Recetas electorales (II)

En la primera entrega de este artículo plantee algunas recomendaciones que le hiciera Quinto Tulio Cicerón a su hermano mayor Marco Tulio Cicerón con el objeto de alcanzar un puesto en el consulado romano en el año 64 AC. Las orientaciones dadas por el menor de los Cicerón nos advierten de qué forma algunos postulados electorales tienen su raíz en las primeras contiendas políticas planteadas en las pesadumbres del imperio romano. Comprende con meridiana claridad que la masa es un ser heterogéneo, unificado por circunstancias en una entidad orgánica, con cuerpo y vida propia, dotada por un alma colectiva; apreciación ésta que siglos más tarde sería muy bien explicada por Gustavo Le Bon en su texto la Psicología de las multitudes: “esta alma les hace sentir, pensar y obrar de una manera por completo distinta de cómo sentiría, pensaría y obraría cada uno de ellos aisladamente”. Estamos en plena campaña electoral y el escenario se torna más complejo: las miserias y las virtudes aparecen y desaparecen, por un lado el Presidente Chávez se presenta cada vez más fuerte, en el otro extremo ideológico Capriles no logra captar electores más allá de los que recurrentemente han votando en contra de la Revolución Bolivariana. Repasemos el breviario electoral de Quinto Tulio Cicerón, quien sugería a su hermano que “tus grandes cualidades han llevado a algunos hombres a simular que son tus amigos, al tiempo que a tenerte envidia. Recuerda, por lo tanto, aquella sentencia de Epicarmo de que los nervios y las articulaciones de la sabiduría consisten en no confiarse a la ligera, y así, una vez te hayas asegurado de la devoción de tus amigos, estudia entonces los motivos y las peculiaridades de tus detractores y enemigos. Los hay de tres clases: los que se han visto perjudicados por ti, los que sin motivo alguno no te aprecian, y, finalmente, los que son muy amigos de tus competidores”.

Por otro lado, Quinto Tulio Cicerón le advierte a su hermano las características de una región inmersa en las desdichas humanas, constituida desde las bajas pasiones, merodeada siempre por quienes quieren controlarla. Roma, un imperio como todos poderoso, avasallador, incólume en algunos aspectos y demasiado vulnerable en otros; Roma, la cima de las diatribas, la polis y sus incoherencias sobre quién debe o no ser calificado como ciudadano. De ella nacieron los principios rectores de la política, desde ella se concibieron las formas de gobierno y sus métodos para deteriorarlos, hacerlos añicos por la traición. Sobre este último punto Quinto le explica a Marco Tulio Cicerón que “Esta es Roma, una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar la arrogancia, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”. Como podemos apreciar, el jurista romano consiguió por la lucidez y perspicacia de su hermano menor, las claves para alcanzar en julio del año 64 AC el consulado por la unanimidad de las centurias. Le ofreció al celebre orador la sustancia del poder: una energía transformadora para el beneficio de las mayorías si se le toma con cautela o, por el contrario, autodestructiva, capaz de obnubilarte si no se le asume con la debida preocupación; apetecible para quien no la ostenta y aborrecible para aquellos que han padecido sus infortunios. ¿Tienen vigencia estás recomendaciones expresadas en este breviario electoral escrito por Quinto Tulio Cicerón? ¿Acaso esa Roma que deslumbró al mundo entero es un constructo del pasado? ¿No tiene cada República –incluso ahora- las probidades y desmanes de quienes dieron los primeros pasos por hacer de la política la madre de todas las batallas? Superadas unas, reajustadas otras, lo que sí nos deja claro Quinto Tulio es la manera como en las campañas electorales se desarrollan todo tipo de escenarios en los que el candidato casi siempre se maneja dialécticamente en dos caminos: el de la lealtad o la traición.



@aliperiodista

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