El modelo productivo socialista. La economía socialista

La economía socialista es la segunda línea estratégica planteada por nuestro líder dentro del Plan Nacional Simón Bolívar. Acotamos que este tipo de análisis no le compete de manera exclusiva a los economistas pero si es importante destacar que es necesario inventar. No existen modelos algunos a seguir. Toda revolución que se precie de serlo, debe crear su propia política económica. No podemos estar sujetos a tesis dogmáticas en esta importantísima materia. Las experiencias de otros son sólo eso: experiencias de las que podemos sacar algunas enseñanzas. Nada más,recetas nunca.

La creación de un Poder Ejecutivo Popular con los Consejos Comunales puede ser parte importante de esta inventiva necesaria. El fortalecimiento inusitado del movimiento cooperativista también apunta hacia la colectivización de los medios de producción en una fase transitoria. El respaldo decidido a la pequeña y mediana industria contribuye igual a la proliferación de una amplia masa de pequeños propietarios generadores de empleos alternativos y tecnologías intermedias muy necesarias en estos momentos de despegue productivo.Por supuesto que todo esto va combinado con una sana y soberana propiedad estatal sobre los principales medios de producción nacionales,léase minas e hidrocarburos y otros bienes naturales, sin los cuales sería imposible avanzar en nuestro proyecto.

El modelo productivo socialista debe partir de la expropiación y nacionalización de los grandes monopolios capitalistas, que definitivamente supere el capitalismo rentístico y parasitario del que solo se beneficia el conglomerado bancario y financiero, desafortunadamente favorecido por políticas macroeconómicas que enriquecen a los compradores de títulos de deuda pública con jugosas tasas de interés. Un nuevo modelo productivo socialista debe propiciar el desarrollo de nuestra industria, de la economía de servicios, del aparato tecnológico y de la agricultura. Economía del conocimiento.

Prácticamente en cualquier literatura que se consulte se encontrará el reconocimiento claro de que a partir de los años 80 la economía de los países desarrollados comenzó a entrar en una etapa diferente, en la que el conocimiento comenzó a ser el activo económico principal.Se le categoriza como una "Tercera Revolución Industrial", identificando la primera como aquella quedio origen a la industria en la Europa del Siglo XVIII; y la Segunda en el Siglo XX como el ascenso de la economía movida por el petróleo, la electricidad y la producción industrial masiva y en serie. Ahora esta tercera se califica como Revolución Cientiífico- Tecnológica.

El primer paso para implementar una economía socialista es saber en que se diferencia de una economía capitalista de mercado que sufrimos actualmente. Según Heinz Dietrich, las diferencias principales son seis y son las siguientes:

Los cuatro elementos de la democracia económica: 1.- La incidencia real de los ciudadanos en las deciones macroeconómicas. Ejm.: El Presupuesto Nacional; 2.- La incidencia real de los trabajadores en las decisiones microeconómicas (la empresa), particularmente sobre la tasa del plustrabajo, que decide el grado de explotación de la mano de obra y la tasa de inversión; 3.- La incidencia real de los ciudadanos en las decisiones económicas de la comunidad, por ejemplo las deciones del resupuesto participativo a través de los Consejos Locales de Planificación de Políticas Públicas y los Consejos Comunales, etc.; 4.- La Planificación Económica sobre esas incidencias en las mayorías.

Los dos elementos de la economía del valor: La contabilidad y operación de la economía se realiza mediante el valor (los insumos de tiempo), sobre el precio del mercado. 2.- El intercambio de los productos se realiza mediante valores iguales. Este es el principio de equivalencia que instala la justicia social a nivel de producción, no de la distribución empresarial o redistribución estatal. La justicia social se realiza, de esta manera, desde el primer nivel de toda actividad económica: la producción.

El paso decisivo en la transformación de la economía de mercado hacia la economía socialista reside en la sustitución del precio por el valor. El precio cumple dos funciones vitales para el sistema capitalista: La primera es que es el centro cibérnetico de la economía nacional, regional y global, que dirige los flujos de mercancías (productos), servicios, dinero y capitales; sin el precio la economía de mercado no se mueve, es un sistema muerto. La segunda es que el precio es el principal mecanismo de apropiación del plus producto o excedente económico (la ganancia); es decir, es el principal instrumento de enriquecimiento y de acumulación de capital de los empresarios.

Toda transformación socialista pasa, por tanto de quitarle el revólver al capital, es decir, el poder al precio. El socialismo debe sustituir a la institución burguesa del precio, de tal manera que sus dos funciones fundamentales, la cibérnetica y la acumulativa, puedan resolverse satisfactoriamente, mediante una institución cualitativamente diferente: eficiente en la optimización económica y carente de explotar económicamente a otros seres humanos. Esta institución es el valor.


El primer paso político-económico hacia la economía socialista en América Latina no es, en consecuencia, la estatización generalizada de la propiedad privada ---porque no resuelve el problema cibernético--- sino la sustitución del sistema de precio-mercado por el cálculo en valores y el intercambio de valores iguales (equivalencia). El primer paso no es nada espectacular ni glorioso: es la prosaica tarea de establecer una contabilidad socialista, la del valor, al lado de la contabilidad capitalista, la del precio.

Este primer paso consiste en el registro de todas las transacciones internas y externas de la empresa en términos de insumos de tiempo (time inputs), es decir, de valores. Esto es fácil de hacer, porque todo proceso productivo se basa en el factor (vector) tiempo. De hecho, los empresarios calculan sobre tiempos de producción, pero expresan esos tiempos en unidades monetarias, es decir, como costos/precios, que les permiten apropiarse de la riqueza de los demás.

A esa relación valor-precio se debe que en las empresas modernas digitalizadas los valores pueden “extraerse” con suma rapidez. En una de esas empresas latinoamericanas donde estamos llevando a cabo un estudio piloto de una economía socialista, los ingenieros de sistema confirmaron lo que por inferencia deductiva era una verdad a priori: que en tres semanas podrían proporcionar todos los valores (insumos de tiempo) necesarios para una contabilidad socialista.

El segundo paso para la instalación de la economía socialista consiste en la formación de un grupo de especialistas de software que escriba los programas que permitan contabilizar todos los flujos de la empresa en precios (dinero), valores (tiempo) y volúmenes (toneladas, litros, etc.). Mediante las tres escalas comensurables de medición y expresión del valor del producto, la empresa puede seguir comerciando con su entorno de economía de mercado, sin violentar las relaciones económicas establecidas, es decir, sin pérdidas de productividad, producción o mercados. Hablando con Lenin, se establece una dualidad de poder dentro de la empresa: la lógica socialista al lado de la lógica capitalista.

Logrados estos dos avances ha llegado el momento de dar el tercer paso de la implantación de la economía socialista en la economía de mercado.

La economía socialista se introduce en la vida cotidiana de la gente

Al conocerse el valor y el precio, la mercancía de la empresa socialista se pone a la venta con las dos unidades de medición. El empaque de un litro de leche, por ejemplo, llevaría la siguiente denominación: Precio: 2.000 bolívares; Valor: 10 minutos. Al comprar diversos productos, el comprador se dará cuenta que la relación entre valor y precio varía. Por ejemplo, que en un producto 10 minutos de trabajo se expresan en 2.000 bolívares, y que en otro producto [10 minutos] valen 10.000 bolívares. La disonancia cognitiva que entrañan ambas expresiones genera inevitablemente un proceso de reflexión y discusión social que genera conciencia socialista.

Es decir, al expresarse el valor del producto con una medida objetiva y transparente, la socialista (tiempo) y, al mismo tiempo, una medida dictatorial y explotativa, la capitalista (precio), se extiende la dualidad de la lógica económica socialista y capitalista desde la empresa hacia la vida cotidiana de los ciudadanos: desde la esfera de producción de las mercancías hacia la esfera de circulación, el mercado, el corazón del sistema capitalista. No puede haber forma más pedagógica e impactante de acercar al ciudadano a la problemática de la economía socialista que esta.

La semana pasada un grupo de jóvenes venezolanos me pidieron asesoría sobre la posibilidad de construir un núcleo de desarrollo endógeno, basado en la economía de equivalencias. Se la di en el sentido de este ensayo. Junto con la gran empresa de miles de trabajadores, que está en algún lugar de la Patria Grande, estos jóvenes intentan los primeros modelos de implementación de una economía socialista que representa un modelo civilizatorio cualitativamente diferente a la economía de mercado.

Al avanzar sobre las experiencias de estos dos modelos o prototipos de empresa socialista se puede gradualmente extender el número de empresas nacionales que operan sobre principios de la economía de equivalencias, hasta que finalmente sean el elemento económico dominante del sistema nacional-regional. Es a través de la multiplicación de esas experiencias de economía política que sentaremos bases sólidas para el Socialismo del Siglo XXI en la Patria Grande.

[email protected], [email protected], [email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 54481 veces.



Recomienda la lectura de esta nota a través de las redes sociales




Comparte en las redes sociales




Notas relacionadas

US Y /ideologia/a29367.htmlCUS