Una victoria que había que ganar, pero nos puede costar...

¿Qué nos pasó el 07 de octubre?

Los días previos a las elecciones reflexionaba acerca del acto de votación, sobretodo del simbolismo que representaba para la reafirmación de una democracia que a pesar de sus imperfecciones es la más participativa, dinámica e interesante de este continente - por más que algunos se empeñen en negarlo- también reflexionaba acerca de si bien, una de las opciones se presentaba como “lo nuevo” y “el camino hacia el progreso”, noté que los operadores políticos que realmente manejaron esa opción representaban a la misma escoria adeco-copeyana que saqueó nuestra nación, así que darle una oportunidad a este candidato era dársela a quienes ya gobernaron y nos volvieron mierda. Pensé entonces que mi acto de participación debía estar dirigido a reiterar un compromiso político, no con un hombre, sino con un proyecto que reúne cinco objetivos históricos bajo los cuales es posible hacer realidad definitiva eso que llaman “poder popular”; tenía un enorme grado de certeza de que íbamos a ganar –tal como sucedió-, pero también guardaba (y aún lo hago) la esperanza de que esta victoria puede representar una reflexión para que nuestro líder se dé cuenta de que esos mismos objetivos históricos son realizables solo trabajando con el pueblo, y no con el montón de burócratas oportunistas y boliburgueses que son quienes realmente están infringiéndole un gran daño a nuestra revolución desde hace algunos años. Además de decidir el destino de nuestro país, lo hicimos muy probablemente con el del resto de América Latina, lo confirmé con un “tiut” de Camila Vallejo, la valiente estudiante chilena quien felicitó a nuestro pueblo por esta victoria, para ella y para muchos, Venezuela representa (sin ánimo de ser vanidoso) la última esperanza para los pueblos del mundo; sin embargo, luego de revisar los resultados y hacer algún breve análisis sobre lo que obtuvimos me doy cuenta de que mas de regocijarme por lo que obtuvimos anoche, me preocupa que tal vez nuestra victoria no ha sido tan ”tan perfecta”.

Lo primero que se me ocurrió fue buscar los resultados de las presidenciales del 2006 y me encuentro con la infausta sorpresa de que el caudal electoral del líder de la Revolución en seis años ha aumentado poco mas de…… 700 mil votos!!!! Mientras que la opción de la derecha (que en aquella oportunidad era encarnada por Manuel Rosales) sacó en aquella oportunidad casi 4.300.000 votos, y el 7-O Capriles logró aglutinar más de 2.000.000 de votos más al alcanzar poco mas de 6.300.000 de sufragios.

Ante estos números tengo la esperanza de que los dirigentes del chavismo, encabezados por el Comandante Hugo Chávez asuman una profunda reflexión y tomen nota de las innumerables alertas que algunos voceros de la revolución y una gran parte de sus seguidores (incluyéndome) hemos realizado al respecto: factores como la ineficiencia, la excesiva burocracia, el perdón a responsables que ocupan cargos gerenciales o de dirección en ministerios, viceministerios, empresas, gobernaciones y alcaldías que no cumplen con su trabajo, la “gerencia por crisis” ante problemas como la inseguridad y los servicios penitenciarios, la soberbia de algunos de nuestros supuestos dirigentes y una terrible sensación de que TODAS las esferas del Estado Venezolano están permeadas por una espantosa corrupción son las que –a mi juicio- convirtieron a la opción de la Patria en poco o nada atractiva para los votantes jóvenes (hay que recordar que el universo de votantes efectivos pasó de 11.790.397 personas y el del 7-O alcanzó más de 14.756.000 de venezolanos) y a aquellos que tradicionalmente había votado por la opción de Chávez se abstuvieron o peor, votaron en su contra.

No creo honestamente que esos más de 6 millones de venezolanos que votaron por la opción de la derecha sean unos “oligarcas pitiyanquis”, evidentemente que una porción muy mínima si representan los intereses del gran capital extranjero en nuestro país, pero y el resto? Cuantos habitantes de los sectores populares como Catia, Petare, La Vega en Caracas y otros de nuestras grandes ciudades se dejaron cautivar por la opción de la burguesía?, yo espero que nuestros dirigentes no se estén preguntando: “pero cómo pudo pasar esto!!!?” porque ellos saben muy bien porque sucedió algo así.

En segundo lugar, otro fenómeno: la clase media venezolana, tan golpeada y vilipendiada por los gobiernos de la cuarta república pero tan inexplicable y recalcitrantemente antichavista, a pesar de ser uno de los sectores que más se benefició con el boom económico que experimentó el país entre 2006 y 2009 así como con las medidas adoptadas por el gobierno nacional (créditos habitaciones, vehículos, consumo, emprendimiento empresarial, etc). Esto es un problema muy grave, porque se supone que de este segmento de la sociedad deben salir los profesionales, técnicos e intelectuales que deberían nutrir nuestras filas, sin embargo se comportan con una miopía política sorprendente. Al igual que con el caso anterior, espero que la dirigencia “revolucionaria” no se esté preguntando: “pero por qué?”

Como lo dije al inicio de estas líneas muchas personas, vienen alertando sobre un fenómeno que no es responsabilidad de la derecha, ni del imperio, ni de Bush, ni de Uribe ni de la oligarquía internacional; simplemente es nuestra propia responsabilidad: pareciera que nos estamos comportando como la “NOMENKLATURA” que gobernó países como la Unión Soviética e hizo que ese proceso político fracasara estruendosamente; esa Nomenklatura negaba la crítica, insultaba injustificada y excesivamente al adversario, era ineficiente, ladrona, corrupta pero sobre todas las cosas se divorció para siempre de la realidad de su pueblo.

Para justificar esto podríamos llenar páginas y páginas de ejemplos de cómo una cosa es lo que le dicen al comandante y otra diametralmente opuesta es lo que ocurre en la realidad, lo más triste es que cuando algún compañero logra permear en un acto público al rígido cenáculo que rodea a nuestro líder y formula alguna crítica, es él mismo el que defiende la pobre, mediocre y/o ignominiosa gestión de alguno de sus colaboradores. Uno de los ejemplos más patéticos y recientes sucedió en esta última campaña electoral en la ciudad de Valencia, cuando el Comandante nombró a Francisco Ameliach como “su” candidato a la gobernación de Carabobo y el rechazo de los asistentes a ese acto fue contundente.

Existen fallas también en nuestra estrategia comunicacional, en estas elecciones contamos con una de las propuestas mejor elaboradas como plan de gobierno y sin embargo lo que prevalecía era la basura electoral que ensuciaba las calles de nuestras ciudades y la canción de la campaña que a pesar de ser tan pegajosa que hasta algunos opositores la entonaban, pero no tenía ningún contenido ideológico; como vamos a construir el socialismo a partir de “vive tu vida, dale a alegría, no pongas freno a lo que estoy sintiendo” o “ayudar está de moda”; parecía que la competencia no era mostrar razones, contenido o ideología, sino cual de los dos comandos podía ser más farandulero o gastar más dinero en basura electoral; precisamente por esa falta de educación ideológica es que estamos perdiendo adeptos.

Con respecto a esto último, tenemos otro problema grave, hay una interrogante que sí sería muy pertinente formular: para que sirve el PSUV? Es un partido para la formación de cuadros de nuestro proceso?, una entidad de discusión ideológica?, una verdadera guía para la adopción de las mejoras políticas para el manejo del estado?, una cantera de nuevos y mejores dirigentes? O simplemente es una vil y vulgar maquinaria electorera que para lo que sirve –y a medias- es para arrastrar votos en ocasiones puntuales? Apuesto que nuestra “dirigencia” no se ha formulado estas preguntas……..

Lo que más temo es que es precisamente el “excesivo” liderazgo del Comandante, así como el cenáculo que lo rodea y que al parecer lo mantienen ignorante de las fallas de su propio equipo el que hace que las reacciones para que las cosas cambien sean de arriba hacia abajo y solo cuando él se dé cuenta, o cuando la “torta” es demasiado evidente, esto tampoco puede seguir sucediendo, porque si el comandante tarda seis años en darse cuenta de que algunos de sus colaboradores, buena parte de ellos, o los que ocupan cargos estratégicos no están comprometidos realmente con esta Revolución, no van a ser precisamente los que sufran las consecuencias (porque sus bolsillos ya estarán llenos y correrán fuera de este país si eso ocurre) sino seremos nosotros los que tendremos que soportar bien callados que se nos escape nuevamente esta oportunidad histórica y volvamos a entregar nuestra patria y nuestro futuro a quienes tanto hemos combatido solo por las treinta monedas malditas que un puñado de oportunistas quieren conservar……


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Juan Gómez Muñóz


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