La encuesta puede ser una carta marcada del poder

La realidad sociohistórica de ningún modo es totalmente clara. Al contrario, tiene muchos significados, y para abordarla es necesario partir de un supuesto teórico, que casi siempre estará en tensión con esa experiencia de vida. Y es así, dicho por Zemelman, porque hay un desajuste entre los cuerpos teóricos, anclados, y la sociedad en constante evolución. Este desfase se da porque los conceptos teóricos tienen una evolución lenta en oposición a lo externo del sujeto, quien vive en un ambiente en permanente cambio. De tal manera que para construir un tipo de conocimiento, a partir de un dato, se tiene que andar con mucho cuidado; las ligerezas, las ambigüedades, la falta de claridad, nos puede conducir a resultados equivocados, con consecuencias graves. La estadística, para entrar en el campo de las relaciones humanas, hace una exhibición presuntuosa, usando la probabilidad, su modelo matemático, para mostrar unos efectos, en muchos casos, con grandes errores de precisión. Para eventos controlados, de laboratorio, descriptivos, demográficos, entre otros, la utilidad de la estadística es inobjetable, pero en los usos electorales sólo indican tendencias. Esto lo saben los expertos, los candidatos y sus asesores.

La encuesta, instrumento de la propaganda, es un dispositivo y parte esencial del poder, éste es un fenómeno de fuerza, de coacción, de coerción, en lo físico, en lo económico. Otros tipos de coacción como la presión social difusa, presente en la obediencia, en la puntualidad y la sumisión de los niños en la escuela; así como el denominado encuadramiento colectivo, en las estructuras partidistas, son parte de la dinámica del poder. La propaganda es esencial en el poder. Es una coacción psicológica, elaborada como para no ser percibida como tal, sino más bien como una verdad. El poder es circulatorio. Está en los gobernantes y en los gobernados. Como afirma Foucault, el poder no está localizado sólo en el aparato del Estado, está encima, por debajo, a los lados. Estos mecanismos deben ser modificados.

Decimos esto a propósito de las opiniones de Díaz Rangel, Pérez Pirela y Jesse Chacón en relación a los números que se ven en los medios. Pareciera existir la idea de engañar al Presidente, aunque esto pudiera parecerse a una hipótesis superflua, si resultara verdadera estamos en problemas. El burocratismo y el consignismo fueron algunos de los varios elementos que abatieron la Unión Soviética. Nosotros lo estamos padeciendo. La visita del Presidente a Puerto La Cruz, ha servido para demostrar que el partido está en ninguna parte. Un proyecto como éste requiere de un partido sólido, pendiente, dispuesto, enfrentando las deficiencias de la gestión pública. Usted va al hospital central de Maturín y ve largas colas en las ventanillas de atención de los distintos servicios, y si se asoma se dará cuenta que la lentitud pareciera provocada. La comunidad exige que después de las 8 pm no circulen motorizados y desde los mandos de la fuerza pública se autoriza. El transporte público es deficiente, peligroso y ruidoso. La basura se acumula en esquinas y los frentes de las casas. Nadie hace nada. Pareciera que todo el mundo hace lo que le da la gana y no pasa nada.

Esto no le hace ninguna gracia al gobierno. El partido está desvinculado de las comunidades. De vez en cuando el Presidente da una declaración, aquí algún vocero hace de ventrílocuo. Pero hasta ahí. En época reciente se llegaron a sembrar cerca de ochenta mil hectáreas de maíz en Monagas, hoy nadie sabe si se está sembrando. En este escenario, ¿cómo se captan los votos indecisos? Hay la sensación de impunidad y negligencia. El discurso del Presidente no está siendo bien concebido o, tal vez, mal interpretado. Este panorama recuerda lo ocurrido en la guerra civil española cuando le preguntaron al fascista general Mola; cuál de las cuatro columnas (norte, sur, este y oeste) tomaría la capital. Esta fue su respuesta: Madrid será rendida por la quinta columna. Y así sucedió.

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