer cualquier forma de autoridad del Estado venezolano.

Esa situación no es nada nueva. En la novela “Sobre la misma tierra” de Rómulo Gallegos, editada en 1943, el personaje Olavera, Jefe civil de Paraguaipoa expresaba lo siguiente:

“Vea usted, señorita Montiel – díjole, indicando al indio silencioso y sombrío – El problema político de la Guajira, ya a la vista de usted. A ese hombre he tenido que arrestarlo por riña con efusión de sangre con otro indio. Es mi deber de autoridad civil venezolana, pero él no entiende que se le pueda castigar con pena de arresto, porque ya su ley original – no escrita, claro está, pero observada por todos ellos – lo obligará a reparar el daño causado, en especie, entregándole al herido tantos o cuantos animales de su propiedad, según el caso, de donde resulta que se le van a aplicar dos penas por un delito. Y eso es lo que llamo el problema político de la Guajira; una región perteneciente a Venezuela, pero no realmente incorporada a la nación, no verdaderamente atendida con los servicios públicos que está obligado a prestar el Estado, que se rige por sus costumbres tradicionales, haciéndose de la vista gorda el Estado cuando así le conviene y a la cual, sin embargo, se le quiere aplicar lo odioso de las leyes, lo restrictivo únicamente, lo penal. ¿No cree usted que debiera existir una legislación especial para esta región, que está realmente al margen de la nación venezolana?”
Y más adelante continúa:
”Dicen que la Guajira no vale la pena dentro del gran problema nacional, urgido de soluciones inmediatas de punta a punta del país. Es cierto. Pero una de las puntas es la Guajira, precisamente y con la añadidura de que es región fronteriza, donde el cuidado del sentimiento de patria es más exigente”.

Y esa situación de “resistencia pacífica” se sostiene, al punto que, según la Biblioteca Virtual del Banco de la República de Colombia:
“En toda la región de la Guajira se hablan dos idiomas: el español y el wayuunaiki. Los wayuu son en su mayoría bilingües, pero hay un gran sector, especialmente en la Media y Alta Guajira, monolingüe: sólo hablan su propio idioma, el cual cuenta con dos formas dialectales que no impiden la comunicación entre quienes las hablan: el wayuunaiki "arribero" (o de la Alta Guajira), y el "abajero" (o de la Baja).”


LAS NARICES DE LA ONU

Y esas declaraciones son más preocupantes, cuando la que las expresa es “ex becaria del Programa Indígena de la ONU”, el mismo organismo que, según noticia publicada en su edición del 22 de octubre, por el diario Vea trataría el tema de los “pueblos indígenas”:
“Naciones Unidas, (PL) Los indígenas, entre los estratos más pobres de la sociedad en muchos países, ocuparán hoy la atención de una de las más importantes comisiones permanentes de la Asamblea General de la ONU.
A esos efectos se examinará un revelador informe del relator especial sobre la situación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los indígenas, Rodolfo Stavenhagen.

Los principales problemas se refieren a la tierra, el territorio, el medio ambiente y los recursos naturales, la administración de la justicia y los conflictos legales.
También tienen que ver con la pobreza, los niveles de vida y el desarrollo sostenible; la cultura y la educación; el autogobierno, la autonomía, la participación política y el derecho a la libre determinación.”

Léase bien: “EL AUTOGOBIERNO, LA AUTONOMÍA, LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA Y EL DERECHO A LA LIBRE DETERMINACIÓN”. Es decir, lo mismo que decía Rigoberta Menchú en la noticia que mostramos en el artículo anterior: “...los indígenas de todo el mundo luchan para no ser más discriminados, para autodeterminarse, para ser considerados PUEBLOS A TODOS LOS EFECTOS”
REALIDADES ACTUALES Y POSIBLES

Porque ¿Cuál es la situación actual de la región?

Hay una masa cercana a las 500.000 personas que se pueden clasificar como descendientes de la raza wayuu, que viven principalmente en la llamada península de la Guajira. Esta península está compartida entre Colombia y Venezuela, correspondiendo al vecino país la posesión de la casi totalidad de la misma, y a Venezuela una estrecha franja que bordea el Golfo de Venezuela y que llega hasta Castillete.

El quid del asunto es que se ha descubierto que existen grandes reservas de petróleo en la zona del golfo que está enfrente de la franja de tierra que corresponde a Venezuela, tal como se aprecia en el mapa siguiente:



El peligro real es que en el caso que llegase a prosperar algún intento independentista con el apoyo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y bajo el argumento de “pueblo indígena” con derecho a la libre determinación, y basados en los “derechos originarios sobre las tierras que ancestral”, tal como lo establece la Constitución Bolivariana de Venezuela, el mapa político pudiese quedar como lo dibujamos en la imagen siguiente, o muy similar.



El problema no es antropológico ni etnológico, es político, como lo expresaba sabiamente Rómulo Gallegos. Hay que tener una legislación y una política de Estado que incorpore nuestra Guajira a la nación venezolana, objetivo que no sentimos en la actual Constitución, que al contrario, incorpora el concepto de “pueblo indígena” en tanto que la de 1961, buscaba “su incorporación progresiva a la vida de la nación”, como lo expresó en sus propias palabras Pablo Tapo, representante indígena del Amazonas. (Tomado del diario VEA del 24-10-2004)

Que más quisiera que en nuestro país existiese, ya no un museo como el espectacular Antropológico de México, sino aunque fuese uno como el de Ponce en Puerto Rico, que pudiese mostrar el acervo cultural de nuestros habitantes originarios, que a lo mejor no pudiera ser tan majestuoso en piezas, pero lo compensaría sobradamente con las historias de sus actos valientes y heroicos en contra del dominio español.

¿Pero qué museo podemos esperar? Si hemos sido incapaces de tener un monumento a la altura de la gloria de nuestro Libertador, al grado que alrededor de su casa natal campea la inmundicia, a pesar de tener toda una manzana enfrente para honrarlo tal como su gloria lo merece. Suerte tuvieron Napoleón, Lenin, Washington y tantos otros de tener pueblos con dirigentes que supieron rendirle tributo.

Y dentro de esta incapacidad por supuesto que incluyo a esa autonombrada “intelligenzia” que en el pasado fue gobierno, y que prefirió aplaudir la construcción de obras faraónicas como el Parque Central o la línea IV del Metro, (que inexplicablemente es subterráneo, en vez de ser superficial de la Maternidad a Plaza Venezuela) que obras que reafirmaran nuestro gentilicio.


UNA ESTRATEGIA PREVISIBLE

Si el reconocimiento del carácter político tenía vigencia hace 60 años, ahora lo tiene mucho más, porque lo que está en juego son grandes reservas de petróleo. Estoy seguro que Estados Unidos no va a tener un segundo de vacilación para buscar el meterle la mano a esas reservas, porque además del petróleo en sí, se les abre la oportunidad de utilizarlo como arma política en esa región caribeña, que ellos denominan “Mare Nostrum”, y que es vital es sus planes estratégicos. ¿Y qué mejor manera que aplicar la receta panameña, y además, escudado en la ONU?

Es entonces que, bajo este enfoque, toman sentido tantas manipulaciones de Estados Unidos dentro de nuestras naciones, desde el famoso Plan Colombia y el envenenamiento de las relaciones colombo-venezolanas, hasta el lograr que fracasen las negociaciones entre Colombia y Venezuela para delimitar las áreas marinas y sub-marinas, a sabiendas que una vez que ello se logre, se comenzarán a explotar las reservas del golfo, haciendo imposible cualquier aventura secesionista.

El peligro real son las narices que la ONU pueda meter en este asunto. Porque ¿Qué es la ONU, o más bien, su nivel ejecutivo, el Consejo de Seguridad, sino una extensión de los intereses de las cinco potencias que lo dirigen, y fundamentalmente de Estados Unidos?

Así como la ONU envió tropas a Haití para masacrar a la población que desea la democracia y el retorno del presidente Aristide, secuestrado y derrocado por Estados Unidos; y así como dieron luz verde para emprender las acciones militares necesarias para desmembrar Yugoslavia, asimismo pueden tranquilamente, “con el cuento de los pueblos indígenas”, crear una nación Guajira, y sostenerla con la fuerza de las armas.

Lamentablemente Venezuela no forma parte de ninguna instancia política que pueda defender sus intereses. La única, la OEA, no es sino un Ministerio de Colonias de Estados Unidos. Y lo peor es que se está desperdiciando una oportunidad hermosa de construir una instancia de unidad política latinoamericana que se inicie con la unión de los países de la región que hoy tienen gobiernos nacionalistas.

Sin embargo, hay que comprender que la política es como el ajedrez, gana quien conjugue mejor el tiempo, el espacio y el poder, y Estados Unidos para intentar una acción así, necesita manejar muchos resortes y conseguir, sobre todo, peones que se presten a ello.

Si bien estoy convencido de que en algún momento se producirá algún movimiento es ese sentido, se me hace difícil que sea a corto plazo, gracias a la situación en Irak. Es cuestión pues, de aprovechar ese tiempo y generar una política adecuada, pero sobre todo, que cuente con la participación de todos los sectores e inteligencias de la sociedad.


LA VIGENCIA DE ARTURO USLAR PIETRI

Para terminar y a riesgo de hacer este artículo muy largo, me permito reproducir algunos pasajes de unos ensayos escritos por Arturo Uslar Pietri y que considero muy importantes de leer para aproximarnos a comprender, no sólo la cuestión indígena, sino a nosotros mismos.

En el titulado ”El mestizaje y el Nuevo Mundo” expresaba:
Desde el siglo XVIII, por lo menos, la preocupación dominante en la mente de los hispanoamericanos ha sido la de la propia identidad. Todos los que han dirigido su mirada, con alguna detención, al panorama de esos pueblos han coincidido, en alguna forma, en señalar ese rasgo. Se ha llegado a hablar de una angustia ontológica del criollo, buscándose a sí mismo sin tregua, entre contradictorias herencias y disímiles parentescos, a rasgos sintiéndose desterrado en su propia tierra, a ratos actuando como conquistador de ella, con una fluida noción de que todo es posible y nada está dado de manera definitiva y probada.

Sucesiva y hasta simultáneamente muchos hombres representativos de la América de lengua castellana y portuguesa creyeron ingenuamente, o pretendieron, ser lo que obviamente no eran ni podían ser. Hubo la hora de creerse hidalgos de Castilla, como hubo más tarde la de imaginarse europeos en exilio en lucha desigual contra la barbarie nativa. Hubo quienes trataron con todas las fuerzas de su alma de parecer franceses, ingleses, alemanes y americanos del norte. Hubo más tarde quienes se creyeron indígenas y se dieron a reivindicar la plenitud de una civilización aborigen irrevocablemente interrumpida por la Conquista, y no faltaron tampoco, en ciertas regiones, quienes se sintieron posesos de un alma negra y trataron de resucitar un pasado africano.
Culturalmente no eran europeos, ni mucho menos podían ser indios o africanos.”

.....

“En cierto modo, la historia de las civilizaciones es la historia de los encuentros. Si algún pueblo hubiera podido permanecer indefinidamente aislado y encerrado en su tierra original, hubiera quedado en una suerte de prehistoria congelada. Fueron los grandes encuentros de pueblos diferentes por los más variados motivos los que han ocasionado los cambios, los avances creadores, los difíciles acomodamientos, las nuevas combinaciones, de los cuales han surgido el proceso histórico de todas las civilizaciones”.
....
“En el encuentro de españoles e indígenas hubo propósitos manifiestos que quedaron frustrados o adulterados por la historia. Los indígenas, en particular los de más alto grado de civilización, trataron de preservar y defender su existencia y su mundo. Su propósito obvio no era otro que expeler al invasor y mantener inalterado el sistema social y la cultura que les eran propios y levantar un muro alto y aislante contra la invasión europea. Si este propósito hubiera podido prosperar, contra toda realidad del momento, América se hubiera convertido en una suerte de inmenso Tibet. Por su parte, los españoles traían la decisión de convertir al indio en un cristiano de Castilla, en un labrador del Viejo Mundo, absorbido e incorporado totalmente en lengua, creencia, costumbres y mentalidad, para convertir a América en una descomunal Nueva España. Tampoco lo lograron. La crónica de la población recoge los fallidos esfuerzos, los desesperados fracasos de esa tentativa imposible.”

Y en “Notas sobre el vasallaje” escribe:
“...el mestizaje del proceso podría ser distinto según los actores humanos e inhumanos que lo hayan de realizar. Y en esto radica la importancia de las posiciones individuales de quienes dicen las palabras y enseñan los caminos...
...El remedio no puede ser un aislamiento, ni una beata complacencia nacionalista, ni menos un anacronismo solicitado como una droga alucinógena. Hay que estar en el mundo, pero en el juego real del mundo. Sabiendo en todo momento lo que se arriesga y lo que se puede ganar. Apostando lúcidamente a la contemporaneidad y a la universalidad, pero sin perder de vista la base de situación en que se halla el apostador.

Aunque parezca paradoja, el autoctonismo simple también es una forma de conciencia vasalla. Así como es conciencia vasalla querer hacer la Nueva Ohio o la Nueva Pekín en tierra americana latina, no lo sería menos, y sí más estérilmente, porque paralizaría el proceso de crecimiento, el querer perpetuar un pasado cualquiera, que como sueño es tan absurdo como el de querer preservar de la muerte a los mortales. Por lo demás, tampoco hay que olvidar que Ohio no es nueva Londres, como Pekín no es una nueva Moscú, aunque se lo hubieran propuesto los respectivos iniciadores de los programas de transplante, porque la localización histórica no puede permitirlo....”

“....El remedio estará en enfrentarse con la más dura América nuestra y en buscarle la cara en insurgencia creadora. En regresar a luchar en nuestra América la pelea de nuestra América, de nuestro mundo, de nuestra hora, con un credo liberal o socialista, pero con el propósito de hallar lo nuestro y expresarlo, no para hacer el Massachussets o la Bielorrusia de América Latina, sino la América Latina del mundo. Es decir, nueva y finalmente, la coronación de la vieja empresa de hacer el Nuevo Mundo.”

A mí me resulta increíble como, al parecer, se arrojaron al cesto de la basura los estudios y preocupaciones sobre nuestra identidad nacional, de hombres de la talla de Rómulo Gallegos, de Uslar Pietri, de Acosta Saignes, de Alvarado, y de tantos otros, para en forma olímpica trasplantar, en eso que Uslar Pietri denominó magistralmente “el vasallaje cultural”, ideas y propuestas pensadas y diseñadas muy allende nuestros mares.


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Carlos Enrique Dallmeier


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