Sin duda es un gran tipo. Una
denodada muestra de equilibrio en sus funciones −así se lo hará
saber su entorno adulante o su cinismo propio, según detractores, que
todo el mundo los tiene−. Todo un personaje al servicio de las causas
nobles de este mundo, tan plagado de problemas y tan requerido de gestiones
mediadoras que motivó que no se contuviera. Él, Ban Ki-moon. Para
ello es Secretario General de la ONU, árbitro en favor de la paz y
de las cordiales relaciones entre las naciones del planeta. Ban Ki-moon,
el inefable, dedicado hoy a gestionar ante los países petroleros una
rebaja de los precios del crudo para los países consumidores.
Como Secretario General de la
ONU, consideró que para el ejercicio de sus funciones no había en
la actualidad papel mejor que gestionar el abaratamiento de los precios
del crudo, ahora mismo en alza, aparentemente por causa de la insensibilidad
humanista y humanitaria de los países productores. Hienas estos últimos,
ahogándose en medio del afán de lucro, hecho que lo ha llevado a levantar
el estandarte de mediador de una causa noble: que los países productores,
de suyo pobres o pertenecientes a eso que llaman "tercer mundo",
no depredan a los pobres países ricos, de suyo industrializados, monopolizadores
del poder en el mundo en cualquiera de sus expresiones. En todas, menos
en ser dueños de las reservas fósiles de la Tierra, asunto que, por
cierto, se resisten a aceptar después de haber agotados con propias.
Así, el hombrecito se fue con
el rey Abdalá de Arabia Saudita y recogió el fruto que ya habían
abonado las naciones consumidoras, encabezadas por EEUU, cuando aquello
de que no le venderían más armas si no producían más petróleo,
de modo que incidieran en la caída general de los precios. Después,
con bombos y platillos, anunció que el rey "Está dispuesto a
hacer todo lo que esté en su poder para llevar el precio del petróleo
a niveles convenientes", habiendo reconocido previamente "que
los precios del petróleo son anormalmente elevados a causa de factores
especulativos y de la política de algunos gobiernos". Gran triunfo.
Ese es Ban Ki-moon, el luchador, Secretario General de la ONU, al servicio
de las causas nobles del mundo.
Nadie lo puede culpar de parcialidad
en sus funciones, porque pedirle a la OPEP o a uno de sus miembros fundamentales
que rebaje los precios del petróleo redunda en una causa noble superior,
como el mismo lo declarase a la prensa mundial: su incidencia en la
crisis alimentaria y el cambio climático (su real trabajo), fenómenos
aparentemente exacerbado por la codicia de algunos miembros del cartel
petrolero. De tal suerte no se puede dejar de apreciar la enorme magnitud
de su desempeño, en favor de los pobres del mundo y de la salud del
planeta. Nada de eso de que alguien venga y diga que no son los miembros
del cartel petrolero los mayores responsables hambre en el mundo o de
la degeneración del planeta como hábitat humano. ¿Qué es eso?
Ni que tampoco vengan con el cuento
ese de que el libre mercado es la ley de la economía del mundo, hecho
que deja de ser verdad absoluta cuando empieza a afectar a los pobres
países ricos consumidores, sus principales propaladores, los mismos
que se la invocan a diestra y siniestra a cualquiera que se les antoje.
¡Qué va; no le hace mella en la dimensión humana de su trabajo! Que
Arabia Saudita, en virtud a las descomunales presiones a las que es
sometida, convoque luego al cartel a una reunión para discutir los
elevados precios del barril de petróleo, lo tiene sin cuidado, porque
más bien lo considera un gesto de racionalidad y buena voluntad en
medio de una situación que afecta a los países ricos. Lo que importa
es que, como sea, discuta lo elevado de los precios. Más que
mejor: es el resultado (y a la vez confirmación) de su enorme poder
de gestión como presidente de un ente mundial también poderoso. ¿Habrá
de lamentarse alguien porque es poderoso y está al servicio de una
causa noble para los hombres?
¿Que el presidente de la OPEP
declarase luego que es "ilógico e irracional" el pedimento
de aumentar la producción para frenar el alza de los precios...? Lo
tiene sin cuidado, a él, a Ban Ki-moon, el inefable, el luchador por
las causas nobles, coreano de pura cepa, graduado en las mejores universidades
del mismo país que lo postuló para el cargo que actualmente desempeña.
Su estatura es tal que pocas cosas le quitan el brillo; por el contrario,
con su enorme masa de gloria −se dirá− él le resta luminiscencia
al sol mismo, si se descuida... ¡Los países productores de petróleo
venden su petróleo a precios altos y punto! No tendría nadie que quedarse
de brazos cruzados −y menos él− ante la injusticia de ver afectar
las economías de los mejores países del mundo. Ello jamás se lo perdonaría.
Para ello fue elegido.
¿Que un negro por allá, presidente
de un minúsculo país suramericano, declare su no asistencia a la llamada
reunión del cartel para discutir los precios...? Menos lo afecta en
el logro de sus objetivos, más cuanto es matriz de opinión de que
el susodicho presidente es el responsable mayor del alza. El tiempo
dará la razón de quién acomete tarea más noble. ¿O el que defiende
la causa de países en desarrollo −pérfidos ellos− o el que entrega
todo porque los países ricos no se contraríen en la conservación
de su bienestar? Los precios del petróleo están altos y punto, y llevarlos
a un precio justo es noble tarea de un Secretario General de la ONU,
preocupado por el hambre en el mundo y el cambio climático.
¡Qué importa que digan que él,
el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, es parte orquestada de
una campaña de los países ricos consumidores para reblandecer la moral
de los países productores, frenar los precios del crudo, abaratarlos,
si es posible, como cuando en el pasado se concibió una vez poner a
la OPEP de rodillas con un barril a $6! (¡Qué tiempos aquellos!) Poco
importa el precio personal a pagar si la causa es loable. La estabilidad
económica del planeta depende de la estabilidad de las economías ya
estables (recurso nemotécnico para recordar uno de los aprendizajes
de sus estudios universitarios). No se puede tolerar que los pobres
países ricos se vean ahora precisados a buscar sus recursos energéticos
debajo de los fondos oceánicos, como acaba de proponer el excelente
presidente de los EEUU, señor George W. Bush. Mantener el equilibrio
es la consigna; lo demás es ripio.
¿Qué otros arguyan por ahí
que otras son las urgentes tareas a atender por un Secretario General
de la ONU, como el campo de concentración palestino, la ocupación
de Irak, la de Afganistán, la casi segura invasión de Irán, las declaraciones
y ensayos de Israel respecto de atacar a este último país, el papel
desestabilizador desplegado por los EEUU en América Latina, el bochinche
separatista en el continente, la constante insidia de los EEUU a través
de Taipei para atacar a China, el escudo antimisiles en Europa y la
provocación a Rusia, la persistencia de la OTAN, baluarte sin contrapeso
de la guerra fría...? No tienen razón y no tasan con acierto sobre
cuáles son las más urgentes tareas que atender entre las naciones.
No tienen idea, y no se les culpa, pues nadie es culpable por no asistir
a las mejores universidades del planeta, localizadas en los EEUU. El
criterio es corto cuando no se cultiva con lujo… de cuidados, más
cuanto el lujo procede de quienes manejan el globo terráqueo.
Grande tarea es luchar por los
más pobres y necesitados, combatir el hambre, los genocidios de desamparadas
gentes, el abuso de los grandes sobre los chicos, la contaminación
ambiental y su consecuente cambio climático, procurar la paz entre
las naciones... Y es claro que los altos precios del petróleo conspiran
contra la estabilidad planetaria. Inciden en el cambio climático (recrudeciendo
los rayos ultravioletas), multiplican la pobreza (derivando en que escaseen
los alimentos), hace que más gente mate a otra y que, en fin, a los
países desarrollados −industrializados, de suyo consumidores− se
le ocurra la belicosa idea de tomar las reservas fósiles de otros países
por la fuerza. Algo completamente inaceptable. Es ideal el libre mercado
que receta el trabuco neoliberal de sus economías, pero no tanto...
(Hay que intervenir a veces para combatir la generosidad de los países
ricos…)
Los precios tienen que ser metidos
en cintura, y Ban Ki-moon está allí, en el Secretariado General de
la ONU (iba a decir OPEP), para cumplir con su tarea. Coreano de nacimiento,
graduado en Harvard... Su trabajo es la paz del mundo...
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