Cómo es que nos atacarán los EEUU, luego de entender el por qué

A vuelo de pájaro, como reza el clisé, uno se puede imaginar la situación, esto es, cómo es que la derecha internacional (plutocracia mundial, imperialismo occidental, etc.) pretende desplazar a Hugo Chávez del poder, es decir, a esta semilla de socialismo que se desarrolla en el país en medio de un esforzado propósito humanista, por ende, contracapitalista.

Las razones, muy simples pero descomunales: como en los viejos tiempos de las nacientes repúblicas suramericanas a despecho del imperio español, cuando Simón Bolívar lo confrontó, éste hombre le ha hablado de frente, de tú a tú, a los imperialistas de turno, a los postmodernistas EEUU.

Lógicamente, semejante actitud ha sido acompañada en la práctica por acciones que apuntan al cumplimiento de unos objetivos ideales e ideológicos (y valga el ideario), de la misma manera que lo fue en el pasado: la autonomía política, la soberanía nacional, la independencia, en fin, el manejo y administración de la hacienda y casa propias. Uno en tiempos de ilustración y romanticismo, cuando el hombre se debatía entre guerras y revoluciones por el amanecer de una nueva era, de libertad política e individual en aras de una felicidad social suprema; otro en tiempos…, ¿cómo decirlo?, de supervivencia y dignidad.

Porque hoy, amigos míos, hombres viejos que somos (en realidad lo que llamamos época antigua pertenece a la edad juvenil de nuestra historia), después de tantas históricas guerras , sangre sacrificada, ideologías enarboladas o desmontadas, experiencias acumuladas, sistemas filosóficos ensayados, agudeza del pensamiento y herramientas de análisis puestas a su servicio, no parece concebible, mucho menos aceptable, que burdamente se recurra a proposiciones de control y sometimiento, como el cuento tal de la globalización y la pérdida de identidad, o la ridícula propuesta neoliberal de señoreo del mercado por encima de las pasiones y del alma humana, por mencionar sólo un tentaculito del monstruo que intenta hacer eterno su trabajo de opresión. Debiera de haber suficiente salud mental para desenmascarar y combatir semejante estupidez

Tales acciones prácticas se han aplicado en correspondencia programática con los objetivos de soberanía de un humanístico socialismo, apuntando al desmontaje de la doctrina y práctica capitalistas y neoliberales de nuestros usos, con el tiempo (idealmente) de nuestra cultura. (Vale preguntarse, en especial en aquéllos que aún no arriman una reflexión respecto del ejercicio de sistema tan vil, cómo es que los ojos no ven y las almas no sienten cuando la doctrina y praxis de marras han hablado por obra propia y arrasado a Europa y América Latina, para contentarnos con dos menciones, disponiéndose a completar la obra con el resto del mundo, de cualquier modo, como lo demuestran ahora, por fuerza, por engaño, chantaje, bombas, embrujo o lo que fuere).

En Venezuela se han concretado en los siguientes aspectos, corriendo al monstruo no tanto por atacarlo directamente como por efecto secundario al atender las necesidades prioritarias de los nacionales y recomponer la soberanía política: (1) bienestar económico y salud: emblemáticamente Mercal (Mercado de Alimentos) y Barrio Adentro, misiones de alimentación y salud, respectivamente, desmontaron el espíritu mercantilista que imperaba en la fisiología económica de estas actividades: las transnacionales de los alimentos hacían desastres con sus monopolios y excepción del Estado en la materia, por un lado, y los médicos venezolanos, por el otro, mercantilizados ellos, reacios a ofrecer sus servicios en las zonas pobres donde no brillase una moneda, debieron aprender de la humildad valiente de los médicos cubanos que, sin cortapisas, enarbolaron la bandera de Hipócrates sobre predios inimaginables para la mentalidad burguesa. De este modo, con intervención reguladora del Estado, quebraron las empresas (transnacionales ellas) que basaban su actividad en el hambre y enfermedad del pueblo.

(2) Soberanía: Venezuela afinca su autonomía política combatiendo la presencia e injerencia de los EEUU en tierra patria: expulsión de la misión militar que hacía vida en La Carlota (en pleno centro de la capital), sinceramiento de las relaciones diplomáticas con los EEUU (lo que lleva a una crisis), promulgación de leyes para regir apoyos o financiamientos foráneos a sectores opositores, establecimiento libre y soberano de relaciones políticas y comerciales con países como China, Rusia, Irán, etc., todos ellos fuera del espectro de dominio político de los EEUU. De forma que, por esta línea, se procura concretar lo que se ha dado en llamar nuestra segunda independencia política, ayer del colonialismo, hoy del neocolonialismo (siempre del imperialismo).

(3) Integración: Venezuela ha extendido a todos los rincones de Suramérica, con trascendencia mundial, el espíritu de la solidaridad e integración en procura de la soberanía política y económica continental, en aras del establecimiento en el mundo de un orden y poder multipolares. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Petrocaribe, la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA), son todas iniciativas con el sello humanista e integracionista de la patria de Bolívar. Ello por sí solo, con empuje de patria grande, ha arrinconada a las viejas organizaciones como la OEA , donde la presencia de los EEUU ha servido únicamente para injerir y manipular la paz política de las naciones integrantes. Ante la reacción continental integral, política y diplomáticamente los EEUU se han visto precisados a recular desde su concepción colonialista de “patio trasero” respecto de Suramérica.

Dicho todo lo cual, esto es, las razones por las cuales Venezuela es motivo de roncha para la derecha política y objetivo de ataque, la reflexión lógica nos coloca en el principio del escrito, que es saber cómo es qué se dará el ataque, dejando sentado que su lógica o mecánica procedimental no es nada nueva y se basa en el uso que la potencia estadounidense y sus aliados han desplegado en los últimos años a la hora de emprender sus guerras, coloniales, neocoloniales o siempre imperiales. Colóquese este “cómo” en fases, como a continuación se explican:

Fase A: el país a ser asaltado debe figurar dentro de un esquema programático y geoestratégico de empoderamiento político o ataque militar con miras a cubrir la necesidad de supervivencia o de hegemonía globalizante de las potencias colonialistas occidentales. De sobra sabemos que la toma del Medio Oriente y sus recursos geoestratégicos, geopolíticos, geográficos y energéticos, por ejemplo, figura en los planes de expansión y hegemonización mundial de los EEUU. Nada digamos de Venezuela que, por su ubicación geoestratégica y su condición de mayor reservorio de hidrocarburos planetario, con seguridad ha de estar protagonizando a futuro uno de tales esquemas.

Fase B: el país a ser asaltado, si rebelde (los hay pacíficamente domeñados), debe ser satanizado ante la opinión mundial con el propósito de permear los requeridos apoyos institucionales para emprender el ataque, revestido de legalidad. Irak en su tiempo fue calumniado como poseedor de armas de destrucción masiva (las cuales no se hallaron jamás), lo cual sustentó resoluciones de la ONU que dieron pie a su final agresión; Libia fue enturbiada con la acusación de genocidio y la agresión se permeó por los caminos de la “ayuda humanitaria” y “protección de la población civil”; hoy Siria es “trabajada” con el argumento del probable uso de sus armas químicas, caso que ameritaría el inevitable asalto benefactor de las potencias imperialistas con el propósito de “proteger” a la población civil. A nadie se le esconde que Venezuela es perennemente acusada de cualquier cosa, esto hasta encontrar un argumento que sirva a los fines de su ataque, es decir, a hacer parir a la ONU ambiguas resoluciones justificantes: narcotráfico, armamentismo, derechos humanos, dictadura.

Fase C: el país a ser asaltado debe contar con una factoría política opositora dispuesta a ofrecer una cuota de sacrificio, es decir, a ofrecer una mortandad de nacionales atribuibles al régimen adversado para así hacer patente su criminalidad o ineptitud y justificar el golpe. Tal mortandad puede operarse de varias formas: que parezcan cifras directamente atribuibles al régimen adversado (asesinatos) o que se trate de cifras indirectas producto de su gestión (sabotaje), así sitiada con la finalidad de desestabilizarla y propiciar la aventura del garrotazo. Véase la antigua Yugoslavia: los serbios “parieron” sus muertos (asesinaron a su propia gente) para endilgárselos a los serbio-bosnios bajo el rótulo de crímenes de guerra, contribuir a su satanización y a su final arremetida desde el extranjero. En Libia Gadafi “masacraba” a su pueblo (en realidad se defendía de la factoría política alimentada desde afuera que buscaba derrocarlo, como a la final lo logró); en Siria hoy Bashard Al-Assad ya es un cacareado asesino de lesa humanidad con varias masacres en su haber, listo para dar el siguiente paso de rociar con armas químicas a su propio pueblo (no se dice que se defiende de la factoría golpista alimentada desde el extranjero que en cualquier momento podría cumplir con el requerimiento de forjar un ataque químico sobre sus connacionales para atribuírselo al más grande criminal de todos los tiempos). Respecto de Venezuela, huelga decir que la factoría política neocolonial (la oposición, pues) ya ofreció su cuota de “sacrificio” a la maquinaria extranjera que aspira a derrocar a Hugo Chávez con los muertos que “justificaron” el golpe de Estado del 11 de abril de 2002; y hoy, muy recientemente, al parecer de un intelectual como James Petras, acaban de asestar otra operación de sabotaje (tragedia de la refinería de Amuay) tendente a desacreditar al “régimen”, presentándolo como inepto y para incidir en los resultados electorales de 7 de octubre de este año, cuando se elige presidente.

Intente usted reflexionar que actualmente Venezuela no cumple con los tales requerimientos que la hacen acreedora de los tales y respectivos porqué y cómo. Piense: según lo explicado, ¿no estriba en casa propia la probabilidad de gestarle al país el golpe derrocante? O sea, para entendernos mejor: ¿no ha dejado en claro la historia de las agresiones imperiales recientes que sus ataques a países se soportan sobre una pila opositora interna y apátrida que virtualice el maquiavélico apotegma de la división, esto es, el “dividir para gobernar”?

Queda claro, en fin, dónde es que hay que trabajar desde el punto de vista de la inteligencia y la defensa nacional.

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