Mérida: oda a la peste

¿Qué tan lejos queda la bella comunidad argelina de Orán? ¿Cómo un escritor europeo pudo predecir después de la Segunda Guerra Mundial algunas miserias que hoy agobian a un sector de los venezolanos? Desde hace meses los que vivimos en el estado Mérida hemos sido testigos de qué manera la “ciudad de los caballeros” se ha convertido en una estampa de basura, gusanos y moscas verdes ¿Será símbolo de un comportamiento político pestilente y soterrado que flota de esta manera? La novela de Albert Camus denominada La Peste nos describe los caminos para la indolencia, las sendas en las que podemos conocer el deterioro de la moral ciudadana, el decadente método de convertirnos en sólo observadores de una población que poco a poco es acorralada por la miseria.

Las ratas que ayer sometieron a Orán y cundieron de peste a sus habitantes, hoy nos arrinconan con un espeluznante modelo de gestión ejecutado sin desparpajo por un alcalde copeyano que tiene además la insignia de ser el candidato por la MUD a la gobernación de esta entidad. No creo que sean exageraciones de mi parte estas afirmaciones o de quienes lo atacan por su posición ideológica. Lo que sí está claro para nuestros sentidos, en especial la vista y olfato, es que el burgomaestre Léster Rodríguez ha permitido que la ciudad de Mérida se convierta en un relleno no precisamente sanitario.

En ocasiones, otorgándole el beneficio de la duda he llegado a pensar que los malos olores no son por capricho, dejadez, indolencia de Léster; a algunos incluso les he dicho que el alcalde colma sus frustraciones de ingeniero químico de esta manera: experimenta una peligrosa formula en la que el metano y la mugre pueden servir para “ganar” una campaña política. Léster en su laboratorio puntofijista está combinando elementos que de fallar alguno estallarían en su cara o en las nuestras.

Hasta ahora creo que la cosa le ha funcionado. Más allá de algunas voces que lo critican tímidamente por los medios de difusión regionales, más allá de ciertas personas que se quejan por tal imagen que asedia hasta los obsesivos apasionados por la escatología cotidiana, el alcalde copeyano sigue en su plan de constituir su “modelo” de gestión bajo la consigna de la fetidez.

“La ciudad estaba llena de dormidos despiertos…”, nos advierte Camus en su novela. La Peste y sus enseñanzas a través de la literatura también nos ejemplifican las diversas maneras que tenemos para estar en el clima del absurdo; en nuestro caso, una ciudad que nos colma con su belleza y a la vez su “mandatario”, quien debería ser su fiel conserje, nos restringe con tumultos de basura y hediondez; además, una ciudad que se jacta de tener una de las principales universidades del país y a uno de sus ex rectores como alcalde, es circundada y ve restringido incluso el libre transito de sus ciudadanos por la basura, la cual, digo yo en mi sana ignorancia, es reflejo de muchas cosas que ocurren en esta entidad y que seguro, más temprano que tarde se conocerán.


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