La camarilla occidental (Francia,
Reino Unido, OTAN y EEUU) recibió un severo revés con la reacción
rusa en sus aspiraciones de colocar su bandera colonizadora en los pocos
territorios del mundo que no explota. La cosa se le ha complicado y
no puede ocultar el hórrido sentimiento de haber metido la pata, completa,
hasta la zona misma donde nace la cola. Siente con terror que la historia
aquella que escribiera como ganadora de la II Guerra ahora se le devuelve
desde las páginas de sus maravillosos libros de historia: decía que
la entrada de los EEUU a la guerra había sido algo así como la incursión
de un gigante al que se había despertado. Ahora Rusia bosteza y la
pone a temblar.
Ahora mismo se debaten (los cuates
occidentales) si sancionar, aislar o condenar la actuación rusa en
suelo georgiano, osetio y abjasiano, porque, como dicen ellos mismos,
hay el derecho a la defensa legítima, si, pero el de los suyos y aliados,
no el de los ajenos. No puede Rusia custodiar sus esferas de influencia
como sí pueden ellos hacerlo. Que va. Ni siquiera bajo el concepto
de "resistencia legítima", vistos por los occidentales como
una monstruosidad aprobada por la ONU en 1987, pero asumidos por ellos
en la práctica como una licencia para acciones de "defensa".
Como lo hacen sus títeres a lo largo del mundo, cual Israel "defendiéndose"
de los Palestinos y Colombia de sus vecinos, a quienes tuvo que bombardear
recientemente. (Si así ensyaron comportarse con Rusia, otrora polo
de poder del mundo, saque usted la cuenta de lo que quedaba para los
paísese pequeños, donde ejercitaron incontables abusos).
Tal privilegio, que ahora también
parece devolvérseles en contra desde sus talleres de inventos, es patrimonio
de uso de ellos exclusivamente, así como de títeres y asociados. Guerras
preventivas, daños colaterales, legítima defensa aplastando a resistencias
legítimas... Todo un cardumen semántico al servicio de sus intereses
concretos: conquistar el mundo, como diría el personaje ratonil de
una tira cómica creada por Steve Spielberg. No olvidemos tampoco las
nociones "democracia", "derechos humanos", "libertad
de prensa", "derechos civiles", "mundo progresista",
"libertades económicas", "derechos políticos",
"lucha contra el terrorismo", "racismo", "antisemitismo"...
Todo un mundo contra otro, se dirá, porque habrá zonas en la Tierra
cuya cultura no comulgue con semejantes elaboraciones de la civilización
occidental (guerra de cultura o de civilizaciones). Tampoco se deje
fuera del paquete a los grandes testaferros de sus andanzas: la ONU y
la OTAN, suerte de aventuriles puticas complacientes.
Así fue, pues, se cogieron al
mundo para ellos solitos, y no avistaron ni a mediano plazo contrapeso
alguno que les alzase la voz. Como el que se pone a jugar sobre un tablero,
con movidas aparentemente bufas o ingenuas, ensayaron apoderarse de
los espacios más complejos, como el Medio Oriente, con éxito relativo,
dado que nadie chistó por el desastre que acometieron en Irak. Un tanto
igual se propusieron hacer con la antigua URSS, desmembrada ella, sumida
en el efecto interno de la reorganización después de la independencia
de sus provincias, después de la Guerra Fría. Enseguida empezaron
a minarla de problemas, con Ucrania, con los Balcanes... ahora con Georgia.
Enseguida empezaron a rodearla con aliados listos a prestar sus territorios
para un eventual ataque, como República Checa y Polonia, conspicuamente, donde
buscan instalar bases misilísticas.
Hasta que se desbordaron y cayeron
sobre su propia charca con el rollo de Georgia y Osetia del Sur, donde
perdieron en dos días lo que había preparado ganar durante una década.
Ni conquistaron con su maniquí Saakashvili el terreno dorado para proclamar
su influencia sobre los corredores de suministro (de hidrocarburos)
hacia Europa y los EEUU (Cáucaso-Mar Caspio-Mar Negro), ni tuvieron
los cojones suficientes para enfrentar al oso polar ruso, que se levantó
no sólo a defender sus espacios claves circunvecinos, sino a proclamarlos
como repúblicas independientes. Un verdadero descalabro para interés,
planes y autoestima imperiales de Europa y su jefe norteamericano. Lo
que hicieron fue acrecentar el charquito bajo sus piernas, porque hasta
dentro de la OTAN cundió el culillo de no alcanzar el consenso: no
sólo habían despertado a un letárgico oso de la guerra, sino que
con la acción ponían en guardia a un poderosísimo aliado de las estepas,
como es China, con quien Rusia desde hace años realiza ejercicios militares
en el Asia Central.
Ahora se revuelve la camarilla
con las fórmulas de siempre (la libertad de los pueblos, la soberanía),
incapaz de tragar el grueso de la experiencia adversa. Opiniones encontradas
se barajan sobre la mesa, con una Alemania objetando aislar a Rusia
porque es custodia de una zona estratégica por donde Europa se alimenta
en un 30% del gas, por mencionar nomás un concepto; con un espíritu
general de la OTAN acostumbrado a la guerra, herido en el amor propio
de que en breve plazo surja en el mundo una organización similar, de
bipolar contrapeso. Algunos del cónclave claman por aislar y otros
por sancionar; pero como se dijo, con pocas posibilidades, porque el
puño ruso atenaza un área geoestratégica de suministros hidrocarburos,
y arruinar su funcionamiento sí que sería una tragedia energética.
Y, así, se han decido por una condena, mientras pasan a lo que había
en el pasado: el juego de la Guerra Fría: reconfiguración de estrategias,
de armas y de globo terráqueo.
Porque no es Rusia únicamente
quien se alista en un bando: está China, los llamados "istanes"
de Asia Central (Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán
y Kirguizistán) y mucho ánimo en tanto país del mundo saqueado por
la camarilla occidental. Del Medio Oriente ya presuponen a un Irán interviniendo
en la coyuntura caucásica, quien acaba de alertar de una posibilidad
de III Guerra Mundial si es atacado; de América Latina, terreno casi virginal
en esto de intervenir en guerras confederadas mundiales, hay que decir
que las acciones imperiales de los EEUU han caldeados los humores con
su eterna coletilla de asumirla como "patio trasero" o granero
comercial. Países como Venezuela, Cuba o Bolivia (con más geoestrategia
que armas) no encuentran gran argumentación para aparejarse con quien
durante años los han sojuzgado. La reacción rusa ha supuesto una escalada
global de apelaciones, reacomodos, respuestas y hasta envalentonamiento
de pequeños países que tradicionalmente han tenido que callar ante
los abusos.
No es ahora la IV Flota de los
EEUU quien se movería en el Caribe con exclusividad. Los rusos en breve
estarán haciendo puerto en costas venezolanas, en una visita de cortesía.
Cuba en estos momentos recibe asistencia rusa en el contexto de los
desastres generados por el huracán Gustav y ellos supone un acercamiento.
Hugo Chávez proclama ya la necesidad de alianzas con la misma factoría,
Rusia y China, sin contar que en el ámbito continental en general los
países se animan a establecer "diferentes" relaciones de
subsistencia y desarrollo. Así, hace días Honduras declaró prácticamente
que con los EEUU lo que ha logrado es hambre, por mencionar el más
emblemático país base de sus operaciones en América Latina, por supuesto,
además de Colombia, Perú y México. Brasil, cada vez más descubriendo
petróleo en sus costas, ha declarado sus intenciones de custodiar sus
riquezas con la construcción de submarinos nucleares.
De manera que la masa no está
para bollos, como se dice coloquialmente. No se puede andar con tranquilidades.
El mundo es tan sensible e inestable que cambia con el simple grito de
guerra de uno de sus países. Rusia ha decidido, de manera irrevocable,
defender sus puntos de influencia en el Cáucaso, apoyando proclamas
de independencia republicana en el área y declarando incluso que respondería
ante cualquier amenaza de Occidente. Sus aviones bombarderos T-95 bordeando
las fronteras estadounidenses fueron catalogadas como "reto"
por la Secretaria de Estado, Condoleeza Rice, y conmocionó el reciente
misil intercontinental Tópol lanzado dentro del mismo territorio ruso
(6 mil Km. de recorrido), capaz el dispositivo de sortear escudos antimisiles
y de aterrizar en lejanos países. Poco antes habían anunciado "un
sistema defensivo aeroespacial sin parangón en el mundo, el S-400,
capaz de derribar de manera simultánea 12 objetivos aéreos de cualquier
tipo desde una altura de 10 metros hasta los 30 kilómetros" ¹.
Los mismo iraníes ha poco ensayaron misiles capaces de un alcance de
más 2.000 kilómetros, para sumar un poco más de granos a la contienda
desde el ángulo de las eventuales alianzas.
Finalmente, no se requiere ser
genio para vaticinar lo siguiente: cojeando por la pérdida casi de
definitivo influjo en un área de trabajada (soñada) captura geoestratégica,
lo más probable es que los aliados occidentales se replieguen a hacia
sus rincones asegurados, como el Medio Oriente, América Latina y las
zonas mismas de la Europa del Este, a apertrechar sus posiciones. De
no ocurrir algo inusitado, como una declaración de alianza ruso-iraní,
lo más seguro es que Irán sea objeto de invasión y hasta de ataque
atómico, como lo fue Irak con sus tres o cuatro bombas recibidas de
modo fragmentado. Un tanto igual para América Latina: EEUU se atornillará
con más audacia en sus puntos baluartes (Colombia, Perú, América
Central), lanzando una ofensiva más definitiva sobre el resto del continente,
a objeto de reducir la perturbación "comunista". Como se
dijo, si no ocurre algo extraordinario para acá también, como las
declaraciones de alianzas dichas, con toda su implicación de estrechamiento
de relaciones políticas, económicas y militares.
Tal lógica habrá de consumarse
sobre este contexto de retorno hacia los tiempos de la era fría (mundo
bipolar todavía, incapaz de multipolaridad), cuando uno de los polos
del poder le pasaba factura al otro por la pérdida de influencias en
una determinada área. Si se perdía por aquí, se restaba por allá,
volviéndose hoy al jueguito infantil del equilibrio de fuerzas, siempre
saliendo los países pequeños con las tablas en la cabeza en medio
de este tráfico del poder. Multipolarizar el mundo: tal es el reto
de estos últimos, de forma que, más que equilibrio, haya en el mundo
respeto a los derechos soberanos.
Notas:
¹ Oscar J. Camero: "El renacimiento
de la Guerra Fría" [en línea]. En Animal político. -
16 sept 2.008. - [Pantalla 4]. - http://zoopolitico.blogspot.com/2007/09/el-renacimiento-de-la-guerra-fra.html. - [Consulta: 2 ago 2.008]
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